Soria es una ciudad pequeña con mucho encanto, y parte de ese encanto viene con cada paso que se da por la ciudad, para admirar sus edificios, tanto civiles como religiosos, muy bien cuidados y que merecen que el viajero se pare a admirarlos unos minutos.
Tampoco hay que ir lejos para encontrarse casi todos los monumentos interesantes en menos de un kilómetro cuadrado.
Calle El Collado
Ya hablé de la Calle El Collado, la arteria principal de la ciudad, una calle peatonal y muy transitada. Esta calle une el parque de la Alameda de Cervantes (popularmente conocido como La Dehesa) y el Espolón con la Plaza Mayor, centro comercial y social de la ciudad. La Calle El Collado tiene soportales con casas nobles que lucen baldonadas y rejería forjada. Este tipo de construcción ha sido imitada en otros barrios de la ciudad. En esta calle se distribuyen tiendas que ofrecen artesanía y productos sorianos y otros comercios más convencionales. No faltan las librerías, tiendas de ropa, zapaterías o pastelerías. Por las tardes, si el tiempo acompaña, se ve invadida por grupos de jóvenes y mayores que no tienen otro fin que pasear y disfrutar de la tranquilidad y el sosiego que aquí se respiran. A este deambular social se refería Gerardo Diego con los siguientes versos:
"Paseo de portales.
Horas dulces y lentas.
Mirar, charlar, soñar
y dar vueltas, más vueltas".
Perpendiculares a El Collado se encuentran las calles de más alcurnia: Aduana Vieja, Zapatería y Real, algunas de ellas con nobles palacios.
Interior del Casino de Soria
En plena Calle El Collado se encuentra el Círculo de la Amistad Numancia, o más popularmente conocido como Casino. El Casino de Numancia fue fundado en 1848 por miembros de la burguesía soriana. Desde sus inicios tuvo motivación lúdica y cultural para sus socios, aunque también carácter filantrópico. Paralelamente en la planta baja nace en 1865 el Círculo de la Amistad, una vez disuelta la sociedad "Recreo de los Artistas". Su finalidad será la "distracción y pasatiempo de las personas de buena sociedad". Ambas entidades se fundieron convirtiéndose en el Círculo de Amistad Numancia, institución que actualmente cuenta con más de 1.400 socios y continúa con las mismas motivaciones que impulsaron los miembros fundacionales.
El Casino Numancia tuvo pianista permanente casi desde su fundación. El piano Steinway et Sons que se conserva en el salón Gerardo Diego fue adquirido en 1886 por 1.700 pesetas de la época, lo que causaría una importante deuda a la institución durante varios años.
En la parte superior, hoy se ha habilitado un espacio-museo denominado Casa de los Poetas, y que es digno de ver.
En la parte superior, hoy se ha habilitado un espacio-museo denominado Casa de los Poetas, y que es digno de ver.
Si recorremos la Calle El Collado hasta la Plaza Mayor nos encontramos una serie de edificios que requieren al menos un minuto de nuestra atención. Antes de llegar a la Plaza Mayor hay una intersección, la Plaza de Rosell y San Blas, desde donde se puede ir a cualquier sitio de la ciudad. Aquí también había una librería de Santos Ochoa.
Plaza Mayor de Soria
La Plaza Mayor es muy pequeña y en ella se encuentran algunos de los edificios históricos más importantes de Soria. Espacio antaño corazón de la ciudad, ahora sigue siendo el centro de la vida cultural y política. Conserva parte de la estructura típica de la plaza castellana, rectangular y aportalada, al menos en parte, y aún quedan algunos tradicionales balcones corridos. Numerosas denominaciones ha tenido esta Plaza Mayor desde el siglo XII, si bien inicialmente este enclave no era relevante, dado que el centro urbanístico medieval se organizaba en torno a la Colegiata de San Pedro, ejerciendo entonces de plaza mayor la Plaza del Azogue. Poco a poco la ciudad se orienta hacia el oeste, por el collado existente entre los cerros, hacia la actual Plaza Mayor, a ello contribuye un incendio en el siglo XIV, que afectó a las viviendas existentes entre San Pedro y el Puente, aumentando la despoblación en esa zona.
El Concejo se reúne a principios del siglo XV en el cementerio de San Gil. Además, Juan I de Castilla edificó diversos palacios en este entorno de la Plaza Mayor, celebrándose en esa época Cortes de Soria.
Entre los siglos XVI y XVIII la Plaza del Collado, actualmente la Plaza Mayor, se consolida como espacio central y ubicación de las instituciones y edificios principales. En esta plaza, además de los edificios que se conservan, también se ubicaban el edificio del Peso o Carnicería y el Pósito o Alhóndiga, hoy desaparecidos.
Además se convirtió en centro mercantil como plaza de mercado y centro del comercio ciudadano. Soria contó con un Mercado de Abastos específico a partir de 1914, función que ejerció la Plaza Mayor, especializándose en cereales (de ahí que también se le llamara Plaza del Trigo), frutas y verduras. Entre los siglos XIX y XX también se organizaban aquí corridas de toros.
Edificio de la Audiencia
Así podemos disfrutar del Palacio de la Audiencia, de aire clásico y soportalado, construido en 1769, que sigue conservando su peculiar reloj que da las horas desde 1862. Su origen data del siglo XVI y se levantó para albergar el Ayuntamiento y la cárcel de Soria. En el siglo XVIII amenazaba ruina y dos arquitectos construyeron el imponente palacio que se ve en la actualidad. Hoy en día se utiliza para albergar exposiciones, obras de teatro, conciertos, conferencias, etc.
A este edificio dedicó Antonio Machado los siguientes versos:
"¡Soria fría! La campana
de la Audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana,
¡tan bella bajo la luna!".
Palacio de Doña Urraca
Junto a la Audiencia se encuentra el Palacio de Doña Urraca. Cuenta la leyenda del siglo XIX que la reina Doña Urraca de Castilla fue acusada de adúltera por su marido y fue encerrada en una de las dos torres de este edificio. Reconciliados y enfrentados de nuevo, la volvió a encerrar en el torreón de Soria. En la actualidad cuenta con tres plantas pero en su origen eran cuatro, un arco da el acceso a lo que debió ser el patio del palacio.
Ayuntamiento de Soria
También se encuentra aquí el Ayuntamiento, la antigua Casa de los Doce Linajes.
Casa de la Tierra
Junto a la Plaza Mayor se encuentra la Casa de la Tierra, una antiquísima construcción que se remonta al siglo XII, época de la repoblación del alfoz de Soria, Por aquel entonces la villa se ordenaba y organizaba el espacio de su término en pequeñas y funcionales unidades de poblamiento que en 1270 llegaron a sumar 240. Durante los siglos XIII y XIV se estableció en la Tierra de Soria una organización administrativa muy funcional, estructurada a partir de los sexmos, distritos rurales divididos en cuadrillas en los que las aldeas y sus respectivos concejos constituían el último escalón. Al finalizar la Edad Media, la institución de Tierra de Soria pasó a denominarse Universidad de la Tierra de Soria. La organización del territorio del Nuevo Régimen liberal en el siglo XIX llevó a la supresión de las Comunidades de Villa y Tierra, lo que propició la construcción de la Mancomunidad de los 150 Pueblos de la Tierra de Soria. En 1984 se aprobaron los estatutos por los que hoy en día se rige.
La Mancomunidad de los 150 Pueblos de Soria es una de las instituciones más antiguas de España. En la ciudad es proverbial el tesón de las autoridades de la Tierra de Soria para defender sus intereses. Los sexmeros eran tan insistentes en la defensa de su institución que ha pasado hasta nuestros días el calificativo de "cabeza de sexmero" para describir al individuo que se distingue por su carácter tenaz e inflexible.
Palacio de los Condes de Gómara
Uno de los edificios civiles más interesantes de Soria, aunque yo lo conocí en obras, es el Palacio de los Condes de Gómara. Su fachada es admirable y no se puede acceder al interior. Se trata de una enorme mansión renacentista mandada construir por Francisco López del Río en el siglo XVI. Su fachada principal presenta motivos clasicistas (columnas dóricas y jónicas, frontones, relieves de temática mitológica) y la corona una loggia (galería) en el más puro estilo de los palacios florentinos. Sobresale un sólido torreón de planta cuadrada con pináculos platerescos.
Palacio del Marqués de Alcántara
Otro ejemplo de esplendor mesteño es el Palacio del Marqués de Alcántara, construido entre los siglos XVI y XVIII por los Condes de Fuerteventura y Marqueses de Velamazán, que posteriormente recibieron el título de Marqueses de Alcántara. Protegían una de las puertas de la muralla, la de Rabanera. En la actualidad es de uso particular.
Algunos autores sitúan en este edificio la parte de la leyenda de Bécquer, El rayo de luna: "Por último, se detuvo al pie de un caserón de piedra, oscuro y antiquísimo, y al detenerse brillaron sus ojos con una indescriptible expresión de alegría. En una de las altas ventanas ojivales de aquel que pudiéramos llamar palacio, se veía un rayo de luz templada y suave que, pasando a través de unas ligeras colgaduras de seda de color rosa, se reflejaba en el negruzco y grieteado paredón de la casa de enfrente".
Palacio de la Diputación
Muy cerca se encuentra el Palacio de la Diputación, protegido por una serie de estatuas de sorianos ilustres. El edificio de la Diputación Provincial se construyó en el siglo XIX en el lugar que ocupaba el antiguo palacio del Marqués de Vadillo. Las ocho estatuas de la fachada fueron modeladas y fundidas por F. Coullant-Valera en 1970 y 1971 y representan a personajes ilustres de la historia soriana: Francisco López de Gómara, Sor María de Ágreda, Diego Láinez, San Martín de Finojosa, Santa Cristina de Osma, San Pedro de Osma, Alfonso VIII y un personaje desconocido: el juglar del Cid. Junto a este edificio también hay una llama eterna.
Para terminar regresamos por la Calle El Collado hasta el Espolón, donde se encuentran un célebre parque y un museo digno de mención.
Entrada al Parque Alameda de Cervantes, popularmente conocido como La Dehesa
El Parque de la Alameda de Cervantes tiene su origen en el siglo XII, en plena repoblación de la ciudad, promovida por Alfonso I el Batallador. El monarca concedió privilegios a frailes procedentes del monasterio riojano de San Millán de la Cogolla para establecerse en esta zona rica en pastos e idónea para el ganado.
Aquí los religiosos edificaron un convento con una sencilla ermita dedicada a San Andrés, por lo que en esos años este terreno era conocido como "Dehesa de San Andrés". Tras ser donado por los frailes al Cabildo de la Colegiata de San Pedro, en el siglo XVII pasaría a manos del Estado del Común de la Ciudad, que destinaría la parte baja a paseo público manteniendo el prado de arriba para uso ganadero. El parque fue cambiando paulatinamente hasta tomar la estructura actual, sin olvidar que en los años 30 del siglo XX lo que hoy es el Alto de la Dehesa era todavía dehesa-boyal siendo sus pastos subastados entre los ganaderos locales.
Busto de Mariano Granados, Alameda de Cervantes
En la actualidad, este recinto de casi diez hectáreas posee más de 78 especies de árboles y 49 de arbustos, tanto autóctonos como alóctonos, entre los que destacan una enorme secuoya, varios castaños de indias centenarios, gingos, membrillos de Japón o Rosas de Siria. Dentro del parque se encuentra la Ermita de la Soledad, tres vistosas fuentes, el Alto de la Dehesa (una amplia pradera), la Rosaleda, dos áreas acondicionadas con juegos infantiles, tres bustos: uno dedicado al escritor Mariano Granados, y los otros dedicados a Francisco García Muñoz y Jesús Hernández de la Iglesia, autores de las Canciones Sanjuaneras.
Alameda de Cervantes
Mención especial requiere el desaparecido "Árbol de la Música", enorme olmo plantado en torno a 1611 sobre el que se construyó un templete metálico en el que tocaba la Banda Municipal de Música, y que murió a causa de la grafiosis, por lo que fue talado en 1992.
Los columpios de la Dehesa fueron los primeros con los que contó la ciudad y fue un regalo de la productora de cine Metro Goldwing Meyer en agradecimiento por la colaboración de los vecinos de Soria en el rodaje de la película Doctor Zhivago.
Entrada al Museo Numantino
Muy cerca se encuentra el Museo Numantino. Es el museo más importante de la ciudad y se constituye como Museo de Historia y Arqueológico de la provincia. Se halla instalado en el edificio construido según el diseño del arquitecto Manuel Aníbal Álvarez en 1916, inaugurado el 18 de septiembre de 1919 por Alfonso XIII y financiado por el senador Ramón Benito Aceña sobre terrenos cedidos por el Ayuntamiento.
Sus fondos provienen de tres ámbitos: materiales procedentes del yacimiento de Numancia, colecciones del Museo Celtibérico constituido entre los años 1914 y 1932 y materiales extraídos en las campañas de excavación llevadas a cabo en toda la provincia.
El primer director fue el ilustre arqueólogo Blas Taracena.
En 1980 el edificio es remodelado y ampliado, dotando de mejores servicios al museo.
Sala del Paleolítico Inferior, Museo Numantino
Concebida de manera cronológica, la visita comienza en el Paleolítico Inferior con restos de Elephas Antiquus. Del Bronce sobresalen armas y estelas funerarias. De la Edad del Hierro están los vasos y cerámicas provenientes de castros.
Reconstrucción de un castro celtíbero antiguo, Museo Numantino
De la etapa celtibérica se conservan cerámicas, fíbulas, pectorales, armas y herramientas procedentes de los yacimientos de Numancia, Uxama, Tiermes y de otros de la provincia. Incluso se ha reconstruido un castro. De la etapa romana destacan restos encontrados en villas y necrópolis. Cierra el panorama de la arqueología provincial la época medieval, de la que se conservan restos arquitectónicos, cerámicos y numismáticos.
Caballito de Soria, Museo Numantino
Sin duda, una de las piezas más conocidas es el Caballito de Soria, convertido en símbolo de la ciudad. Se trata de una fíbula celtíbera encontrada en Numancia y fechada entre los siglos III y II a.C.
Además, el Museo cumplía cien años de su inauguración, por lo que había una exposición temporal sobre los motivos que llevaron a levantar este edificio, personalidades de la época y la creación de un espacio cultural donde poder mostrar los descubrimientos de los numerosos yacimientos arqueológicos existentes en la provincia de Soria. He aquí la primera firma del Libro de Visitantes en el día de la inauguración, el rey Alfonso XIII, y la pluma que utilizó:
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