En mis casi cuatro décadas de vida he oído hablar dos veces del ébola. La primera vez estudiaba periodismo en Salamanca y me parecía una enfermedad preocupante, una de esas enfermedades que podía convertirse en una verdadera pandemia. La segunda vez es ésta. No entendía cómo en un país con recortes por todos los lados y con hospitales que no están especializados hasta el nivel 4 (por ejemplo, en Estados Unidos sí que llegan a esos niveles de especialización) podían traer a un contagiado desconociendo cómo se trataría la enfermedad.
El tema es preocupante cuando ya se sabe que hay varios contagiados... El riesgo de contagio es tan elevado que podría convertirse en una pandemia.
Hace unos años estuve varias veces en Madrid en el hospital San Carlos. En un área de 25 kilómetros cuadrados hay más hospitales y clínicas que hormigas. La cuestión es que yo me quedé anonadada, pues concretamente ese hospital gigante te pone una guía el primer día que te indica cómo desenvolverte en el hospital. Son hospitales especializados. Yo acompañaba a mi tío, que falleció en septiembre de 2007, porque tenía abierta la garganta de un cáncer operado dos años antes. Aquel era el único hospital donde le iban a cerrar el agujero. Lamentablemente mi tío tenía metástasis y se le reprodujo un tiempo después.
El San Carlos no es el Carlos III, aunque compartan una parte del nombre. Pero son hospitales preparados... para enfermedades occidentales. El Carlos III sólo llega al nivel 3.
El nombre del ébola es de origen congoleño, compartido con el río del mismo nombre afluente del río Congo, en la República del Congo. En el río Ébola se identificó esta enfermedad por primera vez en 1976.
Los causantes originarios son un tipo de murciélagos (también llamados "zorros voladores") que viven en países subsaharianos, que los transmiten a otros animales que finalmente pueden llegar a contagiar al hombre.
Esto es de locura. Que Dios nos pille confesados.
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