No llevo mal el encierro en casa, sobre todo porque como estoy trabajando no es un encierro total. Pero es extraña esa situación de ir por la calle (a la oficina y a la tienda de ultramarinos, porque evito los supermercados) y no poder pararte a hablar con nadie. Es anómala esta situación en que sigues trabajando pero apenas suena el teléfono. Estamos en una especie de letargo del que nos va a costar mucho salir, básicamente porque no se cumplen las normativas.
Aquí están multando, y la gente chulea a la policía. Aún no son conscientes de que la policía está protegiéndoles. Siguen viéndose personas paseando el perro, haciendo deporte, saliendo a la calle a tomar el aire, y sí, también personas mayores que parece que no escuchan las noticias.
Así no se puede. Lo que iban a ser dos semanas se alarga... Y es que no nos están pidiendo nada del otro mundo: quedarse en casa.
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