Habitualmente los domingos no tienen mucho movimiento; para mí es un día enfocado al descanso: me levanto tarde, leo, escribo, paseo... Así que esta mañana, cuando a las 9.30h, me ha despertado el teléfono me daba la sensación de que estaba dentro de un sueño. Ni siquiera me reconocía en esa voz pastosa de quien se encuentra totalmente desubicada. Sólo he escuchado un 'te he despertado?' y me ha entrado la risa. Según quien llame puede llegar el mal despertar, pero esta mañana no. Al final una hora después me iba a una reunión a la que no tenía previsto acudir, aunque la de esta mañana era una reunión para disfrutar...
Pasaban las dos de la tarde cuando le he enviado unas palabras al ángel, podía haberle llamado pero he preferido mandarle un whatsapp rápido. Aunque no ha sido para quedar con él. No me hubiera importado, no, mis palabras eran por trabajo, quizás por eso he preferido no llamarle.
No queda nada para volar a Milán.
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