jueves, octubre 19, 2006

Torres más altas han caido

Estamos rodeados de tantos mundos, de tanta gente que a veces no nos damos cuenta ni siquiera de lo que va desapareciendo poco a poco a nuestro alrededor. Quizás fueron lugares que rozamos con la mano y no quisimos entrar a formar parte de ellos. Otros los abandonamos después de un tiempo. Hay sitios donde permanecimos un tiempo y es posible que nunca termináramos de abandonar del todo.
Asimismo hay personas que nunca llegamos a conocer, bien porque nosotros no quisimos, bien porque el otro individuo ni siquiera te permitió siquiera un mínimo acercamiento a él (o ella). Otros permanecieron un tiempo y después se fueron, o te fuiste tú, casi sin darte cuenta. Algunos se quedaron para siempre.
Las relaciones humanas y sociales, los universos en que nos movemos son tan cambiantes como la vida misma, tan cambiantes como el mundo que nos rodea. Y a veces pasan a nuestro lado sin enterarnos, o sin comprenderlo.

Hace un tiempo conocí un lugar y mucha gente. Un día lo dejé, pero me quedé con los mejores de ahí dentro, ahora estoy segura. Al final siempre se agradece que, tras permanecer un tiempo en un sitio, terminas donde más a gusto estás y con quien mejor estás.
Aquel lugar hoy en día se desmorona. La gente toma partido por uno de los dos bandos. Creo que en estas situaciones es mejor no ponerse de ningún lado, y sobre todo cuando realmente no conoces a esas personas, o solamente son impresiones de terceros. Entonces es cuando acudes a tus momentos de observación de aquella época y te guías por tu instinto.
Siempre me sentí desubicada allí. Por eso un día decidí marchar...
Hoy veo con cierto espanto cómo la gente, de un lado, se pone a criticar de bochornoso lo que un día admiraron y, de otra parte, hay quienes apoyan aquello que a ojos de la justicia es ilegal.

Desde luego es de poca cabeza dedicarse al mundo del porno y no exigir el carnet de identidad a la gente que entra a formar parte de ese juego. Muy poco debe de importarle eso a alguien que no pide identificación a una joven menor de edad cuando ella le puede dar garantía de éxito. Y aquí de fracaso pues los padres de la joven han tomado medidas, cosa lógica por su parte.
¿Qué la joven urdió una vil mentira? Bien, pero dejarse engañar por una niña que podría ser tu hija es estupidez, y sobre todo cuando en ese mundillo hay que andar con pies de plomo. Ahora es la justicia quien toma medidas, como no podía ser de otra manera.
De todas formas era demasiado previsible que pasara algo así. Yo no juzgo, yo sólo observo.

No quería hablar de este tema, pero me ha salido así, sin más. Internet no tiene límites y como tal hay cosas a las que no se les puede poner punto final, como es el caso de la pederastia. Es éste un tema delicado y frustrante. ¡Qué mente sádica hay que tener para pervertir una mente inocente y meterla en el mundo de la pornografía! Y no me refiero al que ha sido acusado y al que me refería antes, sino a todos esos hijos de puta que satisfacen sus instintos sexuales con este tipo de actividades.

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