Mi última semana ha sido rarísima. Quizás porque siendo fiestas no he disfrutado de las fiestas. Como llevo haciendo todos los fines de semana desde hace varios meses, marcho a Logroño y cuido de mi madre, de paso mi padre se despeja. En quince días se cumplirá un año desde que mi madre ingresara en el hospital, y tan sólo hace un mes largo que le dieron el alta. Obviamente se encuentra mejor, pero sus plaquetas se mantienen en 29.000. Espero que suba.
En este tiempo debería estar viviendo en mi piso, pero durante meses lo paralicé todo. En la última semana he hecho la mitad de la mudanza, por lo que no me queda nada para hacer el traslado definitivo. Aunque, pensándolo bien, aún me quedan por llevar más de 3.000 volúmenes de libros. Mi hermano dice que no me caben. Yo le digo que sí. Al fin y al cabo, una habitación entera está llena de estanterías.
Lo cierto es que podría marcharme ya, porque tengo cama, gas natural, cocina y baño. Lo que me recuerda que tengo que dar de alta internet, aunque teniendo la wifi de la oficina que hay debajo tampoco me supone un problema el hecho de no tener internet.
Por lo demás, me quedan unos meses para ir comprando cosas que me faltan, como un sofá o un mostrador con taburetes para la cocina. Esto último ya lo tengo apalabrado con quien me montó la cocina.
Mi última semana ha sido rara de verdad. Si las circunstancias hubieran sido otras, yo habría estado el viernes por la noche en el concierto de Manu Chao, que estaba la Plaza del Ayuntamiento hasta arriba de gente. Pero bueno... ya llegarán tiempos mejores.
Lo cierto es que ya está cerca el día de irme a mi casita. Y no veo por hacerlo.
Generalmente a estas horas, cualquier día normal, debería estar leyendo. Pero la novela actual se me hace pesada. Quizás otra persona la dejaría por la mitad. Yo no. La leeré, por supuesto.
1 comentario:
Que todo vaya bien, K.
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