
Anoche se me hizo tarde para hablar de este libro y hasta ahora no he podido permitirme un poco de tiempo para hablar de él.
Cuando hace una semana lo cogí, lo hacía con pinzas. La información que tenía del libro producía en mí cierto rechazo, quizás porque, aunque me habían dicho que era un best-seller que bien lo merecía, había oído también que estaba enfocado a cierto sector de la población que no se siente a gusto con su forma de vida: la mujer de mediana edad que pasa las tardes viendo telenovelas o leyendo novelas románticas que llenen ese vacío que le deja la soledad. En toda su magnitud, un público femenino que se caracteriza por sus tintes de amargura, que se lamenta día a día porque no ha cumplido sus expectativas en la vida, que se arrepiente de lo que es porque nunca siguió la trayectoria para ser lo que siempre hubiera querido ser. Así es, en realidad, como me imaginaba yo este tipo de novela. Y errada estaba.
Estoy convencida de que el éxito del libro se debe en su mayor parte a que se toca un tema atípico. Sí, es una novela de amor, pero ese amor tiene una particularidad, y esta especialidad es una especie de tema tabú. Y esto convierte la trilogía en algo novedoso. A eso se une la descripción de cada escena de una manera tan explícita que, en mi caso, hay ocasiones en que me he obligado a parar la lectura.
Ahora bien, fuera de esa particularidad sexual (sado, bondage, bdsm, etc.), el libro no tiene mucho más.
Los personajes son previsibles, sus personalidades están definidas, aunque no tienen mucha profundidad. Si no fuera por las escenas "violentas" el libro sería una novela más, olvidada al día siguiente. El trasfondo no deja de delatar una historia romántica más, dos personajes enamorados, "tocados" por esa vertiente atípica.
Kate y Anastasia son dos amigas que están acabando su etapa universitaria. Son compañeras de piso. Kate está terminando periodismo y Anastasia, literatura inglesa. Kate ha conseguido una entrevista con el empresario que financia su universidad, pero el día de la entrevista se pone enferma y pide a su amiga que vaya en su lugar.
Así es como Anastasia se encamina a Seattle para entrevistar a Christian Grey, el patrocinador de la universidad. Lo que desconoce Anastasia es que, a medida que avanza en dirección a Grey, se abre para ella un mundo nuevo, lleno de luces y de (cincuenta) sombras.
Christian Grey es un joven empresario que aún no ha llegado a los treinta años. Es tan perfecto que, en ocasiones, deja sin palabras a la ruborizada Anastasia. La joven no tiene experiencia con los hombres, ya que nunca ha tenido novio. Es una joven que consigue impresionar al millonario, que la ve inocente, patosa, dulce...
Anastasia consigue huir con dignidad del moderno edificio donde se encuentran las oficinas de Grey. A medida que pasan los días piensa en él. Grey también piensa en ella, tanto como para ir a buscarla, conocer el mundo de la joven. Ella se enamora de él, y él le responde que no le conviene.
Es entonces cuando él le dice que, antes de nada, ha de firmar un contrato de confidencialidad. Pero el segundo contrato es algo mucho más sorprendente: habla de los extraños gustos sexuales de Christian, que aboga por el sadomasoquismo, las esposas, los azotes, las fustas y todo un conjunto de cachivaches, e incluso tiene una habitación ambientada para ir más allá de la típica relación sexual. El motivo de ese segundo contrato es establecer unos límites previamente pactados por los dos. En definitiva, Christian propone a Anastasia que ella sea su Sumisa y él su Amo.
Lo que no sabe él es que ella siente todo tipo de curiosidad, que su inocencia es fruto de que no puede comparar a algo en su vida que pueda parecérsele. Ella nunca ha estado con un hombre y quiere satisfacer a Christian, por lo que terminará cediendo. Pero ni uno ni la otra han contado con la personalidad de ella: una joven a la que cuesta acatar las normas, algo rebelde, preguntona y con carisma. Ella le dará todo, pero en el fondo le quiere cambiar, quiere sacarle de sus cincuenta sombras, quiere hacer de Christian una persona como las que ella conoce.
Sin embargo, Christian ha tenido un pasado oscuro que no se puede cambiar: su madre era una prostituta adicta al crack, fue adoptado por una familia acomodada en la que se sentía fuera de lugar, con quince años una mujer madura le introdujo en el mundo de la sumisión, y curiosamente le enderezó del camino desviado que Christian había escogido.
Hay algo mucho más oscuro y siniestro en la personalidad de Christian que aún no hemos descubierto en el primer libro. Es cierto que llega un momento en que Anastasia quiere saciar su curiosidad a ver hasta dónde es capaz de llegar Christian. Eso llevará al fin de su relación en el final del primer libro, cuando una Anastasia azotada comprende que jamás conseguirá cambiar a Christian, que en realidad es un depravado con un sinfín de problemas y que ella ya no puede ayudarle. Entonces le abandona...
Continuará... en el segundo.