domingo, febrero 05, 2012

Emociones intensas

Anoche me hubiera gustado salir. Me apetece verle, encontrarme con él. Anoche me quedé dormida imaginando sus brazos alrededor de mí y la sensación era muy agradable.
No me gustan estos días tan fríos, como nunca me han gustado el frío ni la nieve, pero recuerdo lo que me dijo una persona una vez cuando me quejé de la lluvia tokiota: "El tiempo siempre es el que tiene que ser, sólo que nosotros nunca estamos conformes". Tenía razón: si hace sol nos quejamos del calor, si nieva nos quejamos del frío, cuando llueve nos quejamos de las gotas de lluvia, cuando hace viento nos molestan las ráfagas de aire que nos azotan el rostro. Es febrero y está nevando todo lo que no nevó en los meses anteriores.
Se me hacen muy grises porque no me encuentro con él, porque le echo de menos, y hace días que no le veo, que no miro a esos ojos que contienen todo lo mejor del mundo, echo de menos esas emociones de un minuto que consiguen tocarme el alma.

Le amo, le amo con locura.

sábado, febrero 04, 2012

No ha parado de nevar

Me apetece salir, verle, escuchar su voz, perderme en su mirada perfecta, tocarle el pelo, disfrutar de unos minutos con él...
Pero hoy no puede ser. Tal y como está la noche, el suelo, la carretera y todo es preferible quedarse en casa. Anoche ni siquiera me di cuenta de que me había quedado dormida antes de medianoche. Al menos me había puesto el pijama, pero de madrugada sentía que el frío se filtraba por algún hueco, ya que me encontraba tapada únicamente con el edredón, por lo que he tenido que deshacer la cama, casi entre sueños, para dormir mejor.

Me apetece verle, pero tendrá que ser otro sábado que no tenga nieve.

"Colombiana"

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La tarde invernal invita a ver películas. Aunque mejor sería verlas junto a un ángel. Me he tapado hasta la nariz y he visto la película de "Colombiana", un poco elegida al azar entre el listado de películas que aparecen en el iPad. Se me eriza la piel con sólo imaginar una tarde de cine junto a él, tapada hasta la nariz y sintiendo su piel tan cerca. Entonces no sé si veríamos muchas películas, pero me gusta imaginar una situación así.

"Colombiana" es una película de acción, que trata de una venganza personal, donde se mezclan las mafias colombianas con los sobornos a la CIA americana, pero en esta película se conjuga a la perfección esa máxima que dice que "la venganza se sirve en plato frío", pues habrán de pasar varios años para que esa venganza, trazada a la perfección, tenga lugar.
La película es entretenida.

Cataleya es una niña cuando ve el terrible día en que ve con sus propios ojos cómo los hombres del mayor mafioso de Bogotá, D. Luis, asesinan a sus padres. Consigue escapar de ellos y utiliza todos los instrumentos que le ha dado su padre, antes de morir, para "comprar" un pasaporte para Estados Unidos. Allí consigue escaparse de la policía que la custodia para ir en busca de su tío y de su abuela, que viven en Chicago. Nada más llegar, le dice a su tío que le enseñe a ser una asesina a sueldo.
Han pasado los años, Cataleya (Zoë Saldana) se ha convertido en una mujer muy escurridiza. Ha cometido 22 asesinatos y las víctimas siempre aparecen con un dibujo en el pecho. Nadie sabe qué significa, hasta que el agente del FBI, James Ross (Lennie James), descubre que el dibujo es una "cattleya", un tipo de orquídea que crece en el Amazonas, y que coincide, además, con el nombre de la asesina que están buscando. 
Sólo cuando el FBI decide publicar el dibujo en los periódicos es cuando llega a su verdadero destinatario: D. Luis, que decide ir a atraparla a Chicago. Ella conseguirá vengarse y escapar, consiguiendo al final cerrar el círculo.

viernes, febrero 03, 2012

Noches blancas

Venía muy despacio por la carretera. Los copos de nieve chocaban contra el cristal y apenas me dejaban ver. Venía atemorizada, porque aunque no hay hielo no me gusta conducir con nieve. Era consciente de que lo peor estaba llegando a mi pueblo: en el empalme, en la curva, en el momento de meter el coche. Y es que las calles de mi pueblo ya se encontraban blancas.
Pero mi mente venía aferrada a una imagen, al coche de un ángel aparcado muy cerca, al anhelo de dibujarle un corazón en medio de los copos de nieve que cubrían la luna trasera de su coche. Tan cerca...
Le echo de menos. Echo de menos su mirada repleta de tantas cosas buenas, echo de menos la magia que desprende su presencia, echo de menos esa voz tan sensual y la sabiduría de las cosas que dice.

Cuando he quitado el contacto del coche he suspirado. Por fin estaba en casa.

Nunca digas nunca jamás

Hay una pregunta en el Trivial que dice qué significa "Nunca digas nunca jamás". Es una definición del amor. Es conciso, define en unas pocas palabras algunos sentimientos casi imposibles de definir.
Le echo de menos. Muchísimo, demasiado, mucho más de lo que podría llegar a imaginar. Echo de menos su voz, sus manos, sus ojos, su sonrisa, su... todo. 
Podría pasarme sin cualquier cosa, pero no podría pasarme sin él. En cuanto pasan unos días sin él, siento un nudo terrible en la boca del estómago.

Es tarde. Es un buen momento para abrazar la almohada, para imaginar que le abrazo a él, para soñar con sus besos, sus caricias, su voz sensual. 

jueves, febrero 02, 2012

La nieve sólo sería perfecta junto a un ángel


La nieve está bien siempre que se vea a través de la ventana, como ahora. Sabiendo que está helando pero yo me encuentro al abrigo de los muros de casa, junto al calor que llega desde un radiador cercano.
La única manera que existiría para que me gustara la nieve es si caminara junto a él, en esa calle solitaria, vacía, silenciosa. Y aun así, preferiría estar abrazada a él frente a una chimenea mientras nieva fuera o con el edredón hasta la nariz escuchando al lado su respiración.
Esta tarde he estado hablando con alguien cercano a él, alguien que posiblemente esté con él ahora. No me atrevo a preguntarle. Esa pregunta siempre se queda silenciosa en mis labios, aunque me gustaría saber de él. 

Vuelve a nevar


En Ezcaray ha empezado a nevar otra vez.

Tanta nieve

No me gusta la nieve. Al menos no cuando me impide hacer algo. La nieve está bien si puedo mirarla a través del cristal y no tengo que salir a la calle a hollar mis pisadas sobre el blanco suelo. 
Y lo peor es que hoy me tocaba venir a Ezcaray, que si SD está nevado... de Ezcaray ni hablamos.
El coche se ha quedado en casa y he podido deleitarme con el paisaje a medida que veníamos a Ezcaray.
Vaya frío.

Y amanecer al sol

Daría un mundo por abrazarle y quedarme dormida junto a él, compartiendo los sueños, esos sueños por los que él me preguntó una vez y sobre los que no respondí. Daría un mundo por amanecer al sol, a su vera, perdida en su mirada perfecta.
Y echo de menos los momentos de magia. Adoro cerrar los ojos, antes de que avance el sueño, para imaginar que él duerme, para recordar su rostro perfecto, su mirada cargada de tantas cosas bellas, la suavidad de sus dedos de artista.
Es que le echo de menos. Y le quiero tanto, tanto, tanto...

Es un buen momento para ir a dormir.

miércoles, febrero 01, 2012

Cosas del miércoles

Esta tarde deseaba escribir, pero era imposible. En cuanto me he echado a leer me he quedado dormida. Quizás tenía sueño atrasado, ya que las últimas noches me han dado las dos de la mañana, pero es cierto que en cuanto me entra el sueño duermo profundamente hasta que suena el despertador. 
La última imagen antes de cerrar los ojos era él, perfecto, angelical, adorable. Llevo varios días sin verle y ya estoy echándole de menos.
Esta mañana no estaba en el café, sólo faltaba él. 

Me encuentro leyendo un libro de mil páginas sobre Roma que me tiene muy enganchada. También han colgado hoy los módulos del segundo cuatrimestre. Apenas hemos tenido tiempo de descansar tras el examen y ya estamos en la recta final. ¡Qué ganas de terminar! Y luego está el viaje a Madagascar, que ya me han mandado varios trípticos sobre la gran isla africana.

Comenzando el mes

Esta noche volvería un mes atrás, regresaría con los ojos cerrados a la madrugada del 31 al 1, para revivir de nuevo cada instante junto a él. Que cada vez que lo rememoro me dan escalofríos, se me eriza la piel, me entra una felicidad difícil de describir. 
Ha pasado tan sólo un mes y parece que aquella noche transcurrió hace siglos... Quizás se deba a que el mes de enero siempre parece más largo que el resto de los meses del año, pero también porque he intentado distanciarme de él después de aquella noche. No sé por qué, porque cuanto más intento alejarme más cercano le siento. A veces me siento como si me encontrara dentro de un hechizo. Últimamente le he vuelto a ver y he comprendido lo largas que han sido las semanas sin él, lo mucho que le he echado de menos, y ahora tengo claro que no tengo fuerza de voluntad para alejarme de él durante mucho tiempo ni a muchos kilómetros de distancia, porque él siempre estará cerca, tan cerca como lo está mi corazón, porque él siempre está ahí. Le quiero tanto que está tan cerca que a veces no me doy cuenta de esa proximidad.

Hoy también me he marchado antes que él. Aunque no me encuentre con él, sé que él está a unos pocos metros de distancia. Cuando veo su coche a veces siento que tengo que decirle algo, aunque sólo sea para recordarle que a veces pienso en él, pero mis últimas palabras fueron que sólo me pondría en contacto con él por motivos de trabajo. Por una vez, cumpliré lo que le dije, aunque no sé, cada día me cuesta más no decirle nada. 

En febrero se celebra el día de San Valentín. Para mí todos los días son 14 de febrero. Es una pena que no los comparta con él. Si el día me concediera un minuto de la noche con él le cubriría a besos y me perdería en esa mirada perfecta. Me muero por besarle.

Debería ir a dormir, que luego me cuesta despertar. Aunque últimamente he recuperado mis sueños, esos sueños donde siempre aparece él, y que consiguen que el día siempre amanezca más azul y que todo lo que me rodea tenga algo especial. Pero en ese decorado siempre estoy anhelando la magia, y esa magia siempre llega con él. Sí, es un buen momento para escabullirme en esos sueños donde siempre aparece él...

martes, enero 31, 2012

La cuesta de enero

Está acabando enero.
Empezó con magia y termina con magia. Pues no hay nada como ver la luz del sol, como comenzar el año, junto a un ángel de mirada perfecta, observando en sus ojos la nobleza, la honradez, la inteligencia, la dulzura. Así empezó enero, con una embriagadora (y nunca mejor dicho) compañía que siempre tiene una sonrisa perfecta.
Desde entonces parece que han pasado años. Siempre he pensado que enero es el mes más largo del año, siempre me da la sensación de que ocupa largas semanas que parece que nunca quieren acabar. Terminado enero, a un paso tenemos la primavera (cada vez más cerca).
Este mes, además, ha sido un mes doloroso, un mes de pérdida. Una pérdida siempre es dolorosa. Sabemos que puede ocurrir, pero los seres humanos nunca estamos preparados para cuando esa pérdida acontece. 

Debería ir a soñar con ese ángel de mirada perfecta que hace que todos los días tengan magia.

Siempre está cerca

Eran más de las nueve y media de la noche cuando me dirigía al coche. Hoy se me ha hecho demasiado tarde en la oficina. Caminaba, mientras el eco de mis pasos sonaba en los rincones huecos de algún lugar más alejado. Entonces he visto su coche. En momentos como ese, con tanto frío, tan tarde, dan ganas de sacar el móvil sólo para recordarle la hora.
Él siempre se queda hasta más tarde. El hecho de saberle tan cercano me agrada, por la proximidad, pero también me eriza la piel, por la hora, por el frío, por las caricias que le regalaría en ese momento, por una invitación a cenar, por volverle a acariciar el rostro, la espalda, por volverle a coger de las manos una vez más, por mirarle intensamente a los ojos, por... preguntarle cuáles son sus sueños.
Si hubiera aparecido en ese momento, ¿qué le hubiera dicho? ¿que hiciéramos alguna locura como irnos a cenar juntos, sin pararnos a pensar quién nos esperará en nuestras casas? ¿me hubiera quedado callada ante la posibilidad de la aparición casi incontrolable de ese deseo de él, para que no me hubieran delatado los temblores de mi voz? ¿hubiera saludado sin más...? 
¿Qué tipo de magia hace él para que todo a mi alrededor sea tan perfecto, para que repentinamente haya regresado la magia con sólo mirar sus ojos durante unos minutos esta mañana, para recordar su sonrisa perfecta que siempre me hace sonreír?

Tanto le quiero...

lunes, enero 30, 2012

El minuto más sublime

Estaba en la calle charlando, cuando de repente he mirado hacia el fondo. He sentido que el corazón me empezaba a latir muy fuerte y he sentido que el coche que venía no era sino él.
Ese ángel de mirada perfecta, guapísimo, adorable. Estaba hablando, pero mi mirada no podía apartarse ni tan sólo un segundo de él, es como si en ese minuto me encontrara hechizada, magnetizada por su magia, por su encanto.
Los días en que le veo siempre son más azules, más bellos, más mágicos, más perfectos.

Es adorable.

Tanta magia en un par de minutos

Reconozco que, en los últimos días, apenas he escrito, quizás debido a las circunstancias extraordinarias en las que me he encontrado inmersa. Sobre todo, emocionalmente. 
Lo cierto es que esta noche echaba de menos ese momento antes de dormir en que siempre dedico unos minutos de pensamiento a un ángel. Me pregunto si ya estará durmiendo. A veces, me gustaría susurrarle al oído que duerma bien. El jueves volví a verle y volví a sentirme tocada por su magia. ¿Qué milagro hace él que, siempre que aparece, todo lo que me rodea siempre está dotado de una perfección sin igual?
Ni mil millas de distancia ni mil días sin él conseguirán eclipsar ese tipo de magia que sólo viene con él. Al volverle a ver me sentí de nuevo hechizada, me pregunté cómo había podido aguantar tanto tiempo sin mirar a esos ojos angelicales, sin sentir la dulce caricia de su magia. El jueves comprendí todo lo que le había echado de menos. 
Le quiero tanto...

Me voy a soñar con él.

domingo, enero 29, 2012

La emoción que resurge

He empezado a escribir el editorial de la próxima revista. Con dos párrafos me he emocionado tanto que he considerado necesario reanudarlo en otro momento de la próxima semana. Además, tengo que documentarme con las revistas posteriores a 1989. Es preferible escribir un poco cada día de ese editorial, porque aún está todo muy reciente. Y ver las revistas de los últimos años me trae recuerdos vivos de mi tío.
Hace una semana aún estaba con nosotros. Es doloroso. 

Hoy ya he sabido dónde reposarán sus cenizas. Con toda razón decía que cuando paseáramos hasta la ermita nos acordaríamos siempre de él...

Amanece blanco

Esta mañana ha amanecido blanco. Pero la nieve de enero no se mantiene durante mucho tiempo. Creo recordar que anoche me quedé dormida y que, en cierto momento, entró mi madre a decirme que apagara la luz, mientras el perrito ladraba en plan protector. Me sumí en la oscuridad y seguí durmiendo. Esta mañana me ha costado levantarme. Pensaba en él, en lo magnífico que sería dejar nuestras huellas sobre la nieve inmaculada. Pensaba en él, como hacía tiempo no pensaba. Ha vuelto a aflorar el deseo de él, el anhelo de sus caricias, de sus besos, de sus palabras, de su mirada. Me imaginaba cómo hubiera sido encontrarse con él anoche, en caso de que hubiera salido. Me pregunto si seré capaz de llamarle mañana o le diré a alguien que lo haga por mí. 
Le echo mucho de menos. 

El viento en los sauces


El viento en los sauces es, sin duda alguna, un libro para muchachos, donde los protagonistas son animales, a modo de las antiguas fábulas de Esopo y Samaniego, que siempre llevaban consigo una moraleja que tocaba aspectos serios de la vida. Aquí no tenemos una moraleja al final, pero sí es cierto que el libro en sí mismo es como una larga fábula que, entre líneas y a su modo, nos da una lección moral. 

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Un día, el Señor Topo decide salir de su madriguera en las profundidades de la tierra para conocer el mundo, donde para él todo es nuevo: el río, los árboles, el bosque, el Mundo. Sobre la tierra conoce al Señor Ratón acuático, que tiene su madriguera junto al gran río, sin el cual no podría vivir. El Señor Topo resulta ser un animal astuto, silencioso, observador, que nunca da un paso equivocado, mientras que el Señor Ratón, que le enseña la vida ahí arriba, es un animal charlatán, que disfruta con las cosas de la vida, pero teme lo desconocido (el bosque, el Mundo), que acepta con pasividad todo lo que tiene alrededor, pero con una enorme energía positiva que contagia a los demás. Después de pasar unos días en casa del Señor Ratón, el Señor Topo siente curiosidad por las cosas desconocidas, así que un día se adentra en el bosque y se pierde. El Señor Ratón, pese a todos sus temores, se cargará de armas para ir en busca de su reciente amigo. Y terminan en casa del Señor Tejón, que es uno de los animales más tímidos, pero también el más cuerdo de todos y, por tanto, terminará siendo el líder indiscutible del grupo, dando órdenes que nadie se atreve a no acatar.
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Allí descubren los rumores sobre el Señor Sapo, que es un animal riquísimo y que hace locuras que les traen quebraderos de cabeza a sus amigos. Así que deciden ir a la mansión del Señor Sapo, que lleva muchas semanas destrozando automóviles, por su afán por conducir a lo loco. Los tres amigos le encierran en una habitación hasta que se le pase ese momento de locura, pero el Señor Sapo consigue engañarlos y escaparse por una ventana. Cuando una noche está cenando en una posada, escucha el dulce sonido de un automóvil rojo, que termina robando. Cuando le encuentran, le someten a juicio y le envían a una celda de donde jamás podrá escapar. La hija del carcelero se compadece de él y le ayuda a escapar, disfrazado de lavandera. La vuelta a casa del Señor Sapo es una odisea, pues se monta en un tren junto al maquinista, una lavandera rechoncha le acoge en su barca y luego le tira por la borda al canal sobre el que están navegando, el Señor Sapo le roba el caballo a la lavandera y se lo vende a unos gitanos y, por fin, termina junto al agujero de la casa del Señor Ratón.
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Después de unos días, el Señor Ratón, el Señor Tejón y el Señor Topo le confiesan al Señor Sapo que no puede regresar a su casa, porque ha sido ocupada por animales del bosque: comadrejas, armiños y hurones, que están fuertemente armados y no le dejarán entrar, mientras en el interior se dan una vida regalada. Trazan un plan, porque el Señor Tejón conoce un túnel secreto que les llevará hasta la despensa del mayordomo de la mansión, desde donde podrán echar a los usurpadores de la morada. Mientras, el Señor Topo, disfrazado de lavandera, se acerca a los armiños que hacen de centinelas, para sembrar el terror entre ellos, que terminarán huyendo atemorizados. Finalmente, el señor Sapo parece haber comprendido que el orgullo y la soberbia no le llevarán a ningún sitio y, a instancias de sus amigos, celebra un banquete donde invitan a los habitantes del río en conmemoración de su curación. 

El origen del libro 
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Un día, el hijo de Kenneth Grahame, de cuatro años, lloraba desconsoladamente. Su padre le prometió que le contaría todos los cuentos que quisiera, si el niño elegía los protagonistas. Durante muchas noches de narraciones, Grahame fue forjando el largo cuento que aparece en este libro, publicándose por primera vez en 1908. El libro contiene muchos símbolos: lo desconocido que representa la libertad, el río y sus orillas que representan la seguridad de lo conocido, etc. En sus más de doscientas páginas se ensalza el valor de la amistad. Sus protagonistas disienten entre quedarse en la seguridad de la orilla del río o buscar las aventuras en el mundo desconocido que está más allá del bosque.

sábado, enero 28, 2012

Qué será esta noche

Hoy ha sido uno de esos días que son muy largos. Por una parte, me apetece salir a despejarme después de una semana terrible, demasiado intensa como para meterla en unas pocas palabras. Por otra parte, sólo con pensar que podría encontrarme con él se me pone un nudo en el estómago y siento nervios. En realidad, una parte de mí desea verle, escucharle, mirarle... pero aún me sigue dando apuro, incluso después de haberle visto hace dos días.
En realidad, debería salir a tomar dos cervezas, porque si me quedo los recuerdos llegarán de nuevo.

Es posible que me quede en casa, que hace demasiado frío esta noche. Aunque me apetece verle... 

viernes, enero 27, 2012

¿Qué queda después...?

No creo que salga este fin de semana. Mi padre dice que lo que ha ocurrido ya no tiene vuelta de hoja y tenemos que seguir viviendo, haciendo nuestras vidas. Pero me cuesta. Los recuerdos son muy intensos, aún no me lo creo, incluso después de todos estos días. Sin embargo, mi moral no está para salir estos días. 
Tengo que esbozar el editorial, ahora que los recuerdos son tan vívidos, que todo es tan reciente.
Hay días que, de repente, me encuentro llorando, recordando los buenos momentos de mi tío, todo lo que aprendimos con él, todo lo que sabía, sus lecciones de vida y de latines, de solfeo, de mecanografía, de política... 
De repente, me desmorono porque los recuerdos me desbordan, y aparece el dolor por el sentimiento de vacío, el pensamiento de ser consciente de que ya no le veré más.
Estos días me estoy moviendo como si fuera un robot, me mantengo ocupada, aun sabiendo que centrarse al cien por cien es tarea casi imposible.