
No quería verla porque sabía que iba a terminar echando culebras por la boca, aunque menos que cuando me leí el libro homónimo.
Corría el año 2004 cuando el más famoso best-seller de Dan Brown cayó en mis manos. Todo el mundo hablaba de esos cientos de páginas como si fueran una guía espiritual, mirando con otros ojos a la Iglesia y cegándose por las calumnias que llegan a decirse en todas esas páginas. Siempre hay que tener en cuenta que es un libro de ficción, pero mucha gente creía en lo que se contaba ahí con los ojos cerrados.
Decidí leérmelo, sabiendo que me metía entre las líneas de una morbosidad exacerbante. Temas históricos, temas eclesiásticos, temas que se ponen en tela de juicio como si la verdad de Dan Brown fuera la única verdad.
Ni que decir tiene que el libro me enganchó desde la primera página, cuando la inmensa mayoría de los libros necesitan varios capítulos para que te metas bien en la historia. Como consecuencia, me lo leí en cuatro días.
Cuando lo terminé no sabía si echarlo a la basura o colocarlo entre los libros proscritos de mi biblioteca, que no es que sean proscritos, simplemente son aquellos que he dejado a medias o que me produjeron cierto rechazo cuando crucé el umbral de la última página.
Tampoco tenía muchas ganas de ver la película. Pero la he visto. Sabía que me pondría a criticarla desde el principio al final. No voy a contar de qué va porque sería demasiado reiterativo, como repetitivo es el tema de que Jesucristo tuvo descendencia con la Magdalena. Sí, no es El código da Vinci el único libro que habla del tema. He leído varios que repiten hasta la saciedad esta historia. A la mente me viene El último merovingio, donde se habla de que el hijo que tuvieron era varón (no recuerdo el nombre, aunque sí que era poco habitual). En fin, no puedo creerlo a pies juntillas, soy más de "ver para creer", así que necesitaría documentos que acreditaran esta hipótesis, pues al fin y al cabo no deja de ser eso. Tampoco niego que no pudiera existir. Se ha comprobado que en el siglo I existió ese revolucionario de nombre Jesús y ¿por qué un hombre que vivió hasta los 33 años iba a mantenerse célibe y no yacer junto a una mujer? No sería nada extraño.
Y también es cierto que el Vaticano esconde muchos secretos por los que podrían desaparecer muchas de las ideas que nos han inculcado desde siempre. ¿Por qué habría que creer que su verdad es la única verdad? Yo no me fío de los curas. Prefiero leer e interpretar la Biblia a mi manera pues ellos siempre te terminan dando su punto de vista, sin tener en cuenta que la mayoría de los textos que contiene la Biblia necesitan varias lecturas más para llegar a comprender un poco lo que quieren decir, pues son textos disfrazados, casi todos con una moraleja.
Cuando me leí El código da Vinci no conocía París. Al ver la pirámide invertida del Louvre esas imágenes me han traido recuerdos a la mente de cuando estuve allí, casi un año después de que me leyera el libro.
Es curioso puesto que cuando me leí Ángeles y demonios no conocía Roma. Este verano estuve en la capital italiana. Cuando hagan la película -que seguro la graban dentro de pocos años- tendré una sensación parecida a la de esta noche. Pues me quedé alelada con la inmensa plaza de Sant Pietro, y en el Vaticano es donde transcurre casi toda la acción de Ángeles y demonios.
De momento espero no ver mucho más de Dan Brown por ahí.
Corría el año 2004 cuando el más famoso best-seller de Dan Brown cayó en mis manos. Todo el mundo hablaba de esos cientos de páginas como si fueran una guía espiritual, mirando con otros ojos a la Iglesia y cegándose por las calumnias que llegan a decirse en todas esas páginas. Siempre hay que tener en cuenta que es un libro de ficción, pero mucha gente creía en lo que se contaba ahí con los ojos cerrados.
Decidí leérmelo, sabiendo que me metía entre las líneas de una morbosidad exacerbante. Temas históricos, temas eclesiásticos, temas que se ponen en tela de juicio como si la verdad de Dan Brown fuera la única verdad.
Ni que decir tiene que el libro me enganchó desde la primera página, cuando la inmensa mayoría de los libros necesitan varios capítulos para que te metas bien en la historia. Como consecuencia, me lo leí en cuatro días.
Cuando lo terminé no sabía si echarlo a la basura o colocarlo entre los libros proscritos de mi biblioteca, que no es que sean proscritos, simplemente son aquellos que he dejado a medias o que me produjeron cierto rechazo cuando crucé el umbral de la última página.
Tampoco tenía muchas ganas de ver la película. Pero la he visto. Sabía que me pondría a criticarla desde el principio al final. No voy a contar de qué va porque sería demasiado reiterativo, como repetitivo es el tema de que Jesucristo tuvo descendencia con la Magdalena. Sí, no es El código da Vinci el único libro que habla del tema. He leído varios que repiten hasta la saciedad esta historia. A la mente me viene El último merovingio, donde se habla de que el hijo que tuvieron era varón (no recuerdo el nombre, aunque sí que era poco habitual). En fin, no puedo creerlo a pies juntillas, soy más de "ver para creer", así que necesitaría documentos que acreditaran esta hipótesis, pues al fin y al cabo no deja de ser eso. Tampoco niego que no pudiera existir. Se ha comprobado que en el siglo I existió ese revolucionario de nombre Jesús y ¿por qué un hombre que vivió hasta los 33 años iba a mantenerse célibe y no yacer junto a una mujer? No sería nada extraño.
Y también es cierto que el Vaticano esconde muchos secretos por los que podrían desaparecer muchas de las ideas que nos han inculcado desde siempre. ¿Por qué habría que creer que su verdad es la única verdad? Yo no me fío de los curas. Prefiero leer e interpretar la Biblia a mi manera pues ellos siempre te terminan dando su punto de vista, sin tener en cuenta que la mayoría de los textos que contiene la Biblia necesitan varias lecturas más para llegar a comprender un poco lo que quieren decir, pues son textos disfrazados, casi todos con una moraleja.
Cuando me leí El código da Vinci no conocía París. Al ver la pirámide invertida del Louvre esas imágenes me han traido recuerdos a la mente de cuando estuve allí, casi un año después de que me leyera el libro.
Es curioso puesto que cuando me leí Ángeles y demonios no conocía Roma. Este verano estuve en la capital italiana. Cuando hagan la película -que seguro la graban dentro de pocos años- tendré una sensación parecida a la de esta noche. Pues me quedé alelada con la inmensa plaza de Sant Pietro, y en el Vaticano es donde transcurre casi toda la acción de Ángeles y demonios.
De momento espero no ver mucho más de Dan Brown por ahí.
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