lunes, septiembre 27, 2010

Otro día cubierto de perfección

Escribía hace unos minutos: "Hoy ha sido otro día de esos perfectos". Me he quedado pensando sobre las palabras que estaban escritas con mi letra sobre un papel azul.
¿Y quién hace que todo sea perfecto? Porque todo es más perfecto cuando sus ojos se cruzan con los míos en esa fracción de segundo en que desaparece todo lo demás, en esa milésima de tiempo en que vuelves a descubrir en su mirada angelical todo lo mejor del mundo, en esa palabra melodiosa que acaba de pronunciar y cuyos ecos siguen sonando en tus oídos.
Y entonces piensas: "Qué grandeza hay en esa persona".

Hoy ha sido otro de esos días simplemente perfectos. Parafraseo a Lou Reed cuando canta: "Just a perfect day".

Y me voy a casa, que anochece. Aunque ahora... ahora lo daría todo por caminar por las calles con él, cogerle de la mano y darle un beso en cada farola...

Un destello de magia cada minuto


Sólo a mi padre se le puede ocurrir traer al perro aquí, que estaba en el coche y no paraba de ladrar. Me acabo de tomar un café y tengo esa vital necesidad de escribir. Hoy será en azul. Pero como estoy esperando una visita, prefiero dejarlo para después.
Estoy pensando en él. En las alegrías que me da cada mañana, cada noche, cada instante...
Jamás hubiera imaginado llegar a querer tanto a una persona. Pero es obvio que le quiero muchísimo.
Me gustaría compartir tantas cosas con él...

Voy a escribir un rato. Ahora que puedo centrarme en mis pensamientos durante un rato y desconectar de todo lo demás.

Antonio Salas vuelve a la carga

He empezado a leer otro libro. Tiene 700 páginas y es periodismo de investigación. Se trata del último estudio de Antonio Salas, que se convierte en 'topo' del terrorismo internacional. Para ello tuvo que aprender árabe y documentarse sobre la ideología islámica, entre otras cosas.

Sus dos investigaciones anteriores también llegaron a mis manos. Diario de un 'skin' me fascinó, incluso me puse en contacto con él a través del correo electrónico para felicitarle. Me respondió, cosa que me sorprendió, ya que imaginaba que no lo haría. Siendo amenazado y corriendo peligro su vida, Antonio Salas sólo es un nombre que oculta su verdadera identidad. Me parece muy arriesgado lo que hace, pero el verdadero periodismo de investigación debe hacerse desde dentro.
Hace años que leí Diario de un 'skin'. Aprendí mucho de lo que Antonio Salas había vivido en su convivencia con los grupos neonazis españoles, hasta que un 'chivatazo' puso fin a su ardua investigación. En ese momento lo vives, te sientes dentro de la piel de la persona que lo está contando. A veces, se te pone la piel de gallina...

Después llegó El año que trafiqué con mujeres. No me lo leí. Aunque lo tengo pendiente y quizás algún día lo coja, el tema no es santo de mi devoción. Porque sé que no voy a poder leerlo, porque sé que hay partes muy duras que quizás yo no pueda soportar. Como mujer. De momento, no tengo el valor suficiente para leerme ese libro, aunque diré que sí que vi el reportaje basado en este libro que hace unos años echaron por televisión.

Antonio Salas llega con otra nueva investigación. Creo que es la más arriesgada de todas. Sus 700 páginas lo confirman. Se trata de El Palestino. Durante seis años, Antonio Salas ha estado infiltrado en las redes del terrorismo internacional. Acababa de publicar su segunda investigación cuando ocurrieron los atentados del 11-M. Ahí fue cuando tomó la decisión.
El tema me atrae. Siempre me ha atraído. Desde que en la universidad lo estudié. Desde que pasó lo que pasó en la Alemania nazi y el pueblo de Israel exigía para sí la Tierra Prometida, una recompensa por las injusticias que se habían cometido con ellos. Con el paso del tiempo, los palestinos se convierten en apátridas, refugiados en tierra de nadie, recogidos solidariamente por otros países árabes(*). Es una de las pocas veces que me solidarizo con el pueblo musulmán(*). Me parece de tal injusticia que les quitaran su tierra a los palestinos para dársela a los judíos (y que luego éstos invadieran el resto del territorio) que no tengo palabras. Desde 1945 es la eterna lucha por un territorio. Yasser Arafat murió sin ver a los palestinos en una tierra llamada Palestina. Con él, que primero fue terrorista, los árabes (palestinos) depusieron las armas. Llegó a recibir el Premio Nobel de la Paz.
He hecho un resumen rápido, porque es un tema que se las trae. Que no he hablado de los kibutzs, ni de la guerra del Yom Kipur, ni de los acuerdos de Camp David, ni de la zona de Gaza y Cisjordania, ni de que Israel, desde mi punto de vista, cuenta con uno de los ejércitos más preparados y potentes del mundo (y, como consecuencia, es uno de los países más seguros del mundo). He obviado muchas de los puntos clave de este conflicto que dura décadas, porque me llevaría toda la tarde...
Reconozco que he leído mucho sobre el tema, que Antonio Salas no cambiará mi opinión sobre lo que pienso del conflicto árabe-israelí, porque es una concepción fundamentada en años de estudio y en años de lecturas históricas. Desconozco lo que sigue en el libro, aunque sé que él se 'disfraza' de palestino para contactar con terroristas islámicos.
Supongo que, de vez en cuando, a medida que vaya leyendo, haré paréntesis para leer otros libros más simples. Pero es cierto que lo poco que he leído ya me ha enganchado.

(*) No he diferenciado los términos "árabe" y "musulmán" al escribir, pero que quede claro que no todos los árabes son musulmanes. Es decir, "musulmán" es el practicante del Islam, pero no en todos los países árabes se practica el Islam. "Árabe" es un término más amplio, que incluye a todos los países en los que se habla árabe.
Aunque no he matizado esta diferencia mientras escribía, que quede claro que prefiero distinguir estos dos términos. En este contexto, la diferencia es minúscula: los palestinos son árabes y la gran mayoría de los palestinos profesan el Islam.

Casi la hora

He venido a casa contenta, permitiendo que los rayos del sol se reflejaran en mi rostro feliz. Lamentablemente había olvidado las gafas en casa.

Se aproxima el momento de partir, de desbrozar las tres horas de la tarde que tengo por delante. Y de soñar, porque a veces paro sólo para imaginarle.

Su voz

Su voz es mágica y sensual. Le escucho al otro lado y todo se dulcifica. Es como escuchar a un ángel, claro que él es un ángel.
Es adorable y encantador.

Contra el viento del norte


Imagen relacionada
Horas es lo que me ha costado leer esta novela. Es cierto que tiene muchos espacios en blanco y que es un vocabulario sencillo el que se utiliza a lo largo de todo el libro. Me ha gustado, aunque me ha dejado un amargo sabor de boca al final.
Es una novela moderna que utiliza el modo epistolar: las cartas de amor del siglo XXI, que no podían ser de otra manera que utilizando Internet y el correo electrónico como medio para comunicarse con la persona amada.
Lo curioso es que, desde la ficción, se acerca bastante a la realidad de hoy. Internet como medio para conocer a otras personas, como medio para comenzar relaciones (de amor o no), como medio para hablar de todo sin haber visto el rostro de la persona que te está contestando al otro lado.
Yo siempre he pensando que no es tan bueno Internet en ese sentido en que eclipsa el cara a cara, no con gente que conoces, pero cuando al otro lado hay un desconocido al que intentas poner cara, también necesitas escuchar su voz, oler su perfume, mirarle a los ojos, observar sus gestos. Internet, en este sentido, es un medio muy frío para avivar emociones, para comenzar una relación, para hablar de amor; se convierte en algo frágil y superficial, se alimenta algo que sólo es polvo. Donde estén los roces que estremecen, mirar a los ojos mientras se habla, escuchar la voz...

Esta novela trata de eso: una chica, Emmi, se equivoca al escribir un e-mail, y el destinatario, Leo, empieza a responderla, de tal forma que crean una relación, primero basada en la curiosidad, después en el interés, después llega la confianza y terminan enamorándose (lo siento, tengo que ponerlo en cursiva, porque ¿cómo puede enamorarse alguien de una persona a la que no ha visto, a la que no ha tocado, a la que no ha mirado a los ojos, a la que no ha escuchado nunca...?). Los juegos de palabras dan lugar a una fe ciega en la otra persona que siempre va a estar ahí, escribiendo, respondiendo, leyendo. Terminan perdiendo el rumbo de su propia vida, tanto que será el marido de Emmi el que se ponga en contacto con Leo, impulsándoles a conocerse, sólo que ese encuentro nunca tendrá lugar y Leo pondrá tierra de por medio, porque se ha dado cuenta del amor que profesa Bernhard por su esposa.

Pese a mi opinión, el libro está escrito con frescura, se lee rápido y engancha. El autor sacará una segunda parte, y me parece bien, porque nos quedamos con la intriga respecto a si los dos cybernautas se terminarán conociendo al final en persona.

Llegarán días más fríos

No me gusta el invierno, ni el frío, ni la nieve, ni el viento, ni la lluvia... Por no gustarme, ni siquiera me gusta la Navidad. A medida que se los días van acortando y que se acercan esos días de frío glacial, suelo recordar con más frecuencia el verano.
No es tanto el frío ni el invierno, sino la ausencia de vida. Vas por las calles vacías, casi fantasmales. Cuando por las noches llego a casa siempre me enfrento a los reflejos anaranjados que las farolas dejan en el asfalto; lo que está alrededor está cubierto por una espesa neblina, por una telaraña que no deja ver mucho más. La niebla lo convierte en tétrico. Es la soledad del invierno. No me entristece, pero sí me deja nostálgica.
Sin embargo, pienso en un ángel, y ya no siento el frío, sino el calor de sus alas, la cálida mirada, la calurosa sonrisa. Incluso imagino que le abrazo frente a una chimenea donde el fuego chisporrotea sin parar. Entonces, ese invierno que se va acercando a pasos agigantados ya no resulta tan frío, tan fantasmal, tan solitario.
Llegarán días más fríos, pero después volverá de nuevo la primavera con su alegre manto de flores.

domingo, septiembre 26, 2010

Una ráfaga de aire gélido

Entonces, cuando me ha azotado el aire frío del atardecer, mi mirada se ha posado en el horizonte, en el lugar que supongo está él, aunque desde mi pueblo no se vea ni la torre de la catedral.
Entonces, cuando me he acordado de él, me he preguntado si el mismo aire le acaricia ese rostro tan dulce.
Entonces, en ese momento tan fugaz, he sentido que me deshacía por dentro en trocitos de amor que se desperdigaba en todas las direcciones.

Las nogueras desde otro rincón

En las piscinas hace frío. No creo que tarde mucho en volver. Se ve el lugar donde he estado esta mañana, aunque se vea tan lejano...
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

El sabor del otoño

Hace frío y ya va terminando septiembre. Parece mentira, que ayer estábamos aún en verano. Lo confirma que las piscinas aún estén abiertas, aunque sólo sea el bar. Allá me voy a ir a tomar algo, aunque en medio de la nada tiene que tirar mucho aire. Llega la época de abrigarse.
Desde mi ventana veo que las nubes se desplazan lentamente para dejar huecos de cielo azul. Me gusta verlo. Se agradece que el cielo no esté tan cargado de nubes grises (como estaba esta mañana). Aunque para mí no existen los días grises. ¿Por qué será...?

Me voy. Me voy antes de que anochezca.

El Cementerio del Este

Considero que los cementerios son lugares de interés que, en ciertos lugares, sirven para conocer la ciudad donde se albergan los restos de sus muertos. He visitado cementerios en algunos países y ciertamente creo que son lugares de culto, un mundo de arte dedicado a seres cuyo recuerdo sigue vivo en esas piedras legendarias.
Muchos cementerios son museos al aire libre.
Un día, estaba navegando por internet y me encontré con una escultura que me llamó la atención. Era la escultura de una tumba que se encuentra en el cementerio de Poblenou, el Cementerio del Este de Barcelona. Era una escultura que cortaba la respiración. Era El Beso de la Muerte.

Los ojos amarillos de los cocodrilos



Me he leído esta novela de un tirón, quizás porque engancha casi desde el principio. A veces, llegan a mis manos libros que son una joya en sí mismos. Éste es una de esas inesperadas sorpresas que terminan agradando. Tiene sus pequeñas lecciones morales sacadas de la vida misma, una vida ambientada en París, aunque con personajes de ficción. ¿Y qué relación tienen los cocodrilos con París?

Siempre he pensado que una buena novela se forja a través de sus personajes. Y si esos personajes están dotados de una personalidad magistralmente perfilada, como es el caso, posiblemente encandilen el alma del lector. Aquí las personalidades de todos y cada uno de los personajes está genialmente descrita y eso lo convierte en algo único. En definitiva, es un libro que, basándose en la rutina de la vida diaria, te termina dejando un buen sabor de boca al terminar. Porque todo el mundo de esta novela termina recogiendo lo que siembra. En ciertos aspectos me ha terminado recordando a la película, también francesa, de Amélie, donde la protagonista hacía el bien a quien era bueno y era malvada con quien tenía mal corazón.
Así pues, más que la trama de la historia, es menester analizar el entretejido de personajes que aparecen en esta novela.

Joséphine Cortès siempre ha sido la sombra de su hermana mayor: no es guapa ni tiene buen tipo, aunque ella no sabe que tiene un talento superior; se dedica a hacer su tesis sobre el siglo XII, una experta en la materia, aparte de dar clases de historia. Tiene un gran corazón y es trabajadora. Mantiene a toda su familia con un sueldo miserable. Su marido, Antoine, se encuentra en paro y no tiene ganas de ponerse a trabajar, al menos no en cualquier trabajo. Sus dos hijas, Hortense y Zoé, están entrando en la adolescencia y no se sienten muy seguras en la casa familiar. Un día, Joséphine se entera de que su marido le pone los cuernos con Mylène, una peluquera a la que ha visto un par de veces. Discuten y él se marcha de casa. Ella, que siempre ha sido pusilánime, no le pide que regrese y, mientras, se pregunta cómo se las va a arreglar sola.

Iris Dupin es la hermana modelo de Joséphine. Es una bomba sexual, casada con el más célebre abogado de París, Philippe, que la cubre de montañas de oro. Iris es una persona fría y superficial, nunca ha estado enamorada de su marido, sino que recuerda a su amante en la Universidad de Columbia, Gabor Minar, que ahora se ha convertido en un famoso director de cine. Su marido, poco a poco, comienza a descubrir la fachada de mentiras y maldad en que se asienta la vida de su esposa. Juntos tienen un hijo, Alexandre, que es ignorado por ambos padres, motivo por el cual el niño se ha convertido en un chico serio y melancólico, al que nadie escucha.

Shirley es la mejor amiga de Joséphine. Son vecinas y se ayudan mutuamente. Shirley es una escocesa con una figura escultórica, una mujer que llama la atención. Sin embargo, cría sola a su hijo Gaby. Las conversaciones entre Jo y Shirley son realmente magníficas, pues son dos grandes corazones dando (y recibiendo) pequeños consejos. En realidad, son dos luchadoras.

Henriette Grobz es la madre viuda de Joséphine y de Iris. Se ha casado en segundas nupcias con Marcel Grobz, a quien considera un patán. Él le pidió un hijo para heredar su inmensa fortuna, pero ella se alejó muy pronto de él, en cuanto consiguió el régimen de gananciales, por lo que Marcel está atado a ella de pies y manos y no puede moverse sin que Henriette lo sepa. Sin embargo, la ilusión de la vida de Marcel la marca su fiel secretaria, Josiane, una treintañera a la que casi dobla la edad. A ella le pide un hijo y, tras muchos intentos, ella traerá al mundo a un pequeño Marcel. Esto llevará a la ruptura con Henriette y a la felicidad con Josiane y su retoño.

Todo se lía cuando Antoine Cortès decide marcharse a Kenia con su amante. Pide un crédito al banco, que sólo es avalado por ser familiar de Philippe Dupin y Marcel Grobz. Antoine trabajará para un chino con ansias de dinero en un criadero de cocodrilos. Mylène crea su propia empresa de cosméticos y peluquería en la que, con el tiempo, no cuenta con Antoine, cuya personalidad se debilita a medida que avanza la novela. Se arrepiente muchas veces de haber abandonado tan fácilmente a su esposa y a sus hijas y ahoga sus penas en alcohol. Un día será devorado por los cocodrilos.

Iris Dupin, que flota en los montones de dinero de su marido, decide que quiere hacerse famosa. Una mentira la lleva a embaucar a su hermana, la dulce Joséphine, para que sea cómplice con ella de un fraude que terminará explotando. Iris comenta con un editor que está empezando a escribir un libro histórico que versa sobre el siglo XII. Todo París comenta que la magnífica Iris Dupin está escribiendo una novela histórica. Iris no quiere que su farsa se descubra, así que le pide a su hermana que la ayude. Joséphine, que ha comenzado a trabajar para el bufete de Philippe traduciendo libros de otros idiomas, le escribe la novela que terminará convirtiéndose en un éxito de ventas: Iris se lleva la fama, Joséphine se queda con el dinero. Pero las personas cercanas a las hermanas las descubren: Philippe y Luca. Luca es un joven historiador que se enamora de Joséphine y que encuentra en la novela trozos de sus conversaciones con Jo.
Todo se termina sabiendo. Philippe conseguirá enfrentar a Iris con su antiguo amante, Gabor, que la ignorará por completo. Humillada vuelve a París, cuando Hortense, que parece seguir los pasos de su tía Iris y de su abuela Henriette, se da cuenta de que su madre está trabajando como una negra para sacar a sus dos hijas adelante con el sudor de su frente y se presenta en un famoso programa de televisión para desenmascarar a Iris Dupin. Madre e hija se dan cuenta del amor que se profesan, aunque parecía que nunca se habían llevado bien.

Al final, te quedas con ciertas frases dignas de mención, que te hacen reflexionar:

Cuando se tiene miedo, siempre hay que mirarlo a la cara y darle un nombre. Si no, te aplasta y te arrastra como una ola gigantesca”.

El amor es la mayor de las riquezas. El amor que damos y el que recibimos. Y yo no puedo pasarme sin esa riqueza…”.

Le hubiese gustado detener el tiempo, quedarse con ese momento de felicidad y guardarlo en una botella. La felicidad está hecha de pequeñas cosas. Siempre se la espera con mayúsculas, pero llega a nosotros de puntillas y puede pasar bajo nuestras narices sin darnos cuenta. Esta noche, la había agarrado y no la soltaba”.

Hay gente cuya mirada nos hace mejorar. Son escasos, pero cuando los encontramos, no hay que dejarlos pasar”.

El amor es hijo de la bohemia, no conoce ley alguna… Si tú no me quieres, yo te quiero, y si te quiero, ten cuidado”.

Cuando se escribe, hay que abrir completamente las puertas a la vida con el fin de que se mezcle con las palabras y alimente la imaginación”.

He comprendido que la felicidad no es vivir una pequeña vida sin embrollos, sin cometer errores ni moverse. La felicidad es aceptar la lucha, el esfuerzo, la duda y avanzar, avanzar franqueando cada obstáculo”.

La lucha diaria reposa en el amor. No en la ambición, la necesidad de tener, de poseer, sino en el amor… No en el amor en sí mismo, tampoco. Eso es la desgracia, es lo que nos hace dar vueltas sin llegar a ninguna parte. ¡No!, en el amor a los demás, el amor por la vida”.

Para vivir bien hay que lanzarse a la vida, perderse y volverse a encontrar, y perderse otra vez, abandonar y volver a empezar, pero nunca, nunca pensar que un día podremos descansar porque esto no se detiene nunca… La tranquilidad la disfrutaremos más tarde”.

La vida es una persona, una persona que hay que tomar por compañera. Entrar en su corriente, en sus remolinos, a veces te hace tragar agua y te crees que vas a morir, y después te agarra por el pelo y te deja más lejos. A veces te hace bailar, otras te pisa los pies. Hay que entrar en la vida como se entra en un baile. No parar el movimiento llorando por uno, acusando a los demás, bebiendo, tomando pastillitas para amortiguar el choque. Bailar, bailar, bailar. Pasar las pruebas que te envía para hacerte más fuerte, más determinada.
Llegarían otras olas, pero sabía que tendría la fuerza de atravesarlas y que siempre, siempre habría alguien en la orilla”.

Se reconoce la felicidad por el ruido que hace al marcharse”.

No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”. (Séneca)

Un paseo por los caminos


Esta mañana me apetecía caminar y hacer fotos. Es curioso, pero desde que llegué de Japón no me he atrevido a coger la Canon y marcharme por los caminos a hacer fotos. Con las instrucciones en japonés, no sé para qué sirven el 80% de los botones y, por pereza, no me he descargado aún las instrucciones en inglés desde iNet.
De repente, me he dado cuenta de que me apetecía hacer fotos y ¿qué mejor sitio que desde la punta del Castillo? No es que haya allí arriba exactamente un castillo, aunque dicen las viejas leyendas que existió. A ese cerro se le llama simplemente así. Por lo que fue quizás... Arriba sólo hay un pivote y una placa que dice los metros de altura (que ahora no recuerdo), pero si el día es claro hay unas vistas magníficas.
Sin embargo, he salido tarde de casa. Y he optado por parar el coche en un lado del camino de parcelaria, para encontrarme subiendo hasta la finca de nogueras que tiene mi padre en las laderas del Castillo.
Con la ermita y las piscinas cerradas y sin ganas de caminar por la misma naturaleza de los últimos meses, con esa necesidad de cubrir todo con un objetivo nuevo... me he encontrado allí.
Lo que quedaba atrás...
La tan cercana, pero a vez inalcanzable, cima del Castillo.
Se veían partes de las obras de la carretera, el puente por el que aún no pasan coches, al menos no los vehículos de la autovía...
La punta del cerro, del Castillo, en cuya cima tantas veces he estado. Parece cercano, pero ese último tramo es el más costoso.
Al llegar al final de la pendiente, ha aparecido mi pueblo, tan cercano y a la vez sin poder tocarlo. Me recuerda a la imagen que me vino anoche a la mente, en que aparece ese ángel, la de compartir un mundo que se extiende a nuestros ojos.

Yoguito
El camino por el que habíamos venido y toda la 'campiña' otoñal alrededor.

Lo más cerca del paraíso

Caminar junto a un ángel tiene que ser algo parecido a estar en el paraíso. Todo en él es envolvente... Su mirada serena, la sensualidad de sus palabras, la calidez de sus manos, la dulzura de su rostro, sus cabellos al viento…

Me imagino junto a él en el borde de un precipicio, con todo un mundo ante nuestros ojos. Un mundo, nuestro mundo, nuestra paz. Observando al frente, cogiéndonos de la mano y escuchando los ruidos ajenos…

Caminar junto a él tiene que ser lo más parecido a estar en el paraíso.

sábado, septiembre 25, 2010

En el aire

Hoy es un día de esos en que me gustaría ir de copas con él, en una ciudad casi vacía, con los bares para nosotros solos. O casi, porque hay boda. Pero él probablemente estará en Logroño, como la mayoría de los riojanos. Mis amigos se han ido todos para allí. He estado tomando café con unos cuantos y me han dicho que habían quedado a las ocho para marchar.
He estado viendo un poco la televisión. En La Noria está Cándido Méndez hablando de la huelga del 29 de septiembre. Yo, en principio, tengo intención de ir a trabajar el miércoles. Un día sin aparecer se nota bastante...
En fin, leeré un rato o, mejor, pensaré en él. En su magnetismo. En su bondad. En su tranquilidad. En su dulzura...

Desechando ciertas fiestas

Llevo toda la mañana pensando en él, preguntándome dónde estará y qué hará. Me han preguntado si iré esta noche a Logroño. Posiblemente no vaya y me dedique a la vida contemplativa. Quizás me esté haciendo mayor.
Hace unos diez años me desvivía por ir a San Mateo, lo pensábamos con varias semanas de antelación y esperábamos que el tiempo pasase rápido para que llegaran las fiestas. Ahora no deseo, por nada del mundo, embarcarme en bares repletos de gente, caminar hasta ver el sol en las vaquillas, desayunar cerca de la universidad y que llegue alguna resaca que no apetece soportar.
Prefiero un fin de semana tranquilo por Logroño, sin que sean fiestas, e incluso en ese pensamiento también aparece ese ángel...

Arco iris

Abres los ojos un sábado por la mañana, sin preocupaciones cercanas, sabiendo que tienes todo un día por delante... Miras por la ventana y descubres un día completamente gris, con algodonosas nubes grisáceas que amenazan lluvia...
Vuelves a la cama y cierras los ojos. Poco a poco, se perfila su imagen en tu mente. Imaginas despertar junto a él, mientras escuchas cómo bailan los latidos de su corazón, acompasados con los tuyos. Observas sus ojos y descubres en esa mirada perfecta todo lo mejor del mundo.
Entonces sonríes, porque sabes que ha aparecido el arco iris en este día gris, aunque nadie más lo pueda ver.

Una llamada a las tres

Una llamada al teléfono fijo a las tres me ha desvelado por completo. Era mi hermano, diciendo que acababan de aterrizar en Madrid. A ver qué nos cuentan de Egipto.

Intentaré leer un rato a ver si consigo dormir.

La riqueza del amor

No es más rico el que más tiene…”; ¡cuánta razón hay en esas pocas palabras!
Últimamente yo me siento desbordada por un tipo de riqueza que sólo nos brinda el amor, ese amor puro que siento por esa persona tan especial, que hace que ame todo lo que me rodea, que quiera a todo el mundo, que sonría a todas horas, que todo tenga otro color, que se pare el mundo…
Sentirse así es algo de una belleza insólita. Cada día me siento enriquecida por un río de emociones que fluyen sin parar.
Cuando está él y le miro a los ojos, no existe nadie más. Desaparecen las personas que estén con él, se difuminan las personas que estén alrededor. Me siento envuelta por su halo de dulzura, hechizada por su personalidad. Cuando le miro me siento muy pequeña, pero a la vez siento que algo dentro de mí se engrandece. He aquí donde está una parte de esa riqueza emocional que él me brinda cada día.
Y sin ser completa, esa riqueza me hace amarle cada día más y amar mucho más todo lo que hay a mí alrededor. Porque cuando está él sólo existe él y todo se torna perfecto.

viernes, septiembre 24, 2010

Nueve en el reloj

Mi hermano acaba de coger el avión de regreso desde El Cairo. Llegan de madrugada a Madrid. Seguro que tienen muchas cosas que contar.
Al final me he echado una siesta larguísima, porque me he quedado pensando en él y poco a poco he sentido que el sueño me iba arropando dulcemente.

Hace dos días me preguntaban en la cafetería si había dormido bien. Respondí que duermo de un tirón todas las noches. Parece ser que la noche anterior a esa conversación había bochorno. No sé, yo no me enteré. Desde hace mucho tiempo duermo de un tirón y pocos son los días en que estoy dando vueltas en la cama hasta que llega el sueño...