Recuerdo perfectamente los momentos finales de otros libros
del autor, como La Catedral del Mar o La mano de Fátima; son las típicas
novelas que nos dejan siempre con una buena sensación, con la impresión de
haber saboreado y disfrutado de un buen libro. Con La Reina Descalza también he
disfrutado, aun cuando no tiene nada que ver con las novelas anteriores. Que el
autor sea tan prolífico y siempre sus argumentos no tengan que ver nada los
unos con los otros también me tiene encandilada. Al final, los que hacen una
novela son sus personajes y aquí, en La Reina Descalza, están magistralmente
perfilados. Magistral tiene que ser para saber recrear en ellos el orgullo de
la raza gitana, porque sí, esta novela trata de los gitanos de hace varios
siglos.
A principios de 1748, una joven negra deambula por las
calles de Sevilla. A sus espaldas ha dejado los días de esclavitud en la lejana
Cuba, el hijo retraído al que nunca volverá a ver y un largo viaje en barco del
que ha descendido en tierras españolas, el mismo barco donde consiguió su
libertad al morir su amo aquejado de unas terribles fiebres marinas. Caridad ya
no tiene un amo que le dé órdenes, pero tampoco un lugar en el que cobijarse,
ni comida ni dinero. Caridad, al principio, se nos presenta como una joven
acostumbrada a recibir órdenes de todo el mundo, sin conciencia real de lo que
es el bien y el mal, sin una dirección hacia la que encaminar sus pasos. Ha
conseguido llegar a Sevilla donde se cruza con Milagros Carmona, una joven y
bella gitana de Triana por cuyas venas corre la sangre, el orgullo y el arte de
la raza gitana.


Iglesia de los Negritos en Sevilla
En el siglo XVIII Triana era el barrio donde se arrebujaban
gitanos, contrabandistas y maleantes. Caridad quiere ir a pedir ayuda a la
Iglesia de los Negritos, que se encuentra ubicada en el Barrio de Triana. Como
no tiene dinero para cruzar el puente, será Milagros quien la acompañe al
lugar, donde nadie querrá ayudar a la antigua esclava.
Milagros la llevará a su casa y se convertirán en amigas
inseparables, a la vez que Caridad recibe las confidencias de su joven amiga,
que bebe los vientos por el apuesto Pedro García.
Milagros es hija de José Carmona y Ana Vega; la familia Vega
y la familia García se odian a muerte desde tiempos antiguos, sobre todo porque
el abuelo Vega cumplió una pena en galeras traicionado por Rafael García, el
abuelo de Pedro, al que todos en Triana respetan como el Conde. De hecho,
Rafael García sería el gran patriarca de los gitanos de Triana, el supuesto
protector de todos ellos, el que manda y ordena, y poseedor de un odio titánico
hacia los Vega.

Barrio de Triana en Sevilla
Melchor Vega, conocido como el Galeote, despierta temor y
respeto, en todo él se perfila a la perfección el orgullo gitano, y sobre todo
la preservación de las costumbres, del cumplimiento de la ley de los gitanos,
aunque para ello se vea obligado a alterar la ley de los payos. Con hombres
como él, la raza gitana se puede mantener a salvo.
Y mientras Milagros se encapricha del joven García, de quien
la separan los antiguos odios familiares, Caridad siente que algo en su interior
empieza a florecer hacia Melchor Vega, por su hombría, por su porte, por su
seducción, sobre todo cada vez que le dice: “Canta, morena”, y sobre todo
porque es el primer hombre que le ha tratado bien en toda su vida.
Hay dos improntas interesantes que marcan el ritmo de la
novela: por una parte, el orgullo de la raza gitana, por el cual el autor nos
sensibiliza hacia el lado humano de una raza que durante siglos se ha
despreciado; por otro lado, la Gran Redada de 1749.

La Gran Redada de julio de 1749 contra los gitanos fue la
persecución autorizada por el monarca Fernando VI y organizada en secreto por
el marqués de la Ensenada, con el fin de “dar caza” a todos los gitanos que
vivían en España, con el objetivo de la “extinción de la raza gitana” en
nuestro país. Esta normativa no prosperó, porque si es cierto que consiguieron
aprisionar a barriadas enteras donde moraban los gitanos, muchos consiguieron
huir hacia el pueblo portugués de Barrancos, o simplemente se escondieron de la
ley. El indulto llegó en 1763, más por el hastío de un país que no sabía qué
hacer con tantos gitanos encarcelados, porque su orgullo les hacía fuertes
frente a sus captores.

Arsenal de La Carraca, San Fernando, Cádiz
Durante la Gran Redada, hombres y mujeres gitanos fueron
separados por sexos, siendo las mujeres trasladadas al Arsenal de La Carraca,
en la bahía de Cádiz, y más tarde trasladadas a Zaragoza. Entre el grupo de
mujeres fue hecha prisionera Ana Vega, hija de Melchor y madre de Milagros
Carmona.


Barrancos, Portugal
Mientras, Melchor Vega, un hombre que había sobrevivido a
las galeras, que seguía su rumbo traficando con tabaco sin que ni un alguacil
consiguiera descubrirlo, se había marchado a Barrancos (Portugal), un lugar
fronterizo donde se encontraban todo tipo de contrabandistas y gente de baja
ralea. Había ido a cumplir venganza contra el Gordo, el jefe de un numeroso
grupo de contrabandistas que le habían robado una parte del cargamento del
tabaco que tenía que llevar a una congregación de monjes sevillanos.
Milagros Carmona se dedicaba en cuerpo y alma a aprender las
propiedades de las plantas, a manos de la vieja María, una curandera gitana que
le había salvado del castigo por haber instigado a su joven novio a cumplir una
venganza, en la que había resultado muerto el joven. Sus padres se habían
comprometido con la familia del joven, pero Milagros no quería casarse con él,
y él había muerto por ella. Recogiendo plantas estaban cuando llegaron los
soldados de Ensenada a apresar a los gitanos. Con la vieja María consigue huir
de Sevilla. Varios de los gitanos volverán, al aliarse con los payos y la
Iglesia, entre ellos los García. La vieja María se da cuenta de que Milagros
canta como una diosa y me mueve aún mejor, por lo que empezará a llevarla a
tascas para ganarse algún dinero.


Yevgraf Sorokin, Familia gitana
española (1853)
Cuando la Trianera y Rafael García comprenden la mina de oro
que es Milagros, y con su familia lejos, deciden casarla con su nieto Pedro
García, a lo que Milagros accederá encantada, pero desoirá la advertencia de su
madre, hecha llegar por terceras personas desde La Carraca: “Nunca olvides que
eres una Vega”. Para ello, el Conde conseguirá el consentimiento de José
Carmona, el padre de la joven, que llega a tiempo para la boda, y que accede al
compromiso siempre que consigan el indulto para su esposa Ana Vega.
Cuando Melchor Vega llega un tiempo después, cumplida su
venganza contra el Gordo, decide tomar la justicia gitana por su mano, al
comprender que el Carmona ni siquiera se ha molestado en sacar a su hija de la
prisión, además de aprovecharse de Caridad, a quien lleva a su lecho. Melchor
acabará con la vida de su yerno y manda llamar a su nieta Milagros, que es una
mujer felizmente casada, que ya está esperando una niña. Milagros descubre con
horror lo que ha hecho su abuelo, y renuncia a Melchor y a Caridad, a los que
no quiere volver a ver nunca más. Ellos huyen a Madrid.

Coliseo del Príncipe (hoy Teatro Español), Madrid
Mientras, en Sevilla Milagros canta y baila cada noche,
sacando suculentos beneficios que van a parar todos ellos a la abuela de su
marido, la Trianera. Finalmente, Milagros debe ir a Madrid invitada al Coliseo
del Príncipe, por el comendador de Madrid. No puede negarse, so pena de cárcel.
Para ello, la acompañarán su marido, su hija y una matrona para la niña, la
Bartola.


Litografía de Madrid en el siglo XVIII, plazuela y torre de
Santa Cruz
En el Madrid del siglo XVIII, ya una ciudad bulliciosa, no
coincidirán con sus parientes. La Descalza, tal y como se le conoce a Milagros
en el teatro, causa expectación, no sólo como cantante, sino también como
cómica. Recibe halagos de la aristocracia madrileña, pero un buen día es
vendida por su marido, que recibe mucho dinero a cambio de hacer fornicar a su
mujer con hombres ricos. Ella no puede aguantarlo más, sobre todo cuando Pedro
la separa de su hija, por lo que Milagros comenzará a beber, y un día la echan
del teatro.
Su marido está dispuesto a asesinarla, pero la salvará fray
Joaquín, un monje que siempre había estado enamorado de ella, desde que estaba
en Triana hasta que comprendió que la mujer a la que llamaban Descalza en el
Coliseo del Príncipe era su amada Milagros.


En la portada de La Reina
Descalza aparece un abanico del siglo XVIII, que representa el mercado de la
Plaza de la Cebada, hoy expuesto en el Palacio Real de Madrid.


Iglesia de Montserrat en Madrid, lugar que en el siglo XVIII
albergaba la cárcel de mujeres La Galera
En todo ese tiempo, Melchor y Caridad habían ido a Madrid a
conseguir un indulto para Ana Vega. Melchor vendía el tabaco que Caridad le
fabricaba y le daban el dinero a un escribano que, a su vez, les estaba
engañando. Melchor deja a Caridad en una pensión clandestina, donde tras varios
días es acosada por un tajador y sale huyendo, de tan mala suerte que se pierde
y es encarcelada por prostituta, aunque ella simplemente había sido acosada por
todo tipo de rufianes en las noches madrileñas.
En la prisión, donde se encontraban hacinadas numerosas
mujeres por delitos de poca monta, Caridad se convierte en una reclusa muy
querida, tanto que cuando su delito por dos años haya cumplido, será liberada
gracias a las argucias de otra reclusa que había salido antes que ella.
Con Herminia marchará a Torrejón de Ardoz, donde un
sacerdote que cultiva tabaco a escondidas (el tráfico de tabaco estaba
prohibido en la España del siglo XVIII) y Caridad se encargará de seleccionarlo
y crear cigarrillos. Así es como, varios años después, Melchor regresa a
Madrid, se encuentra estafado por el supuesto escribano que iba a conseguir el
indulto para su hija Ana y escucha los rumores sobre los cigarrillos que
circulan por Madrid, “los cigarros de la negra”, y consigue llegar hasta ella.
Juntos, irán a Barrancos.
Poco después, tras enterarse Milagros que su marido se ha
llevado a su hija a Triana y que Madrid es un lugar peligroso para ella,
consigue con ayuda de Fray Joaquín llegar a Barrancos, donde se reencontrará
con su abuelo y con Caridad. Allí les contará toda la historia y Melchor Vega
decide vengarse, aunque sea solo.


William-Adolphe Bouguereau, Jóvenes Gitanos (1879)
En Triana serán detenidos y escondidos por los García, que
esperan al patriarca de los Carmona para que se vengue del Galeote. Sin embargo,
llega el indulto real y Ana Vega aparece en Triana dispuesta a salvar a los
suyos. Como se había convertido en una heroína para las mujeres en la prisión
donde se había encontrado, todas las matriarcas andaluzas correrán en su ayuda,
con lo que finalmente conseguirán liberar a su familia, y Melchor Vega retará
al joven Pedro García, que morirá de un navajazo fatal.
Melchor Vega, con su familia reunida, aunque débil, decide
que es hora de partir a morir a Barrancos, el único lugar en el mundo que le ha
reportado paz y el amor de Caridad.


Vincent Van Gogh, Campamento
gitano cerca de Arlès (1888)
Ésta es una novela para disfrutar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario