Me ha faltado tiempo para ir a verle. En mi fuero interno pensaba que me tiraría el aloe vera a la cabeza. Pero al menos es práctico. La cuestión es que le he llamado por teléfono porque necesitaba verle. Estaba adorablemente guapo. Menos mal que no le cogí un after shave, porque si se quita la barba me da un mal.
Este viaje me ha servido para reflexionar sobre muchas cosas, sobre todo para pensar en él. El día que el barco iba dando bandazos sobre las aguas entre una isla y otra pensaba que si tuviera que elegir a una única persona y contárselo, le elegiría a él y, de hecho, se lo conté. Este viaje me ha servido para recapacitar lo que siento hacia él. Y, en realidad, es mucho lo que siento. Ni me he desenamorado ni he dejado de sentir. Le quiero demasiado y, a la vista está, si hubiera tenido alas para volver anoche lo hubiera hecho con el fin de estar aún más cerca de él.
Revivo el momento en que le he llamado, cuando le he dicho que me esperara cinco minutos, cuando he sentido que me volvía a tocar el alma y he permitido que su voz llegara a mí, que me alcanzara, que me inundara.
A mitad de la tarde, mis tacones resonaban por la calle como alma que lleva el diablo. Simplemente me dejaba llevar por el corazón.
Y allí estaba él. Tan adorable, con esa mirada suya tan intensa, tan pura... Estaba guapísimo.
Sí, este viaje me ha servido para confirmar lo mucho que le quiero.
Revivo el momento en que le he llamado, cuando le he dicho que me esperara cinco minutos, cuando he sentido que me volvía a tocar el alma y he permitido que su voz llegara a mí, que me alcanzara, que me inundara.
A mitad de la tarde, mis tacones resonaban por la calle como alma que lleva el diablo. Simplemente me dejaba llevar por el corazón.
Y allí estaba él. Tan adorable, con esa mirada suya tan intensa, tan pura... Estaba guapísimo.
Sí, este viaje me ha servido para confirmar lo mucho que le quiero.
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