lunes, marzo 18, 2013

Los instantes de disfrute

El sábado por la mañana, cuando le tenía tan cerca, volví a sentirme reconfortada. No sé qué tiene él, qué hace para que en su presencia sienta que mi alma está siendo 'tocada' por las alas invisibles de un ángel. Pero además me siento segura, ya que él es como esa piedra angular que sujeta una parte importante de mi vida.
Últimamente tengo la impresión de que nos conocemos desde siempre; de que, en realidad, estamos hechos el uno para el otro. No necesito decir mucho para sentir que él comprende con un gesto que haga, o que él mire de una forma u otra para saber yo lo que llegará a continuación.
Saboreé esos momentos. ¿Cómo no iba a disfrutar de él...? Le recuerdo magistral, cuando miraba por el visor, cuando me mostraba su funcionamiento.
Es cierto que ya no me preocupa tanto el qué decir, o cómo me mira, quizás porque me he abierto a él como un libro, porque ya no intento gustarle como antes, sino que le muestro la persona que soy, sin más.
Cuando le contaba las peripecias de ese próximo viaje a Milán, veía cómo él comprendía perfectamente mi actuación.
Me siento demasiado a gusto con él y me da la sensación de que a él le ocurre otro tanto. Somos como dos viejos amigos que se entienden a la perfección y, en el momento de la verdad, no podemos estar juntos. No sé por qué. Lo cierto es que nos entendemos bien.
Él es un amor. Adoro esos momentos casi íntimos con él...

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