
Una de las cosas que más echo de menos de Salamanca es ir todos los miércoles al cine. Los miércoles, porque era el día del espectador. Hace unos años estaba muy puesta en las carteleras. Lamentablemente, ahora no tengo un cine con novedades al lado de casa y las películas llegan con cierto retraso. Aparte, llevaba un tiempo con pocas ganas de cine. Supongo que hace una semana opté por ponerme un poco al día y, si no, al menos ver todas las películas que no he visto en los últimos años.
Recuerdo que mi hermano me recomendó esta película que él vio en el cine. Y la recordaba, claro que la recordaba. O al menos recordaba sus gestos y su emoción cuando me describía lo que había sentido al verla.
El director es Steven Spielberg y creo que con eso ya he dicho casi todo. Spielberg, por lo general, hace magia en el séptimo arte. Tengo que decir que he llorado y pienso que si una película nos hace llorar vale su peso en oro, porque ha conseguido que nos embarquemos en la historia, y además ha removido algo en nuestro interior. Y en realidad es lo que ocurre aquí.
Esta película gusta a cualquiera, sobre todo si es amante de los animales. Habla de la relación de un joven con su caballo, cómo las circunstancias de la vida les obligan a separarle y cómo finalmente, en otro espacio y en otro tiempo, vuelven a encontrarse.
Albert Narracott (Jeremy Irvine) vive en el condado inglés de Devon junto a sus padres. Su padre Ted (Peter Mullan) sufre de una cojera desde la guerra en África de la que nunca habla. Un día visita el mercado un compra un potro purasangre que no puede ayudarles en la granja. La madre, Rose (Emily Watson), le da un mes para domesticar el caballo y, si no lo hace, recuperará las treinta guineas que su marido ha gastado en el caballo. Sin embargo, Albert le pone de nombre Joey y se encarga de domesticarle, por lo que se hacen grandes amigos, llegando incluso a enseñarle a arar una tierra llena de piedras. Sin embargo, los Narracott no son una familia que tenga buena suerte y una tormenta torrencial echa a perder todo el cultivo. El matrimonio Narracott decide vender al caballo a espaldas de su hijo, que se ha encariñado con él el mismo día en que ha estallado la Iª Guerra Mundial y están reclutando jóvenes para ir al continente a la contienda. Albert no cumple aún la edad necesaria para ir, y el capitán Nicholls (Tom Hiddleston) le promete que cuidará de Joey. Sin embargo, los ingleses sufren una emboscada por parte de los alemanes, y Nicholls pierde la vida, pasando su caballo a manos alemanas. Como los alemanes no quieren caballos, un joven que adora a los caballos encargado de los carruajes de la enfermería, se encarga de cuidar a Joey y al cordel negro del sargento compañero de Nicholls. Así los dos caballos comenzarán su andadura juntos, mientras que Gunter (David Kross) y su hermano intentan escapar de la guerra y son fusilados por desertores. Los caballos han quedado olvidados en un viejo molino donde los encuentra una joven francesa con problemas en los huesos, Emilie (Celine Buckens). Esta joven huérfana vive con su abuelo y fabrican mermeladas. Ella se encariña con los caballos, pero un día que los alemanes llegan a su casa a por provisiones también se llevan a los caballos, y esta vez les utilizarán para cargar la artillería pesada.
Corre el año 1918 y Joey se encuentra en plena Batalla del Somme cuando se asusta por el fuego de la artillería, quedando atrapado por una alambrada en tierra de nadie. Un soldado inglés y un soldado alemán le ayudarán a salir de ahí, siendo el inglés quien se lo lleve a su trinchera tirando una moneda al aire.
Albert se encuentra en la enfermería ciego porque ha sido gaseado cuando le cuentan que han traído un caballo milagroso. Cuando están a punto de sacrificarle, el caballo reconoce a Albert y éste reconoce al caballo que crió.
Es un momento muy emotivo de la película.
Las escenas del caballo son majestuosas. Siempre he pensado que los caballos tienen una inteligencia única. Y este caballo enamora con sólo mirarle a los ojos.
Se trata de una película muy recomendable, sin duda alguna.
Esta película gusta a cualquiera, sobre todo si es amante de los animales. Habla de la relación de un joven con su caballo, cómo las circunstancias de la vida les obligan a separarle y cómo finalmente, en otro espacio y en otro tiempo, vuelven a encontrarse.
Albert Narracott (Jeremy Irvine) vive en el condado inglés de Devon junto a sus padres. Su padre Ted (Peter Mullan) sufre de una cojera desde la guerra en África de la que nunca habla. Un día visita el mercado un compra un potro purasangre que no puede ayudarles en la granja. La madre, Rose (Emily Watson), le da un mes para domesticar el caballo y, si no lo hace, recuperará las treinta guineas que su marido ha gastado en el caballo. Sin embargo, Albert le pone de nombre Joey y se encarga de domesticarle, por lo que se hacen grandes amigos, llegando incluso a enseñarle a arar una tierra llena de piedras. Sin embargo, los Narracott no son una familia que tenga buena suerte y una tormenta torrencial echa a perder todo el cultivo. El matrimonio Narracott decide vender al caballo a espaldas de su hijo, que se ha encariñado con él el mismo día en que ha estallado la Iª Guerra Mundial y están reclutando jóvenes para ir al continente a la contienda. Albert no cumple aún la edad necesaria para ir, y el capitán Nicholls (Tom Hiddleston) le promete que cuidará de Joey. Sin embargo, los ingleses sufren una emboscada por parte de los alemanes, y Nicholls pierde la vida, pasando su caballo a manos alemanas. Como los alemanes no quieren caballos, un joven que adora a los caballos encargado de los carruajes de la enfermería, se encarga de cuidar a Joey y al cordel negro del sargento compañero de Nicholls. Así los dos caballos comenzarán su andadura juntos, mientras que Gunter (David Kross) y su hermano intentan escapar de la guerra y son fusilados por desertores. Los caballos han quedado olvidados en un viejo molino donde los encuentra una joven francesa con problemas en los huesos, Emilie (Celine Buckens). Esta joven huérfana vive con su abuelo y fabrican mermeladas. Ella se encariña con los caballos, pero un día que los alemanes llegan a su casa a por provisiones también se llevan a los caballos, y esta vez les utilizarán para cargar la artillería pesada.
Corre el año 1918 y Joey se encuentra en plena Batalla del Somme cuando se asusta por el fuego de la artillería, quedando atrapado por una alambrada en tierra de nadie. Un soldado inglés y un soldado alemán le ayudarán a salir de ahí, siendo el inglés quien se lo lleve a su trinchera tirando una moneda al aire.
Albert se encuentra en la enfermería ciego porque ha sido gaseado cuando le cuentan que han traído un caballo milagroso. Cuando están a punto de sacrificarle, el caballo reconoce a Albert y éste reconoce al caballo que crió.
Es un momento muy emotivo de la película.
Las escenas del caballo son majestuosas. Siempre he pensado que los caballos tienen una inteligencia única. Y este caballo enamora con sólo mirarle a los ojos.
Se trata de una película muy recomendable, sin duda alguna.
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