
Anna Sörensen (Diane Krüger) y Nikolaus Sprink (Benno Fürmann) son dos tenores que interpretan sus óperas en Berlín. El matrimonio es feliz en los escenarios. Pero ese verano de 1914 estalla la Gran Guerra y Nikolaus debe ir al frente, como todo buen patriota.
Cerca de la frontera con Francia, los alemanes de un lado y franceses y escoceses de otro lado deben pasar la Nochebuena detrás de las trincheras, lejos de sus familias y bajo un manto de nieve infernal.
La diva ha conseguido un salvoconducto del Káisser Guillermo II para cantar ante los oficiales, ella y su marido, el día de Nochebuena. Pero Nikolaus quiere volver y cantar para los que están en medio de la nada pasando frío. Y Anna no quiere abandonarle, así que el matrimonio se presenta en la trinchera, donde el teniente Horstmayer (Daniel Brühl) no tiene reparos en decirles lo peligroso que es que la mujer permanezca allí.
Del otro lado, los franceses al mando del teniente Audebert (Guillaume Canet) deben abatir esa noche a los alemanes. Les acompañan los aliados escoceses, al mando de Gordon (Alex Ferns) y con el sacerdote Palmer (Gary Lewis) que comienzan a tocar villancicos con gaitas que les han prestado. La respuesta de la trinchera alemana es automática, cuando Sprink comienza a cantar.
Unos y otros, por una noche se dan una tregua, se intercambian cartas, dan chocolate y reciben whisky, e incluso acogen las palabras del sacerdote y la voz de la tenor se eleva en la noche como si se tratara de un ángel.
Cerca de la frontera con Francia, los alemanes de un lado y franceses y escoceses de otro lado deben pasar la Nochebuena detrás de las trincheras, lejos de sus familias y bajo un manto de nieve infernal.
La diva ha conseguido un salvoconducto del Káisser Guillermo II para cantar ante los oficiales, ella y su marido, el día de Nochebuena. Pero Nikolaus quiere volver y cantar para los que están en medio de la nada pasando frío. Y Anna no quiere abandonarle, así que el matrimonio se presenta en la trinchera, donde el teniente Horstmayer (Daniel Brühl) no tiene reparos en decirles lo peligroso que es que la mujer permanezca allí.
Del otro lado, los franceses al mando del teniente Audebert (Guillaume Canet) deben abatir esa noche a los alemanes. Les acompañan los aliados escoceses, al mando de Gordon (Alex Ferns) y con el sacerdote Palmer (Gary Lewis) que comienzan a tocar villancicos con gaitas que les han prestado. La respuesta de la trinchera alemana es automática, cuando Sprink comienza a cantar.
Unos y otros, por una noche se dan una tregua, se intercambian cartas, dan chocolate y reciben whisky, e incluso acogen las palabras del sacerdote y la voz de la tenor se eleva en la noche como si se tratara de un ángel.
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