domingo, octubre 19, 2014

Vacíos y silencios

Cuando yo era pequeña teníamos escuela en mi pueblo, no teníamos que coger un autobús que nos transportara hasta los centros de educación cercanos. Frente a mi casa vivían el médico y la maestra, en una casa que era (y es) propiedad del pueblo, igual que la casa del sacerdote o las escuelas. Un día, Doña Corti salió gritando porque a su marido le acababa de dar un infarto. Y entonces todo empezó a cambiar en mi barrio.
La profusa decoración del jardín se adecentó, se quitaron las flores y la tierra dio paso al cemento, los dos pequeños accesos peatonales se agrandaron quitando los setos que bordeaban el jardín, dejando únicamente un seto, se pusieron dos bancos y quedó un tranquilo parque público más espacioso que la jungla que había entonces.
Dos casas más allá vivía mi vecina Araceli, que se quedó viuda cuando yo era pequeña, aunque aún recuerdo a su marido, que era albañil. A veces, cuando salíamos de la escuela, en vez de ir directamente a mi casa iba a la suya o, si hacía buena tarde, era posible que estuviera sentada junto a la puerta trenzando mimbres para fundas de botellas. Mi hermano llegó a esconderse debajo de su cama cuando no quería ir a la escuela. Falleció este año y la casa se ha quedado en silencio.
Si continúo en esa dirección, varias personas han dejado la casa a medias este año; el último ha sido esta tarde, un anciano al que llevaba años sin verle por la calle, pero abuelo de una amiga mía...
Pero no son todo vacíos. Hacia el otro lado se han construido casas. En el otro lateral de mi casa había unas huertas, e incluso una caseta donde recuerdo que llegué a tomar mi primera cerveza. La caseta sólo tenía las paredes medio derruidas y un tejadillo, lo que nos servía para refugiarnos del frío y la lluvia. Un día, el propietario de esas huertas vendió y poco a poco se levantó un chalé. Muy cerca, también hay una casa nueva de tres alturas. Las dos viviendas se encuentran habitadas durante todo el año (y no sólo en vacaciones).
Pero hoy miraba por la ventana y pensaba que hay muchas casas vacías en mi calle. Al menos, cuando en unos meses me vaya a vivir a mi nuevo piso, sé que únicamente una vivienda está vacía, que el resto de los vecinos viven todos allí. Es lo que tiene irse a vivir a un lugar con mucha más población. 

No hay comentarios: