Siempre estaba él. Con él me sentía reconfortada.
Ahora...
Hace mucho tiempo que dejé de compartir con él las cosas básicas, lo cotidiano e incluso lo extraordinario. Algo en mí me impide contarle nada. Últimamente, y si sale en la conversación... pero, por lo general, no. Y creo que él también lo nota, porque siempre me termina preguntando, siempre consigue suavizar la conversación, siempre consigue sacarme una sonrisa. Quizás debería llamarle y sentirme tocada un poco por ese hechizo.
En realidad, no tengo ganas de hablar con nadie.
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