Amar a una persona no es cosa baladí. Es algo superior a nosotros mismos. El amor es una de las pocas formas de vida que no nos permite ser egoístas, porque siempre terminamos pensando en la otra persona. Porque siempre pensamos en lo mejor para la otra persona.
Ni siquiera somos conscientes de lo que sentimos hasta que un día nos encontramos borrachos de un amor indescriptible junto a la otra persona.
Le miras a los ojos y comprendes cuánto le amas. El tiempo se detiene y los minutos pasan a una velocidad de vértigo. Y algo en ti desea más y más, desea tocar ese rostro, cubrirle a besos, pasar los dedos por la barba de hebras plateadas, enredarlos entre mechones de su pelo y... perderme en la profundidad de sus ojos negros. Esos ojos a los que miro y entonces ya no puedo mirar a ningún sitio más, porque en ese momento entro en un hechizo que no tiene vuelta de hoja.
Es amor.
Ni siquiera somos conscientes de lo que sentimos hasta que un día nos encontramos borrachos de un amor indescriptible junto a la otra persona.
Le miras a los ojos y comprendes cuánto le amas. El tiempo se detiene y los minutos pasan a una velocidad de vértigo. Y algo en ti desea más y más, desea tocar ese rostro, cubrirle a besos, pasar los dedos por la barba de hebras plateadas, enredarlos entre mechones de su pelo y... perderme en la profundidad de sus ojos negros. Esos ojos a los que miro y entonces ya no puedo mirar a ningún sitio más, porque en ese momento entro en un hechizo que no tiene vuelta de hoja.
Es amor.

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