sábado, octubre 28, 2006

Siempre queda el recuerdo


He estado llorando frente a tu fotografía. No sé por qué, ni siquiera tenía ganas de llorar y de repente se han desatado en mí torrentes de lágrimas que fluían sin parar. Me han venido a la mente recuerdos, borbotones de palabras, he cerrado los ojos sin querer pensar en momentos pasados, pero me ha resultado imposible.
He recordado, como si la vida me fuera en ello. Lo peor es el vacío. Llevo unos días que tu imagen me viene a la mente perversamente. Intento no acordarme pero es incontrolable.
Un día te fuiste y te llevaste todo lo que eras. Bastante tiempo después noto ese vacío insondable tan latente como si hubiera ocurrido ayer.
El vacío...

Llevo varios días en un estado de ansiedad total. Hoy tu recuerdo martillea mi mente incansablemente y no puedo soportarlo. Te esfumaste pero no te fuiste totalmente. Algo permanece aquí. Siempre termina quedando algo, aunque intentemos olvidar.
Estos días me he dado cuenta de que falta algo en mi vida. Estos días me he dado cuenta de que necesito cariño, pero no cualquier tipo de cariño. Tú me lo dabas... hasta que te marchaste para siempre. Ahora necesito que me den cariño pero soy incapaz de abrir mis sentimientos a nadie. He terminado por distanciarme de cualquiera que se me acerque tan sólo un poco. Y de esta manera sobrevivo. A veces siento ira dentro de mí. Es posible que la ira me ciegue, tanto como para alejarme de todo aquello que produce dolor. Aunque añorarte simplemente a ti ya resulta suficientemente doloroso. Es una especie de tortura, una dulce tortura que va apagando algo dentro de mí, sin casi darme cuenta.

Antes tenía una razón para abrir los ojos por la mañana, para esbozar una sonrisa a cada poco tiempo, para cantar o reír o hacer cualquier cosa. Ahora me falta algo, es como si necesitara ese impulso que tú, casi sin darte cuenta, me dabas. Me faltas tú. Podría decirte muchas cosas, a sabiendas de que jamás leerás esto. Mi ira es muy fuerte en estos momentos como para desahogarme de cualquier manera, pero es en lo único que puedo contenerme.

Las lágrimas siguen fluyendo, muy a mi pesar. Algún día es posible que no sienta este vacío, entonces ese día no merecerá la pena seguir viviendo, pues ese día no sentiré nada. "Nada"... una palabra demasiado grande para utilizarla en estos momentos. Aunque en mi interior me gustaría utilizarla. Al menos de esa forma esta desazón que me invade habría desaparecido hace mucho tiempo.
Los recuerdos no siempre son tan llevaderos como quisiéramos.

Hoy he pensado en ti, ayer pensé en ti, llevo varios días que te tengo en la cabeza... Y es que, aunque quiera, no puedo olvidar ciertas cosas. Lo intento, aunque quizás lo que permanece es lo único que mereciera la pena.

Lloro... como una manera de desahogarme incansablemente, con una excusa clara de sacar de dentro todo lo que he reprimido en todo este tiempo. Se puede decir que, de alguna manera, he terminado explotando. Ahora son el silencio y la incertidumbre respecto a ti los que me sacuden a preguntas... unas preguntas que jamás se verán satisfechas con respuestas.

Crees que ciertas personas estarán ahí para siempre, pero un día se van. Lo único que permanece es el recuerdo, porque están aquellos que no olvidaremos jamás, por mucho que lo intentemos, por mucho que nos pese... ahí siguen. Intento no recordar nada, dejar mi mente en blanco, y cuanto más lo intento... más numerosos son los recuerdos respecto a ti.
Es tarde ya. Aquello que antes me hacía reír a carcajadas ahora me hace llorar, quizás se haya roto algo de mí, quizás se rompió hace mucho tiempo y es ahora cuando me he dado cuenta. Y el dolor es insoportable. Cuando te conciencias del vacío y de la pérdida entonces te das cuenta de que nadie merece la pena.

¿Confiar? La confianza no existe. Lo único que te puedo agradecer en estos momentos es que he aprendido a desconfiar de todo el mundo. Y no es cosa buena.

1 comentario:

K dijo...

Siempre se termina volviendo a confiar; a veces te aferras a alguien como si fuera tan imprescindible que te da la sensación de que siempre va a estar ahí. Un día no está y te sientes desamparada; finalmente te preguntas si merece la pena haber confiado tan plenamente en esa persona.
No sé. Al menos ahora me cuesta aferrarme. Me cuesta y me duele.

Pero yo también confío en que cuando pase un tiempo volveré a confiar :D