viernes, julio 21, 2006

Si vales bene est, ego valeo


Hace poco tiempo, Jacques me dijo una frase en latín. Literalmente significa: "Si tú estás bien, yo estoy bien". Me encantó por todo lo que conlleva. Y no podía dejar de ponerla aquí. Sí, Jacques, estaré bien, así sabré que al saber tú que estoy bien también te sentirás bien, y sabiendo yo que tú estás bien, yo también me sentiré bien.
La verdad es que todas las palabras de ese Si vales bene est, ego valeo conectan circularmente unas con otras. Al decir la frase se le da la vuelta y se vuelve al principio. Me gusta. La llevaré en mente todos estos días.
Quizás algún día yo también se la tenga que decir a alguien que esté apesadumbrado. Y quizás le sonsaque una sonrisa.

A las cinco de la tarde


Ayer cruzaba la Plaza Mayor cuando me di la vuelta. A mis espaldas estaba el reloj del Ayuntamiento marcando la hora: 18.45. Casi nunca suelo mirar el reloj cuando paso por la Plaza. No sé por qué ayer me dio por mirarlo.
Me acordé de otra hora y de otra época, de ese gran poeta que la guerra se llevó:

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías

La cogida y la muerte

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

El gran Federico. Pensé en él, en su dolor en esos momentos que escribía, y algo murió en mí, como si a mí también me hubiera corneado un toro, aunque más era la pérdida lo que sentía. Se me rasgaron los ojos.
De repente, di la espalda al reloj de la Plaza Mayor y seguí andando, mientras apretaba con fuerza el billete de avión a Roma.

jueves, julio 20, 2006

Roma me espera


Ya tengo un pie en Roma, sí, sí. Acaban de llamarme de Halcón Viajes para que vaya a por los billetes y a por las explicaciones necesarias, y para pagar el resto del viaje, claro.
A veces pienso que, de haber sido las cosas diferentes, yo mañana no me cogería un vuelo a otro país, a otra ciudad. Si el monstruo que llevo dentro no fuera tan terrorífico no me vería con la necesidad de llevármelo a otro lado. Lamentablemente, lo que en otras circunstancias hubiera sido un viaje de placer se convierte en un paseo a la meditación, al cambio (al menos en mi cabeza), al posible olvido y a la inminente desaparición. Sí, será un viaje de placer, aunque no alcance todas las cotas placenteras que se esperarían de mí en otros momentos.
Roma constituye el cambio que necesito ahora. Y dicen que los cambios, si se hacen deben ser para mejor.
Cambiar de aires sé que me va a venir estupendamente, cruzarme con otras personas me va a abrir los ojos, aunque sobre los míos he tendido un sutil velo. Antes brillaban, ahora no. Me leí en la guía de Roma que hay ratas entre sus piedras, y lagartijas y mucha fauna que no me quisiera encontrar.
Roma será la novena capital europea que conoceré, después de: Madrid, Londres, Lisboa, París, Berlín, Budapest, Viena y Praga. No está mal.
Los billetes me esperan, así que tendré que irme ya.

Reviviendo mi paseo por las galerías del Louvre




En sus ocho siglos de existencia, el Louvre pasó por varias etapas: comenzó siendo un castillo fortificado, después un palacio real, abandonado en el momento en que el rey Sol se traslada a Versalles, fue residencia de artistas durante un tiempo, y unido al Palacio de las Tullerías, se convierte, finalmente, en el mayor museo del mundo, que atrae a más de 5 millones de turistas al año.
Yo me perdí entre sus galerías. Llegué desde la parada de metro y aconsejaría a todo el mundo que lo visitara que es el acceso más rápido, pues desde la pirámide invertida del subsuelo se podía comprobar la inmensa cola de gente esperando en la calle. Me llevó más de una hora encontrar el tan ansiado cuadro que todo turista como tal busca entre los rincones del museo: La Gioconda. Mi estupor fue inmenso: una sala gigante y un cuadro minúsculo empotrado en una pared tras varias cristaleras bien gruesas. El único cuadro vigilado por dos guardas que decían a todo el mundo que no se pararan delante, el embotellamiento de la gente delante de la pintura del genio Da Vinci. El único cuadro en todo el museo al que estaba prohibido hacer fotos. Porque si algo me sorprendió de París es que en todos los museos se podía llevar cámara y fotografiar las obras de arte, incluso en el Louvre, todos... excepto a la Mona Lisa.
De la guía del museo sólo voy a hablar de los cuadros que tengan un interés especial, bien sea por su historia o bien porque son lo suficientemente importantes como para hablar de ellos, o bien desde un punto de vista subjetivo, es decir, porque me gustan a mí.
Escuela de Fontainebleau, Gabrielle d´Estrées y una de sus hermanas en el baño, hacia 1595.


A la derecha, Gabrielle d´Estrées, amante de Enrique IV, en su baño, acompañada probablemente de su hermana, la duquesa de Villars. Ésta pellizca entre sus dedos el pezón de Gabrielle. El resto, en clave, alude al nacimiento en 1594 del duque de Vendôme, fruto de los amores del rey y su amante. Ésta última sostiene en su mano izquierda un anillo en prueba de amor.

 
Georges de La Tour, Magdalena con lamparilla, 1640-1645.
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Se han conservado cuatro versiones de este tema, sin contar con las numerosas copias que existen de él. El rostro de santa Magdalena aparece siempre de perfil, iluminado por la alta llama de la lamparilla. En esta versión, junto a la santa hay dos libros cerrados, una cruz y un silicio. Después de una vida de pecado, la santa, convertida en ermitaña, reflexiona sobre su vida y sobre la muerte. El cráneo, apoyado en sus rodillas y que ocupa el centro del cuadro, evoca, como la lamparilla que se consume, el tiempo que pasa y la vanidad de las cosas de la tierra. La extrema estilización de las formas, bañadas por la luz dorada, invita a la meditación.

Nicolas Poussin, El rapto de las Sabinas, 1637-1638.

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Poussin narra aquí un episodio de los inicios de la historia romana: una vez fundada Roma, Rómulo invita a la gente de las ciudades vecinas a participar en los juegos que han organizado. La invitación es en realidad una estratagema, porque dada una señal, los hombres todavía sin pareja se apoderan de las jóvenes Sabinas. El movimiento y la agitación, la factura de los rostros y la composición permiten leer el cuadro como un libro, según el propio deseo de Poussin.

Hyacinthe Rigaud, Luis XIV, rey de Francia, 1701.

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Pintado para ser regalado a Felipe V, nieto de Felipe XIV y rey de España, este retrato fue tan del gusto del rey que se lo guardó para sí. El monarca, que entonces tenía 63 años, aparece vestido con la capa de la coronación y los emblemas de su poder.

Jean-Antoine Watteau, Peregrinaje a la isla de Citera, 1717.

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Para su trozo de recepción en la Academia, Watteau pintó una obra que no podía ser clasificada en ninguna de las categorías definidas por esa Academia. Se crea así para él el género de las "fiestas galantes". Este cuadro ha dado lugar a muchas discusiones en cuanto a la escena representada: todas estas parejas ¿zarpan hacia la isla de Venus? ¿O bien, melódicas y lánguidas, se preparan para dejar la isla encantada? ¿Se trata de una partida alegre hacia los éxtasis de Citera o se una elegía sobre la fugacidad de los amores, que no escapan al desgaste del tiempo? Las figuras, muchas de las cuales son representadas de espaldas, se destacan entre ese fondo vaporoso que confiere al conjunto de un tono melancólico y misterioso.

Jacques-Louis David, La coronación de Napoleón I, 1806-1807.

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"¡Qué relieve, qué veracidad! No es pintura: ¡uno puede caminar dentro de su cuadro!" dicen que exclamó Napoleón cuando vio este inmenso lienzo que exigió a David más de dos años de trabajo. Doscientos dignatarios, algunos de los cuales son perfectamente identificables, asisten aquí al momento en que Napoleón está por colocar la corona en la cabeza de Josefina. David ha representado incluso a los ausentes, la más famosa de las cuales es Madame, la madre del Emperador. Después de haber exaltado en sus lienzos a los héroes de la Antigüedad, David ha encontrado un nuevo héroe, esta vez contemporáneo: Napoleón.

Eugène Delacroix, La Libertad guía al pueblo, 1830.

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El tema es todavía de candente actualidad cuando Delacroix decide pintar esta obra histórica en que se conmemoran los Tres Gloriosos, los tres días de la revolución de julio de 1830 que puso fin al reinado de Carlos X. Pero en la realidad histórica de la violencia de los combates, Delacroix añade un soplo místico con la figura de la Libertad en marcha. Más grande que las otras figuras, su pecho desnudo evoca inevitablemente la alegoría de la Victoria. Si bien la obra fue observada por muchos en el Salón, se dijo que la Libertad era "populachera" y se le reprochó al pintor haber hecho apología de "la chusma".

Théodore Géricault, La Balsa de la Medusa, 1819.

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En 1816, una fragata francesa naufraga a la altura de Senegal; los oficiales hicieron construir entonces una balsa improvisada donde pronto se hacinan 150 náufragos. Rápidamente comienzan a faltar los víveres. Sólo 15 personas saldrán vivas de esta pesadilla. Atribuyendo la culpa al comandante de La Medusa, un emigrado que había sido reintegrado por dispensa especial en la Marina Real, a pesar de no haber navegado en 25 años, se dice que Géricault quiso extender el descrédito al gobierno de la Restauración. El realismo mórbido de los cuerpos también desagradó a parte del público. Géricault había obtenido en el hospital Beaujon cercano trozos de cadáveres: brazos, troncos y piernas.

Jean-Auguste-Dominique Ingres, La Gran Odalisca, 1814.

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Desde las campañas napoleónicas, el Oriente se pone de moda, no sólo entre los pintores sino también entre los escritores: basta pensar en las Orientales de Victor Hugo. Muchos incluso viajan: Delacroix a Marruecos, Byron a Grecia, etc. Ingres no escapa a esta tendencia. Aquí el abanico de plumas de pavo real, el narguile, el turbante tornasolado y el tema mismo de la odalisca confieren al lienzo un ambiente orientalizante. Este desnudo destaca en particular la línea: es la belleza del trazo la que hace la belleza del cuerpo. No importa que el dibujo no soporte escrupulosamente la anatomía: los detractores de Ingres afirman que la Odalisca tiene demasiadas vértebras.

Jan Van Eyck, La Virgen del canciller Rolin, hacia 1434.

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La Virgen y el Niño, con un ángel que está a punto de coronarla, se aparecen como una visión a Nicolas Rolin, canciller de Felipe "el Bueno", duque de Borgoña. El realismo meticuloso de la pintura de Van Eyck, pintor oficial del duque, hace que todo esté presente y vivo: las baldosas son frías, el abrigo de brocado de oro del canciller es un poco rígido, la piel ya arrugada de su cuello se ve algo caída y la vena de su sien palpita. La luz modela el espacio y las formas. Restituye a las cosas su sustancia. Pero este realismo no debe engañar, porque esta realidad material, pintada con tanta meticulosidad, ilustra la significación espiritual del cuadro. Las flores representadas en el pequeño jardín cerrado, por ejemplo, son alusiones a la Virgen o a Cristo: el lirio simboliza la castidad y la virginidad de la Virgen, las margaritas su humildad... Todo aquí tiene un sentido. Cada detalle cuenta. Al contrario de lo que se ha pretendido durante mucho tiempo, no fue Van Eyck quien inventó la pintura al óleo, con sus muchas ventajas: saturación y brillo de los colores, fundido de las pinceladas, etc. Pero este pintor perfecciona una mezcla que no ha sido aún identificada y que le permitía un secado más rápido del óleo, de modo que el artista podía superponer capas levemente coloreadas (veladuras), que dan a las obras de los "primitivos flamencos" ese aspecto liso y esmaltado.

Hieronymus Bosch, llamado "El Bosco", La Nave de los Locos, comienzos del siglo XVI.

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Bosch no fue el único que se interesó en la locura: en 1494, Sebastian Brant publica una obra también titulada la Nave de los Locos, en la cual hace una sátira de los vicios y defectos de una sociedad corrupta, obra que probablemente inspiró a Bosch. En 1509, Erasmo publica el Elogio de la Locura, donde critica a las diferentes clases sociales, especialmente al clero.

Quentin Metsys, El Prestamista y su mujer, 1514.

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Según Van Mander, "el Arte llegó a Amberes tras los pasos de la riqueza". Efectivamente, a partir del siglo XVI, Amberes reemplaza progresivamente a la ciudad de Brujas y se convierte en un centro comercial internacional, con un floreciente mercado del arte. Se instalan allí muchos pintores, como Quentin Metsys, que representa aquí a un prestamista y a su mujer en su tienda, sentados en un banco uno junto al otro, delante de las estanterías llenas de objetos. Como los pintores flamencos del siglo anterior, Quentin Metsys describe todo de manera analítica, llevando el arte del trampantojo a su cima: los reflejos de la luz en la botella o en las perlas, el grano de los materiales o el paisaje que se refleja en el espejo han sido reproducidos admirablemente. Ninguno de estos objetos ha sido elegido al azar. El espejo entre ambos personajes, así como la vela en el estante, recuerdan que la vida pasa y que no hay que atarse a los valores materiales, es decir, a las piezas de oro y perlas aquí representadas. La balanza alude al peso de las almas en el Juicio Final; el libro piadoso frente a la mujer se abre en una imagen de la Virgen: será ella la que podrá intervenir a favor de los pecadores en el momento del Juicio Final.

Pier Paul Rubens, La llegada de María de Médicis a Marsella el 3 de noviembre de 1600, 1622-1625.

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En 1622, María de Médicis, reina de Francia y viuda de Enrique IV, asesinado en 1610, acude al flamenco Rubens para pintar "las historias de la vida muy ilustre y de las gestas heroicas" de la reina y su regencia. Estos 24 cuadros debían decorar una galería del palacio de Luxemburgo, cuya construcción acababa de terminar. El contrato especifica que Rubens debía pintar de su mano el conjunto: cerca de 300 metros cuadrados de pintura, que realizaría en menos de tres años. El proyecto es muy original porque se cuenta la vida de un personaje histórico, María de Médicis, no mediante un juego de alegorías complejas o de relatos mitológicos, sino en un modo a la vez narrativo y épico. Cada escena ilustra un acontecimiento de la vida de la reina, que aparece como una "heroína" idealizada y protegida por los dioses. El artista, entonces célebre en toda Europa, reúne aquí las características del estilo barroco: composiciones de gran claridad, profundidad del espacio, dinamismo de las escenas, colores refinados obtenidos por medio de veladuras superpuestas que dan a las carnes su legendaria transparencia.

Antoon Van Dyck, Carlos I, rey de Inglaterra, cazando, 1635-1638.

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Después de haber trabajado en el taller de Rubens, Van Dyck viaja a Italia e Inglaterra, donde termina instalándose. Continuando el linaje de Tiziano, aquel a quien se ha bautizado como el "Mozart de la pintura" definió el modelo del retrato aristocrático en Inglaterra con este cuadro del rey Carlos I, de quien fue pintor oficial. Su influencia en ese país será considerable.

Frans Hals, La Gitana, 1630.

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Frans Hals, que pasó toda su vida en Haarlem, sólo pintó retratos. En La Gitana, su pincelada extremadamente libre y amplia, magistral en la reproducción de la tela de la blusa blanca, modela verdaderamente su figura. Esta factura tendrá una influencia perdurable, y se la encuentra así en las "figuras de fantasía" de Fragonard y, más tarde, durante el siglo XIX, en Manet.

Rembrandt Van Rijn, llamado "Rembrandt", Filósofo meditando, 1632.

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Cerca de una ventana que difunde una luz dorada, un anciano sentado con las manos unidas, medita. La escalera de caracol junto a él, ¿evoca acaso los meandros de su pensamiento?

Johannes Vermeer, El Astrónomo, 1668.

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El Astrónomo es uno de los escasos lienzos fechados y firmados por Vermeer que se han conservado. La fecha en cifras romanas y el monograma del pintor aparecen, efectivamente, en la puerta del armario. Sentado en su mesa recubierta con un grueso tapiz, el astrónomo tiende la mano hacia un globo celeste. El libro frente a él ha sido identificado: se trata de un tratado de Adriaen Metius, Sobre la observación de las estrellas, abierto en las primeras páginas del tomo III. La composición del lienzo es muy próxima a la de otro cuadro de Vermeer que también representa a un sabio en su estudio, El Geógrafo. Mientras una ventana a la izquierda deja entrar la luz, el sabio, absorto en su reflexión, domina una mesa detrás de la cual se ha dispuesto un armario. Es posible que el modelo de ambos cuadros haya sido Van Leeuwenhoek, el famoso constructor de microscopios de Delft, designado más tarde administrador de la sucesión Vermeer. En ambas obras Vermeer se aleja de su tema predilecto: la mujer, sorprendida en su entorno doméstico.

Hans Holbein, llamado "el Joven", Erasmo, 1523.

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"Quisiera que Durero pintara mi retrato: ¿y por qué no debería yo desear eso de un tal artista?" escribió Erasmo. ¿Cabe lamentar que este retrato de Erasmo haya sido pintado por Holbein, también gran retratista de sus contemporáneos? Sobre un fondo constituido por una colgadura con motivos orientales y un entablado, Erasmo es representado de perfil, como en las medallas antiguas. Se encuentra envuelto en un inmenso abrigo oscuro y tocado con una boina negra: por su importante correspondencia, se sabe que era muy friolero. Su rostro y sus manos bañadas de luz atraen la mirada del espectador. Con los ojos bajos sobre su página, Erasmo está absorto en lo que escribe: pasará a la posteridad gracias a su obra. El cuadro de Holbein pasa a ser así la imagen tipo del humanista en el trabajo.

Guido di Pietro, llamado "Fra Angelico", La coronación de la Virgen, 1430-1435.

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Este retablo fue pintado por Fra Angelico, dominicano encargado de la decoración del convento dominicano de Fiesole. Tanto los hermosos colores como el tema pertenecen todavía a la Edad Media. La composición, en cambio, fundada a la vez en un triángulo y en el círculo formado por la asamblea de los santos, así como el manejo del espacio, determinado por el juego de las líneas de las baldosas y por los escalones, pertenecen al Renacimiento. Así lo había establecido Brunelleschi para la arquitectura, Masaccio para la pintura y Donatello para la escultura. Bajo la escena principal están representados, en la predela, episodios de la vida de santo Domingo a uno y otro lado de un Hombre doloroso.

Leonardo da Vinci, La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana, 1508-1510.

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Este tema, tratado varias veces por Leonardo, se apoya en una composición piramidal no exenta de dinamismo: la Virgen, sobre las rodillas de santa Ana, trata de retener al Niño, que está inclinado sobre el cordero que prefigura su Pasión. Como a menudo en Leonardo, sfumato y perspectiva aérea prestan a la escena un carácter sobrenatural y misterioso.

Leonardo da Vinci, La Gioconda, 1503-1506.

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Este retrato se encuentra modelado por la sombra y por la luz que proviene a la vez del paisaje y desde la izquierda. La pincelada es fina y sutil: no hay marcas de ella. El horizonte, colocado muy alto, se abre sobre un paisaje donde se funden agua, tierra y aire, y donde los diferentes planos se suceden gracias a la perspectiva aérea: en la medida que las cosas se alejan, los colores cambian y pasan de la gama de los rojos a una paleta más azulada. El contorno de la Gioconda, apoyada en una balaustrada, está difuminado: es el famoso sfumato. "El contorno de las cosas es lo que tiene menos importancia en ellas... por lo tanto, oh pintor, no rodees jamás los cuerpos con un trazo", afirma Leonardo, que no quiere describir con precisión los rasgos de la Gioconda sino pintar su alma, sensible en su mirada y en su sonrisa enigmática. Colgada en la habitación de Bonaparte, La Gioconda fue después expuesta en el Louvre, donde suscitó muchos comentarios. Robada en 1911, víctima de una agresión en 1956, será objeto de numerosas variaciones por parte de los artistas del siglo XX que demuestran así, a su manera, su fascinación.

Rafaello Sanzio, llamado "Rafael", La Virgen, el Niño y el pequeño San Juan, llamado La Bella Jardinera, 1507.

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El peinado muy elaborado de la Virgen y su expresión suave la vinculan con la tradición florentina. Pero la escena, que tiene lugar en un paisaje apacible, no es menos intensa, probablemente por la actitud y las miradas intercambiadas entre los tres protagonistas, dispuestos en un esquema piramidal clásico. Atentos y en recogimiento, la Virgen y san Juan Bautista miran hacia el Niño. Éste trata de coger el libro apoyado en el brazo de la Virgen, donde está anunciada su Pasión, mientras san Juan Bautista sostiene la cruz, otra prefiguración del sacrificio futuro.

Paolo Caliari, llamado "Veronés", Las Bodas de Caná, 1562-1563.

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Este inmenso lienzo fue encargado en 1562 para el refectorio del convento benedictino de San Giorgio Maggiore, restaurado por Palladio. El espacio pictórico se encuentra perfectamente integrado al espacio real: el suelo y las columnas del cuadro prolongan la arquitectura de la pieza, escenografía conforme las tesis de Vitruvio. Este espacio pictórico es demasiado amplio para ser abarcado con una sola mirada y, como ocurre a menudo, coexisten varios puntos de fuga: uno a nivel de los personajes y el otro en la parte superior, atrayendo así la mirada del espectador hacia el cielo, que abre el espacio del refectorio al exterior. Veronés aparece aquí como un gran decorador, llenando su lienzo con personajes en ropajes contemporáneos y de objetos sin relación directa con la escena del Evangelio, lo que le será reprochado por los censores eclesiásticos en el caso de otro lienzo. A lo cual replicará Veronés: "Nosotros, los pintores, nos tomamos la misma libertad que los poetas y los locos", citando libremente al poeta Horacio.

Michelangelo Merisi, llamado "Caravaggio", La Muerte de la Virgen, 1605-1606.

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Caravaggio entrega este cuadro a los Carmelitas Descalzos para su iglesia en Roma, pero es rechazado por indecente. Rubens, entonces en la corte de Mantua, aconseja al duque, su mecenas, adquirirla para su colección. Los monjes reprochaban a Caravaggio haber presentado a la Virgen como un verdadero cadáver. Se cree que el pintor tomó como modelo a una prostituta ahogada: el cuerpo de la Virgen se ve hinchado y muy blanco. Al representarla así se cuestiona la idea de que, apenas muerta, ascendió al cielo. El haz de luz oblicuo destaca el drama y el dolor de los discípulos. Poco después de terminar este lienzo, Caravaggio tuvo que huir de Roma, acusado de asesinato.

Francesco Guardi, La partida del Bucentauro hacia el Lido de Venecia el día de la Ascensión, 1766-1770.

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Este lienzo pertenece a una serie de 12 cuadros (de los cuales 10 se encuentran en el Louvre) que ilustra las fiestas organizadas en Venecia en honor a la elección del dogo Alviso IV Mocenigo. Pintados unos 10 años después de las ceremonias, se inspiran en grabados, copiados a su vez de Antonio Canaletto. En éste se asiste a la partida de la galera del Bucentauro hacia el Lido, donde el dogo celebraba cada año, el día de la Ascensión, las bodas de Venecia y el Adriático. Esta escena es para Guardi el pretexto para esbozar con su pincelada vibrante y desenvuelta, de sensibilidad eternamente moderna con respecto a la atmósfera, una vista de Venecia y de sus habitantes dentro de una luminosidad diáfana y plateada. Guardi ha renovado enteramente la pintura del vedute, sustituyendo el punto de vista preciso de Canaletto, su predecesor y compatriota, con una visión más poética e incluso fantástica.

Domenicos Theotocopoulos, llamado "El Greco", Cristo en la cruz adorado por dos donantes, 1585-1590.

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"Había visto antes algunos de sus cuadros, que me habían impresionado mucho... Si mis personajes de la época azul se estiran, es probable que sea por influencia suya" (Picasso, en una carta a Brasaï).

Bartolomé Esteban Murillo, El Joven Mendigo, hacia 1650.

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En esta obra de juventud, Murillo aborda un tema que retomará a menudo: el de los chicos andaluces que corretean por las calles y se alimentan de poco (en algunos casos de melones, aquí de algunos cangrejos), tema de la picaresca que también trata la literatura. Este mismo pintor multiplicará las representaciones de la Inmaculada Concepción, cuya suavidad se encuentra en las antípodas del claroscuro brutal y realista de esta escena.
Aparte de cuadros, en el museo del Louvre hay una infinidad de esculturas, tallas, objetos decorativos, e incluso salones que llaman especialmente la atención, bien sea por su profusión, como el Salón Dorado, o por su sencillez, como la Sala de las Cariátides, o por los innumerables restos de Egipto. Pero de momento, hoy me he limitado a la pintura. Si algún día me apetece escribo sobre otros tipos de arte del Louvre.

El baúl de los recuerdos

Hace unos días miré lo que había dentro de una bolsa y ¡oh, sorpresa!, apareció, como por arte de magia, la guía de visita del Museo del Louvre. La dejé aparte pero visible para volverla a coger en otro momento. De repente hoy me apetecía descubrir tesoros de los que no me acordaba y que, sin duda alguna, me iban a transportar a otros momentos pasados.
Guardo todo así que en casa tengo un baúl inmenso con pequeños objetos provenientes de lugares en los que he estado. Aquí apenas tengo mucho, incluso pensaba que ya me lo habría llevado casi todo. Pero no.

He cogido lo que me ha llamado más la atención, quizás porque me transporta a unos instantes de mi vida que fueron más gloriosos que los actuales.

1. La bolsa del Museo del Barça. No recuerdo lo que compraría allí, el caso es que conservo esa bolsa, no sé para qué; de aquí es lo único que terminará en la basura. Estuve en Barcelona en diciembre de 2004.

2. La guía del Museo del Louvre. He estado hojeándola y quizás haga un resumen de los cuadros que más me llaman la atención para exponerlo después aquí. En París estuve en febrero de 2005.

3. La tarjeta del hotel donde estuvimos hospedadas en Barcelona. Escrito a mano, el recepcionista nos había puesto el número de los taxis de la ciudad condal.

4. Tarjetas de los lugares turísticos de Barcelona, explicando cómo llegar, horarios, precios y demás. El caso es que me hace gracia porque tengo tarjetas del mismo estilo de Berlín.

5. Un billete del tren regional sacado en Medina del Campo para Madrid. Ese fue un viaje que no se nos olvidará nunca.

6. El ticket del Orlyval, un metro automático que te lleva a las diferentes terminales del aeropuerto de Orly, París.

7. Una moneda que compraría en Notre-Dame, imagino, pues en una de las caras tiene la fachada de la catedral de París y en la otra tiene una cruz parecida a la de Santiago.

8. El plano del metro de Madrid. Tendré tantos planos de estos... La peculiariedad de éste es que está en inglés. ¿Lo cogería por error o porque no había en castellano?

9. Un ticket del metro de Barcelona.

10. Una caja de cerillas que no sé de dónde proceden. Bueno, sé que de algún lugar de Madrid, pero no puedo concretar más.

Ahora me voy a leer la guía del Louvre, que me apetece.

19 días y 500 noches

19 días y 500 noches



Joaquín Sabina tenía razón en una cosa: se necesitan muchas noches en vela para intentar olvidar a alguien, en cambio el día es más llevadero porque es más sencillo mantener inmersa la mente en un sinfín de cosas. Los días pasan volando, no importa lo que hagamos, pero es más fácil de olvidarse un poquito de todo.
Pero ¿y la noche? Mis noches son criminales desde hace aproximadamente unos 25 días, así que según la letra de Sabina, me quedan 475 noches para estar desvelada, para llorar, para pensar, para no dormir, para olvidar... ¿olvidar? eso es imposible. 475 noches equivalen a casi un año y medio. Me va a dar algo. No soporto pensar en que estaré con el sueño flojo durante tanto tiempo.
¡Ay! Los pensamientos... Ojalá hubiera un filtro mágico para tomar por las noches y poder dejar la cabeza en blanco durante las horas de sueño. Quizás todo fuera más fácil.

Joaquín Sabina al completo

Lo más dulce en estos momentos...


Estoy comiendo galletas del Príncipe de Beukelaer. Las tenía en el armario sin empezar. De repente me he decidido a abrirlas, no porque tenga ganas de comer ahora galletas sino porque son el motivo, quizás el único, que endulza mi vida esta noche.
Igual es que sólo había que buscar un motivo. Saboreo una galleta y no quiero que se acabe nunca, pues así sabré que tengo algo dulce entre los dientes por lo que sonreír.
Y una sonrisa no hay que desecharla nunca.
Cuando era pequeña me encantaban las galletas del Príncipe. Con el paso de los años fui dejando de lado esos manjares. Sigo siendo golosa. El chocolate a veces me sienta bien, aunque antes de una galleta de chocolate prefiero llevarme a la boca cualquier pieza de fruta o un yogur.
Hoy necesitaba volver a sentir esa delicia. Sí, la dulzura de las cosas depende de nosotros mismos.

:)


- ¿Te imaginas poder subirte en un nenúfar y poder viajar encima de él por todo el mundo?
- Pues deja de soñar... es imposible.
- Pero... ¿y si fuera posible?
- Eres tonto.
- Pues yo quiero pensar que algún día me levantaré, me subiré en él, y será posible. Así soy más feliz.
- Si piensas que vivir de sueños imposibles es la solución...
- No me queda otra.

Sin ganas...


[01:29] que alguien de 70 años se sienta cansado, vale
[01:29] pero que una persona joven se sienta así...
[01:29] no sé, es una sensación extraña

La senda del tiempo

Las charras tienen mostacho

El gentilicio de Salamanca es "salmantino" o "charro", esto último creo que viene por el inmenso campo charro, vasto de llanuras y ocupado por toros. Mucha gente me ha atribuido calificativos de "salamanquina" o "salamanquesa", que aun estando mal dichos, para mí no es un apelativo cariñoso. Yo soy riojana de pura cepa -nunca mejor dicho- y las raíces tiran siempre. Aunque me tirara otros diez años en Salamanca nunca aceptaría que nadie me vea como oriunda de la tierra charra.
Todavía recuerdo aquella canción que tanto se oía en los bares durante una determinada época, exaltando los valores tradicionales salmantinos, que decía: "¡¡Salamanca!! ¡Arte, saber y toros!"
Ayer estuve en una agencia de viajes para irme a Roma este viernes. Ya sé que es muy repentino, pero nada en este mundo es imposible. Todavía estoy a la espera, y aunque mañana tuviera que cancelar el viaje (espero que no) me iría a otro sitio de la península. Necesito viajar, es como una droga. Y ahora es un buen momento. Realmente cualquier momento es bueno para coger un avión. Roma me llama, lo sé.
Mientras la señorita de una de las agencias de viajes más afamadas de la ciudad (el dueño de esta agencia fue presidente del equipo de fútbol local, la Unión Deportiva Salamanca) estaba al teléfono para negociar mi deseado viaje, me quedé observándola. Tenía la cara llena de pecas. Y joder, de repente le vi una fina línea de pelo encima de los labios, que la piel pecosa le tapaba coquetamente. Me pilló observándole ese bigotazo y, mientras seguía con el auricular en la oreja, me sonrió. La verdad es que es muy amable así que no voy a meterme con ella.
Esta mañana he ido al Banco Popular a hacerme la tarjeta de la agencia de viajes, por la que hacen descuentos a la hora de viajar. Mientras la apoderada del banco (eso ponía en su tarjeta de visita) escribía en un papel datos y no sé qué más me he fijado en lo que tenía encima de la comisura de los labios. Ese bigote era digno de un Salvador Dalí. No hablo de cuatro pelos, no, hablo de un pedazo de bigote pelirrojo. Yo pensaba: "Me quiero ir, me quiero ir, que me va a entrar la risa". Si tuviera yo el bigote que tenía la del banco, con el pelo tan negro que tengo... lo pasaría muy mal. Y no exagero, es que tenía el bigote digno de un Clark Gable en "Gone with the wind", pero en pelirrojo.
Espero no tener que volver al Popular en mucho tiempo.

miércoles, julio 19, 2006

En coma...


Hace poco tiempo soñé que estaba en coma. Me había dado un golpe en la cabeza y llevaba postrada en la cama de ese hospital varios días.
Al fondo oía voces. Todos los días venían a verme, recibía muchas visitas a diario. Mi familia me cogía de la mano y me hablaba, me contaban cosas cotidianas de sus vidas. También mis amigos venían y me intentaban contar lo maravilloso que era vivir. Pero mi cabeza no quería despertar. Me gustaba oír aquellas historias diarias, que se me grababan en la mente, para no olvidarlas jamás.
Una tarde vino alguien, me cogió de la mano y se puso a hablar. Reconocí su voz, tildada de un acento demasiado dulce. Me dijo que debía despertar, que la vida era demasiado hermosa para pasarla en las sombras. Después me susurró que volvería al día siguiente, me soltó de la mano y se fue.
Varias horas más tarde desperté, vi la luz, reconocí a mi familia. Al principio no podía hablar. Cuando al fin mis primeras palabras llegaron a borbotones a los oídos de mis padres les pregunté por la persona que había venido. Me contestaron que no había ido nadie unas horas antes, que habían estado allí y que no habían visto a nadie.
Esa persona jamás volvió. Poco a poco me fui recuperando. El día que dejé el hospital miré para atrás y me di cuenta que los ángeles también existen, aunque no los veamos y aunque aparezcan cuando menos lo esperemos.
Quizás es que ese ángel tiene nombre propio. Sí, los ángeles también existen.

Aerosmith: Angel

El membrillo


El membrillo es una comida que nunca ha sido de mi agrado. Con sólo olerlo me entran unas náuseas terribles.
Cuando estuve en el internado, una vez a la semana lo ponían de postre para cenar. No podía soportarlo, incluso había veces que era obligada a comerlo.
Para mí el membrillo es la peor cosa que me puedo llevar a la boca, incluso peor que el pescado o el queso.
En la vida también nos encontramos con pequeños trozos de membrillo que son intragables. También se revuelve nuestro estómago y, a pesar de que no produce náuseas, el rastro que deja es mucho mayor. Me gustaría no encontrarme con esos trozos de membrillo. Es demasiado insoportable.

Lluvia...


Oía el golpeteo constante de las gotas de lluvia caer sobre el tejado de enfrente. Cuando ha parado ese repicar me he asomado a la ventana. Todavía era noche cerrada pero no importaba. He cerrado los ojos y me he concentrado en ese olor a mojado.
Adoro el olor que deja la tormenta cuando ha pasado. Es indescriptible esa sensación de bienestar.
Debo hacer muchas cosas esta mañana. No sé cómo podré soportarlo. Estoy desvelada pero en cierto momento del día el sueño me vencerá. Espero una llamada, tan sólo una voz que me diga "sí". Sólo a mí se me podía ocurrir buscar un viaje en menos de una semana.
De nuevo vuelvo a escuchar el golpeteo de las gotas de lluvia caer sobre el tejado de enfrente. Esta vez el sonido está en mi cabeza. Ahora no llueve.
Hace unos años odiaba la lluvia porque me traía una especie de desazón. Cuando llovía siempre me ponía a escribir cualquier cosa que se me pasaba por la cabeza. Cuando paraba de llover, como esta noche, salía a la ventana y cerraba los ojos.
Es una sensación tan dulce...

Estoy como en una especie de burbuja


Y tengo miedo de que esa burbuja llegue a explotar de un momento a otro. No sé, me siento a punto de estallar. Me pongo música animada como el Voglio Vederti Danzare (¿será que mi próximo puerto me atrae tanto como para escuchar canciones en italiano?). El caso es que el bum bum de fondo no me gusta mucho, pero la canción en sí me provoca una energía absoluta, tal que necesito bailar. Es lo que pide Prezioso al cantarla ¿no?
Una burbuja, sí. Quiero que explote cuanto antes porque me da miedo de lo que hay dentro. Nada me afecta. Al final ha llegado un momento en que ni lo bueno ni lo malo me afecta. Sólo me importa irme de aquí, he encerrado en un cofre de filigrana y oro todo lo que sentía, ahora estoy vacía, porque al guardar todos los sentimientos ni siquiera me quedan las ganas de conocer a más gente. Estoy segura de que en Roma se me acercarán italianos o me acercaré yo a ellos con la excusa de que me hagan una foto.
En Baden-Baden desayunaba todas las mañanas en una cafetería italiana donde los camareros se quedaron con mi cara. Una noche, volvía al hotel cuando se me ocurrió tomarme un helado antes de dormir. Me dijeron que me lo daban aunque iban a cerrar de un momento a otro.
Salí a la terraza de fuera, que estaban recogiendo ya. La cafetería apenas tenía gente. Uno de los camareros salió a darme coba.
Me hablaba en italiano pero le entendía perfectamente. Me invitó a irme con él y con otro de los camareros de fiesta. ¡Je! Denegué la invitación, claro. Parecían buena gente, pero ya se sabe... eran italianos... y todos sabemos la fama que tienen.
Otra vez esa burbuja. Me encantaría abrir los ojos mañana por la mañana y que no me quedaran resquicios de nada ni de nadie. Me encantaría tener una amnesia tan profunda que no me acordara de nada.
Quiero que la burbuja explote ya pues cuando lo haga se convertirá en un arroyo y se llevará todo consigo. Arrastrará lo bueno y lo malo, me quedaré sin defensas. Quizás sea mejor porque también se llevará los recuerdos y todo volverá a comenzar de nuevo.
Decía un poeta hindú que donde se cierra una puerta se abren veinte. O tengo una venda en los ojos o no veo el resto de las puertas.

Un susurro en mi oído

Mody Blues: Noches de blanco satén

Esta noche Brecht se ha acercado a mí y me ha susurrado palabras hermosas al oído. Esto es lo que me decía:


Una voz
Entre todo el jardín
una rosa nos gustó.
¡Qué hermosa había florecido!
En marzo la plantaron
y no fue en vano, no.
¡Dichosos los que tienen un jardín!

Y cuando soplan los vientos de nieve
y a través de los pinos se les oye silbar,
¿qué nos puede pasar?
Hicimos nuestro techo,
de musgo y paja lo cubrimos además.
¡Dichosos los que pueden tener techo
cuando se oye a los vientos de nieve silbar!

La lista de lo necesario
Conozco muchos que andan por ahí con la lista
de lo que necesitan.
Aquel a quien la lista es presentada dice: es mucho.
Mas aquel que la ha escrito dice: esto es lo mínimo.
Pero hay quien orgullosamente muestra su breve lista.

El soneto undécimo
Cuando te envié a ese país extranjero
te busqué, contando con inviernos muy fríos,
los pantalones más gruesos para tu (amado) trasero
y para las piernas medias ¡bien tejidas!

Para tu pecho y para el bajo cuerpo
y para la espalda busqué pura lana
para que calentara lo que amo
y algo de tu calor se quedara conmigo.

Así que esta vez te vestí con cuidado
tal como a veces te desnudé (¡qué pocas!
¡Desearía haberlo hecho más a menudo!)

¡Mi vestirte te debía valer como un desnudarte!
Ahora sí, pensé, todo está bien escondido
para que no se enfríe, tan guardado.

Los amantes
¡Mira aquellas grullas formando un amplio arco!
Las nubes que les acompañan
ya se fueron con ellas cuando huían
de una vida a otra vida.
A la misma altura y con la misma prisa
ambas aparentan estar unas junto a las otras.
Que la grulla con la nube comparta así
el hermoso cielo que por breve tiempo surcan,
que por consiguiente ninguna permanezca aquí más tiempo
y que no vea más que el balanceo
de la otra en el viento, que ambas sientan
que ahora van juntas en el vuelo
aunque el viento quisiera raptarlas hacia la nada;
sólo si no perecen y se demoran
durante ese tiempo nada podrá tocarlas,
durante ese tiempo se las puede expulsar de cualquier sitio
donde amenacen lluvias o resuenen disparos.
Así bajo los discos poco diferenciados de la luna y el sol
siguen volando, a merced por completo las unas de las otras.
¿Adónde vais? -Hacia ningún lugar. -¿De quién huís?
-De todos.
Preguntáis ¿cuánto tiempo lleváis juntas?
Desde hace poco. -¿Y cuándo se separarán? -Muy pronto.
Así también el amor a los amantes les parece un apoyo.

Y corren tiempos oscuros
Y corren tiempos oscuros
en la otra ciudad,
pero se mantiene el andar ligero
y la frente sigue lisa.

Dura humanidad, inamovible,
igual a un pueblo de peces hace tiempo congelados;
pero el corazón sigue moviéndose deprisa
y la sonrisa sigue siendo dulce.

Un secreto


Todo el mundo tiene secretos, unos más grandes que otros. Mi secreto es inmenso por lo que conlleva, por el miedo que me da y porque me pone la piel de gallina. Es el secreto más grande que nunca he tenido.
Sólo lo sabe una persona como también sabe lo que me cuesta hablar de ello. Pero con esa persona no cuesta que las palabras se acumulen en mis labios a la hora de hablarlo.
Es un secreto porque lo guardo por ahí y porque no lo sabe nadie más, sólo en aquella persona en quien confié hace un tiempo y sé que esa persona me guarda el secreto bajo llave.
Es una sensación muy extraña el hecho de saber que puedes confiar en alguien y que esa persona jamás te va a fallar.
El resto de los secretos que tengo se quedan pequeños al lado de ese. Los sabe más gente pero tampoco tienen tanta importancia como el otro.

Eduardo Noriega


Eduardo Noriega es el modelo de ibérico perfecto. Cuando veo su culín en el anuncio de Tónica Schweppes me pongo mala.
Su primera aparición en la gran pantalla fue en "Historias del Kronen", donde no llamaba siquiera la atención, eclipsado por Juan Diego Botto. Interpretaba el papel de un chulo de barrio que iba retando a jóvenes que veía inferiores que él.
En aquel entonces, yo veía las películas más que por el argumento, por los protagonistas. Debo reconocer que Botto me emocionaba, pero ahora lo veo y ni siquiera me parece guapo. En cambio, Noriega tiene unos rasgos perfectos.
El actor da el salto con su aparición en "Tesis", donde tras esa cara angelical esconde un alma asesina, cínica y sin escrúpulos. Sus ojos dan miedo. De repente me viene a la mente aquella historia del cuento.
Érase una vez una princesa muy caprichosa, que siempre llenaba la Corte de diversiones, pero enseguida se aburría de todo. Un día llegó un enano a palacio y le interesó tanto a la princesa, que todas las noches quería que viniera para que la divirtiese.
Un día llamó al enano pero éste no acudió. Llamó a sus criados preguntando por el enano. Entonces un lacayo se acercó y le dijo: "Princesa, el enano no podrá acudir hoy porque se le ha roto el corazón". Y ella respondió: "Desde ahora, que todos los enanos que entren en palacio que no tengan corazón".
La película de "Tesis" me gustó muchísimo. Después llegaría a mis manos "Abre los ojos", una paranoia que Alejandro Amenábar había escrito mientras deliraba de fiebre en un hospital. La cuestión es que te das cuenta de la importancia de las máscaras, del yo que somos y que los demás ven. Tiene un trasfondo filosófico inmenso.
"Cha-Cha-Cha" es la película donde Noriega más me gusta como actor. El argumento es muy previsible, es la típica comedia para ver en horas bajas.
"Nadie conoce a nadie" me gustó por el ambiente sevillano.
En "El espinazo del diablo", a pesar de las ropas anticuadas, Noriega salía perfecto.
"Novo" me resultó tan extraña y patética que se me ha olvidado de qué iba.
El resto de películas de Eduardo Noriega no las he visto. Supongo que en los próximos años :D

Rooooooooooooo!!


Se me ha olvidado, Rocío. Hoy me he acordado, dos días después, pero más vale tarde que nunca, dicen.
¿Te acuerdas de cuando nos conocimos? Yo sí. Tenías una camiseta roja. Tenías cara de buena.
¿Te acuerdas de aquellas noches en el Calle Mayor donde P., tú y yo nos proclamamos "hermanas" para siempre? Yo sí. Aquel bar, donde nos acostumbramos a ir siempre, ese día estaba vacío.
¿Te acuerdas de tu cotorra, del bichín y de tantas cosas? Yo sí. Me daba grima coger al bichín ese entre mis manos, pero gracias a ti conseguí que corriera largos por mis brazos.
¿Te acuerdas de todos aquellos momentos...? Me entra una ternura inmensa...
Oye, Roci, FELICIDADES :D

martes, julio 18, 2006

Una ventana por donde sólo se vean cosas bellas


Quiero que me veas como una ventana a través de la cual no se vea nada negro.
Quiero que me veas como una ventana a la que te asomes con una sonrisa.
Quiero que me veas como una ventana que sólo muestre cosas bellas.
Es sencillo. Cuando hablamos podemos contarnos mil historias. ¿Sirve de algo que alguna de esas historias esté cargada de energía negativa? A mí me parece que no. Por mi parte está decidido, me guardaré para mí todo aquello que aporte algo que no sea bueno. Tampoco es que tenga muchas cosas negativas en la cabeza, y si las tengo forman parte de mí, no de ti.
Pues lo dicho, quiero ser una ventana donde se vea el azul del cielo, que dé una sensación de calma y tranquilidad, quiero ser una ventana donde no haya nubarrones, donde los campos brillen al sol, o quizás una ventana donde se vea un inmenso mar azul en calma.

Las maneras de escribir


En la primera clase de Redacción Periodística nos dijeron que todo es escribible, que se puede escribir de todo y sobre todo. Pero la lección más importante no fue esa sino sobre la manera de escribir. Cuanto más sencillas sean las palabras que utilicemos mejor lo entenderá el receptor. Podemos moldear las frases a nuestro gusto, pero cuanto menos recargadas estén mejor será la comunicación. Pues cuando se escribe es para que alguien lo lea y nuestra labor es "conectar" con la persona que está en el otro lado.
En toda comunicación, emisor y receptor mantienen una relación de bilateralidad donde se intercambian ideas. De nosotros depende que el otro entienda lo que queremos decirle.
Desde entonces opté por no buscar otras palabras y usar las que me venían a la mente. Soy consciente de que podría hablar con vocablos más complicados, pero de nada me sirven si nadie entiende lo que quiero decir. Lo importante es que la otra persona comprenda la idea que intentas comunicarle.
Es entonces cuando observas la manera en que se expresan otras personas. Y te das cuenta de que mucha gente utiliza vocablos complejos como un medio para aparentar algo que no es, o como un medio para llamar la atención, independientemente de la gente culta.

Los tres anillos

Hubo una vez en Oriente un rey que mandó hacer un anillo por el que todo aquel que lo llevaba tenía poder y sería grande como persona ante los demás. Todos le adorarían y le querrían.
El anillo fue pasando de generación en generación y cada rey se lo iba dando a su hijo preferido, que no siempre tenía por qué ser el primogénito. Con el paso del tiempo llegó al poder un monarca que tuvo tres hijos y a los tres los quería por igual. Así que mandó forjar otros dos anillos iguales y los repartió entre sus hijos sin tener en cuenta cuál sería el verdadero anillo.
A la muerte del rey, los hijos acudieron a un adivino para que les dijera cuál era el anillo verdadero que confería poder. El adivino contestó: "Cuando vuestro padre os dio los anillos quiso que cada uno pensárais que teníais el anillo verdadero, porque al pensar que tenéis el real os realizaréis como personas y afianzaréis vuestro poder con vuestros esfuerzos, siendo buenos reyes y buenas personas. Lo que nunca quiso vuestro padre es que intentárais descubrir cuál era el verdadero anillo. Así que id... y seguid pensando que cada uno de vosotros tenéis el anillo verdadero".
La historia tiene un significado implícito. Cada anillo representa cada una de las religiones monoteístas: Cristianismo, Judaísmo e Islam.
Y la historia viene a reforzar que haya tolerancia religiosa. Es una utopía, pero me gustó la historia.
Es una utopía cuando tenemos al lado y ahora el germen de una guerra entre judíos y árabes. Esperemos que se calmen las cosas. Otra utopía. Dos pueblos que llevan así desde finales de la segunda guerra mundial no es tan fácil que digan que no a la guerra.


A ver si me acuerdo de aquellos textos de historia contemporánea para contar más o menos el germen de lo que ocurre en Israel.
"Corría el año 1945 cuando Europa queda desolada y destruida tras varios años de lucha. La gran derrotada fue Alemania, Hitler se había suicidado y los máximos dirigentes nazis condenados. Berlín se divide en cuatro partes, que después pasarían a formar parte de dos. Hay que tener en cuenta que estamos en plena Guerra Fría entre USA y URSS, por tanto, Alemania crea una frontera que divide al país en dos.
La Sociedad de Naciones dirige sus ojos entonces al pueblo judío, el gran afectado por el holocausto nazi. Para reparar el daño les preguntan qué desean. Los judíos quieren un trozo en la Tierra Prometida, es decir, la entonces Palestina, un territorio ocupado por árabes. La Sociedad de Naciones, que en aquellos años cambiaría su nombre por el de la ONU, apoyada por Estados Unidos y varias potencias europeas les ofrece ese territorio a los judíos, sin tener en cuenta que esa zona ya estaba ocupada y que árabes y judíos no podrían convivir pacíficamente, empezando por los problemas religiosos. La horda judía se dirige a Palestina y ocupa la región que les ha sido asignada. En los primeros años de convivencia se muestra una tolerancia inaudita. Pero los judíos no están conformes porque quieren más, y empiezan las disputas con los vecinos árabes. Yasser Arafat se queja, pero nadie le hace caso. Arafat había sido cabecilla de un grupo terrorista, había depuesto las armas y después, con el paso de los años, le concedieron el Premio Nobel de la Paz. Los poderosos judíos empiezan a ocupar los territorios árabes. Intifadas constantes, la guerra del Yom Kippur... Se crea el Estado de Israel. De la noche a la mañana los árabes (palestinos) se convierten en unos apátridas. Deben huir a otros países árabes vecinos: Egipto, Siria, Líbano... donde son recogidos en campos de acogida, viven mal y comen peor. Los judíos amenazan. Los últimos territorios árabes son Gaza y Cisjordania, donde la guerra es constante. Es un polvorín imparable e irreparable.
La Organización para la Liberación Palestina (OLP) es creada en contra de la injusticia judía. Yasser Arafat deseaba ver a su pueblo unido de nuevo, pero su ideal nunca se hizo posible ante sus ojos, pues ya murió".
Yo me pregunto: ¿Hay arreglo en la franja de Gaza y Cisjordania? ¿Algún día se podrá disfrutar de la paz en la tierra donde se predicaron las primeras palabras reveladoras sobre la religión? ¿Algún día se cansarán de comprar armas para dar alimentos a niños y otros indefensos que no tienen nada que llevarse a la boca y cuyos ropajes están hechos harapos?
Es injusto que a un pueblo le quiten su hogar, pero más injusto es que bajo las bombas y las balas miles de niños estén muriéndose de hambre.
No, no me gustan los árabes, pero por una vez estoy a favor de ellos. Lo que se hizo hace más de medio siglo en su territorio es intolerable como para mirarlo con buenos ojos. Es increíble cómo los hilos del mundo los mueven las grandes potencias sin pensar en las consecuencias de después.

Cáncer, esa maldita enfermedad

Mike Oldfield: Blackbird

Hoy hace dos años desde que operaron a mi tío de la garganta. De repente se había notado unos ganglios en el cuello, había caído en una depresión profunda y su silencio hablaba por él. Pero era algo que, a la larga, no ocultaría por mucho tiempo más. Tenía en mente realizar un viaje a Cuba con su mejor amigo, pero no llegaría a realizarlo.
El 18 de julio de 2004 mi tío fue sometido a una operación de 9 horas. Le limpiaron el cuello, sin cortarle las cuerdas vocales. Le dejaron un agujero en la garganta, a la altura de la nuez. La recuperación fue lenta pues lo que le habían colocado en el cuello no era algo muy agradable, sobre todo en sus primeras comidas.
Mi tío tenía una pizarra donde escribía todo. Su ánimo se levantó. Y un mes después volvió a casa. Casualmente llegaba yo del país teutón, pródiga en regalos para él. Cuando volví ya hablaba, al principio le costaba, pero se le entendía bien.
Las visitas eran frecuentes. Todos los días estaba acompañado. Quitando lo que tenía en la garganta, a mi tío se le veía bien.
Casi dos años después a mi tío le han encontrado dos bultos en un lateral. Le ha salido metástasis en un pulmón. Desde hace dos meses mi tío está siendo sometido a quimioterapia. Le veo más feliz que entonces, pero también más envejecido. El poco pelo que le queda se ha tornado en blanco. Mi tío, siempre con un cuerpo deportista, ha adelgazado sus kilos. No come comidas que le puedan raspar la garganta. Todo lo que entra por su boca es suave. Sigue siendo goloso y mi madre le cocina delicias gastronómicas que no desecha: arroz con leche, natillas, cuajadas, flanes...
Mi tío era fumador empedernido. Se fumaba más de dos paquetes de BN diarios. Todos le decían que lo dejara, pero cuando lo hizo fue por obligación.
El carácter de mi tío, antes gruñón y fácilmente alterable, se ha suavizado en todo este tiempo. Ahora sé que mi tío también es capaz de llorar.
He pasado momentos inolvidables con él cuando le he acompañado a Madrid. Tanto en la Puerta del Sol como comprando lotería en Gran Vía nos hemos reído de todo.
Mi tío ya no se recuperará del todo. Ya no volverá a ser la misma persona de antes. Adora lo que tiene e intenta disfrutar de esos pequeños momentos de la vida en que ésta le aporta cosas demasiado adorables. Ya no volverá a tener la fuerza ni la energía que tenía antes, pero ya no la necesita. Yo le cuento mis secretillos y él se siente bien pues sabe que nadie más conoce el origen de las cosas que hay en mi cabeza. Nunca tuve antes tanta confianza con mi tío como ahora. Quizás es que antes me imponía un poco, en el sentido de que era un "cascarrabias". Ahora, al hablar con él, es como si hablara con otra persona. No parece el mismo que era hace dos años, aunque es la misma persona. Algo en él, y no me refiero al aspecto físico, ha cambiado.
Ayer por la noche me llamó. Me dijo que había tenido una sesión. En mi casa están vedadas las palabras "cáncer" y "quimioterapia". Yo sabía que la sesión a la que se refiere son varias horas de quimioterapia que le reportarán unos días de vómitos y diarreas constantes. Cuando me hablaba estaba animado, se le notaba. Espero que esta vez lo soporte mejor.
Hace unos meses que Andrés, un colega de mi padre, tiene cáncer linfático. Para mí es como de la familia. La última vez que estuvo en casa y, aunque mi madre me dijo que hiciera como que no sabía nada, me quedé observándole. Le veía igual que siempre. Y de repente me miró. Su mirada no era la de siempre. Estaba cargada de tristeza. Eran unos ojos apagados, unos ojos que me dijeron todo lo que no había visto antes. Después de esa visión seguí comiendo jamón ibérico y bebiendo un rioja como si nada hubiera pasado.

"Buenos Días, Princesa"


Mi último ex novio acostumbraba a mandarme sms con una frase sacada de una de mis películas favoritas, "La vida es bella". Cada mañana tenía un sms con la misma temática y viniendo a decir lo mismo. No sé por qué me he acordado ahora, simplemente son pequeños detalles que de vez en cuando nos vienen a la mente.
Supongo que si ahora me viniera alguien diciéndome exactamente ese "Buenos días, princesa" le estrangularía. Si no te lo dicen, después no lo echarás de menos. No es que eche a Luis ni sus sms de menos, es que no soportaría que me enviaran más cosas así.
Seguiré adorando la película y pasaré por alto frases y palabras que me traigan recuerdos. Y volvería a verla y seguiría llorando. Aunque la veré muchas veces más. Hay películas que siempre apetece ver, aunque te descompongan por dentro.

Y después llega la calma...

Si sé que no debo exaltarme tanto. La tila me ha dejado para el arrastre en el sentido de que sólo quería extender mi cuerpo en posición horizontal. Cuando íbamos de acampadas, no aquellas acampadas de mi colegio, sino aquellas otras donde yo iba de monitora, donde pasaba horas con los niños, contándoles cuentos, historias, creando gymkanas... entonces, al caer la noche, creábamos nuestra bebida especial: Poleo Mix, una infusión a base de Poleo Menta, Té y Manzanilla. Servían para relajarnos, para olvidarnos del día tan agotador que nos habían dado aquellos pequeñajos que en esos momentos dormían en sus tiendas de campaña. Recuerdo el calor de la hoguera, tomándonos aquella pócima de energía incalculable. Recuerdo mi cansancio con aquel niño que no pesaba nada mientras le llevaba a cuscús a través de un cortafuegos. Recuerdo aquel otro que se meaba por las noches y tenía que sacarle el saco de dormir para airearlo. Y recuerdo aquella anécdota de los huevos, que nadie había roto. ¡Qué tiempos! Todo se jodió cuando ese cura corrupto quería llevar a las mamis en una acampada diferente. Mostré mi desacuerdo pues no pintaríamos nada si las madres iban con los hijos. Al final no se hizo.
Me siento en plena calma ahora. Sólo una persona podía calmar la ira que se había adueñado de mí tan sólo hace unas horas. Y la ha calmado. A esa persona tengo que decirle que gracias, gracias por todo, por sus palabras, por animarme, en definitiva... por estar ahí... y que sepas que nunca haría nada para decepcionarte y lo dejo en un largo etcétera pues hay cosas que es mejor no decir, por quien pueda leerlo o porque sería demasiado extenso para explicarlo en un simple párrafo; tampoco creo que necesite decir mucho :*
También debo decir que esta noche me han regalado una fotografía dedicada para mí y me ha encantado. Me ha hecho mucha ilusión y no es para menos:

lunes, julio 17, 2006

Quizás sólo es cuestión de suerte


La canción de Noa titulada We es demasiado triste. No tengo ganas de hablar ni de escribir. Es como si necesitara escapar de mi cuerpo, pero eso es imposible. Al final tendré que comerme todo, también lo que no merezca.
Creo que en mi vida he tenido mala suerte en contadas ocasiones. En casi todo tenía una estrella sobre la cabeza. Pero hay algo, una única cosa en la que siempre me estrellaba, a veces queriendo, a veces sin querer.
¿Qué más da? Es cierto, es cierto que cuesta asumir las cosas, demasiado quizás.
Si me quedara el fin de semana aquí todo sería demasiado insoportable. Lo que daría por tener una varita mágica y teletransportarme a dentro de un año, cuando imagino que todo habrá pasado.