Los mejores instantes del día aparecen cuando menos lo esperamos. Así es como me encontraba yo mirando a los carneros en la calle, cuando ha aparecido ese ángel de mirada perfecta, ese ángel en cuya mirada se concentran todas las cosas buenas del mundo. Le he mirado, me ha mirado. Pero qué guapísimo está, qué adorable, qué dulce... Me ha indicado dónde iba y nos hemos despedido.
Lo que no esperaba es que nos volviéramos a cruzar unos diez minutos más tarde. Yo iba con una bolsa que tenía que dejar en el coche, y como ahora tenemos que aparcar en las calles traseras debido a los cortes por las fiestas, pues nos hemos vuelto a encontrar. Entonces me he fijado en sus pantalones, en lo bien que le sentaban, y le he mirado a los ojos, le he visto sonreír y me he sentido pletórica. Esta tarde, entre cerveza y cerveza, nos encontraremos y quizás le tenga que decir lo guapo que está mientras me pierdo en esa magnífica mirada.
Lo que no esperaba es que nos volviéramos a cruzar unos diez minutos más tarde. Yo iba con una bolsa que tenía que dejar en el coche, y como ahora tenemos que aparcar en las calles traseras debido a los cortes por las fiestas, pues nos hemos vuelto a encontrar. Entonces me he fijado en sus pantalones, en lo bien que le sentaban, y le he mirado a los ojos, le he visto sonreír y me he sentido pletórica. Esta tarde, entre cerveza y cerveza, nos encontraremos y quizás le tenga que decir lo guapo que está mientras me pierdo en esa magnífica mirada.

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