Unos minutos más tarde de las doce del mediodía comenzaba la
primavera. ¡Qué curioso! Siempre pienso en el día 21, ya que en Ciencias
Naturales, cuando éramos pequeños, nos inculcaban que empezaba el día 21 de
marzo. No eran tan concretos como para saber exactamente el minuto, e incluso
la milésima de segundo en que la primavera hacía su aparición.
Bienvenida sea. Se me ha hecho muy largo este invierno.
Crudo, largo y blanco. Y, sin embargo, ha habido momentos inolvidables, como
situaciones insalvables y evocadoras de Nochevieja, o simplemente el último
sábado, y cómo olvidar el día de los enamorados.
Esta vez le escribiré una postal desde Milán. Lo sé. Si mal
no recuerdo, creo que llevo aproximadamente dos años sin escribirle una. Pero
ahora vuelvo a estar “tocada” por su magia. Eso es lo que descubrí el sábado
pasado. Ha vuelto la magia y adoro que así sea. Pero ahora hay además una
comocidad con él que antes no sentía. Y la complicidad. Demasiada complicidad.
Ya no somos dos desconocidos. Ya hablo con él como si le conociera desde
siempre.
Le quiero tanto…

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