martes, diciembre 20, 2011

¿Dónde estará él?

Esta tarde he vuelto a ver su coche aparcado donde ayer. Inevitablemente mis ojos se han escapado en la dirección que sabía que estaba. La confirmación de lo obvio: luces entre las copas de los árboles.
Llevo demasiado tiempo sin verle, ya he perdido la cuenta. Echo de menos su mirada perfecta, angelical. Echo de menos la magia que se crea cuando él está tan cerca. 
Debe ser cosa del fin de año: demasiado ajetreo.

Acabo de caer en que mañana por la tarde tengo libre. Espero que no se me olvide lavar el coche al mediodía. 

Ambiente navideño



Me falta un regalo, así que iré a comprarlo esta tarde. A las seis.

Una de las cosas que me gusta de la Navidad es ese bullicio que se concentra en fechas previas a Nochebuena en los centros de las grandes ciudades, donde las luces titilan en la oscuridad y los villancicos suenan a lo lejos. No me gusta el aire tan comercial que se les da a estas fechas, pero adoro el ajetreo de gente que hay entre las calles llenas de comercios.
Hace unos años estuve en esta época unos días en Madrid y me gustó ese ambiente. La gente iba de un lado a otro portando grandes pilas de paquetes de colores vistosos, todos los sitios estaban llenos de gente a rebosar, te apetecía un chocolate caliente y al ver a la docena de individuos que había delante de ti, pensabas que a demasiada gente le apetecía lo mismo que a ti en el mismo momento. Debe ser cosa del frío.
Adoro cómo huelen las castañas asadas. En estas calles siempre suele haber puestos de castañeras que en unos pocos minutos ya te han hecho un cucurucho de papel de periódico mientras te miran por el rabillo del ojo y te dicen: "Cuidado, no te quemes". Aunque a mí no me gusten las castañas, me gusta cómo huelen las calles donde hay una castañera.
Salamanca también era una ciudad que tenía mucho ajetreo en esta época. Las calles comerciales, aledañas a la Plaza Mayor, siempre estaban llenas de un sinfín de gente comprando regalos. Lo cierto es que es el verdadero ambiente navideño, muy parecido a como aparece en las películas. Posiblemente salgas con intención de que ese mundo que corre, que busca el último regalo, te contagie esa alegría que en Navidad yo aún no encuentro por ningún sitio. La Navidad siempre nos recuerda a las personas que ya no están. Por mucho que lo intentara, siempre termino haciendo hueco a los recuerdos de esos seres queridos que un día ocupaban su lugar en la mesa y ya no están. Ése es el verdadero motivo por el que la Navidad me parece una fecha verdaderamente triste.
Pero hay momentos que me agradan. Y ese rato que pasas por las calles llenas de gentes, de música, de luces, de regalos me parece muy hollywoodiense. Me lleva a soñar. Soñar, sobre todo en momentos como la Navidad, es gratis. Si hay un momento que me gustaría compartir con un ángel es ése. Me gustaría decirle: "Venga, vamos a comprar los regalos de Navidad", no por el hecho de ir a comprar los regalos, sino por empaparnos de ese ambiente navideño. Con él.

Entre minuto y minuto, interrupciones, teléfono y conversación, he llegado al final de la jornada laboral. Creo que en algún momento he escrito que me iba a las seis de la tarde. Como siempre, nunca cumplo con los horarios, pero es cierto que ya me voy, que aún me queda un regalo.

Leyendo un pentagrama sin notas

Hoy tampoco le he visto. Pero me he acordado de él. En cada cosa que hago él siempre está muy presente. Últimamente apenas nos vemos. Creo que hoy me iré un rato antes de la oficina. Tengo que hacer algunas cosas esta tarde.
Sigo pensando en él. A veces veo su coche, pero yo quiero encontrarme con él. Escuchar su voz, mirar sus ojos... Echo de menos los momentos mágicos que provienen de él.

Me falta la música. Esa música que suena imaginariamente cuando él está presente. 

Casi tan cerca


Cuando iba a esbozar unas pocas palabras esta tarde, he tenido que marchar. Pensaba en él; siempre tengo ganas de escribir cuando pienso en él. Y cuando escribo pensando en él escribo sobre el amor.
Tener que obligarme a no escribir cuando deseaba hacerlo de veras ha hecho que sintiera una pequeña punzada dentro de mí a medida que caminaba por la calle. En ese momento, le he sentido demasiado cercano, sobre todo al ser consciente de que durante unos segundos sólo nos separaban unas paredes y unas escaleras.
En estos momentos nada me gustaría más que abrazarle y susurrarle dulces sueños. Quizás esté durmiendo ya.

Hoy ha sido uno de esos días en que el frío me ha recorrido todos los huesos, he llegado demasiado tarde a casa y, cuando miro el reloj, compruebo que ya estoy robándole horas al sueño.
Es hora de que me vaya a soñar con él...

lunes, diciembre 19, 2011

Ese momento en que todo se para

No hay nada como empezar el día y verle tan cerca. Un lunes deja casi deja de ser lunes cuando ves a ese ángel de mirada perfecta. Estaba algo despistada, pero su coche, inconfundible, ha aparecido por la calle.
Apenas ha sido cuestión de unos segundos, pero suficientes para que me hiciera sonreír.
Es adorable.
Hacía tanto que no le veía... Es hora de marchar. Ojalá le volviera a ver también esta tarde.

Unos segundos. Suficientes para ver que estaba guapísimo. Suficientes para sonreír. Suficientes para recordar lo que escribí anoche. Suficientes para desear.

Cosas que diría con sólo mirarle



Había una película que se titulaba algo así como Cosas que le diría con sólo mirarla. Eso es lo que se me ocurre ahora con él: todo lo que me gustaría susurrarle ahora, atrapada en esa mirada perfecta, acariciando ese rostro angelical, enredando mis dedos entre su pelo. No tendría noche para decirle todo lo que se me pasaría en ese momento único por la mente. Así que le susurraría la canción de James Blunt: You’re beautiful.
Beautiful resume mucho de lo que él me da cada día. Porque lo que siento es de veras hermoso, tan bello como indescriptible, y todo lo que siento se incrementa cuando aparece él en cualquier lugar y en cualquier momento, cuando ladea la cabeza y mira con esos ojos que contienen todas las cosas hermosas del mundo, cuando sonríe y su rostro se ilumina, cuando piensa y gesticula, en la dulzura de sus palabras al pronunciar uno de sus infinitos mensajes de sabiduría.
Beautiful porque hace que todo lo que me rodea sea demasiado hermoso, porque el mundo simplemente magnífico desde que él aparece, porque los días tienen más color, el cielo es más azul, las montañas están teñidas de una sutil belleza.
Beautiful porque cuando pienso en él soy incapaz de enfadarme con nadie, aunque venga alguno como un gallo de pelea. No me sale enfadarme. Llevo mucho tiempo que sonrío a todas horas. Ahora no podría asegurar si sonrío porque estoy enamorada o sonrío porque me encuentro la mayor parte de las veces tocando el cielo con las yemas de los dedos. Supongo que todo viene junto, y que no tocaría el cielo si no amara tanto ni me sentiría feliz si no sintiera que estoy tocando el cielo de esa manera tan sutil.
Beautiful porque bellos son sus ojos, algo orientalizados (algún día le diré que los tiene un poco rasgados, aunque son perfectos), como bella es la mirada que mira a través de esas pupilas. Porque bellos son sus labios, su sonrisa, su cabello… y no voy a entrar en particularidades físicas, porque terminaré diciendo que su rostro es hermoso, dotado de esa perfección casi etérea y angelical. Esto me recuerda a que una vez le dije que aguapaba con los años y me dijo que siempre se veía igual, que no se veía cambiado desde que nos conocimos hasta hace unos pocos meses –no recuerdo cuándo- se lo dije. Pero es cierto, ahora está más guapo. También influye que yo siempre le veo guapísimo.
La belleza exterior, además, va complementada con la belleza interior. Lo que yo veo en él, a medida que le voy conociendo, es demasiado hermoso. Veo su nobleza, su integridad, su dulzura, su bondad… Tiene dentro de sí innumerables atributos de una belleza insólita, tantos que a veces me deja sin palabras.
A una persona como él sólo se le puede querer, porque es adorable.

Paso de mi hora, he de ir a soñar con todas las cosas hermosas del mundo, he de ir a soñar con el ángel más hermoso del mundo. Que mañana –cruzaré los dedos para que no amanezca nevado- espero encontrarme con él.
Pero ahora he de ir a dormir. Mañana se tercia un día largo con una reunión a última hora de la tarde (¡la última del año!). Así que me voy a soñar con él, con su dulzura, con su mirada, con sus manos, con sus palabras. Creo que le echo de menos, hace demasiados días que no nos cruzamos por la calle.

Beautiful... Ahora le susurraría you're beautiful, you're beautiful... it's true al oído.

domingo, diciembre 18, 2011

Lugares especiales

Navegaba por internet cuando me he encontrado con una imagen que ha dado alas a mi imaginación. He estado buscando en qué rincón del planeta está ese castillo y aún desconozco la respuesta.
De repente me encontraba subiendo esa escalera  y esperando a que subiera la marea. Y no me encontraba sola, sino que estaba con un ángel de mirada perfecta.
Me pregunto dónde estará ese trozo de tierra. Me gustaría visitarlo, cuando la marea esté baja, para quedarme atrapada en el islote cuando el agua del mar cubra toda la roca hasta las piedras del castillo.
Tiene algo de especial ese rincón. Algo de mágico. Algo de fantástico.
Lugares así sólo podría disfrutarlos junto a ese ángel... Ese sitio destila romanticismo por todas sus piedras.

Contra el frío invernal

He bajado un rato a pasear al perro y hace un frío demasiado gélido. Quizás mañana amanezca nevado, ¿quién sabe?
Lo único que apetece en estos momentos es sumergirse en una bañera llena de agua caliente y mucha espuma.
Como siempre en esta época, estoy deseando que pasen rápido las dos próximas semanas.

El anhelo del domingo por la tarde

Esta tarde no tengo intención de salir ni siquiera a tomar un café con mis amigos. En cambio, al pensar en un café pienso irremediablemente en una mirada angelical, en un rostro perfecto, en una sonrisa misteriosa y en una voz sublime. Entonces un rápido pensamiento atraviesa mi mente y desaparece tan raudo como apareció: "¿Y si le pregunto...?". Entonces no existiría el frío, ni el cielo blanco que vaticina nieves cercanas, ni domingos grises...
Me pregunto si estará donde creo o si no. De todas formas, voy a escribir esta tarde durante ese rato en que no existe el tiempo, ni el lugar.

El Puente de los Asesinos


La última novela de Pérez-Reverte se ambienta en Italia y, más concretamente, en Venecia. Todo ocurre en el año 1627. Es una época difícil para España, por lo que, antes de hablar de El Puente de Los Asesinos, me centraré durante un rato en la complicada situación política, económica y social de nuestro país en aquella época. 

La España del siglo XVII se caracteriza por una decadencia en toda la política exterior, ya que se enmarca en una Europa convulsa en la que perderá la hegemonía. El monarca español, Felipe IV de la Casa de los Austrias, delega su poder en una figura (valido) que sobresale en todo este escenario: el conde-duque de Olivares. Es una época especialmente convulsa, en la que España se ve envuelta en la Guerra de los Treinta Años, en cuyo término (1648) perderá la hegemonía en favor de Francia. 
En el momento histórico en que transcurre la novela (1627), el cardenal Richelieu está centrado en expulsar a los hugonotes de La Rochela. Aparte de Francia, España se encuentra acosada por otras potencias extranjeras, como Inglaterra, el Imperio Austro-Húngaro y los Estados Pontificios, entre otros. La guerra en Flandes continúa y España se ve inmersa en un reclutamiento masivo de soldados que van al Norte de Europa y a Francia, así como prepara soldadesca para defender el estado italiano de Mantua, al fallecer el Gobernador del mismo. El milanesado está controlado por un gobernador español. 
Para mantener todo este panorama bélico, España se ve abocada en una crisis económica creciente. Los barcos que deben llegar de América cargados de oro son, la mayor parte de las veces, hundidos por piratas y corsarios. La Corte sigue derrochando las arcas en grandes fastos, mientras el pueblo llano se ve presionado a pagar unos impuestos cada vez más elevados y a los que difícilmente puede hacer frente (de ahí que haya tantos personajes peculiares que se echen a la calle a ganar el pan de la mejor -o peor- manera que saben y/o pueden). Para conseguir dinero, los validos venden cargos a familias pudientes, cargos que se convertirán en hereditarios (por lo que siempre serán las mismas familias las que ocupen los mismos cargos de poder en la España del siglo XVII). 
Las Cortes Catalanas se rebelan contra el Gobierno central, a favor del rey francés, defendiendo sus intereses independientes y, sobre todo, sus fueros. También será este siglo en el que Portugal termine independizándose de España. 
La crisis política y económica debilita la sociedad española, una sociedad convulsa y rebelde, que hace lo que puede para sobrevivir (o malvivir) en una España controvertida. Los españoles están mal vistos en el extranjero, así como se puede ver reflejado en esta novela. 
Sin embargo, si bien es cierto que España no sale muy bien parada en lo económico, lo político y lo social en esta época, en lo que respecta a las artes de todo tipo se encuentra en un momento de esplendor: en la literatura nos encontramos en el fértil Siglo de Oro de las Letras, el siglo en que nuestro país ha visto enriquecerse la cultura de las plumas más excelsas de todos los tiempos; en lo artístico predomina el estilo barroco (recargado con sus metales nobles y decorativos, reflejo de un esplendor político que poco a poco se está perdiendo). 
Muchos artistas y autores visitaron Italia para consolidar unas obras que se convertirán en únicas. 

Esta novela empieza y termina en el mismo lugar, de la misma forma y con los mismos personajes como protagonistas: el primer y décimo capítulos se ubican en la isla de los Esqueletos, un islote abandonado y cercano a la ciudad de Venecia, en un duelo a muerte entre dos enemigos acérrimos: Diego Alatriste y Gualterio Malatesta.
  


Venecia, Puente del Rialto 

¿Qué hacen allí estos dos hombres? 
El Capitán Alatriste y su fiel escudero Íñigo Balboa se encuentran en Italia cuando son llamados para cumplir las órdenes de un superior. Apoyados por Francisco de Quevedo, con el que tomaban vinos en la Taberna del Turco en Madrid, se ven abocados a formar parte de una conspiración para hacerse con el poder de Venecia (que pasaría a manos españolas). En la misma conjura se encontrará Diego Alatriste con su peor enemigo: el siciliano Gualterio Malatesta, al que creía 'pudriéndose' en los calabozos de la Inquisición. Los dos soldados deciden darse una tregua hasta el día de Navidad, donde podrán de nuevo volver a retarse, porque uno de los dos tiene que matar al otro. Pero se encuentran en Venecia por la conspiración en la que han de trabajar brazo con brazo.
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El Bucintoro frente al Palacio del Dogo, Canaletto (1950) 

Malatesta ha sido enviado directamente desde España para que asesine al dogo (el más alto cargo) de Venecia mientras está postrado en la Misa del Gallo. Mientras, un grupo de soldados españoles, comandados por Diego Alatriste, han de convertir en pasto de las llamas todo el Arsenal y los barcos venecianos que allí se encuentren construidos o en construcción; otro grupo encabezado por el soldado viejo Roque Paredes había de incendiar el barrio judío; el tercer grupo de hombres, bajo la dirección del fraile Baltasar Toledo, había de hacerse con el palacio ducal, donde la guardia veneciana, con Lorenzo Faliero a la cabeza, había de abrirles las puertas.
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La Plaza de San Marcos en dirección a la Basílica, Canaletto (1924) 

La Inquisición veneciana les sigue los pasos. Su red de espías sigue a los españoles, pero éstos se saben espiados. Sin embargo, Alatriste sabe que es una trampa antes de marchar. Por azares inesperados, tiene que sustituir al fraile en el palacio ducal y se despide de Íñigo como si fuera la última vez que le viera. Alguien se ha chivado y no ha sido otro que Lorenzo Faliero, primo de Malatesta. Muchos mueren bajo el tajo de los aceros venecianos, pero algunos consiguen escapar: Íñigo Balboa, el moro Gurriato, Sebastián Copons, Diego Alatriste y Gualterio Malatesta. El Capitán Alatriste se ha encargado de acompañar a Malatesta a la basílica donde se encuentra el dogo veneciano rezando, no para asesinar al máximo poder de Venecia, sino porque sabe que allí les está esperando el traidor Faliero, al que dejan tirado con un tajazo en el cuello. Malatesta y Alatriste vuelven a retarse en la isla de los Esqueletos, cuando se creen abandonados para volver a España, pero el duelo queda a medias cuando Malatesta avista entre las nubes las velas de un barco español que les llevará de vuelta a casa. 

Es uno de los libros sobre el Capitán Alatriste que más me ha gustado. Además nos adelanta acontecimientos futuros, como la futura muerte de Diego Alatriste en Rocroi ante los ojos del alférez Íñigo Balboa, el feliz matrimonio de Íñigo con una mujer que no esperamos (la esperada es Angélica de Alquézar, que aparece como su amada perpetua en todos los libros del Capitán Alatriste), su vida de soldado junto al monarca español de turno, etc. Además me gusta mucho el aire misterioso y de intrigas que se ha creado alrededor de la ciudad de Venecia.
  Imagen relacionada 
Diego Alatriste y Gualterio Malatesta en un reto a muerte en la isla de los Esqueletos 

De la saga del Capitán Alatriste me queda hablar sobre el ilustrador: Joan Mundet. En esta novela de la saga, está bastante acertado. Es más, la última imagen, la del duelo entre Alatriste y Malatesta tiene algo de atractiva que consigue que nos quedemos observando los trazados en un tiempo más largo de lo normal.
Joan Mundet sustituyó a Carlos Puerta para ilustrar la serie de Las Aventuras del Capitán Alatriste y desde entonces ha ilustrado cinco novelas de la saga: El oro del rey, El caballero del jubón amarillo, Corsarios de Levante, Limpieza de Sangre y El Puente de los Asesinos. Personalmente me encantan las ilustraciones.
  

 
Caminamos entre las gondolas y los sándalos desarmados y puestos en seco”.

Luna en cuarto menguante

Vuelvo a escuchar el viento fuera, no tan fuerte como se escuchaba hace unas noches. Siento frío al escuchar ese silbido. Me recuerda a la fuerza del viernes.
No había mucha gente esta noche, ni siquiera estaba ese ángel de mirada perfecta, tampoco he visto su coche desde la rotonda, como otros sábados. Quizás estuviera, pero no nos hemos cruzado.
Había mucha gente de cenas de empresa.
Lo que recuerdo es el frío que se adentraba por los huesos cuando íbamos de un bar a otro. Ha sido una noche diferente. 
Ahora me gustaría abrazarle y dejar que amanezca el domingo cuando quiera.
Había una luna perfecta. Estaba menguando, pero la claridad del cielo era insólita. Miraba la luna a unos pocos metros de casa y le preguntaba: "¿En qué extraño rincón del planeta estás esta noche?".
Me hubiera gustado verle. 

sábado, diciembre 17, 2011

Antes de salir

Aún me tengo que maquillar. Eso quiere decir que saldré a las once y cuarto. Espero que ya no caiga más agua nieve. 
Que esta noche tengo ganas de fiesta. Además, quizás el próximo sábado no sea día de salir (por todo aquello que la Nochebuena tiene de familiar).
Me pregunto si le veré esta noche. Espero que sí.

Amo. Le amo con locura.

La noche comienza nevando

He quedado a las once. En estos momentos cae agua nieve. Si se pone peor es posible que opte por no salir. No me gusta conducir con nieve.
Aunque tengo tantas ganas de verle... De escucharle, de mirarle, de tocarle, de decirle muchas cosas de las que no recuerdo, en estos momentos, ninguna. 
Seguro que está guapo.

Feliz Navidad


Es bien reconocido mi habitual espíritu antinavideño. Lo cierto es que es una época que no me gusta. Admiro a la gente que se ilusiona poniendo motivos decorativos en todos los rincones por donde pasa. A mí lo único que me gustaba poner, cuando era pequeña, era el árbol de Navidad, pero hace años que regreso a casa una tarde y ya está todo puesto.
Sin embargo, esta Navidad está tintada de algo especial. Algo que todavía no se puede decir. El espíritu navideño me ha tocado con su varita mágica. Es extraño que haga lo que he hecho esta mañana. Y cuando paseaba por las calles llenas de gente y tiendas pensaba en él, en que me gustaría ir con él a comprar los regalos de Navidad. Sólo por el hecho de compartir unos momentos con él.
Sigo pensando que la Navidad es una época triste, cuando no debería serlo. Dicen que además este año se teñirá de blanco. A mí me gusta la nieve desde la ventana, es decir, si amanece el día 25 de Diciembre nevado la considero una Navidad perfecta, y ya se sabe que en Navidad siempre hay algo de magia, pero no deseo que nieve si tengo que conducir. Entonces odio la nieve, de hecho, nunca me ha gustado la nieve... Cuanto más lejos, mejor.
Ya no queda nada para la Navidad, ni tampoco queda mucho para que acabe el año. Ya podría empezar el nuevo en compañía del ángel de mirada perfecta, como ocurriera hace ya un año.

Es época de desear:

FELIZ NAVIDAD.

Los regalos de Navidad

Llegaba a las doce a Ezcaray. Estaba bastante despejado, por lo que se auguraba una buena mañana de compras. A las tres de la tarde llegaba a casa cargada de regalos de Navidad. El año pasado no compré ninguno y este año he optado por regalar a todos. Me agota hacer regalos, pero pese a que diga que no quiero regalos por Navidad, siempre me hacen regalos. Así que finalmente me veo también comprando regalos para todos.
Me falta uno de envolver. Es un maletín que tengo que llenar de cosas. Ni siquiera sé el nombre de quien lo recibirá. Ese regalo incluirá un cuento escrito de mi puño y letra, plastificadas las hojas y encuadernado. Lo venía creando mentalmente cuando conducía de vuelta a casa al mediodía.
Las flores son añadidos posteriores donde he puesto el nombre de la persona a quien va dirigido el regalo. 

De camino a Ezcaray

Anoche me quedé dormida. Con el libro sobre la cama y la luz encendida. 
Cuando llegan los viernes por la noche no noto el cansancio hasta que me tumbo y el sueño aparece raudo. Y me termino abandonando dulcemente.
Me voy a Ezcaray. Parece mentira que haga este sol, después del día tan rebelde de ayer. En Ezcaray abren las tiendas en fin de semana y voy hasta allí para comprar los regalos de Navidad.
Que en una semana estamos en Nochebuena.

viernes, diciembre 16, 2011

A unos días del fin de año

Íbamos al coche mi cuñada y yo. Caminábamos entre otros vehículos cuando he visto aparcado el de un ángel, pero el mío no recordaba siquiera dónde estaba.
Ya no tiraba tanto aire como esta mañana, pero sigue haciendo frío. En fin, estamos en diciembre. Lo raro sería que no hiciera frío.
Llevo muchos días sin ver la mirada perfecta de un ángel. Veo su coche en muchas ocasiones, como hoy, suele ocurrir cuando me voy a casa. A veces le diría: "Es viernes, vamos a tomar unas cervezas". A pesar del frío, pero ¿quién siente frío mirando a unos ojos que ofrecen tanto calor...?

Suena el viento

Suena el viento. 
Suena el viento con una fuerza sobrenatural.
Entre los espacios temporales del minutero que sobrepasa la una de la madrugada, su imagen se moldea perfecta en mi mente, como un recordatorio perpetuo de que aún existen ángeles en el mundo.
Con esa imagen etérea, dulce, brillante... es un buen momento para ir a soñar con él, para susurrar en la oscuridad si nuestros pasos se cruzarán mañana.

Atrapando las estrellas en una noche de verano

Él llegó con las Perseidas en una noche estrellada del mes de julio. Una noche, hace dos años, él apareció y ya no hubo pasado ni futuro, no hubo otros ojos ni otra voz, no había nadie más que él, el momento presente, la atracción y sus susurros a la luz de la luna. Algo cambió esa noche y ya se sabe que cuando se hacen cambios siempre deben hacerse a mejor. Esa noche, llegó con las Perseidas y aquí, en lo más profundo de mi alma, se quedó, dejó su huella angelical e imborrable. Esa noche empecé a quererle y cada día siento que le quiero un poco más.
Las Perseidas son mágicas. Sólo llegan en los meses de verano. Como llegó él, en una noche estival, mágica, perfecta, una noche en que el firmamento estrellado nos abrazaba con sus enormes brazos brillantes. Creo que esa noche me enamoré sin saberlo y sólo lo acepté cuando una noche miraba de nuevo al cielo, asomada a la ventana, y con las estrellas ante mis ojos me llegó su imagen sensual, perfecta, adorable. Entonces me di cuenta de que estaba enamorada hasta el tuétano. Me lo susurraron las Perseidas. Aquella lejana noche me parecía algo impensable, pero a veces no somos conscientes de cómo una persona nos toca tan sutilmente el alma como para quererle sin más, sin explicaciones, sin preguntas.
Toman el nombre de Perseo, el héroe mitológico que consiguió decapitar a Medusa con una hoz de acero y un brillante escudo que le habían regalado Hermes y Atenea. La lluvia de estrellas que cada año se puede ver en los meses de julio y agosto se localiza en la constelación de Perseo. Desde la Edad Media también se les conoce como las ‘lagrimas de San Lorenzo’, porque los astrónomos medievales relacionaron la profusión de estrellas aparecidas cada verano con las lágrimas que debió derramar San Lorenzo cuando el diez de agosto del siglo III era quemado en una parrilla por rebelarse contra los romanos.
Las Perseidas aparecen en el cielo desde mediados de julio hasta finales del mes de agosto.
En realidad, le conocí un once de julio, pero ya estaban presentes las Perseidas en el firmamento estrellado y en el ambiente mágico de esa noche. Y aunque no hubieran empezado a llover en el cielo pensaré que así fue. Porque magia hubo ya desde aquel primer momento en que descubrí un brillo tan especial en sus ojos. Que su mirada es mágica.
Tienen tanto poder que es importante no olvidar pronunciar un deseo si vemos una Perseida en el cielo de los meses de verano. Nunca se sabe si algún día el cielo nos concederá nuestros deseos.

Él llegó una noche fugaz, con las Perseidas. Y entonces todo se hizo magia. 

jueves, diciembre 15, 2011

La luz que brinda la magia

Últimamente echo en falta su luz. Hay personas que tienen tanta luz dentro que iluminan a todos los que les rodean. Él tiene esa luz especial, él brilla con esa luz mágica. Esa luz que tanto echo de menos esta noche. Es impresionante cómo una única persona puede emitir tanta luz, cómo ilumina el día, cómo dota a todo de una perfección mágica.
Porque yo miro en sus ojos y encuentro ese brillo especial, esa luz que siempre me hace sonreír. Será que es un ángel.