Este último mes se me ha hecho muy pesado, no sólo por la cantidad de trabajo -que eso al final es el pan de cada día-, sino porque me he refugiado en ese mismo trabajo para no permitir que el recuerdo saliera a flote y me emocionara.
A un mes del fallecimiento de mi tío -28 de enero- me resulta increíble que ya no esté. A veces tengo momentos de bajón en que inevitablemente le recuerdo y me desmorono con mucha facilidad. Cuando eso ocurre suelo estar sola. Anoche, después de cenar, me eché a llorar. Le recordaba y comprendía cuán difícil es asimilar la pérdida de una persona. Una noche, te despiertas en la oscuridad y piensas: "Es que esa persona ya no está" y resulta algo muy duro.
Hace unos días mi padre me dijo que mi tío tenía predilección por mí. Los dos: mi tío y mi tía. Supongo que no es sólo porque sean mis padrinos, sino que hay una especie de vínculo especial. Ya que yo siempre me escapaba a su casa y me pasaba horas con ellos. Eso era cuando vivían de continuo aquí al lado. Después comenzaron a hacer vida en la capital y apenas venían más que los fines de semana.
Ahora sigo acudiendo a casa de mi tía, miro alrededor y veo las fotos en las que salen juntos. Intento no mirarlas, pero algo dentro de mí hace que no pueda no mirar alrededor. Sólo que guardo la compostura delante de mi tía, porque ella es la que más nota la ausencia. A veces piensa en alto y siento una pena infinita con sus palabras. Porque ella recuerda a mi tío en voz alta. Y duele, duele mucho.
Sólo ha pasado un mes y parece todo muy lejano... Sólo el tiempo puede ayudarnos a superar el vacío.

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