Cada día en mi trabajo necesito estar lúcida. Últimamente no es que no lo esté, pero debería haber dormido más. En el café me entraba la modorra y aún pensaba en las tres horas de tarde que me quedaban por delante...
Nunca he dejado que la una me pille despierta, pero llevo una semana... que me está marcando, porque he sobrepasado la hora de ir a los brazos de Morfeo.
He decidido que volveré a las viejas rutinas de dormir siete horas. Aunque, pensándolo bien, la próxima semana hay un día de fiesta... La próxima semana es la última antes de mis vacaciones, y aún no he decidido los vuelos.
¡Qué desastre! ¿Tan poco tiempo tengo que me he comprado un vestido a tres días de una boda, que no me preocupa un viaje que tengo que hacer en diez días...? En realidad, tengo muy poco tiempo. Las horas de trabajo me absorben parte de ese tiempo, pero las tardes que tengo libres tampoco hago lo que me propongo hacer.
Siempre he pensado que "no tener tiempo" es una vil excusa, que el tiempo que no tenemos siempre está, pero a veces sólo pensamos en esa falta de tiempo cuando ya ha pasado.
Lo que sí es cierto es que necesito dormir siete horas por las noches. Y, como tal, ahora es un buen momento para ir a soñar...
Y hablando de soñar, hace una semana que no hablo con él. Me pregunto si me echará de menos. Yo, a veces, sí que le echo de menos. Me acuerdo de él cuando sé que está cerca... Pero ya no siento pinchazos en el corazón. No siento como antes. Ahora... no sabría muy bien cómo describir esa sensación. Mejor me voy a dormir y no le doy más vueltas.
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