lunes, diciembre 03, 2007

Las lágrimas de Paladine

Crysania es la reverenciada Hija Venerable de Paladine. Sus súbditos siempre aplauden sus palabras y los habitantes esperan, ansiosos, sus bendiciones, sobre todo en ese Verano del Yunque, donde calienta tan terriblemente y la escasez de lluvia ha empezado a secar todo lo que les rodea.
Junto a ella están siempre otros clérigos y un mago, un Túnica Blanca, un experimento por el que quieren saber si es posible que clérigos y magos puedan compartir cosas. Este hechicero se llama Valin y viene de muy lejos, del desierto. Está prendidamente enamorado de Crysania y este sentimiento ella lo percibe, a pesar de su ceguera.
La sacerdotisa lleva muchos días soñando con Paladine y en sus sueños, el dios aparece con un semblante severo. Sin embargo, no se comunica con ella, por mucho que rece. Algo pasa, aunque todavía es pronto para saberlo. Los dioses no aparecen siempre que se los llama. Y en esto coincide con Dalamar el Oscuro.
Crysania y el Señor de la Torre de Alta Hechicería de Palanthas se mantienen en contacto. Aunque de ideologías diferentes, los dos son plenamente conscientes de que algo les pasa a los dioses. El elfo invita a la Hija Venerable a su Torre para ofrecerle un regalo: dos piedras dragontinas. Ella percibe la magia con solo tocar las pequeñas rocas. Dalamar le pide que vaya a Neraka en busca de las otras tres. Eran cinco, iguales a los colores del dragón de cinco cabezas que representa a Takhisis, la Reina de la Oscuridad. Con las cinco piedras, una deidad aparecería a la llamada de quien reuniera las cinco piedras dragontinas. Pero ir a Neraka es peligroso. Dalamar le proporcionará un guía, pero los demás acompañantes tiene que elegirlos Crysania.
Cuando Valin confiesa su amor a la sacerdotisa, ella le envía lejos, le manda al desierto en busca de noticias sobre los caballeros negros que están conquistando Ansalon bajo el mando de Ariakan. Valin acude a la magia para llamar a su hermano Jeril y que acompañe a Crysania durante el viaje. Mientras, el hechicero acude a la Torre de Alta Hechicería donde hace un pacto con Dalamar. El elfo le convierte en un enorme tigre blanco, que será el guía de Crysania hasta Neraka.
El fiel enano clérigo, Lagan Innis, será uno de los acompañantes, junto con Jeril y una mujer. Kela es la esposa de Jeril, una Túnica Blanca con la que se acaba de casar recientemente. Valin, al que llamarán Tandar, convertido en tigre, advierte su disconformidad con la mujer de su hermano.
Juntos emprenden el camino. Primero son atacados por cafres y después por ogros, pero consiguen llegar a Neraka. En el horizonte, el cielo se encuentra en llamas. Los demonios espectrales de Caos salen al exterior. En Palanthas la Torre del Sumo Sacerdote ha caído bajo las garras de los Caballeros de Takhisis, pero ahora, junto a los solámnicos, tienen que luchar contra las Hordas de Caos. Los dragones han sido llamados para la batalla.
Tras luchar contra un demonio espectral y morir Lagan, Crysania y Tandar se quedan solos a las puertas de la semiderruida ciudad de Neraka. Jeril y Kela han desaparecido. El tigre a veces le permite ver a Crysania a través de sus ojos, incluso han conseguido comunicarse mentalmente. Entran en Neraka y llegan al laboratorio de un mago, donde se encuentran las otras tres piedras dragontinas, pero entonces aparecen los draconianos que están defendiendo la ciudad. Tandar lucha contra ellos y sale malherido. Cuando llegan a la llanura, aparece Kela montada en un caballo y les salva, después de que Crysania haya curado las heridas del tigre.
La sacerdotisa recuerda las palabras de Tanis el Semielfo sobre la Morada de los Dioses, que se encuentra en unas montañas cercanas, y decide llevar allí las piedras dragontinas. Kela dice que su marido está muerto. El tigre desconfía de la hechicera, pero siguen adelante, hasta que llegan a la entrada de la Morada de los Dioses, cuando Kela le quita las piedras a Crysania. Será Tandar el que la ataque dejándola inconsciente.
Cuando Crysania invoca a los dioses, una risa fría hace eco en la oscuridad. Se trata de Takhisis. La sacerdotisa no puede creerlo. Esperaba a Paladine y se le aparece la Reina Oscura. Consigue mantener la compostura y entonces recuerda las palabras del enano: “Donde está la Luz, la Oscuridad no puede penetrar”. Entonces es Fizban quien aparece. Crysania le pregunta sobre la Guerra de Caos, y el dios le dice que han ganado, pero alto es el precio que deben pagar por ello: todos los dioses deben marcharse del mundo con Caos. Cuando Fizban se marcha, aparecen los tres dioses de la magia, que cogen las estrellas dragontinas y las ponen en el firmamento, creando una pálida luna y estrellas que sustituirán a las constelaciones de los dioses.
Entonces entra Kela deseando coger la luna y muere. Detrás entra Keril, herido, y Crysania no puede curarle, porque los dioses se han ido y la magia ha desaparecido de Krynn.
Cuando se quedan solos, Crysania ya ha descubierto quién es realmente el tigre y le pregunta por qué. Entonces pronuncia, sin querer, las palabras mágicas que desharán el hechizo: le dice que le quiere. Y Tandar vuelve a convertirse en un ser humano, en Valin. Fuera ha comenzado a llover.

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