
Uno de los libros que recuerdo con especial cariño de la época universitaria es Olvidado rey Gudú, novela que Ana María Matute publicó en 1996. Para mí fue una lectura con la que disfruté, pese a que algunos personajes que aparecen en ella me resultaron desagradables. Llegó a mis manos por casualidad, mientras paseaba por una de las librerías más transitadas del centro de Salamanca, y sus pastas amarillas me llamaron la atención. Yo creo que me lo llevé porque, tras leer de qué iba el libro, no se asociaba ese tipo de literatura con la autora, por lo que me picó la curiosidad...
Es considerada como la obra
maestra de la autora. Antes de éste había leído Paulina, que me encantó, y este año leeré Pequeño teatro. Olvidado rey
Gudú rompió moldes, teniendo en cuenta que ya tenía unos tópicos creados en
mi mente sobre la autora, por lo que no esperaba una novela tan fantástica, una
especie de cuento de hadas. Pero lo disfruté al máximo y los tópicos con respecto
a la Matute desaparecieron. Los críticos la consideran como una alegoría
antibelicista, pero también como una obra sobre el tiempo y sus criaturas,
donde se narra la “historia de las emociones humanas”. La propia autora señala
la novela como su favorita entre todas las escritas de su pluma.
Hago una mención especial a la
autora, ya que ocupa el asiento K en la Real Academia Española, esa letra que a
mí tanto me gusta. Considerada una de las voces más importantes de la
denominada “generación de los 50”, ha recibido a lo largo de su vida numerosos
premios y galardones, uno de los últimos el Premio Cervantes (recibido en
2010).
La novela podría encuadrarse dentro de la épica fantástica, aunque más bien parece un cuento para adultos. Está ambientado en un período de tiempo similar a la Edad Media, si bien cuenta con gran cantidad de seres llegados desde la fantasía. Por un lado, hay gran cantidad de seres fantásticos y extraordinarios, pero también nos encontramos con las grandes tragedias, los secretos y rencores varios, las sangrientas guerras que nos acercan a la más realista tradición histórica del mundo.
La trama cuenta la historia del
reino de Olar, fundado por el hijo del conde Olar, el rey Sikrosio, que ha
llegado al trono al azar. Es un reinado que cuenta con leyes brutales,
gobernado por hombres violentos y ambiciosos. Su primer rey es Sikrosio y, tras
él, se nos narra la historia de toda la genealogía familiar. El esplendor del
reino llega con el rey Volodosio, hijo de Sikrosio, y sobre todo con la esposa
del rey, Ardid, una mujer llegada desde las tierras del sur. Este matrimonio
engendrará a Gudú, el heredero del trono y el personaje que presta su nombre a
la novela. Pese a ello, la verdadera protagonista de la obra es la reina Ardid,
que es el hilo conductor de la mayor parte de la trama. Ardid narra en la
novela toda su vida, desde su niñez hasta su vejez. Es un personaje astuto e
inteligente, como su propio nombre indica, cuyo carácter y personalidad
variarán a lo largo del tiempo. Esta metamorfosis en la personalidad ocurre a
la mayor parte de los personajes del libro, de tal manera que el mismo
personaje no será la misma persona que era en su origen.
Personajes que llaman la atención
es el libro son Trasgo, un ser mágico que acompaña a la reina y aficionado al
vino, que además sufrirá la tragedia de los sentimientos humanos; Almíbar, el
hermano de Volodosio, que sufre un amor no correspondido; o la princesa
Tontina, que sufrió un paso traumático de la infancia a la madurez.
El tratamiento de las emociones
es trágico y doloroso en la mayoría de los personajes del libro. El amor
produce dolor, pero también la guerra, la violencia y la barbarie, aunque sea
un dolor de distinto tipo.
Cabe hacer una mención especial a los nombres de los personajes, que por lo general ya nos vaticinan el tipo de personaje que nos encontraremos. Los nombres, casi en su mayoría, llaman nuestra atención.
Cabe hacer una mención especial a los nombres de los personajes, que por lo general ya nos vaticinan el tipo de personaje que nos encontraremos. Los nombres, casi en su mayoría, llaman nuestra atención.
Es un libro que está muy bien
escrito. Aunque el argumento no guste, las palabras de la autora enganchan porque
está escrito no sólo con corrección, sino con una belleza insuperable. Es un
libro que merece la pena. A mí me dejó una huella inmensa y sería uno de los
libros que no me importaría releer.
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