Los días van pasando lentamente. Los primeros días te apetece taparte hasta arriba y seguir durmiendo, aunque lleves varias horas despierta. Porque últimamente duermo poco y mal, abriendo los ojos incluso antes de que suene la alarma o despertándome de noche.
A veces me da la sensación de que mi tío va a aparecer en cualquier momento, he llegado a pensar que tengo que ir a verle al hospital. Y entonces recuerdo que ya no está. Llega una tristeza infinita, insuperable y siento un estertor en la espalda, como una punzada de dolor, tan frío que ni las últimas nieves pueden superar ese frío que viene desde el interior.
Hoy mi padre me decía que se ha despertado de madrugada y ha pensado que su hermano ya no está, y le parecía increíble.
Intentamos superarlo, intentamos aceptar la pérdida, pero la aceptación quizás nunca llegue. Una parte de nosotros se niega a ver el vacío insólito que deja una persona tras de sí cuando se ha marchado. Y supongo que de ahí viene el dolor más intenso.
Cada día que pasa duele, y aunque la tristeza sigue ahí, soy ya capaz de hablar sin emocionarme. Qué pena cuando una persona se va... Es tan grande el vacío. Tan crudo...
Cada día que pasa duele, y aunque la tristeza sigue ahí, soy ya capaz de hablar sin emocionarme. Qué pena cuando una persona se va... Es tan grande el vacío. Tan crudo...

No hay comentarios:
Publicar un comentario