martes, noviembre 19, 2019

Viaje a Soria II: La literatura

Edificio en el centro de Soria con la imagen de Antonio Machado

Soria es tierra de poetas, y digo esto porque fueron varios los que la eligieron para vivir o inspiraron sus palabras. Y es que Soria es estrofa viva.
Ya de lejos las tierras sorianas aparecen en El Cantar de Mío Cid. Esta obra, cumbre de nuestra épica, está en muchos de sus pasajes ambientada en paisajes castellanos de Soria. En la actualidad estos lugares se rememoran en lo que se conoce como Ruta del Cid. 
En Soria es casi imprescindible recorrer la Ruta de los Poetas a lo largo del río Duero y que llega hasta la ermita de San Saturio.
Río Duero, a su paso por Soria

"Río Duero, Río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua
" (Antonio Machado).

A mediados del siglo XIX se afincaron en Soria los hermanos Bécquer, que ocuparon una vivienda en la actual plaza de Ramón Benito Aceña. En Soria conocería Gustavo Adolfo a su futura mujer, Casta Esteban, y de las tradiciones orales de esta tierra castellana extrajo la materia prima para algunas de sus inmortales Leyendas: El rayo de luna, El Monte de las Ánimas y La mano muerta, ambientada en tierras de Gormaz, en época medieval.

En 1907 llega a Soria Antonio Machado, quedándose en la ciudad cinco años, lo más felices de su vida, en palabras del propio poeta: "Si la felicidad es algo posible y real, lo que a veces pienso, yo la identifico mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer". Don Antonio se aloja en una humilde pensión para hacerse cargo de la cátedra de francés del instituto de la ciudad. Don Antonio es un hombre educado en las aulas de la Institución Libre de Enseñanza y que participa en las inquetudes políticas y sociales de los intelectuales reformistas. 
Había publicado ya un libro, Soledades, de corte modernista. El conocimiento de la realidad física y humana de Soria iba a marcarlo de por vida. Abandona definitivamente la estética modernista en su obra; a partir de ahora sus versos se hermanan con el árido y sobrio paisaje soriano, con el alma sencilla y grave de las gentes de Soria.
Como el resto de los miembros de la Generación del 98, denunció la postración cultural de Castilla. Se convirtió en el cantor por excelencia de Soria. Él mismo nos dice: "En 1907 obtuve cátedra de Lengua Francesa, que profesé durante cinco años en Soria. Allí me casé; allí murió mi esposa, cuyo recuerdo me acompaña siempre". 
Estatua de Doña Leonor, esposa de Antonio Machado, en la Plaza Mayor

En efecto, Don Antonio se había casado con la soriana Leonor Izquierdo en la iglesia de Santa María la Mayor en 1908. Poco les duró la felicidad; Leonor sufre los primeros síntomas de tuberculosis en un viaje de la pareja a París, y muere en agosto de 1912. Del dolor y la tristeza del poeta nos habla él mismo:
"Señor, ya me arrancaste lo que más quería.Oye, otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.Señor, ya estamos solos, mi corazón y el mar".
Y de Soria se despide el poeta, muerta Leonor, para ir a Baeza, pero nunca se olvidó del paisaje soriano y castellano. Al poco de llegar a Baeza, rememora la belleza de la primavera soriana y escribe a su amigo Palacio estos versos:
"Palacio, buen amigo,
Está la primavera vistiendo ya las ramas de los chopos
Del río y los caminos...
".

Estatua de Gerardo Diego, calle El Collado

En 1921, la cátedra de Lengua y Literatura del Instituto soriano la ocupó el santanderino Gerardo Diego (1896-1987), poeta de la Generación del 27 y Premio Nacional de Literatura (1925) y Premio Cervantes (1979). Gerardo Diego buscaba en Soria "los líricos, errantes, libres sueños de Bécquer". A esta ciudad y al Duero dedicó Gerardo Diego algunos de sus mejores versos.
Casa de los Poetas, calle El Collado

No debe extrañar que en un piso sobre el Casino de Soria haya toda una planta a la que llaman la Casa de los Poetas y esté dedicada no sólo a estos tres poetas, sino a otros muchos relacionados con la ciudad y que quizás no tienen tanta celebridad.
Casa de los Poetas, Soria

"Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido..."
(A un olmo seco, Antonio Machado)
Y he aquí el olmo seco, junto a la iglesia de Santa María del Espino en Soria...

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