El uno de junio hará un año que ingresaron a mi madre en el hospital. El seis de abril le dieron el alta. Desde entonces yo no he parado, quitando un fin de semana tras el verano que tuve que cambiar de aires obligatoriamente. Desde ese último fin de semana de agosto no he parado. Me ha cambiado todo, he tenido que hacer todo. Y aunque algunas tardes descanso no logro desconectar completamente. Así que el viernes me dio un bajón como hacía mucho tiempo que no me daba. De hecho no recuerdo haberme desmoronado de esa manera nunca antes. Sentí como que mi paz interior se tambaleaba como un castillo de naipes movido por la brisa. Y finalmente toqué fondo. Comprendí que necesitaba una vía de escape y finalmente este fin de semana iré a la Feria del Libro de Madrid. Es Madrid como podía haber sido cualquier otro sitio.
El viernes veía todo negro. Hoy sigo algo más sensible de lo habitual, pero sigo mirando hacia adelante.
Para mí este último año no ha sido muy agradable, aunque al menos mi madre ya está fuera del hospital. La recuperación es lenta, pero ahí estamos.
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