El viento me trae recuerdos del sonido titilante de miles de campanillas en Japón, campanillas al viento, sonando en su eterno clic. Qué lejanos y extraños me resultan aquellos viajes exóticos, sobre todo el de Japón, cuando comía todos los días pescados y otras 'delicatessen' traídas del mar. Eso es mucho decir, cuando habitualmente no como pescado. Recuerdo con añoranza aquel lejano país, la boda en Miyajima, el ruido silenciado de una ciudad que lloró su destrucción como ninguna otra en el mundo, la locura informatizada de una capital que parecía otro planeta... y la paz tranquilizadora estancada en siglos pasados de Kioto. Y las campanillas de los templos, junto a las lámparas de papel...
Volvería con los ojos cerrados. Volveré algún día...
Volvería con los ojos cerrados. Volveré algún día...

No hay comentarios:
Publicar un comentario