viernes, febrero 28, 2014

Los años de peregrinación del chico sin color


Cuando más leo de Murakami más disfruto con esa delicadeza que destilan sus palabras y, más ampliamente, sus historias. Con 1Q84 toqué el cielo, con Después del terremoto sentí la cercanía de Japón. Y, tras haber conocido su país, le siento muy cercano, porque describe lugares en los que he estado o por los que pasé hace casi cuatro años. Creo que Haruki Murakami es uno de esos autores que o bien te gustan mucho hasta que terminas adorándoles o bien no te gusta nada. Hace poco, estuve hablando con una persona (lector habitual) sobre este autor y me dijo que no le terminaba de llenar. En cambio, a mí me encanta, y sé que, poco a poco, terminaré leyendo la vasta bibliografía del autor. La cuestión es que, cuanto más leo de él, más quiero leer.
Uno de los reclamos que se repiten en este libro son las estaciones de tren, ya que el autor es un ingeniero especializado no ya en la construcción de estaciones de tren (que ya no se construyen), sino en mejorar las que existen. Eso me ha recordado a la cantidad de trenes que cogí en Japón, al tren bala, al momento en que me encontré en una estación de Osaka, sin guía, y cómo me subí al tren de Hiroshima (al haber llegado un día tarde por el retraso del avión, me encontraba sin guía).
Claro que me ha traído recuerdos. Cualquier libro de Murakami habla de Japón y de muchos sitios que conocí allí. Habla de la transitada estación de Shinjuku, de la chic zona de Ginza, y de lo impresionante que es Tokio.
Poco a poco, seguiré leyendo a Murakami.

"Tsukuzu Tazaki se decía a menudo que tal vez hubiera sido mejor haber muerto entonces. Así, este mundo habría dejado de existir. La idea le seducía: este mundo no existiría y lo que él tenía por realidad ya no sería real. Del mismo modo que para este mundo él ya no existiría, el mundo tampoco existiría para él".
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Nagoya

Siendo un adolescente Tsukuzu Tazaki se pasaba horas y horas sentado en las estaciones de tren viendo pasar a los trenes, aunque lo que más le llamaba la atención de las estaciones de tren no eran los trenes en sí mismos, sino las estaciones. Vivía en Nagoya y formaba parte de un grupo de amigos creado al azar y que se había convertido en una piña. Ao, Aka, Shiro y Kuro tenían colores en sus nombres, por eso Tsukuzu había deseado que ojalá él también tuviera un color en su nombre, de ahí que fuera "el chico sin color". Cada uno con sus características, sentían que formaban parte de algo importante. Mientras que Tsukuzu decide ir a estudiar ingeniería a Tokio, los otros cuatro deciden quedarse a estudiar en Nagoya.
Cuando Tsukuzu está en el segundo curso de la carrera, deseando que llegaran las vacaciones para volver a su ciudad natal y ver a sus amigos, ellos deciden que no quieren verle más y no le dan explicación alguna. Algo sorprendido, Tsukuzu no pregunta, vuelve a Tokio y evita volver a Nagoya. Nunca más vuelve a tener noticias de ellos.
Ahora Tsukuzu tiene 36 años y ha encontrado a la mujer de su vida: Sara. Aunque en el pasado ya tuvo otras relaciones esporádicas, con Sara siente que es diferente, pero ella comprende que Tsukuzu tiene una cuenta pendiente con su pasado, una herida abierta que aún debe cerrar, porque aunque se haya alejado, se pueden intentar olvidar, pero no se puede borrar la historia. Por primera vez, el ingeniero le abre su corazón y le explica la ruptura con sus amigos cuando eran unos adolescentes. Sara le anima a buscarlos y hablar con ellos, incluso se presta a seguirles el rastro para que pueda preguntarles lo que ocurrió.
Así, Tsukuzu descubre que Ao y Aka siguen en Nagoya, uno como un comercial de ventas de coches Lexus, mientras Aka ha creado una empresa de desarrollo empresarial que le da muchas ganancias. Kuro, en cambio, se enamoró de un finlandés y tiene dos hijas, pero lleva muchos años viviendo en Helsinki. Lo peor de todo es que Shiro falleció hace unos años, estrangulada. Para Tsukuzu es un duro golpe recibir esta noticia. Hace unos años que escucha los Años de peregrinación de Liszt, interpretados por Lazar Berman, que tan bien tocaba al piano Shiro, cuando aún no le habían echado del grupo. Tsukuzu decide visitarlos a todos y descubre que le echaron del grupo porque Shiro describió con pelos y señales que había ido a visitar a Tsukuzu a Tokio y éste la había violado de una manera cruel. Ninguno de los demás dio crédito a lo que decía la joven, pero prefirieron ponerse de parte de ella y echar a Tsukuzu del grupo, porque él era más fuerte psicológicamente. Tsukuzu explica a sus antiguos amigos que Shiro nunca le visitó en Tokio y mucho menos pasó lo que ella les contó.
Finalmente, Tsukuzu se reencuentra en Finlandia con Kuro, que le confiesa que, por aquel entonces, ella estaba enamorada de él y que él sólo tenía ojos para Shiro, por lo que fue más sencillo romper con él y, de paso, con los sentimientos que albergaba hacia él, pese a que sabía que él sería incapaz de hacer algo como lo que Shiro les había contado.
Tsukuzu se siente, por fin, en paz consigo mismo. No cree que vuelva a ver a ninguno de ellos, y ha comprendido que quiere a Sara con locura y que desea estar a su lado...

EL AUTOR:


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Haruki Murakami (Kioto, 1949) pasó su juventud en Kobe, ciudad portuaria con un notable porcentaje de población occidental y numerosas librerías de viejo donde era fácil adquirir obras de autores extranjeros. Sus años de estudiante se caracterizaron por su activismo en contra de la guerra del Vietnam y por la nueva izquierda. Tras licenciarse en 1973 en Teatro Clásico, Murakami regentó durante ocho años un jazz-bar en Tokio, al tiempo que iniciaba su carrera literaria. Su primera novela, Escucha la canción del viento, recibió el premio Gonzou de Literatura para autores noveles. Con La caza del carnero salvaje, obtuvo el premio Noma. Asimismo es autor de obras como Tokio Bues (Norwegian Wood), Al sur de la frontera, al oeste del sol, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Underground, Sputnik, mi amor, Kafka en la orilla, After Dark, 1Q84, De qué hablo cuando hablo de correr o Baila, baila, baila.
Galardonado con premios tan prestigiosos como el Yomiuri, el Tanizaki, el Franz Kafka o el Jerusalem Prize, en 2006 obtuvo el II Premio de Relatos Frank O'Connor por Sauce ciego, mujer dormida. En España, ha merecido el premio Arcebispo Juan de San Clemente, y recientemente ha sido distinguido con la Orden de las Artes y las Letras por el Gobierno español y con el Premio Internacional Catalunya 2011.

EL LIBRO:
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Título original: 色彩を持たない多崎つくると、彼の巡礼の年 Shikisai wo motanai Tasaki Tsukuru to, Kare no Junrei no Toshi
Autor: Haruki Murakami
Traductor: Gabriel Álvarez Martínez
Editorial: Círculo de Lectores, 2013
Número de páginas: 312
ISBN: 978-84-672-5780-9

Valoración: 10/10

RETOS:

-Desafío Libros Musicales, con la nota musical SI.
-Reto Genérico, en el apartado de libros exóticos, ya que la mayor parte del libro transcurre en un país tan lejano como Japón.
-Reto "Sumando 2014", con 38 caracteres.
-Reto 14.000 páginas, restando 312.
-Reto 100 libros.

2 comentarios:

Isi dijo...

Normalmente me gusta Murakami, pero este libro no me llama demasiado; tengo pendientes otras novelas suyas que sé que van a gustarme más.
Pero me alegro de que tú lo hayas disfrutado; la verdad es que el argumento es bastante curioso.

K dijo...

También yo tengo algunas novelas pendientes de él a las que tengo ganas, pero este libro me llegó casi sin moverme. Y sí, lo he disfrutado mucho. Es una historia extraña.