lunes, noviembre 20, 2023
La asistenta
domingo, noviembre 19, 2023
El peine del viento
sábado, noviembre 18, 2023
Dulces atardeceres
viernes, noviembre 17, 2023
Donosti
jueves, noviembre 16, 2023
El libro de cocina de la señorita Eliza
Y es que Eliza había publicado un libro de poemas, porque adora escribir, pero su editor le pide un libro de recetas. Para ello, el reverendo Thorpe le recomienda a la joven Ann Kirby, con la que Eliza congenia desde el principio.
miércoles, noviembre 15, 2023
martes, noviembre 14, 2023
Ya madrugan los aviones
lunes, noviembre 13, 2023
Florencia: El aeropuerto
El aeropuerto de Florencia está lleno de gente que va y viene, como no podía ser de otra manera en una ciudad que visitan millones de turistas al año. También se le conoce como aeropuerto Américo Vespucio.
No está lejos del centro. Nosotros cogimos un tranvía hasta el aeropuerto y allí nos quedamos a esperar mientras esperábamos la hora de embarque de nuestro avión.
Y hasta aquí llega nuestro periplo por Italia.
Florencia: la basílica de San Lorenzo
Como nuestro hotel estaba en la Calle San Galo y era una calle recta hasta el Duomo, no había pérdida. Pero la primera tarde cuando llegamos nos llamó la atención una iglesia que estaba a medio camino y siempre pasábamos por allí. Era la Basílica de San Lorenzo, también impresionante. Siempre estaba llena de gente alrededor, con pequeños restaurantes y tiendas, artistas callejeros, músicos itinerantes. En definitiva, una plaza con mucha vida.
Esta basílica es un templo vinculado a los Médici, ya que fue encargada por Cosme de Médici a Brunelleschi, y ciertamente la cúpula se parece mucho a la del Duomo. Es una iglesia grandísima y data del siglo XV.
domingo, noviembre 12, 2023
“Eduardo Manostijeras”
La constante picassiana
sábado, noviembre 11, 2023
Florencia: la gastronomía toscana
La gastronomía de Florencia fue similar a la de Venecia, aunque no había espaguetis con salsa negra de calamar. Pero comimos y bebimos muy similar, al fin y al cabo es la célebre comida italiana.
Allí seguimos bebiendo aperol, bebimos muchos aperoles, y de todos los precios. Junto al Duomo costaban 8 y 9 € cada uno, mientras que a medida que te ibas alejando te encontrabas precios más normales. Pero es lo que tienen los lugares turísticos.
También nos llamó la atención que a la entrada de algunos restaurantes exponían grandes piezas de ternera colgadas en escaparates como si entráramos en una carnicería. Y había pizzerías donde los cocineros estaban de cara a la calle haciendo la pasta mientras un numeroso grupo de turistas miraban y fotografiaban cómo hacían la pasta.
El día que íbamos al Palacio Pitti comimos en la terraza del Restaurante Soprarno, con unas vistas fantásticas del río Arno y de la Galería de los Uffizi. Yo tenía muchas ganas de comer espaguetis con champiñones, pero fue mi novio quien los eligió.
Yo elegí unos espaguetis -cuyo nombre no recuerdo- que tenían, entre otras cosas, trocitos crujientes de bacon, lo que hacía que estuviesen algo salados, y yo soy de comer cosas más bien sosas. Pero no puedo quejarme: estaban buenos, pero los de mi novio estaban mejor.
En la terraza de un restaurante, Il David, en la Piazza della Signoria, comimos una ensalada toscana con una salsa César que estaba riquísima.
De segundo pedimos pizza.
De postre, en casi todos los sitios pedíamos tiramisú. Vamos, que el tiramisú lo ponen de mil formas, pero ni aun así nos cansamos de comerlo y disfrutarlo.
El día que regresábamos de Pisa, decidimos parar en un restaurante a comer unos filetes normales con ensalada, y por cambiar pedimos sendos profiteroles de postre.
Algunos días comíamos de bocata, porque al final era más rápido y también más económico. Pero ya se sabe que ir a Italia, si te gusta la pasta, es un placer. Porque nosotros adoramos la comida italiana y vinimos encantados.
Arrivederci!!
Y luego está el vino. A nosotros nos gusta el vino y el típico toscano es el Chianti, aunque reconozco que trajimos, pero somos más de cervezas y, en este viaje, de aperoles.
viernes, noviembre 10, 2023
jueves, noviembre 09, 2023
Florencia: cafetería y restaurante Simbiosi
Habitualmente reservamos desayuno en el hotel, pero esta vez optamos por no hacerlo. Craso error, porque para encontrar un lugar donde pudiéramos tomar tostadas con mermelada y mantequilla nos costó unos días.
Sin embargo, uno de los días que buscábamos una cafetería para desayunar en Florencia, entramos en Simbiosi. Era un lugar interesante para mirar a todos los lados, con una decoración exquisita.
Ahora bien, no había tostadas.
Por las noches, la cafetería cerraba y daba lugar al restaurante, que siempre estaba lleno de gente. Lo veíamos porque Simbiosi nos pillaba de paso al regresar al hotel.
Sólo desayunamos un día allí, y es que el lugar es digno de admirar. Después ya encontramos una cafetería donde ponían tostadas ¡al fin!
Florencia: el arte en las calles
Hacía muchos años que quería visitar Florencia y, como ya comenté un día, es una ciudad espectacular, con mucho arte en cada rincón. Lo peor de todo es que hay muchísima gente en todos los sitios.
Ya cuando llegas y te encuentras con la impresionante mole del Duomo, que no sabes ni hacia dónde mirar...
En otras muchas ciudades me he encontrado con artistas callejeros, pero Florencia los gana a todos. Sus calles están literalmente empapeladas de lienzos de la ciudad o simplemente de obras de arte que nos podemos encontrar en los museos.
A mí me gustan los lienzos y, sobre todo, me gusta ver a los pintores delante de sus cuadros. En los alrededores del Duomo había muchos con lienzos serigrafiados, pero al salir del Palacio Pitti nos encontramos con verdaderos artistas que pintaban el atardecer, allí delante de los turistas.
También me llamó la atención la cantidad tremenda de músicos callejeros que había, y algunos cantaban tan bien que merecía la pena pararse a escucharlos. En las inmediaciones del Duomo había muchísimos, pero también en la parte alta del Ponte Vecchio.
Y en el "patio" que forman las dos galerías de pasillos de los Uffizi había mimos, a cada cual más interesante.
Nos encantó pasear por Florencia, porque todo estaba lleno de arte, de gente, de historia, de VIDA. Ciudad de arte y artistas, presentes y pasados.
Florencia: Piazza della Repubblica
Es uno de los lugares en Florencia que nos maravilló, sobre todo porque estaba a caballo entre el Ponte Vecchio y la Piazza del Duomo, y siempre pasábamos por allí.
Lleno de tiendas de souvenirs, cafeterías y gente, los paseos por esta plaza siempre tenían algo de especial.
Y sobre todo había un tiovivo. Es que adoro los tiovivos...
La Plaza de la República es una plaza porticada de forma rectangular. Es el resultado de la época del Risanamento, cuando el urbanismo de la ciudad fue redefinido y se cambió el trazo urbano como consecuencia del traslado de la capital del Reino de Italia a Florencia (1865).
Florencia: los Jardines de Bóboli
La segunda parte de la visita al Palacio Pitti pasaba por visitar los Jardines de Bóboli (Giardini di Boboli). Es un jardín precioso y gigante, y eso que no lo vimos entero, ya que enseguida empezaron a decir por megafonía la hora de cierre. Y es que el jardín es un lugar para perderse.
Los jardines de Bóboli fueron construidos por los Pitti, rivales de los Médici. Los Médici compraron el palacio en 1550 y crearon un patio interior a cargo de Bartolomeo Ammanati.
Los jardines se sitúan sobre una antigua cantera que aprovechan para crear un teatro con gradas, en el cual representaron algunas de las primeras óperas de la historia.
Nosotros subimos en línea recta hasta encontrarnos con un ninfeo, la fuente de Neptuno y una estatua de la diosa Fortuna. La fuente de Neptuno es una representación del océano. En el centro se encuentra la estatua del rey Neptuno realizada por Stoldo Lorenzi.
Hay numerosas estatuas, de diferentes estilos y períodos, distribuidas por todo el jardín. Se abrieron al público en 1766.
Al salir descubrimos una de las grutas, la Grotta Grande, que fue diseñada por Bernardo Buontalenti. Está completamente cubierta de roca y en sus columnas hay copias de los Esclavos de Miguel Ángel. No llegamos a ver el laberinto. El jardín se extiende hacia un lado y es inmenso.
miércoles, noviembre 08, 2023
Florencia: el Palazzo Pitti
En la otra orilla del río Arno hay un palacio impresionante, con unos jardines más impresionantes aún. Se trata del Palazzo Pitti y necesitaría días para describir todo el arte que allí vimos.
Lo bueno de estar en la otra orilla del río es que hay menos afluencia de turistas, por lo que entrar en el palacio no nos supuso más que unos minutos de espera. Allí hay varios museos que ver y al menos dos jardines. Nosotros optamos por las dos partes más célebres, y que creo que va a ver todo el mundo: la Galleria Palatina y los Jardines de Bóboli.
El Palacio Pitti es un palacio renacentista que data de 1458 y originalmente fue la residencia de Luca Pitti, un banquero florentino. En el siglo XVI fue comprado por Leonor Álvarez de Toledo y Osorio, la duquesa consorte de Cosme I de Médici, duque de Florencia y primer Gran Duque de Toscana. Por lo que a partir de ese momento el palacio se convirtió en la residencia oficinal de los grandes duques de Toscana.
En el siglo XIX fue usado como base militar de Napoleón I y durante un breve período de tiempo sirvió como residencia oficial de los Reyes de Italia.
A principios del siglo XX el palazzo junto con su contenido fue donado al pueblo italiano por el rey Víctor Manuel III, por lo que se abrieron sus puertas al público y se convirtió en una de las más grandes galería de arte de Florencia. Hoy en día es un museo público, ampliado con colecciones de arte de los siglos XIX y XX.
Se trata de un verdadero tesoro con estancias reales, galerías de arte moderno, colecciones de trajes de época, de plata y de porcelana. En la Galleria Palatina los cuadros están colgados a la manera del siglo XIX, cuando imperaban criterios como la colocación de los lienzos según su forma o la adecuación del artista a la decoración de la sala. Es decir, están colocados como se colocaba en los palacios, y no como se colocan en los museos, de ahí que dé apariencia de una colección privada.
La Galería Palatina, situada en el piano nobile del palacio, es probablemente el más famoso conjunto que en su día formó parte de las colecciones de los Médici. Es un museo de 28 salas que atraviesa los apartamentos reales; contiene obras de Botticelli, Fra Bartolomeo, Rafael, Andrea del Sarto, Tiziano, Correggio, Jacopo Pontormo, Domenico Beccafumi, Caravaggio, Rubens, Artemisia Gentileschi y Pietro de la Cortona, entre otros.
La Galería de las Estatuas era la parte central de la loggia abierta, en la época de los Médici, por Bartolomeo Ammannati con unas vistas magníficas a los Jardines de Bóboli. La loggia se cerró y en 1790 se llenó la sala de estatuas de mármol.
La Sala del Castagnoli fue, durante la época de los Médici, el apartamento privado de la Gran Duquesa. En 1810, durante la invasión napoleónica se convirtió en un apartamento privado de Napoleón. Las pinturas que decoran las paredes y el techo fueron ejecutadas por Giuseppe Castagnoli a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.
La Sala de la Alegoría (Volterrano) en época de los Médici también formaba parte de los apartamentos de la Gran Duquesa. Es la única sala del palacio que conserva los frescos y estucos originales del siglo XVII. El resto de salas fueron redecoradas en el siglo XVIII. El techo está ricamente decorado con motivos vegetales y figuras de querubines diseñados por Pietro de la Cortona. Los cinco paneles están pintados al fresco por Balmassarre Franceschini, llamado "il Volterrano". En medio hay una estatua que representa a un joven Miguel Ángel esculpiendo.
La Sala de las Bellas Artes en la época Médici era la antecámara de la Sala de la Allegoría, utilizada sólo por la Gran Duquesa. En el siglo XVIII esta sala fue redecorada por un grupo de pintores del estilo neoclásico. Destacan los grandes lienzos de Domenico Podestà.
La Sala de Hércules fue transformada en el siglo XVIII por un grupo de pintores neoclásicos. La sala se transformó en la sala del recibimiento por el arquitecto Giuseppe Cacialli y las pinturas fueron ejecutadas por Pietro Benvenuti con grandes paneles sobre las pruebas de Hércules y fragmentos de su vida.
La Sala del Arca, también remodelada en el siglo XVIII, tiene una magnífica decoración pictórica que llevó a cabo Luigi Ademollo, uno de los artistas florentinos del Renacimiento. La decoración mural tiene aspecto teatral, ya que las pinturas de las paredes parecen lienzos de teatro que parecen "caer" desde el techo.
La Capilla de las Reliquias, que fue el apartamento del Gran Duque, era la capilla principal del palacio en la época de los Médici. Los estucos de las paredes y los armarios de las reliquias fueron renovados en 1712.
La Sala de la Música fue un lugar de reunión del Gran Duque y la Gran Duquesa durante la época de los Médici. Con la llegada de Napoleón, el ambiente se transformó y se intentó llenar de pinturas de las victorias napoleónicas. Sigue conservando algunos instrumentos musicales y relojes de época. Los muebles tienen forma de tambores. Y es cierto que la sala tiene un aspecto más marcial, más serio, más napoleónico.
La Galería Poccetti fue conocida en el siglo XVII como la "Galería de la loggia". Era un pasadizo que conectaba con la colina Bóboli. En 1813 la loggia se cerró al construirse las nuevas galerías palatinas. La decoración de estuco y pictórica está basada en las pinturas de Poccetti (Bernardino Barbatelli), pero él no participó en ella.
Destaca el tondo (pintura circular) de la Virgen con el Niño, de Filippo Lippi. El pintor supo situar con gran maestría el mentón de la Virgen en el centro geométrico del cuadro. Así daba unidad a una composición compleja, la Virgen con el Niño en un primer plano y, al fondo, escenas marianas.
La Sala de Ulises muestra en el techo el regreso de Ulises a Ítaca y la obra más importante de Rafael, Madonna dell'Impannata (1512).
La Sala de la Ilíada, a diferencia de las otras salas, tiene una decoración del siglo XVII, con un techo que representa el Olimpo y las escenas de Homero, pintadas por Luigi Sabatelli. En esta sala se encuentran pinturas como Felipe IV de España, de Velázquez y La Gravida de Rafael.
En la Sala de Venus, ocupa el centro de esta sala una Venus, creada por Canova en sustitución de la original que Napoleón se llevó a París (ahora se encuentra en los Uffizi). En esta sala, hay muchas obras de Tiziano, entre las que destaca El concierto (1510), un retrato de Julio II (1545) copiado de Rafael y el famoso Pietro Aretino (1545). El bucólico Regreso de los campos de heno, de Rubens, generalmente pasa desapercibido.
En la Sala de la Educación de Júpiter hay obras de Tintoretto, Van Dyck y Caravaggio, entre otros. No sabes adónde mirar.
El cuarto de baño de Napoleón, de estilo imperio, es de lo poco que se conserva en el Palacio Pitti de su corto reinado.
La Sala de la Estufa conserva los frescos de Pietro da Cortona y el suelo de mayólica de 1640.
La Sala di Giove (Júpiter) alberga dos de las mejores obras del palacio: Mujer con velo, de Rafael, y Las tres edades del hombre, de Giorgione.
Otras obras maestras del Renacimiento temprano son la Madonna del Sacco, de Perugino, un sutil estudio de las relaciones espaciales, y San Jerónimo, obra de Verrocchio o de Piero di Pollaiuolo.
En la Sala de Marte destaca el techo pintado sobre el tema de la guerra, de Pietro da Cortona, con el escudo de armas de los Médici en el centro. Sobre el mismo está la monumental obra de Rubens Las consecuencias de la guerra, mostrando a Venus suplicando en vano a Marte que no vaya a la guerra. Su obra Cuatro filósofos tiene un autorretrato en la parte superior izquierda. También hay obras aquí de Tintoretto, Tiziano y Van Dyck.
La Sala de Saturno contiene un completo recorrido por la obra de Rafael, desdela Madonna del Granduca (1506) hasta su tardía Visión de Ezequiel (1518). Entre el resto de sus madonnas y retratos destaca Maddalena Doni (1506), inspirada en la Mona Lisa, que influyó en la concepción renacentista del retrato. El maestro de Rafael, Perugino, pintó en 1495 una Lamentación de Cristo muerto, de llamativa composición. También hay obras de Fra Angélico y Andrea del Sarto.
La Sala de Apolo tiene numerosas obras de Tiziano. Su María Magdalena (1525) fue el primero de los muchos cuadros que dedicó el veneciano a María Magdalena. También se encuentra Retrato de un inglés, así como las obras La Pietà y la Sagrada Familia de Andrea del Sarto (1522), que favorecieron a la aparición del estilo manierista. Cabe destacar el lienzo de Bronzino Retrato del enano Morgante (1550) que se encuentra expuesto en el centro de la sala.
Después pasamos a una zona de arte más moderno, con pinturas del siglo XIX y del siglo XX, así como magníficas estatuas de diferentes materiales. Pasamos bastante rápido estas estancias, quizás porque nos llamaban más la atención las de los siglos anteriores, quizás porque en este momento estábamos ya muy saturados de arte. De ahí salimos a los Jardines Bóboli, que son parte del Palacio Pitti, pero eso ya lo dejaré para otro día.



























