jueves, diciembre 06, 2007

Diciembre

Últimamente me da la sensación de haber condensado toda una vida en tan solo tres meses, así de largos se han pasado, que por longitud no quiere decir que hayan sido menos amenos, solo que he tenido tiempo para muchas otras cosas. Una de ellas ha sido pensar. He reflexionado mucho sobre lo efímera que es la vida, he recordado momentos del pasado y he añorado abrazos que quizás estaban abandonados en cualquier rincón desde hace tiempo. Y esos abrazos me hacen mantener viva una esperanza, una recóndita esperanza que ni siquiera sabía que estaba ahí. Un día te das cuenta de que si esa esperanza muriera algo se desmoronaría dentro de ti.
No solo he pensado sobre el tiempo, también sobre el amor. Ahora soy consciente de lo destrozado que tengo el corazón, el órgano que sigue recomponiéndose después de mucho dolor pasado, y me faltan tantos fragmentos que me resulta imposible moldearlo de nuevo. Sin embargo, lo intento.
Anoche soñé con la misma persona que tanto he odiado y tanto he amado durante los últimos años. Me pregunto si él piensa en mí. Y me pregunto si el orgullo que se ha levantado cual témpano de hielo me permitirá acercarme a él. Porque está tan lejos, y a la vez tan cerca; porque me produce un tremendo rechazo, y a la vez una atracción fatal; porque no me sale una palabra, y sin embargo un torrente de murmullos luchan por susurrarle al oído... Porque veo su mirada cruzarse con la mía, y en medio hay una barrera de cristal que yo no quiero romper. Es un sentimiento que te mata y a la vez te hace revivir; te hace reír, pero también llorar; sientes, pero no quieres sentir. Solo él tiene la magia, y por eso le odio, y sin embargo, también le quiero.

Ya es diciembre. Y parece que han pasado diez años.

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