viernes, enero 18, 2008

Las semillas que no crecen

El corazón es como un campo recién sembrado. Las semillas van creciendo poco a poco, unas más fuertes, otras más débiles. Unas crecen bajo nuestra observación, otras crecen tan rápido que no podemos hacer nada por minimizar su crecimiento.
Alguna no queremos que crezca, y por eso la podamos varias veces al año, con lo que estamos participando en la formación de algo duradero con el tiempo. Es el caso de la semilla del amor, incontrolable.
Otras semillas arraigan con el paso de los años, algunas se perderán. Las buenas perdurarán. Son las amistades que vamos haciendo poco a poco y con el acontecer de los años.
Unas pocas siempre han estado ahí, desde antes de que naciéramos. Por ellas pueden pasar huracanes, incendios y miles de catástrofes que son demasiado fuertes para que mueran. Corresponden con los lazos familiares.
Y hay semillas que no crecen nunca, bien porque ponemos todo el esfuerzo en que no lo hagan, bien porque está escrito que se queden ahí. Una es la semilla del odio. Tampoco dejaré crecer a la semilla del rencor...

jueves, enero 17, 2008

El Génesis

Leer la Biblia es absolutamente enriquecedor, no solo en el sentido religioso, sino en el histórico. Cuando terminé de leer el libro de Joseph Ratzinger, quería ver sus explicaciones con mis propios ojos. Así que adquirí una Biblia, asegurándome de que estuviera comentada, con introducciones históricas a cada período y a cada libro.
Y la leo, pero no como siempre me enseñaron, sino desde un punto de vista histórico, intentando buscar el simbolismo y el significado de las historias que se cuentan ahí. La leo como una novela más.

La primera parte del Antiguo Testamento está formada por cinco libros, en lo que se conoce como el Pentateuco. Es lo que los hebreos llaman Torá, que corresponde con la antigua ley judía. Esos cinco libros son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
Se consideró a Moisés el autor primigenio, pero lo cierto es que debido a las diferentes versiones, con muchas repeticiones y anacronismos, se sabe que fueron muchos los autores que pusieron su granito de arena y que su escritura es de diversas épocas.

El primer libro del Pentateuco es el Génesis (“nacimiento, creación, origen”), en hebreo Bereshit, que significa “En el principio” (los libros en hebreo toman como título la primera palabra del comienzo de cada libro). Está dividido en dos partes bien diferenciadas: la creación del mundo y las vidas de los patriarcas. Los temas principales y conocidos son:
La creación de la luz, Gustave Doré.
- La creación del mundo de la nada. Dios crea el mundo en seis días, dejando el séptimo para descansar.
- La creación del hombre como hijo de la tierra (adama), dándole como nombre Adam. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Adán pone nombres a todas las criaturas del mundo, pero Dios se da cuenta de que necesita una compañera. Le hace entrar en un sueño profundo y de su costilla crea a la mujer.
- El hombre y la mujer son colocados en el huerto del Edén. Dios les dice que pueden coger frutos de todos los árboles, excepto del Árbol del Conocimiento, colocado en el centro del Edén. La serpiente, considerada como el animal más astuto, convence a la mujer para que pruebe el fruto prohibido, pues al hacerlo será como Dios. La mujer ve que no ocurre nada malo y convence a Adán para que lo pruebe. En ese momento, hombre y mujer sienten vergüenza de su desnudez.
Adán y Eva, Alberto Durero.
- Dios, al comprobar lo que han hecho, castiga a la serpiente a arrastrarse para siempre y a la mujer a padecer dolores durante el parto y a estar sometida por el hombre. Adán es condenado a trabajar la tierra con el sudor de su frente. Son expulsados del Edén. Se le dota a la mujer el nombre de Eva, “Vitalidad”, la madre de la vida (de los seres vivos).
- Adán y Eva tienen dos hijos: Abel y Caín. Caín, el primogénito, es agricultor, mientras que su hermano se dedica al pastoreo. Los dos hacen ofrendas a Dios y el Señor tiene preferencia por los corderos que le ofrece Abel. Caín, cegado por la envidia, lleva a su hermano al campo y allí lo asesina. Dios le condena a vagar por el mundo como un forajido, pues el campo ya no le dará sus frutos.
Caín conduciendo a Abel a la muerte, James Tissot.
- Mientras Adán multiplica su descendencia (tal y como viene diciendo Dios desde el principio de los tiempos: “Creced y multiplicaos”), Adán y Eva tienen un tercer hijo: Set. Desde los descendientes de Caín y Set hasta Noé se habla de una amplia genealogía, donde se nombran las edades de los primeros hombres, que vivían cientos de años (tal es el caso de Matusalén, que murió a los 969 años).
- Tras varias generaciones, en las que los hombres se van extendiendo tan rápidamente como el pecado, llega Noé. Es el único hombre fiel a Dios en un mundo donde la semilla del pecado ha arraigado tan bien. Dios toma una decisión y le dice a Noé que construya un arca (un edificio flotante con techo) y meta allí a su familia y una pareja de cada animal, además de las provisiones. Durante 40 días y 40 noches, el agua del cielo se unió con el agua de la tierra y se exterminó a todo ser viviente, excepto a aquellos que estaban dentro del arca: es el diluvio universal. Dios prometió no hacer jamás nada parecido, y en señal de su alianza con Noé colocó un arco en el cielo (que aparece siempre después de haber terminado de llover).
- Cuando el arca se posó en la tierra, Noé plantó la primera viña y con el primer vino se emborrachó. Tenía tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Cuando le vio borracho Cam, fue a decírselo a sus hermanos sin hacer nada, pero Sem y Jafet ayudaron a su padre, que maldijo a Cam. De los hijos de Noé, vuelve a desprenderse una nueva genealogía que puebla otra vez la tierra. De los descendientes de Sem llegamos hasta Abram, el primer patriarca.
- La torre de Babel. Los hombres, que hablaban la misma lengua, pretendían construir una torre que llegara al Cielo. Cuando Dios se dio cuenta de lo que pretendían hacer, obró para que no se entendieran, y éste es el comienzo de las diferentes lenguas, de los diferentes pueblos y de los diferentes países.
La torre de Babel, Brueghel.

La segunda parte del Génesis tiene como protagonistas a los primeros patriarcas: Abrahán, Isaac y Jacob, con sus hijos.
- Dios dice a Abram que salga de su tierra y vaya hacia Canaán. Coge a su mujer, su sobrino Lot, sus criados y su ganado y vaga por el desierto en busca de la tierra prometida por su Dios. Se asienta en Hebrón y Lot se separa de él, instalándose cerca de Sodoma. Estallan las luchas entre los reyes de la zona y secuestran a Lot. Abram busca a su sobrino y vence a los reyes. Se le considera un héroe.
- La preocupación principal de Abram y su esposa Saray es la de tener un hijo. Son cada vez más ancianos y la fe en Dios, que les ha prometido descendencia, se tambalea. Saray le ofrece a su marido a su criada Agar, con la que tiene un hijo, Ismael. Es un nombre elegido por Dios, y a su vez, cambia el de Abram por Abrahán y el de Saray por Sara. Dios hace una alianza con Abrahán por la que todos los varones, por su fe en Él, deben ser circuncidados a los ocho días de nacer.
- Había llegado a oídos de Dios que las ciudades de Sodoma y Gomorra estaban llenas de pecadores. Tres ángeles enviados por Dios avisan a Abrahán de la inminente destrucción de esas ciudades. Abrahán intenta impedirlo. Cuando los ángeles llegan a Sodoma, Lot les abre las puertas de su casa. Ellos le dicen que debe huir sin mirar atrás. Ante la mofa de sus criados, Lot coge a su esposa y a sus hijas y sale de la ciudad. Pero la esposa de Lot mira hacia atrás, convirtiéndose en estatua de sal. A lo lejos, el fuego de la destrucción acaba con Sodoma y Gomorra.
- Lot y sus hijas se han refugiado en una cueva, lejos del fuego celestial. Como las hijas temen no tener descendencia, emborrachan a su padre y las dos yacen con él, teniendo un hijo cada una, Moab y Ben-Amí, origen de los moabitas y los amonitas, pueblos malditos por el incesto cometido.
- Por fin llega el hijo prometido a Abrahán y Sara: Isaac. La esposa, celosa del hijo de la criada, le pide a su marido que eche de su casa a Agar e Ismael. Abrahán le pregunta a Dios qué debe hacer y Dios le dice que haga caso a su mujer. Agar recorre sola el desierto con su hijo, pero Dios se apiada de ellos, dándoles agua para seguir viviendo.
- Dios pone a prueba la fe de Abrahán: le pide que sacrifique a su único hijo en su nombre. Abrahán está en un dilema, pero su fe en Dios es fuerte y decide sacrificar a Isaac en nombre de Dios. Cuando está a punto de clavarle un puñal, un ángel intercede para que no se lleve a cabo el sacrificio.
Abrahán presenta a Isaac en sacrificio, Andrea del Sarto.
- Sara muere y Abrahán compra una cueva para utilizarla como sepulcro. Sabiendo que su final está cerca, le pide a su más fiel criado que acuda a la región donde vive su familia y busque una esposa para su hijo Isaac.
- El criado llega a un pozo y, orando a Dios, le dice que aquella mujer que le ofrezca agua para él y sus camellos, será la esposa que anda buscando. Se acerca Rebeca, y le ofrece agua para él y para sus camellos. Él pide alojamiento en su casa y explica la historia que le ha llevado allí. Rebeca accede a casarse con Isaac y deja el hogar junto al criado de Abrahán. El patriarca tomó otra mujer, con la que tuvo más hijos. Y finalmente murió. Isaac le enterró en la cueva donde habían sepultado a Sara.
- Isaac y Rebeca tuvieron dos hijos gemelos: Esaú y Jacob. Esaú era el primogénito por haber salido primero. Mientras éste se dedicaba a la caza y era el preferido de su padre, Jacob era pastor y era el favorito de la madre. Los dos hijos representan a los pueblos de Edom e Israel. Por una comida, Esaú vende sus derechos de primogénito a Jacob. Los hermanos se habían distanciado. Cuando Isaac estaba en su lecho de muerte, le envía a Esaú a cazar para prepararle un guiso y darle su bendición. Rebeca, que lo oye, llama a Jacob y le dice que coja unos cabritos de su rebaño para hacer un guiso a su padre. Jacob está preocupado porque, aunque Isaac ha perdido vista, él apenas tiene vello, en comparación con su hermano. Rebeca cubre sus brazos con el pelo de los cabritos y le viste con las mejores ropas de Esaú. Cuando entra en la estancia donde yace Isaac, éste reconoce la voz de Jacob, pero al tocarle nota su vello y al olerle, el aroma que desprenden las ropas de Esaú. Le da su bendición y cuando vuelve el primogénito, descubren el engaño. Esaú promete vengarse de su hermano.
- Jacob tiene que huir y se refugia en casa de su familia materna. Su tío Labán tiene dos hijas, Lía y Raquel. Jacob se enamora perdidamente de Raquel. Jacob cuida los rebaños de su tío hasta que un día Labán le habla de un sueldo. El sobrino solo pide la mano de Raquel. Para conseguirla, debe trabajar para Labán durante siete años más. Al cabo de ese tiempo, Labán engaña a su sobrino y le mete en el lecho a la hija primogénita, Lía. Al descubrir el engaño, el tío se justifica diciendo que no puede dar la mano de la hija menor sin haber casado primero a la mayor. Entonces le dice que al cabo de siete años tendrá a Raquel. Y que deberá cuidar por igual a las dos esposas. Cuando se cumple el tiempo exigido, Jacob toma a Raquel como esposa.
- Los hijos de Jacob simbolizan a las doce tribus de Israel. Las dos hermanas, Lía y Raquel, sienten celos y ponen todo su afán por darle mucha descendencia. Así Lía, su criada y la criada de Raquel serán las madres de los hijos mayores de Jacob. Raquel está desesperada porque no consigue darle un hijo, hasta que llega José. Después tiene otro hijo, Benjamín, y Raquel muere de parto. Estos dos serán los hijos predilectos de Jacob.
Los hijos de Jacob eran: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín. También tuvo una hija: Dina.
- Jacob sale hacia la tierra de su familia, con sus mujeres, hijos, criados y ganado. Huye de Labán, que le persigue, pero en un sueño Dios se le aparece advirtiéndole sobre hacerle nada a Jacob. El bendito cree que su hermano Esaú todavía le guarda rencor y envía por delante regalos para ablandarle. Sin embargo, Esaú le recibe con los brazos abiertos.
- Dina, la única hija de Jacob, es raptada y violada por Siquén, un príncipe que se ha enamorado de ella. Pide su mano, pero sus hermanos toman la justicia por su mano en una venganza sangrienta. No se aceptan los lazos con otros pueblos.
- Jacob se estableció en Canaán con toda su familia. Sus hijos apacentaban los rebaños. Su favorito era José y eso despertaba las envidias fraternales. José tenía sueños premonitorios, que le advertían de que tanto sus hermanos como sus padres un día se arrodillarían ante él. Sus hermanos le llamaban "el soñador". Un día decidieron matarle, pero Rubén, el mayor, atenuó la amenaza y le vendieron como esclavo. Al volver, le dijeron a Jacob que José había muerto.
- Judá, otro de los hijos de Jacob, se casó y tuvo tres hijos. Trajo a una esposa, Tamar, para el mayor, pero éste murió sin dejar descendencia. Se casó la viuda con el segundo hijo, pero también éste falleció. Le pide a la viuda que espere hasta que el tercero se haga mayor. Sin embargo, Judá no tiene intención de ofrecerle a su hijo pequeño. Tamar, viendo que pasa el tiempo y su suegro no la llama, se disfraza de prostituta y yace con Judá, que le deja su semilla. Judá le paga con joyas que Tamar utilizará después para hacer valer su justicia. Tuvo dos gemelos de Judá.
- José llega a Egipto como esclavo, pero todo le sale bien. Su amo confía tanto en él que le deja a cargo de todo. La esposa de su amo intenta seducirle, pero José la rechaza. Ella, despechada, le acusa ante sus criados y ante su marido de que él ha intentado seducirla. Y José es enviado a prisión. Como todo le sale bien, le terminan confiando el cuidado de todos los demás presos.
Un día, llegan a la prisión el copero y el panadero del faraón. La misma noche, estos hombres tienen un sueño premonitorio cada uno, que José interpreta. Cuando salieron de la prisión, el copero volvió a ocupar su cargo, mientras el panadero fue ahorcado, tal y como José les había predicho.
- El faraón comenzó a tener un sueño que nadie era capaz de interpretar. Entonces el copero se acordó de José y lo llevó ante el faraón. “Vendrán siete años de riqueza y después siete años de hambre. Habrás de guardar para cuando no haya”, le dijo José al faraón. Éste, gratamente sorprendido, le convirtió en visir, el segundo mando más importante de Egipto después de él. Y tal como José había predicho, llegaron años de abundancia, donde José recolectó todos los víveres que pudo, preparándose para la época de penuria. Al cabo de siete años, llegó el hambre. Egipto era el único país donde había víveres para afrontar la hambruna.
José interpreta el sueño del faraón, Peter von Cornelius.
- Jacob envía a Egipto a todos sus hijos, menos a Benjamín, para conseguir grano. José les reconoce, pero sus hermanos no le reconocen a él. Les pregunta por su hermano menor y por su padre, les vende el grano y les mete en los sacos el dinero con el que le han pagado. Les pide que traigan a Benjamín a Egipto porque si no les enviará a la prisión como espías.
- Jacob no quiere perder al único hijo que le queda de Raquel, pero ante las penurias de su familia, acepta mandarlo a Egipto con el resto de sus hermanos. Judá se hace responsable de él. Cuando José le ve, le colma de riquezas. Pero todavía tiene que poner a prueba al resto de sus hermanos. Mete una copa de plata en el saco de Benjamín cuando los hijos de Jacob se marchan, y envía en su búsqueda a los suyos. Cuando se descubre que Benjamín tiene la copa del visir, José decide retenerle en Egipto. Si los hermanos acceden, será que no han cambiado y que no les importa la suerte que pueda correr su hermano pequeño, pero Judá dice que le retenga a él en vez de a Benjamín, pues si Jacob se queda sin su hijo menor será su muerte. Es cuando José se da a conocer y pide que vayan en busca de su padre, para darles tierra y alimento en Egipto. Jacob, llamado ahora Israel, acude a Egipto, feliz porque ha recuperado a su familia por completo. José fue un visir justo que estableció que la quinta parte de las ganancias egipcias sería para el faraón. Allí murió Jacob, que en su lecho de muerte bendice a sus hijos y se anticipa a lo que acontecerá. Finalmente pide que le entierren en la cueva donde descansan sus antepasados. Y los hijos así lo hicieron. En Egipto también murió José, que dijo antes de expirar: “Cuando Dios venga a buscaros, llevadme a enterrar a la tierra de mis antepasados”.

La bodega

Hace ya unos meses, vi un reportaje en televisión sobre el último libro de Noah Gordon, un libro de temática completamente distinta a la que él suele utilizar en sus novelas (judaísmo y medicina). Contaban que se había documentado mucho en nuestro país, tanto en la historia del siglo XIX para utilizarla como trasfondo, como -lo esencial de la novela- en el proceso de elaboración del vino. Para esto, acudió a los viñedos de la zona del Penedès. El título original de la novela es The bodega, lo que forma parte del tributo a nuestro país que el autor nos regala en formato de libro.
Hay un momento en el libro que me recordó nociones interesantes (que me contó mi padre) sobre el proceso de elaboración del vino. Mientras el jugo está fermentando, desprende gases tóxicos que pueden matar con solo respirar. Es peligroso entrar en el lagar en esta época y los viticultores, expertos en lo suyo, llevan consigo cerillas. Si la cerilla encendida se apaga, no se puede entrar en el lagar.
Gordon utiliza otra imagen, la de ir con un pajarillo en una jaula, y si el ave muere, hay que salir pitando de allí.
Como aspectos negativos y anclada a unas raíces siempre acompañadas de cepas, el título no sería exacto. La bodega que nos muestra el autor es más lagar que bodega. Un lagar es exactamente el lugar donde se pisa y se fermenta la uva, un lugar fresco donde el vino va recorriendo las diversas etapas de su vida, antes de ser embotellado y llevado a los labios de quienes lo degustarán en el futuro. Pero reconozco que a la palabra "bodega" se le han terminado dando otros usos más amplios y no se limita simplemente a "aquel lugar donde se almacena el vino".

Josep Álvarez trabaja en una tierra de viñas del Languedoc francés. Lleva dos años allí, donde ha aprendido todo lo necesario sobre la uva y el vino. Monsieur Mendes está contento con él y con su trabajo, pero aquel día tiene que darle una mala noticia: su padre, Marcel Álvarez, ha muerto. Pese a la salida precipitada de España, Josep cree que ya no corre peligro para volver y, aunque allí lleva una vida más próspera de lo que jamás llevaría en Cataluña, decide regresar a su tierra.
En su pueblo, Santa Eulàlia, cerca de Barcelona, se instala en su casa, donde su hermano Donat ha puesto el cartel de que está en venta. Josep le compra la casa a su hermano, a pesar de que sabe que tendrá dificultades.
Su padre tenía una finca de cuatro hectáreas con cepas de diferente uva para la producción de vinagre. Él, ahora especializado en vino, cree que puede utilizar una parte de su tierra para producir vino.
Allí se encuentra con viejos amigos. El viejo Nivaldo, el tendero de origen cubano, es uno de ellos. Con sus vecinos, Torras y Marimar, hace un pacto para hacer la vendimia de las tres fincas juntos. Marimar tiene un hijo, Francesc, que tiene una pierna más corta que otra. Josep le trata muy bien y, muy pronto, se hacen amigos. Josep sabe que el padre del niño está muerto, pero no se atreve a decírselo a Marimar. Entonces recuerda las horribles circunstancias que le hicieron salir apresuradamente del país.
Los hijos segundones de algunas familias estaban destinados a un futuro incierto. Un día, llegó un hombre, el sargento Peña, que les dio instrucción como soldados. Cuando estaban lo suficientemente preparados, fueron a Madrid, donde debían matar a un hombre. Fueron utilizados como cabeza de turco para matar al General Prim, jefe del gobierno en aquella época. Josep huye a Francia con siete pesetas en el bolsillo y allí pide trabajo a unos franceses que, años antes, habían visitado Santa Eulàlia.
Ahora, todos sus compañeros adiestrados por el sargento Peña están muertos. Josep es uno de los pocos hombres del pueblo que sabe leer y el alcalde le propone como concejal. Ésa es la pista para que Peña le encuentre.
Su vecino Torras le vende también su finca y Josep decide comprometerse en matrimonio con Marimar. Es elegido para ocupar una posición entre los castellers (torres humanas de ocho pisos, típicas de Cataluña) de su pueblo, y en una competición contra los de Sitges ve, desde arriba, al sargento Peña.
Desde entonces tiene pesadillas. Se afana en convertir una cueva que ha encontrado en el suelo en bodega. La producción de vino le va bien, pues ha empezado a elaborar un buen vino. Una noche, el viejo Nivaldo viene a su casa y le lleva a la tienda, donde está el cadáver de Peña. Josep le entierra de pie entre la pared de la bodega, construyendo una pared de piedra que oculte el cuerpo de aquél que le hubiera asesinado sin dudarlo.
Feliz con su nueva familia, un día tiene una visita especial: el señor Mendes, que, después de probar el vino, le compra 2/3 de la cosecha, ya que en Francia ha llegado la filoxera que está destruyendo todos los viñedos.

miércoles, enero 16, 2008

"Pearl Harbor"

La veré mil veces y mil veces se me caerán las lágrimas con esta película. Supongo que hay películas que siempre calan hondo.
Es una película de guerra, pero sobre todo es una película de amor, de amor y de amistad.

Había una vez dos amigos que crecieron en unas granjas de Estados Unidos. Sus destinos estaban unidos, para bien o para mal. Allí, desde muy jóvenes, aprendieron a volar. Ya no podrían vivir sin alas.
Corre el año 1941. Toda Europa está en guerra, pero los americanos se mantienen ajenos a la amenaza nazi y al posible ataque de otras grandes potencias.
Rafe McCawley (Ben Affleck), el mejor piloto de su unidad, se presenta voluntario para acudir en ayuda de Inglaterra. En su país deja a su mejor amigo, Danny Walker (Josh Hartnett), que también es piloto, y al gran amor de su vida, Evelyn (Kate Beckinsale).
En uno de los ataques, el avión del capitán Rafe cae al mar y todos le dan por muerto. Mientras, Danny y el resto de sus amigos han sido destinados al Pacífico, a Pearl Harbor, donde reposa una gran parte de la flota estadounidense. Allí también es enviado el grupo de enfermeras de Evelyn. Allí se reencuentran y lloran la muerte por el novio y el amigo. Es inevitable que surja el amor entre ellos, un amor que nace de la compasión y de la soledad, del sentimiento de haber perdido algo común.
Pero el capitán Rafe ha sobrevivido. Rescatado por un pesquero francés, varios meses después va a Pearl Harbor y cree que todo seguirá como lo dejó, pero se encuentra con la cruda realidad.
El 7 de diciembre de 1941, domingo y día de descanso, bombarderos japoneses arrasan la isla. Esta masacre constituye la entrada de Estados Unidos en la IIª Guerra Mundial.
Dos pilotos especiales, Rafe y Danny, son escogidos para una misión secreta: bombardear Tokyo, pero son pillados por sorpresa. Danny muere en los brazos de su amigo, mientras éste le dice que no puede morir porque va a ser padre...

martes, enero 15, 2008

Una preocupación obvia

No pasará esta semana entera sin que recorra los multitudinarios pasillos de un hospital. Tengo miedo.

El domingo anocheció sin contratiempos hasta que fui a acostarme. En la cama, un intenso dolor en la axila derecha me hizo palpar toda la zona en busca de algo extraño, pero no encontré nada.
Ayer el insomnio se hizo más insoportable al comprobar que ya no era la axila la fuente del dolor, sino el pecho derecho. Me toco para ver si encuentro algo, pero no hay restos de ningún bulto y, pese a ello, me duele. Sin embargo... creo que tengo algo invisible a mis ojos y a mis manos. Tengo un pánico atroz...
Pero he de ir. Si no es esta noche, será mañana a primera hora.

¿Y si tengo realmente, como me dice el instinto, algún bulto? ¿Y si tengo que quedarme allí un tiempo? No lo sabré hasta que no vaya, y sin embargo tengo un terror impalpable. Ahora sé qué debo hacer algo antes de ir.

Sufrir por amor

Un día sueñas, sueñas con algo irreal pero posible, y decides contar el sueño porque ya no te gustaría que algo así ocurriera. Sabes que puede ser premonitorio, pero también que solo es parte del subconsciente que sale al exterior de una manera mágica, en otra dimensión, como son los momentos oníricos. Dejas que Morfeo haga su trabajo, y decides compartir la belleza de su obra...

De las muchas cosas que siempre quiso hacer a lo largo de su vida, por fin, iba a satisfacer una de ellas: el Camino de Santiago a pie. El viaje se realizaría durante los meses estivales y lo había organizado un catequista venido de lejos que había sido peregrino en numerosas ocasiones.
Todavía le quedaban unos meses para prepararse ante tal evento. Ya había inscrito su nombre en el listado de la parroquia y había regresado a la vida laboral y rutinaria de la gran ciudad.
Hacía ya una década que había abandonado su tierra natal para instalarse lo suficientemente lejos para que la dieran por perdida, pero lo suficiente cerca para volver a sus raíces con motivo de ocasiones especiales, unas raíces que sabía jamás podría cortar de cuajo, pero las únicas que la mantenían unida a lo que antes había considerado suyo y ahora le parecía tan extraño...
Durante los largos meses que precedieron al único viaje que se iba a permitir durante mucho tiempo, se dedicó a la ardua tarea de entrenar su físico para varias semanas de andadura bajo el sol, así que, al salir del trabajo y tras una ligera comida, se ponía unas botas de montaña recién compradas y caminaba varios kilómetros a lo largo y ancho de la ciudad hasta que consideraba necesario volver... Los primeros días le costaba conseguir un ritmo constante y enseguida debía dar media vuelta. Pero a medida que los días se iban haciendo más largos y el sol empezaba a dejarse ver, sus pasos se alejaban cada vez más. Creía estar preparada.
Y por fin llegó el inicio de la peregrinación. Días antes, había atado todos los cabos sueltos. En el trabajo, había pedido vacaciones anticipadas, pese a saber que no gozaría de más días libres hasta el siguiente año. Había dejado a su perro en una guardería de animales donde sabía que estaría bien atendido. Le había pedido a la vecina que regara sus plantas dos veces a la semana y que de vez en cuando echara un vistazo en su piso para asegurarse de que todo estaba en orden. Y había vuelto al hogar familiar, el hogar que la vio nacer y crecer, el hogar donde regresaba en algunas ocasiones, pero cuyas visitas eran efímeras... Aquélla también era una visita rápida, pues al día siguiente se despediría de todos con un grupo de gente desconocida. Esperaba que, al menos, fuera algún conocido del pasado.

El catequista leía en voz alta los nombres de la lista que tenía entre las manos. Ella miró en derredor para descubrir si había alguna cara conocida, aunque tampoco le importaba. Ya hablaría con esa gente a lo largo del Camino, o eso esperaba. Sin embargo, no cayó en la cuenta de que unos ojos la habían estado observando a ella desde que llegara a la parroquia, unos ojos que ella no había descubierto... de momento.
Se acercó al sacerdote, un hombre con alzacuellos que ella siempre recordaba haber visto allí, un cura mayor que sermoneaba incluso fuera del altar. Ella se sentía con la obligación de saludarle.
Finalmente se pusieron en camino. Eran una treintena de personas que caminaron entre grupos de gente que los despedían en las bocacalles, alzando los pañuelos, otros incluso lloraban... “Ni que fuéramos a la guerra” –pensó ella. Detrás, la misma mirada verde la seguía sin parpadear, reconociendo en aquella mujer a alguien del pasado, alguien a quien no veía desde hacía muchos años. Él se mantenía un poco oculto a la vista de aquella muchacha que, después de tanto tiempo, había llegado a imponerle. No entendía por qué. “¿Qué ocurriría cuando le viera?” –pensaba él, casi deseando dar media vuelta y no pasar por el trago de ese encuentro que, no lo dudaba, sería terrible. Pese a este pensamiento, la contradicción iba dentro. Realmente quería que le mirara. En los ojos de aquella mujer había leído siempre un sentimiento oculto, un sentimiento que contradecía sus palabras airadas cada vez que intercambiaban fragmentos de algo que ni siquiera podía llamarse conversación.

La marcha se hacía rápida en diversos tramos del Camino. Se notaba que todos iban descansados, que era el principio, que todavía no hacían mella en ellos las huellas y la pesadez del esfuerzo diario, de la voluntad de llegar a Santiago... Ella iba inmersa en una conversación con un varón cuyo rostro no le sonaba de nada. El hombre le explicaba las ciudades más hermosas del Camino, utilizando como fuente una de las innumerables guías del peregrino que poblaban las librerías de esta zona del país. Ella, por educación, no le contradecía, aunque en algún momento le dijo que a veces las cosas carentes de belleza son, en realidad, las más hermosas; por tanto, quizás hay que buscar en el resto de lugares los dones que la Madre Naturaleza les ha dado.

Las horas fueron pasando rápidamente. Habían comido en un claro de bosque junto a la senda que seguían. Fue algo rápido pues a todos les habían aconsejado llevar el bocadillo hecho desde casa. Muy pronto estaban de nuevo en marcha, pero a media tarde, muchos empezaban a sentir encima los músculos entumecidos y el cansancio de la caminata. El catequista que hacía de guía decidió parar en el siguiente pueblo. Después de tan sutil anuncio, todos estaban deseando llegar y descansar.

El albergue era muy grande para lo pequeño que era aquel pueblo. Cuando pasaban por la calle principal, y a pesar de ser verano, todo estaba desierto. Entre las celosías de la ventana descubrieron los ojos expectantes de miradas que les observaban con recelo. Parecía un pueblo fantasma y como la magia siempre acompaña...

Ella se sentó en uno de los bancos que se dispersaban junto a la entrada del albergue. Y levantó la mirada. Sus ojos se cruzaron solo un momento, el suficiente para reconocerse. Pero él desvió la mirada, pasó de largo e intentó hacerse invisible, como los fantasmas que parecían caminar por las desoladas calles de aquel pueblo.
Ella... no pudo soportar verle allí. La persona a quien más había querido y a quien más había odiado estaba a unos pasos de ella y una fuerza superior la mantenía allí paralizada, incrédula. De repente, dejó de estar allí, dejó de sentir aquella sensación fantasmal que contagiaban las piedras de aquel pueblo...

Un sinfín de imágenes acudieron a su mente: el amor de toda su vida, aquél que eclipsaba a todos en lo bueno y en lo malo, la sonrisa de complacencia, el ídolo de sus sueños, el héroe de sus ilusiones... la esperanza truncada por un malestar y un dolor moral y sentimental inimaginable, el sufrimiento por amor. Un día decidió poner tierra por medio y huyó lejos, donde nunca jamás pudiera verle ni encontrarse con él. No podía soportar sufrir por aquella persona que tanto le había dado (sin darle nada) y tanto le había quitado (sin haberle quitado nada). Había cerrado la puerta a aquel pasado turbulento y cruel...

–Ya se despierta –oía a lo lejos–. Ya vuelve en sí. Un murmullo alentador la hizo salir de su ensimismamiento y abrió los ojos. Se había desmayado.
–Podría ser la tensión –dijo el guía–. El primer día, el esfuerzo, la nula preparación... Nunca se sabe, pero es algo normal. Tómate este azucarillo.
Ella alargó la mano, mientras buscaba con la mirada aquellos ojos verdes. Sabía que su desvanecimiento no se debía al esfuerzo del día, sino al “reencuentro”. No le vio y se quedó tranquila. Sin embargo... les quedaban unas semanas hasta acabar aquella odisea y era obvio que terminarían cruzándose. Aunque se propusiera ignorarle, evitarle, mantenerse lejos... todo por el orgullo herido del pasado...

Continuará...

lunes, enero 14, 2008

El tesoro enterrado

Había una vez, en la ciudad de Cracovia, un anciano muy piadoso y solidario que se llamaba Izy. Durante varias noches, Izy soñó que viajaba a Praga y llegaba hasta un puente sobre un río. Soñó que, a un lado del río y debajo del puente, se hallaba un frondoso árbol. Soñó que él mismo cavaba un pozo al lado del árbol y que de ese pozo sacaba un tesoro que le traía bienestar y tranquilidad para toda la vida.
Al principio, Izy no dio importancia al sueño. Pero cuando se repitió durante varias semanas, interpretó que era un mensaje y decidió que no podía desoír esa información que le llegaba de Dios o de no sabía dónde, mientras dormía.
Así que, fiel a su intuición, cargó su mula para un largo viaje y partió hacia Praga.
Después de seis días de marcha, el anciano llegó a Praga y se dedicó a buscar el puente sobre el río en las afueras de la ciudad. No había muchos ríos ni muchos puentes, así que rápidamente encontró el lugar que buscaba. Todo era igual que en su sueño: el río, el puente y el árbol bajo el que debía cavar.
Solo había un detalle que no había aparecido en su sueño: el puente estaba custodiado día y noche por un soldado de la guardia imperial.
Izy no se atrevía a cavar mientras el soldado estuviera allí, así que acampó cerca del puente y esperó. La segunda noche, el soldado empezó a sospechar de aquel hombre que acampaba cerca de su puente, así que se aproximó para interrogarle.
El viejo no encontró razón alguna para mentirle. Por eso le contó que había llegado desde una ciudad muy lejana porque había soñado que en Praga, bajo un puente como aquél, había un tesoro enterrado.
El guardia empezó a reírse a carcajadas. Y le dijo:
-Has viajado mucho por una estupidez. Desde hace tres años, yo sueño todas las noches que en la ciudad de Cracovia, debajo de la cocina de un viejo loco llamado Izy, hay un tesoro enterrado. ¡Ja, ja, ja! ¿Crees que debería ir a Cracovia a buscar a ese Izy y cavar bajo su cocina? ¡Ja, ja, ja!
Izy dio amablemente las gracias al guardia y regresó a su casa.
Al llegar, cavó un pozo bajo su cocina y encontró el tesoro que siempre había estado allí enterrado.

"Todas las respuestas a nuestras preguntas las tenemos delante de nosotros o, más concretamente, están dentro de nosotros mismos".

Jesús de Nazaret

Quien coge un libro de religión ya sabe a lo que se expone. Con anterioridad, me he leído volúmenes de Teología que nunca he escogido yo y que terminaron resultando vomitivos por aburridos. Quizás, al empezar a leer las páginas del libro de Ratzinger, imaginaba algo parecido, pensaba que no pasaría del primer capítulo. Sin embargo, hoy me lo he terminado.
¿Pero cómo puedo explicar que el Papa, pese a toda su sabiduría, utiliza su propia interpretación de Jesús con unas palabras hábiles para llegar a cualquier lector? Él no escribe como el Sumo Pontífice de la Iglesia, sino como cristiano, y quizás esa manera de escribir nos acerca a la gran figura histórica de Jesús.
El libro pasa por las grandes etapas de la vida de Jesús: el Bautismo, las tentaciones, su mensaje, los discípulos, la transfiguración. Al final hay una pequeña explicación de los nombres del Hijo de Dios, los utilizados por sus discípulos y los usados por sí mismo.
Lo más interesante del libro, quizás, es la explicación de muchos de los símbolos que aparecen en las Sagradas Escrituras, símbolos que nos hacen comprender mejor la figura de Jesús.
Aunque sobreentendidos muchos de los pasajes bíblicos, ésta es la primera parte sobre uno de los personajes históricos más relevantes de la Historia y, también, uno de los más misteriosos.

"El protegido"

David Dunn (Bruce Willis) es guarda de seguridad de un estadio de fútbol de Philadelphia. Su vida familiar está abocada al desastre y está a punto de separarse de su mujer.
En el accidente de un tren ferroviario, termina siendo el único superviviente. Sin un rasguño, vuelve a casa con su familia.
Un día recibe una misiva de un hombre extraño. Se trata de Elijah Price (Samuel L. Jackson), coleccionista y dibujante de cómics que busca a su héroe de carne y hueso. Elijah padece una extraña enfermedad ósea, sus huesos son tan frágiles como el cristal. Según su punto de vista, en el mundo tiene que haber alguien que padezca justo lo contrario a él: que nunca haya estado enfermo ni se haya lesionado.
David es ese héroe. Aparte de su poder físico tiene intuiciones: sabe cuándo una persona ha hecho o hará mal o daño alguno con un solo roce.
Y cuando se da cuenta de que puede ayudar, bajo una capa, comienza a salvar a gente. Pero después descubre al villano, al dar la mano a Elijah...

domingo, enero 13, 2008

La pirámide de Maslow

En 1943, Abraham Maslow propuso una teoría psicológica conocida como la Teoría de la Motivación, donde establecía una jerarquía de las necesidades humanas. Conforme se satisfacen las necesidades básicas, los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos más elevados.

Las necesidades que están en lo alto de la pirámide no atraerán nuestra atención más que en el momento en que las necesidades de los cuatro niveles inferiores vayan satisfaciéndose.

En la base de la pirámide se encuentran las necesidades fisiológicas básicas: respirar, beber agua, dormir, regular la homeostasis (ausencia de enfermedad), comer, liberar desechos corporales, el sexo.
En segundo lugar, están aquellas necesidades que surgen de modo que la persona se sienta segura y protegida: seguridad física, empleo, ingresos y recursos, seguridad moral, familia, salud, seguridad contra el crimen de la propiedad personal, autoestima.
Las necesidades de afiliación están relacionadas con el desarrollo afectivo del individuo; son las necesidades de asociación, participación y aceptación. Entre ellas se encuentran la amistad, el afecto y el amor. Se satisfacen mediante las funciones de servicios y prestaciones, que incluyen actividades deportivas, culturales y recreativas.
Las necesidades de reconocimiento se refieren a la manera en que se reconoce el trabajo del personal. Se relaciona con la autoestima.
Por último, están las necesidades del individuo de autorrealizarse. Son las más elevadas. A través de su satisfacción personal, encuentran un sentido a la vida mediante el desarrollo de su potencial en una actividad.

Llegar a la cima, habiendo pasado previamente por los niveles inferiores y habiendo satisfecho todas las necesidades, viene a ser lo mismo que encontrar la felicidad plena.

El portero del prostíbulo

No había en aquel pueblo un oficio peor visto ni peor pagado que el de portero del prostíbulo. Pero... ¿qué otra cosa podía hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo antes que él, y antes que él, el padre de su padre. Durante décadas, el prostíbulo había pasado de padres a hijos, y la portería también.
Un día, el viejo propietario murió y un joven con inquietudes, creativo y emprendedor, se hizo cargo del prostíbulo. El joven decidió modernizar el negocio. Modificó las habitaciones y después citó al personal para darles nuevas instrucciones. Al portero le dijo:
-A partir de hoy, además de estar en la puerta, me va a preparar un informe semanal. Allí anotará la cantidad de parejas que entran cada día. A una de cada cinco, les preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará ese informe con los comentarios que usted crea convenientes.
El hombre tembló. Nunca le había faltado predisposición para trabajar, pero...
-Me encantaría satisfacerle, señor -balbuceó-, pero yo... no sé leer ni escribir.
-¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar a que usted aprenda a escribir, por tanto...
-Pero, señor, usted no me puede despedir. He trabajado en esto toda mi vida, igual que mi padre y mi abuelo...
No lo dejó terminar.
-Mire, yo lo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente, le daremos una indemnización, es decir, una cantidad de dinero para que pueda subsistir hasta que encuentre otro trabajo. Así que lo siento. Que tenga suerte.
Y, sin más, dio media vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, desocupado por primera vez en su vida. ¿Qué podía hacer?
Recordó que, a veces, en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se estropeaba la pata de un armario, se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisional con un martillo y unos clavos. Pensó que ésta podía ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.
Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, y solo encontró unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa, y para eso, usaría una parte del dinero que había recibido.

En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había ninguna ferretería y que tendría que viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. "¿Qué más da?", pensó. Y emprendió la marcha.
A su regreso, llevaba una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa: era su vecino.
-Venía a preguntarle si no tendría un martillo que prestarme.
-Mire, sí, lo acabo de comprar, pero lo necesito para trabajar... Como me he quedado sin empleo...
-Bueno, pero yo se lo devolvería mañana muy temprano.
-Está bien.

A la mañana siguiente, tal como había prometido, el vecino llamó a su puerta.
-Mire, todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?
-No, lo necesito para trabajar, además la ferretería está a dos días de mula.
-Hagamos un trato -dijo el vecino-. Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos días de vuelta, más el precio del martillo. Total, usted está sin trabajo. ¿Qué le parece?
Realmente, esto le daba trabajo durante cuatro días. Así que aceptó.

A su regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.
-Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?
-Sí...
-Yo necesito unas herramientas. Estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada una de ellas. Ya sabe: no todos disponemos de cuatro días para hacer nuestras compras.
El ex portero abrió la caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.

"No todos disponemos de cuatro días para hacer nuestras compras...", recordaba.
Si eso era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara para traer herramientas.
En el siguiente viaje decidió que arriesgaría algo del dinero de la indemnización trayendo más herramientas de las que había vendido. De paso, podría ahorrar tiempo en viajes.
Empezó a correrse la voz por el barrio y muchos vecinos decidieron dejar de viajar para hacer sus compras.

Una vez por semana, el ahora vendedor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Pronto se dio cuenta de que si encontraba un lugar donde almacenar las herramientas, podía ahorrar más viajes y ganar más dinero. Así que alquiló un local. Después, amplió la entrada del almacén y, unas semanas más tarde, añadió un escaparate, de manera que el local se transformó en la primera ferretería del pueblo.
Todos estaban contentos y compraban en su tienda. Ya no tenía que viajar, porque la ferretería del pueblo vecino le enviaba sus pedidos: era un buen cliente.
Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más alejados prefirieron comprar en su ferretería y ahorrar dos días de viaje.
Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podía fabricar para él las cabezas de los martillos. Y después... ¿por qué no?, también las tenazas, las pinzas y los cinceles. Después vinieron los clavos y los tornillos...

En diez años, aquel hombre se convirtió en un millonario fabricante de herramientas, a base de honestidad y trabajo. Y acabó siendo el empresario más poderoso de la región. Tan poderoso que, un día, con motivo del inicio del año escolar, decidió donar a su pueblo una escuela. Además de leer y escribir, allí se enseñarían las artes y los oficios más prácticos de la época.

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de homenaje para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:
-Con gran orgullo y gratitud, le pedimos que nos conceda el honor de poner su firma en la primera página del libro de actas de la nueva escuela.
-El honor sería para mí -dijo el hombre-. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero no sé leer ni escribir. Soy analfabeto.
-¿Usted? -dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo-. ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir.
-Se lo puedo contestar -respondió el hombre, con calma-. Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡sería el portero del prostíbulo!

Cuento versionado del Talmud.

Paredes de papel

Primero se oye el suave balanceo del colchón que es el preludio del movimiento acompasado que vendrá después. A medida que los muelles de su cama comienzan a sonar a un ritmo más tenaz e ininterrumpido, piensas en ponerte los cascos que silenciarán todo ruido ajeno más allá de tus oídos o reflexionas si quedarte a escuchar los sonidos humanos que acontecen en cualquier escena de sexo.
¿A quién le apetece a las 6 de la madrugada levantarse de la cama a por música? Incluso deseas que, si acaban de venir de la calle, se duerman sin más (y dejen dormir). Pero no. La chica gime, cada vez más alto, llegando a gritar en numerosas ocasiones. Ya que te quedas en la cama como espectadora ajena (¿voyeur entonces?) y obligada de algo que no va contigo, solo te queda la esperanza de que en diez minutos o un cuarto de hora todo acabe. Sin embargo, se lo han tomado con calma. Tres cuartos de hora de reloj... y después han entablado una conversación que finalmente se ha ido apagando, por los sopores del sueño, imagino.

¡Qué manera de poner los dientes largos! Al final me tendré que echar un novio, así quedamos en tablas.

"Rob Roy"

"El honor es lo que nadie puede darte y lo que nadie puede quitarte. Es un regalo que el hombre se hace a sí mismo.
Todos los hombres que tienen honor son reyes, pero no todos los reyes tienen honor
".

The Scottish Highlands, 1713. Los pacíficos clanes escoceses viven en las montañas cuidando del ganado de los poderosos. El cabecilla de estos clanes es Robert Roy McGregor (Liam Neeson), que no soporta la pobreza en la que está inmerso su pueblo. Así que decide pedir un préstamo de 1000 libras al dueño de los rebaños, un marqués inglés afincado en tierras escocesas, Montrose (John Hurt). El marqués accede al préstamo, con vistas a multiplicar sus bienes. Pero su administrador le traiciona. Un petimetre recién llegado de Inglaterra, Cunningham (Tim Roth), no tiene un duro y el chivatazo del administrador le viene al pelo cuando se da cuenta de que serán las 1000 libras más rápidamente ganadas en toda su vida.
Rob deja a su hombre de confianza, Allan McDonald (Eric Stoltz), en la ciudad para recoger el préstamo, mientras él va a dar la buena nueva a su gente. En el camino, Allan es asesinado y Cunningham se lleva las monedas.
Cuando Rob se presenta ante el marqués de Montrose para explicarle lo que ha ocurrido, el inglés le pide algo para saldar su deuda: declarar en contra de un noble escocés, el duque de Argyll (Andrew Keir), pero Rob, por su honor, se niega a dar falso testimonio contra nadie.
A partir de aquí, se le considera un proscrito y será Cunningham quien salga en su busca. Rob deja su pueblo y a su familia, mientras huye a las montañas. Desamparada, su esposa Mary (Jessica Lange), es violada por el petimetre y decide guardar el secreto.
Capturado Rob, a Mary solo se le ocurre pedir ayuda al noble escocés, que tomará a los McGregor bajo protección y mediará para que se celebre un duelo a muerte entre Cunningham y Rob, que terminará saldando finalmente la deuda.

Genial película con dos ingredientes principales: el honor y el amor, con un héroe y un villano esbozados de una manera sublime. En ciertas escenas es inevitable que salten las lágrimas.

sábado, enero 12, 2008

4 meses

La intensidad de cuatro meses, cuando te falta alguien, es imposible describirla con palabras.
Esta madrugada, a las 5h., estaba despierta. He revivido esos primeros momentos en que mi madre, al otro lado del teléfono, aquel 12 de septiembre, que parece tan lejano y sin embargo todavía está tan reciente, me decía, con voz entrecortada: "Ana, ya ha ocurrido". He rememorado mi estallido de cólera, de rabia y de dolor.
Lo peor en este tiempo es pensar en el "ya no volveré a". Añoro llegar a casa y no dar ese abrazo a quien antes se lo daba. Añoro coger el teléfono y no poder marcar el número mediante el cual, al otro lado, en innumerables ocasiones, escuché la voz risueña de mi tío. Añoro su presencia, como sé que lo añoran todos los demás.
A pesar de que han pasado cuatro meses, y parece algo tan lejano en mi memoria, sé que jamás asumiré esa pérdida, una pérdida que, dependiendo de la situación, me parece más o menos injusta.
Le recuerdo con nostalgia casi todas las noches, antes de dormir. Lo peor es darte cuenta de que ya no volverá. Y pese a todo, sé que está en un lugar mejor, que su recuerdo está tan vívido o más que hace cuatro meses.

viernes, enero 11, 2008

No bastará

¿Quién lo sabe?
No lo sé, pero no caben tantas dudas en mi mente.
Estoy obsesionado, sí, ya lo sé, es que esto ha superado lo evidente.
Tu tormenta me ha vencido, ha puesto a prueba mi paciencia, mis sentidos, me ha pisoteado como a un trapo, me robó el motivo por lo que un día te amé.
Lo sé...
Y aunque me jures otra vida, no bastará;
aunque me ruegues te perdone, no bastará;
aunque me evites la caída, no bastará;
no bastará que me borre, me pierda, me quite.
Aunque me jures otra vida, no bastará;
aunque me ruegues te perdone, no bastará;
aunque me evites la caída, no bastará;
no bastará que me borre, me pierda, me quite...
¿Quién lo sabe?
No lo sé, pero no cabe tanta angustia en mi cabeza.
Soy un descerebrado, sí, ya lo sé, es que esto ha desbordado mi conciencia.
Tu tormenta me ha vencido, ha puesto a prueba mi paciencia, mis sentidos, me ha pisoteado como a un trapo, me robó el motivo por lo que un día te amé.
Lo sé...
Y aunque me jures otra vida, no bastará;
aunque me ruegues te perdone, no bastará;
aunque me evites la caída, no bastará;
no bastará que me borre, me pierda, me quite.
Aunque me jures otra vida, no bastará;
aunque me ruegues te perdone, no bastará;
aunque me evites la caída, no bastará;
no bastará que me borre, me pierda, me quite...
No basta con ponerle una venda al corazón y continuar como si no fuera nada, si esto no pasara entre nosotros.
No basta la suerte...
Y aunque me jures otra vida, no bastará;
aunque me ruegues te perdone, no bastará;
aunque me evites la caída, no bastará;
no bastará que me borre, me pierda, me quite.
Aunque me jures otra vida, no bastará;
aunque me ruegues te perdone, no bastará;
aunque me evites la caída, no bastará;
no bastará que me borre, me pierda, me quite...

(No bastará, no bastará, no bastará...)

No basta, no.

Un día de cólera

Este relato no es ficción ni libro de Historia. Tampoco tiene un protagonista concreto, pues fueron innumerables los hombres y mujeres envueltos en los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid. Héroes y cobardes, víctimas y verdugos, la Historia retuvo los nombres de buena parte de ellos: las relaciones de muertos y heridos, los informes militares, las memorias escritas por actores principales o secundarios de la tragedia, aportan datos rigurosos para el historiador y ponen límites a la imaginación del novelista. Cuantas personas y lugares aparecen aquí son auténticos, así como los sucesos narrados y muchas de las palabras que se pronuncian.

El 2 de mayo de 1808 los ánimos de los españoles andaban encendidos porque las tropas napoleónicas estaban invadiendo el país, ante el beneplácito de las milicias españolas.
Madrid es un avispero a punto de estallar, así como ocurriría en otras ciudades. La gente del pueblo se echa a la calle para luchar contra el ejército invasor. Los vivas al rey Fernando VII, retenido en Bayona por el emperador francés, y la negativa a ser dominados por unos extranjeros hacen el resto. El pueblo se arma como puede y ocupa las vías principales de Madrid, cargándose a todo galo que se cruce en su camino. Jóvenes imberbes, niños, mujeres se dirigen hacia uno de los puntos de la ciudad donde se produce una defensa sin cuartel: se trata del parque de artillería de Monteleón, a cargo de dos capitanes amigos, Luis Daoiz y Pedro Velarde, que, en última instancia, son los únicos militares que se unen a los civiles para luchar contra las formaciones francesas. Hasta tres veces atacaron los imperiales Monteleón sin éxito, repeliendo los españoles los ataques. Finalmente, un ejército superior que espera a las afueras de Madrid reduce a los españoles, en número muy inferior. Son muchos los que mueren defendiendo el parque, entre ellos los dos valientes capitanes, que hoy son considerados unos héroes.
En el momento en que las tropas napoleónicas se hacen con el parque de artillería, los franceses matan y fusilan a cualquier madrileño que les apetece. Esta matanza sin freno merma la población de Madrid. Es el comienzo de la guerra por la independencia.

jueves, enero 10, 2008

Una carta de despedida

Hoy he roto en minúsculos pedazos de papel las palabras de despedida que ayer mis manos esbozaron, bajo la mirada de cristal empañada de las lágrimas que pugnaban por hacer su trayecto hasta desaparecer.
El tono era implacable: "Es la última vez que me dirijo a ti para decirte algo". Incluso cruel.
Después de releer, he decidido romper esas hojas rojas, surcadas por la irregular escritura del descontrol sentimental. Mientras el legado del corazón se dejaba ver entre los trazos neurálgicos de aquellas palabras, finalmente la razón se impuso a la realidad.
Jamás enviaría aquellas páginas de mi vida y solo yo, en mis recuerdos, conoceré el secreto de lo que en ellas había escrito.

miércoles, enero 09, 2008

"Dos días en París"

Una película muy práctica para practicar el francés, si no va acompañada de subtítulos, como ha sido mi caso. Aunque hablen muy rápido, se entiende bastante bien.

Marion (Julie Delpy) y Jack (Adam Goldberg) son pareja desde hace dos años. Viven en Nueva York y acaban de pasar unos días en Italia de vacaciones. Al volver, deciden hacer escala en París, donde se quedarán dos días en la casa de la familia de Marion.
Jack no comprende a los franceses y piensa que son unos excéntricos. Lo peor viene cuando, a medida que pasan las horas, Marion solo se encuentra con ex novios. Jack, que no habla ni comprende francés, se siente fuera de lugar.
Una fuerte discusión por el pasado promiscuo de Marion hace que cada uno escoja un camino diferente y pase la tarde separado del otro.
Jack entra en una hamburguesería, donde un vegetariano esquizofrénico que dice ser un ángel, Lukas (Daniel Brühl), se sienta en su mesa y le convence para volver con Marion y hablar con ella cuidadosamente.

"No es fácil mantener una relación, y mucho menos conocer verdaderamente a la otra persona y aceptarla tal como es, con sus defectos y su pasado. Me confesó su temor a ser rechazado si lo conocía de verdad, si se mostraba totalmente desnudo. Había comprendido, después de estar dos años conmigo, que no me conocía en absoluto. Ni yo a él. Y para amarnos verdaderamente teníamos que conocer la verdad el uno del otro, aunque a veces sea difícil de asumir. De modo que le dije la verdad: que nunca le había sido infiel. Le confesé que, para mí, lo más difícil es decidir estar definitivamente con alguien, la idea de que es el hombre con el que voy a pasar el resto de mi vida. Decidir qué voy a hacer, el esfuerzo de seguir, de solucionar las cosas y de no huir cuando surge un problema me resulta muy difícil. Le dije que no podía estar con un hombre el resto de mi vida. Era mentira. Pero le dije, de todas formas. Me preguntó si era una ardilla que cree que los hombres son frutos secos que se almacenan para el frío invierno. Me pareció muy divertido. Luego me dijo una cosa que me ofendió. El tono cambió drásticamente, pero lo había entendido mal. Pensé que me quería decir que ya no me quería y que quería cortar conmigo. Siempre me ha fascinado cómo las personas pueden pasar de amarse locamente a no sentir absolutamente nada. Nada. Es muy doloroso. Cuando presiento que alguien me va a dejar, tiendo a romper la relación antes de tener que pasar por eso. Aquí está: una más, una menos, otra historia de amor desperdiciada. A él lo quería de verdad. Cuando pienso que ha terminado, que nunca volveré a verlo... Bueno, sí, nos encontraremos casualmente y conoceremos al nuevo novio o novia del otro. Nos comportaremos como si nunca hubiéramos estado juntos. Luego, poco a poco, pensaremos cada vez menos en el otro hasta que lo olvidemos completamente. Casi. Siempre es igual: cortar, deprimirme, beber, tontear, conocer un tío tras otro y follar para olvidar al verdadero amor de mi vida. Después, al cabo de unos meses de vacío total, volver a buscar el verdadero amor, buscar desesperadamente por todas partes y, al cabo de dos años de soledad, encontrar un nuevo amor y jurar que será el definitivo hasta que también vuelva a perderlo. Llega un momento en la vida en que no podemos recuperarnos de otra ruptura. Aunque esa persona nos fastidie el 60 % del tiempo, no podemos vivir sin ella. Aunque se despierte todos los días estornudándonos en la cara, nos gustan más sus estornudos que los besos de cualquier otra persona".

De alguna manera, me siento bastante identificada con esas palabras.

martes, enero 08, 2008

La ruta prohibida y otros enigmas de la Historia


Al tratarse de historias cortas, el de Javier Sierra era un libro que llevaba en la mesilla desde hace unos meses, para ser cogido en momentos para desconectar o porque había ganas de reflexionar sobre los enigmas de la Historia.
Como aspectos negativos, descubro, casi al principio con bastante estupor, que el autor copia las maneras de Iker Jiménez en este tipo de historias. Hace unos años leí de Javier Sierra La cena secreta, novela histórica que había ganado un premio literario. Ambientada en la época en que Leonardo da Vinci pintó su famoso cuadro de La última cena, la manera de escribir del autor en una novela basada en hechos históricos reales, aunque mezclándolos con personajes de ficción, era más amena que el libro que ahora me traía entre manos. Y odio sobremanera que un escritor nombre el título de sus otras novelas, como mendigando al lector para que las compre, o al menos que las lea. Javier Sierra reincide dándonos varias veces y de manera reiterada los títulos de sus obras.
Otro error en el que Javier Sierra cae con relativa facilidad es aquel en que cuenta una historia y le busca las cosquillas, de tal forma que una historia que bien puede pasar desapercibida porque no es meritoria históricamente él la convierte en un "misterio sin resolver".
Sin embargo, en los 43 capítulos del libro hay claves históricas que merecen una especial atención porque nos hacen pensar. Entre otras historias, me ha impactado la de los niños de Fátima, porque no sabía el contenido del mensaje que recibieron los niños. Entre los más píos corre la leyenda de que, cuando Lucia dos Santos, le dio el contenido del tercer mensaje, secreto, al Papa Juan XXIII, éste lloró lágrimas de sangre. De aquellos niños, solo Lucia llegó a edad adulta (falleció en febrero de 2005, unos meses antes de que lo hiciera el Santo Pontífice, Juan Pablo II). En 1917 tres pastorcillos portugueses vieron la imagen de una Senhora sobre las ramas de una encina. Las autoridades eclesiásticas enseguida se hicieron eco del suceso, silenciando incluso la descripción de aquella Senhora que se siguió apareciendo cada mes en la misma encina. Solo los niños podían verla y tuvieron tres visiones. La primera fue la del infierno en llamas. La segunda fue la premonición de la Segunda Guerra Mundial y la revolución bolchevique en Rusia. La tercera se mantuvo en secreto hasta que Lucia le dio el mensaje al antecesor de Juan XXII, Pío XII, con la promesa de que el sello solo debería romperlo el Papa que gobernara en la Iglesia en 1960. Y ése Santo Pontífice fue Juan XXIII, que, al leer el contenido del mensaje, volvió a enterrar el secreto.
En el año 2000, Juan Pablo II hizo público ese tercer mensaje, alegando, apoyado por toda la curia vaticana, que ya había tenido lugar en 1981 cuando un hombre atentó con su vida. Sin embargo, esta vez estoy con Javier Sierra, yo tampoco creo que ya haya ocurrido ese vaticinio. El tercer secreto de Lucia y sus primos (que fallecieron prematuramente dos años después de las apariciones con motivo de unas gripes) decía íntegramente:
"Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiría y de la Santísima Madre vuestra y mía. Después de las partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora, un poco más en lo alto, a un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda. Centelleando, emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo, pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él. "¡Penitencia, penitencia, penitencia!". Y vimos en una inmensa luz que es Dios algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él: a un obispo vestido de blanco. Hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre. También a otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque. El Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino. Llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas. Y del mismo modo murieron uno tras otro los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la cruz había dos ángeles, cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios". (Tuy, 3 de enero de 1944)

Yo también creo que este último mensaje se refiere al fin de la Iglesia de Roma y que, por tanto, todavía es algo que no se ha producido. Según las palabras de Lucia, aquí no se atenta contra una sola persona (como en el atentado contra Juan Pablo II) sino contra mucha gente de toda índole.
Como éste hay muchos otros enigmas que merecen la pena en el libro.

Remoloneando entre viejas fotos

Cuando el insomnio vuelve a aparecer... las noches en vela resultan dolorosas cuando vuelve a la memoria la sonrisa del que se fue.
Pese a que esta semana se cumplirán cuatro meses, mi tío sigue estando muy presente entre nosotros. Ésta fue la primera Navidad sin él. Mi padre tuvo unas palabras para él en la última noche del año, mientras todas las miradas se desviaban hacia el lugar de la mesa que en años anteriores estaba ocupado.
Esta noche me han vuelto a desbordar los fuertes pensamientos, aquellas conversaciones que mantuve con mi tío y que se llevó con él, aquellas sonrisas que luchaban contra la adversidad.
Hoy he sacado las viejas fotos que traje conmigo después de que falleciera. Las miro y remiro mil veces sin cansarme, preguntándome dónde estará...

lunes, enero 07, 2008

Ira: Pecado capital

Y al pensar en él me entra una rabia inaudita. No creo que nunca, a causa de alguien, me haya enfurecido tanto. Es una lucha terrible en la que intento no pensar. Que les den a aquellos que hacen daño gratuito.
Sé que después de la ira llegará mi último compañero: el orgullo.

domingo, enero 06, 2008

A mi madre

A mi madre,

por estar ahí,
por darme la oportunidad de vivir momentos maravillosos,
por saber qué decir en el momento oportuno,
por las alegrías,
por los instantes en que hemos llorado juntas,
por saber dar un beso en cada ocasión,
por ser paciente,
por saber sonreír siempre... en lo bueno y en lo malo.
Por todo eso y mucho más, te envío mi gratitud en el día de tu cumpleaños.

F E L I C I D A D E S

"La última primavera"

Son los años 30 lejos de los acontecimientos históricos en un pequeño pueblo de Cornualles. Allí viven juntas dos hermanas ancianas, Ursula (Judi Dench) y Janet (Maggie Smith).
En la tranquilidad de sus vidas se ocupan de cuidar su jardín y de dar largos paseos por la playa de guijarros que tienen junto a su casa.
Un día, al despertarse, descubren a un muchacho en la orilla. El náufrago se llama Andrea (Daniel Brühl) y es polaco. Ellas le cuidan y le enseñan el idioma.
Ursula vuelve a ser como una adolescente enamorada y ese amor platónico se ve juzgado por su hermana, más seria y cabal.
En el pueblo aparece, casi en la misma época, una pintora rusa, Olga (Natascha McElhone), que resulta ser hermana de un famoso violinista. A Andrea le fascina la música y muy pronto se gana el afecto de los lugareños cuando toca el violín en todas las fiestas. Pero Olga se lo lleva a Londres, porque Andrea debe seguir su carrera musical y es necesario que el joven conozca a su hermano.

sábado, enero 05, 2008

Un día en ninguna parte

Me da la sensación de que es un día entre semana, y no sábado. Es curioso, hace tan solo siete días estaba en otro lugar, mientras se preparaban las haimas que por la tarde convertirían mi pueblo en un Belén viviente. Parece que ha pasado más tiempo...
Una llamada me ha sacado esta mañana de mi ensimismamiento. Tras la voz nasal, derivada de un inmenso catarro, mi madre me daba las gracias por el regalo que le envié ayer. No se lo esperaba; esa es la mejor forma de hacer regalos, los obsequios que sorprenden. Pero vaya, yo no regalo por Navidad o Reyes, sino porque mañana además es el cumpleaños de mi madre.
Me gustaría estar allí, aunque, por otra parte, me alegro de haber regresado.

viernes, enero 04, 2008

Sacar de dentro

Bajo el frío invernal que se escabulle en los gélidos rincones de mi piso hasta que, al menos, no hayan pasado dos días y los radiadores estén en pleno apogeo, cansada tras un viaje del que no me enteré, con la punta de la nariz y los ágiles dedos casi insensibles... ayer no leí antes de dormir (y es raro que una costumbre tan arraigada en mi vida como ésa se tome vacaciones en aras de algo quizás más existencial). Solo quería meterme en la cama, taparme hasta arriba y pensar. Pero muy pronto decidí sacar todo de dentro. Necesitaba expresar por escrito todo aquello que jamás saldrá de mis labios, todo aquello que nunca llegará al destinatario que debería leer esas palabras. Y escribí sin parar en una libreta hasta que me dio la sensación de que no tenía manos, que ya no respondían, solo escribían y escribían sin parar. Decidí poner punto final y reanudar otro día aquello que jamás diré pero que, al sacar de dentro, me hizo sentir liberada de un peso que llevo sobre la espalda desde hace mucho tiempo, esa espinita que tanto me cuesta quitar...

jueves, enero 03, 2008

Noche de niebla

Hacía tiempo que no veía una noche con la niebla tan baja como hoy. A veces creo que mi mente en estos momentos anda algo parecido a la noche de hoy. Quizás es que no quiero pensar. Solo sé que si me lo encontrara cien veces, cien veces me acercaría a hablar con él sin poder hacer nada por evitarlo. Quizás ahora prefiero que la niebla empañe todo para no sentir nada más que el silencio y el vacío.

miércoles, enero 02, 2008

El fantasma que alberga en el corazón

Un día sueñas con la belleza de las cosas que no se realizarán, añoras a los que ya se fueron para siempre, juegas con esos extractos de recuerdos insalvables y lloras por el tiempo perdido.

No soporto no poder quitarme ciertas cosas de dentro. El fantasma se agranda porque no le ves a diario y, cuando un día, te enfrentas de nuevo a la realidad se vuelve a minimizar... tanto como para que pueda agarrarlo con el puño cerrado. Odio esta dulce crueldad que poco a poco me va matando por dentro.