sábado, octubre 06, 2012

Siete horas

Cada día en mi trabajo necesito estar lúcida. Últimamente no es que no lo esté, pero debería haber dormido más. En el café me entraba la modorra y aún pensaba en las tres horas de tarde que me quedaban por delante...
Nunca he dejado que la una me pille despierta, pero llevo una semana... que me está marcando, porque he sobrepasado la hora de ir a los brazos de Morfeo. 
He decidido que volveré a las viejas rutinas de dormir siete horas. Aunque, pensándolo bien, la próxima semana hay un día de fiesta... La próxima semana es la última antes de mis vacaciones, y aún no he decidido los vuelos. 
¡Qué desastre! ¿Tan poco tiempo tengo que me he comprado un vestido a tres días de una boda, que no me preocupa un viaje que tengo que hacer en diez días...? En realidad, tengo muy poco tiempo. Las horas de trabajo me absorben parte de ese tiempo, pero las tardes que tengo libres tampoco hago lo que me propongo hacer.
Siempre he pensado que "no tener tiempo" es una vil excusa, que el tiempo que no tenemos siempre está, pero a veces sólo pensamos en esa falta de tiempo cuando ya ha pasado.
Lo que sí es cierto es que necesito dormir siete horas por las noches. Y, como tal, ahora es un buen momento para ir a soñar...

Y hablando de soñar, hace una semana que no hablo con él. Me pregunto si me echará de menos. Yo, a veces, sí que le echo de menos. Me acuerdo de él cuando sé que está cerca... Pero ya no siento pinchazos en el corazón. No siento como antes. Ahora... no sabría muy bien cómo describir esa sensación. Mejor me voy a dormir y no le doy más vueltas.

viernes, octubre 05, 2012

Ganas de él

Llevo dos días que me tiro de los pelos. Necesito de él. La ansiedad me está matando. Ese sinvivir... Lo cierto es que no es tanto, con una llamada podría arreglarlo. Pero últimamente estoy sedienta de... No sé si de él o de meterme bajo las sábanas con él. Tengo ganas de él, y nada más que de él.
Si me lo encontrara por la calle, tendría que arrastrarle a mis brazos. No podría controlarme. Me encuentro ávida de él... Es por haber decidido evitarle. Ahora me muero de ganas por verle, y de él, y me va a dar algo.

Menos mal que llega el fin de semana.

jueves, octubre 04, 2012

Frío en Ezcaray

El día engaña. Aunque haga sol y el cielo esté despejado hace frío en Ezcaray.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

En busca del sol

Hoy me he fijado en la luna. Casi perfecta. Me ha recordado a otros anocheceres, no muy lejanos. La luna siempre me recuerda a él.
Llevo varios días evitándole. Me pregunto por qué siempre hacemos lo contrario a lo que en realidad nos gustaría hacer. En cierto modo, me encuentro un poco asfixiada. Y confusa.

No sé cuándo volveré a verle. Mi mes de octubre está movido. La última vez que estuve en Canarias volví con un tatuaje. A ver qué es esta vez. 

En realidad sólo quiero sol, playa y descanso.

miércoles, octubre 03, 2012

Cincuenta sombras de Grey

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Anoche se me hizo tarde para hablar de este libro y hasta ahora no he podido permitirme un poco de tiempo para hablar de él. 
Cuando hace una semana lo cogí, lo hacía con pinzas. La información que tenía del libro producía en mí cierto rechazo, quizás porque, aunque me habían dicho que era un best-seller que bien lo merecía, había oído también que estaba enfocado a cierto sector de la población que no se siente a gusto con su forma de vida: la mujer de mediana edad que pasa las tardes viendo telenovelas o leyendo novelas románticas que llenen ese vacío que le deja la soledad. En toda su magnitud, un público femenino que se caracteriza por sus tintes de amargura, que se lamenta día a día porque no ha cumplido sus expectativas en la vida, que se arrepiente de lo que es porque nunca siguió la trayectoria para ser lo que siempre hubiera querido ser. Así es, en realidad, como me imaginaba yo este tipo de novela. Y errada estaba. 
Estoy convencida de que el éxito del libro se debe en su mayor parte a que se toca un tema atípico. Sí, es una novela de amor, pero ese amor tiene una particularidad, y esta especialidad es una especie de tema tabú. Y esto convierte la trilogía en algo novedoso. A eso se une la descripción de cada escena de una manera tan explícita que, en mi caso, hay ocasiones en que me he obligado a parar la lectura.
Ahora bien, fuera de esa particularidad sexual (sado, bondage, bdsm, etc.), el libro no tiene mucho más.
Los personajes son previsibles, sus personalidades están definidas, aunque no tienen mucha profundidad. Si no fuera por las escenas "violentas" el libro sería una novela más, olvidada al día siguiente. El trasfondo no deja de delatar una historia romántica más, dos personajes enamorados, "tocados" por esa vertiente atípica.

Kate y Anastasia son dos amigas que están acabando su etapa universitaria. Son compañeras de piso. Kate está terminando periodismo y Anastasia, literatura inglesa. Kate ha conseguido una entrevista con el empresario que financia su universidad, pero el día de la entrevista se pone enferma y pide a su amiga que vaya en su lugar.
Así es como Anastasia se encamina a Seattle para entrevistar a Christian Grey, el patrocinador de la universidad. Lo que desconoce Anastasia es que, a medida que avanza en dirección a Grey, se abre para ella un mundo nuevo, lleno de luces y de (cincuenta) sombras.
Christian Grey es un joven empresario que aún no ha llegado a los treinta años. Es tan perfecto que, en ocasiones, deja sin palabras a la ruborizada Anastasia. La joven no tiene experiencia con los hombres, ya que nunca ha tenido novio. Es una joven que consigue impresionar al millonario, que la ve inocente, patosa, dulce...
Anastasia consigue huir con dignidad del moderno edificio donde se encuentran las oficinas de Grey. A medida que pasan los días piensa en él. Grey también piensa en ella, tanto como para ir a buscarla, conocer el mundo de la joven. Ella se enamora de él, y él le responde que no le conviene.
Es entonces cuando él le dice que, antes de nada, ha de firmar un contrato de confidencialidad. Pero el segundo contrato es algo mucho más sorprendente: habla de los extraños gustos sexuales de Christian, que aboga por el sadomasoquismo, las esposas, los azotes, las fustas y todo un conjunto de cachivaches, e incluso tiene una habitación ambientada para ir más allá de la típica relación sexual. El motivo de ese segundo contrato es establecer unos límites previamente pactados por los dos. En definitiva, Christian propone a Anastasia que ella sea su Sumisa y él su Amo.
Lo que no sabe él es que ella siente todo tipo de curiosidad, que su inocencia es fruto de que no puede comparar a algo en su vida que pueda parecérsele. Ella nunca ha estado con un hombre y quiere satisfacer a Christian, por lo que terminará cediendo. Pero ni uno ni la otra han contado con la personalidad de ella: una joven a la que cuesta acatar las normas, algo rebelde, preguntona y con carisma. Ella le dará todo, pero en el fondo le quiere cambiar, quiere sacarle de sus cincuenta sombras, quiere hacer de Christian una persona como las que ella conoce.
Sin embargo, Christian ha tenido un pasado oscuro que no se puede cambiar: su madre era una prostituta adicta al crack, fue adoptado por una familia acomodada en la que se sentía fuera de lugar, con quince años una mujer madura le introdujo en el mundo de la sumisión, y curiosamente le enderezó del camino desviado que Christian había escogido.
Hay algo mucho más oscuro y siniestro en la personalidad de Christian que aún no hemos descubierto en el primer libro. Es cierto que llega un momento en que Anastasia quiere saciar su curiosidad a ver hasta dónde es capaz de llegar Christian. Eso llevará al fin de su relación en el final del primer libro, cuando una Anastasia azotada comprende que jamás conseguirá cambiar a Christian, que en realidad es un depravado con un sinfín de problemas y que ella ya no puede ayudarle. Entonces le abandona...

Continuará... en el segundo. 

martes, octubre 02, 2012

Azul...

El día de hoy era de color azul, y no únicamente por el cielo. Recuerdo su camisa, de un azulón eléctrico. No recuerdo esa camisa, seguro que es nueva. Estaba guapísimo, divino, adorable. He sentido su magia, me he sentido hechizada. Ese momento de él... Tan indescriptible.
Y a la vez tan fugaz. 

El aura mística

Hay algo de místico en ese momento en que comprendo que él está tan cerca. Decepción si soy consciente de que no está. Hoy... ha sido diferente. Caminaba hacia el coche y mi corazón se encontraba en un puño. Si me lo hubiera encontrado, seguramente le hubiera dicho que nos fuéramos a tomar algo. Tengo ganas de él. Tengo ganas de nadar en las profundidades de esa mirada perfecta. Ansío escuchar su voz... Hoy podría haberle llamado, pero no lo he hecho. Ahora que puedo hablar siempre que quiera con él siento que si esto ocurre a menudo, o si le veo a menudo, parte de la magia desaparece. Así que esta tarde, aunque me moría de ganas por tomar algo con él, por volver a aparcar, por dibujarle un corazón en la luna de su coche... también he pensado que es mejor que no nos veamos tanto.
También he reprimido esa vocecita interior que me decía que le escribiera, que hace mucho tiempo que no lo hago. No sé. Me llevaré el portátil en mis vacaciones. Le escribiré, seguramente. Sólo que escribirle y que lo reciba y escribirle y que nunca lleguen mis palabras a él son dos cosas diferentes. Esta vez debería decirle algo. Debería decirle que se venga conmigo. Lo de navegar con él me pone los dientes largos... Nos terminaríamos hundiendo: él perdería el control del barco. 

lunes, octubre 01, 2012

¿Dónde está el cariño?

Hace unos días tuve una conversación telefónica que me hizo pensar. A veces deberíamos tener prohibido comernos la cabeza.
Me dijeron exactamente que doy la sensación de necesitar cariño. A veces, reconozco que es así, sobre todo cuando en ciertos momentos o por circunstancias variadas necesito que me abracen.
Pero no cualquier abrazo. Necesito un abrazo de él.
Me pregunto qué habrá hecho este fin de semana. Como no salí ayer, no le he visto.

Debo ir a descansar, que mañana es lunes. Y octubre ya. Se acerca el invierno.

domingo, septiembre 30, 2012

Demasiado explícito

¡Diablos! Ahora entiendo que sea tan bien acogido por mujeres de mediana edad. Va de bondage y bdsm, dominación y sadomasoquismo, la teoría del Amo y la Sumisa, pero es todo tan explícito... Es increíblemente explícito. Estoy enganchada. Ciertamente no me esperaba esto. 
No he salido porque con tanta lluvia no me apetece salir, y mucho menos conducir. Así que me he quedado leyendo. Me pregunto cuánto tiempo me llevará leerme esta trilogía. 

sábado, septiembre 29, 2012

Tanto de él

Mañana me espera un día larguísimo, pese a que es sábado. 
Y son las dos de la mañana. No importa. Mañana a esta hora estaré, seguramente, cerca de él.

Me pregunto cuál es esa fuerza que me ha llevado a llamarle esta tarde, sabiendo que iba a cogerme el teléfono él, a volverle a llamar una segunda vez, para que finalmente tuviera que pasar con el coche. Guapísimo. 

Hacía días que no le veía. Es tan adorable. 

Está lloviendo sin parar. Mañana tendré que echarme una siesta antes de marchar por la tarde. No quiero ni pensar el día que me espera mañana. Tedioso. Es mejor no pensarlo.

Ahora, sin embargo, es un buen momento para sumergirse en el mundo de los sueños.

viernes, septiembre 28, 2012

Las horas oscuras

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Las horas oscuras es una novela que nos lleva a leyendas celtas. Siempre desde un ámbito fantástico, el argumento de esta novela se sitúa en la Irlanda medieval, concretamente en el condado de Clare. El personaje principal, y enigmático además, es un monje de origen hispano, llamado Brian de Liébana, que recala en las costas irlandesas con el fin de reconstruir el monasterio de San Columbano, que se encuentra en ruinas desde que unos años antes fuera atacado por los vikingos y se convirtiera en pasto de las llamas. En torno a las ruinas del viejo monasterio circulan muchas leyendas, como que un monje ronda las piedras ennegrecidas, el supuesto fantasma de Patrick O'Brien, el antiguo abad cuyo cadáver nunca fue encontrado.
Algo que no pasará desapercibido para cualquier lector es la coincidencia de los nombres (Brian de Liébana y Patrick O'Brien), coincidencia que no será finalmente cosa del azar. Esta similitud nos lleva a suponer que Brian de Liébana tiene un fin oculto, aparte de reconstruir del monasterio de San Columbano.
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Condado de Clare, Irlanda

Brian aparece solo en Irlanda, con un baúl repleto de libros y pergaminos. Uno de esos libros es el Códice de San Columcille, un libro poderoso que unos seres perversos y oscuros desean destruir a toda costa.
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Strigoi

El rival oscuro de Brian es Vlad Radú, del grupo de los Scholomantes, más conocidos como strigois, que vienen a ser una especie de vampiros modernos que aprenden su ideología en el corazón de Valaquia. Se trata de seres malvados que aplacan su sed con sangre humana, desechan las ideologías de la Iglesia y desean poseer el saber y conocimiento, desean esos libros de magia oscura y de control de los sentidos humanos, que es lo que les da fuerza. Son seres siniestros que, de alguna manera, poseen el alma humana a través de su hipnótica mirada.
Brian de Liébana es invitado al castillo de Cormac O'Brien, el señor que reina en estas tierras y hermano del difunto abad Patrick O'Brien. En un banquete, Brian conoce a Dana, una prostituta que ha ido a reclamar a su hijo desaparecido. Brian decide salvarla y llevarla con él al monasterio. Ella teme a los hombres y le cuenta su historia. Él es un hombre célibe que tiene que reprimir su deseo de yacer con una mujer. Los dos son alabados y bendecidos por los druidas del bosque, que consideran que deben estar juntos.
Cuando llegan el resto de los monjes benedictinos, Dana considera que es el momento de irse, sobre todo cuando conoce al intimidante hermano Michael.
Sin embargo, entre Dana y Brian se ha creado un vínculo muy fuerte, en parte por las semejanzas de sus historias personales, pero sobre todo porque se han enamorado.
Tendrán que pasar por pruebas muy duras, para finalmente enfrentarse a Vlad Radú, pero esas pruebas conseguirán unirlos mucho más. Brian no es otro que el verdadero heredero del trono de Clare, hijo del difunto Patrick O'Brien, que ha regresado a Irlanda a reconstruir su pasado.
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Druida

Me ha gustado, quizás porque todo lo que tiene relación con la cultura de los celtas siempre me ha llamado la atención.

jueves, septiembre 27, 2012

De jueves

No puedo entrar en una librería porque siempre salgo con una novela, como mínimo, en las manos. Hoy ha sido una trilogía, la trilogía de la que habla todo el mundo, o todas las mujeres maduras que ven las telenovelas en casa después de comer. Estoy convencida que, aunque Cincuenta sombras se ha convertido en un best-seller, no me gustará. Últimamente están de moda las novelas enfocadas a las mujeres maduras que no encuentran su sitio, el sentido a lo que hacen con sus vidas, donde todo se tilda de una amargura que deja leer entre líneas "esto es lo que quería para mí y en esto me he convertido". Y esa amargura que viene pareja con este tipo de novelas no me gusta. 
Dejando aparte esto, la novela invita a la reflexión, hace pensar. Y esto es lo que me ha impulsado a llevármela de la librería.

Anoche no conseguí terminarme de leer el otro libro. Me quedé dormida. El medicamento para el catarro consigue que por las noches duerma de un tirón y que por las mañanas camine grogui. En estos momentos estoy algo mareada. 
El otro libro se ha quedado encima de la cama esta mañana. Cuando venía en el coche, he recordado ese momento, he mirado a un lado y el libro no estaba. Ya no podía echarme para atrás. Al mediodía necesito un libro para leer mientras estoy en la peluquería, donde no me interesa la prensa rosa ni los cotilleos que se cuentan entre secadores.

Por otro lado, se ha acabado mi trayectoria en Kingdoms of Camelot. Me gustaba el juego por su parecido a oGame en lo tocante a la estrategia, pero es la segunda vez que se cuelga cuando voy a acceder. Tras un rato en el foro leyendo el sinfín de errores que existen en el juego, la ausencia de respuestas por parte de los moderadores y, en definitiva, las críticas sobre la mala gestión y la nula resolución de problemas, he optado por no intentarlo más. No lo dejo porque no me guste, sino porque no me gustaría que, pasado el tiempo, con más infraestructura y demás, me ocurra que no puedo entrar. Así que lo dejo. Intentaré acceder en los dos próximos días y si no puedo, eliminaré la aplicación.

Es jueves. Los jueves suelen ser propicios para encontrarme con ese ángel de mirada perfecta. Seguro que está guapo.

miércoles, septiembre 26, 2012

Miércoles de otoño

No podría pasar esta tarde sin haber echado una cabezada. Cuando las tardes libro me gusta salir a pasear al bosque, sobre todo ahora que los colores cambian. Sólo que hoy me he terminado medicando y el antibiótico me ha dado sueño.
Se sobrelleva. 

Esta noche me he propuesto terminar un libro. Un libro que me está gustando mucho, del cual ya quiero conocer el desenlace, aunque siempre ralentizo los finales para que duren más.

martes, septiembre 25, 2012

Carpe Diem

Lo mejor de los martes (y de los miércoles) es que no trabajo por las tardes. A una hora del final de jornada... aún siento los excesos del fin de semana.
En estos momentos es cuando siento que he envejecido, que la edad no nos ofrece aquel aguante que teníamos hace unos diez años.

Adoro el otoño, quizás porque es la estación que más invita a escribir, la época en que más ganas tengo de dejarme llevar por los sueños, aunque soy consciente de que también es la antesala del invierno. Y el invierno es... prefiero no pensar en el invierno. Ya llegará.

Últimamente he pensado más que nunca en el Carpe Diem. Aprovecha el momento. El sábado por la tarde tomábamos unas cervezas en una terraza y una amiga habló de que el lunes tenía que volver a trabajar después de las vacaciones. Recuerdo que le respondí que mejor hacía si pensaba en la cerveza que nos estábamos tomando y los cacahuetes que había en un plato, que para más inri le dije que tuviera cuidado que son afrodisíacos. Porque, al final, el lunes es para todos, pero ya ha pasado.
Es que siempre nos estamos lamentando por momentos del pasado que fueron mejores o por lo que llegará, sin tener en cuenta que el mejor momento es el momento presente. Creo que mi dosis de felicidad diaria es ahora, cuando me encuentro sola en la oficina, cuando soy consciente de que aún me llegan las reminiscencias del último fin de semana, cuando disfruto con lo que hago (y algunas cosas de mi trabajo no me gustan, pero al final esto no me paro a pensarlo). En dos horas, o tras la siesta si es que me tumbo luego, seguramente volveré a encontrarme feliz. Y esos momentos hacen que el día sea siempre perfecto. Mañana ya habrá pasado.

Cuando estuve en Tokio llovía el día que nos fuimos a ver el Palacio Imperial, el mismo día que hicimos el crucero por el río Sumida. De hecho, estuve en plena época de lluvias, así que la lluvia aparecía cuando menos lo esperabas y al día siguiente hacía sol desde las nueve de la mañana. Había comprado un paraguas transparente que, como siempre me ocurre, terminé perdiendo allí, en una estación de metro del centro (en Shinjuku creo que fue). El guía era un japonés que ya rozaba los setenta y que en la punta del paraguas llevaba un pez azul de plástico. Después de la comida, empezó a llover de una manera terrible. Coincidí ese día con dos amigos, uno colombiano y otro estadounidense, que iban con sus hijos. Uno de ellos muy moreno y de ojos negros y pelo rizado; el otro muy rubio y con ojos azules. Los hijos eran adolescentes y réplicas exactas de sus padres. El colombiano, que llevaba años viviendo en USA, se puso a hablar conmigo. En cierto momento me quejé del tiempo. No hay nada más molesto que estar de viaje y que se ponga a llover a cántaros. Entonces él me dijo: "El tiempo siempre es el que tiene que ser". Después de eso, nunca he vuelto a quejarme del tiempo y recuerdo exactamente las palabras del colombiano.

Lo del Carpe Diem viene a estar en consonancia, el minuto más importante es ahora. Lo malo es que nos pasamos media vida pensando en el futuro y recordando el pasado.

Mi padre dice que nunca seremos más jóvenes de lo que somos ahora. ¡Cuánta razón tiene! Así que cuando espoleo y viajo a la otra punta del mundo, sin esperar a nadie, es normal que en mi mente piense que llegará un día en que no podré hacerlo. Seguro que buscaré otros sucedáneos que me harán igualmente feliz.

Hoy no sé qué me pasa. Físicamente aún me encuentro cansada, pero moralmente estoy casi tocando el cielo.

lunes, septiembre 24, 2012

Otoño



El otoño invita a romanticismo.

A veces me siento más enamorada que nunca. Hoy no sé... Cuando he visto que él seguía... cuando me he parado a hablar con alguien cerca de su coche y alargaba los minutos a ver si aparecía...
En otoño pasearía con él pisando miles de hojas. 
A veces es mejor que no me encuentre con él. Así incluso llego a echarle de menos. Y en realidad le echo de menos.

domingo, septiembre 23, 2012

Un fin de semana largo

No estoy para muchas historias. 
Me ha despertado un vasco que se ha metido a la cama donde yo estaba durmiendo. Interesante. Dormían en el mismo lugar que nosotras, estaban también de despedida y nos han invadido las habitaciones. Aunque ha sido cuestión de minutos, y menos mal, porque lo único que me apetecía era seguir durmiendo, aunque después ha sido imposible.
Anoche fue un desmadre. Conocí a tanta gente que es imposible acordarse de todos. De uno sí que me acuerdo. Lo malo es que era demasiado joven. Supongo que le terminaré escribiendo, era bastante majete.
¿Dónde terminé la noche? ¿Cómo llegué a la cama? Hay ciertas lagunas en mi cabeza. 

También recuerdo un momento de máxima exaltación. Cuando mi móvil parpadeaba en rojo. Y empezó a latirme el corazón. 

En definitiva, no entiendo a los hombres.

El fin de San Mateo significa que el verano, ahora sí, ha llegado a su fin.

sábado, septiembre 22, 2012

Antes de marchar

En un rato desaparezco del mapa durante más de un día. Tengo ganas de fiesta a tope con mis amigas. En unos minutos me iré, y creo que va siendo hora de apagar el portátil. No sé cómo volveré mañana. 

viernes, septiembre 21, 2012

Dónde estará...

Llevo cuatro o cinco años que no piso Logroño en fiestas. Simplemente me agota tanta gente, como me agotan, en definitiva, las festividades de cualquier ciudad. Demasiada gente. Media hora (o más) para pedir una copa. Jaleo. Las plantas de los pies casi en carne viva al ir a dormir.
Este año no me queda más remedio que ir, ya que estaremos de despedida y me he comprometido. Además quiero estar en la despedida.
Pereza me da por la gente. Por otro lado, no me quedarán ganas de ir a San Mateo hasta dentro de varios años. 

Después... llega de nuevo la rutina, la tranquilidad. Los encuentros casuales con él. En los últimos meses, desde que hicimos las paces, me he puesto en contacto con él varias veces. He quedado con él en numerosas ocasiones. Y ahora que es tan accesible he perdido el interés. Me pregunto si él irá a Logroño este fin de semana. Seguramente no. Mucha gente huye del sábado de San Mateo. Incluso yo huiría si no tuviera una despedida.
De no atreverme a marcar su número de teléfono he pasado a llamarle siempre que tengo una mínima duda, y él siempre se ha mostrado afable. Algo ha cambiado. Quizás hay más seguridad, un incremento de la confianza, la complicidad que existe desde hace varios meses. 

Le admiro de una manera diferente. Creo. Porque le sigo admirando, pero me da la sensación de que le conozco desde siempre. Y creo que por su parte también hay cierto afecto que antes no existía. No me atrevería a decir que hay algo más por su parte, porque eso se lo tendría que preguntar. Pero he descubierto que cuando me mira y le miro hay un pedazo de felicidad, sé que le brindo cierta alegría, quizás porque sabe que yo siempre estoy de su lado. Quizás porque sabe que le quiero con locura. 

Vuelven las ganas de compartir con él todo. Aún no le he dicho que me voy a Lanzarote a mitad del mes de octubre. De Tenerife le traje un lagarto de cristales, si la memoria no me falla. Lo mejor de traerle algo es explicarle la historia, por qué un lagarto y no otra cosa... No me deja traerle nada de los viajes, pero siempre me salgo con la mía.

jueves, septiembre 20, 2012

Tan cerca...

Siempre está cerca, pero nunca le veo. Aparcaba al mediodía, y he aparcado cerca de su coche, pero él ha brillado por su ausencia. Seguro que ha sido cuestión de minutos.
No sé por qué me quejo, ya que podría llamarle y hablar con él. Recuerdo que al principio buscaba cualquier excusa. Ahora no lo necesito, y sé que si sigo pensando en ello terminaré descolgando el teléfono para preguntarle qué tal está.

Guapísimo seguro. Y adorable. 

Caminos que se cruzan


He tocado el cielo con las yemas de los dedos, me he arrastrado por el barro en las circunstancias más adversas, incluso he volado sin alas en las situaciones más inimaginables. Pero por muchos extremos que busque nunca he abrazado felicidad tal como la que ahora me inunda. 

Me pregunto si le veré hoy. Es jueves. Los jueves el azar siempre nos lleva por caminos que se terminan cruzando.