La última novela de
Pérez-Reverte se ambienta en Italia y, más concretamente, en Venecia. Todo ocurre en el año 1627. Es una época difícil para España, por lo que, antes de hablar de
El Puente de Los Asesinos, me centraré durante un rato en la complicada situación política, económica y social de nuestro país en aquella época.
La España del siglo XVII se caracteriza por una decadencia en toda la política exterior, ya que se enmarca en una Europa convulsa en la que perderá la hegemonía. El monarca español, Felipe IV de la Casa de los Austrias, delega su poder en una figura (valido) que sobresale en todo este escenario: el conde-duque de Olivares.
Es una época especialmente convulsa, en la que España se ve envuelta en la Guerra de los Treinta Años, en cuyo término (1648) perderá la hegemonía en favor de Francia.
En el momento histórico en que transcurre la novela (1627), el cardenal Richelieu está centrado en expulsar a los hugonotes de La Rochela.
Aparte de Francia, España se encuentra acosada por otras potencias extranjeras, como Inglaterra, el Imperio Austro-Húngaro y los Estados Pontificios, entre otros. La guerra en Flandes continúa y España se ve inmersa en un reclutamiento masivo de soldados que van al Norte de Europa y a Francia, así como prepara soldadesca para defender el estado italiano de Mantua, al fallecer el Gobernador del mismo. El milanesado está controlado por un gobernador español.
Para mantener todo este panorama bélico, España se ve abocada en una crisis económica creciente.
Los barcos que deben llegar de América cargados de oro son, la mayor parte de las veces, hundidos por piratas y corsarios. La Corte sigue derrochando las arcas en grandes fastos, mientras el pueblo llano se ve presionado a pagar unos impuestos cada vez más elevados y a los que difícilmente puede hacer frente (de ahí que haya tantos personajes peculiares que se echen a la calle a ganar el pan de la mejor -o peor- manera que saben y/o pueden). Para conseguir dinero, los validos venden cargos a familias pudientes, cargos que se convertirán en hereditarios (por lo que siempre serán las mismas familias las que ocupen los mismos cargos de poder en la España del siglo XVII).
Las Cortes Catalanas se rebelan contra el Gobierno central, a favor del rey francés, defendiendo sus intereses independientes y, sobre todo, sus fueros. También será este siglo en el que Portugal termine independizándose de España.
La crisis política y económica debilita la sociedad española, una sociedad convulsa y rebelde, que hace lo que puede para sobrevivir (o malvivir) en una España controvertida. Los españoles están mal vistos en el extranjero, así como se puede ver reflejado en esta novela.
Sin embargo, si bien es cierto que España no sale muy bien parada en lo económico, lo político y lo social en esta época, en lo que respecta a las artes de todo tipo se encuentra en un momento de esplendor: en la literatura nos encontramos en el fértil Siglo de Oro de las Letras, el siglo en que nuestro país ha visto enriquecerse la cultura de las plumas más excelsas de todos los tiempos; en lo artístico predomina el estilo barroco (recargado con sus metales nobles y decorativos, reflejo de un esplendor político que poco a poco se está perdiendo).
Muchos artistas y autores visitaron Italia para consolidar unas obras que se convertirán en únicas.
Esta novela empieza y termina en el mismo lugar, de la misma forma y con los mismos personajes como protagonistas: el primer y décimo capítulos se ubican en la isla de los Esqueletos, un islote abandonado y cercano a la ciudad de Venecia, en un duelo a muerte entre dos enemigos acérrimos: Diego Alatriste y Gualterio Malatesta.
Venecia, Puente del Rialto
¿Qué hacen allí estos dos hombres?
El Capitán Alatriste y su fiel escudero Íñigo Balboa se encuentran en Italia cuando son llamados para cumplir las órdenes de un superior. Apoyados por Francisco de Quevedo, con el que tomaban vinos en la Taberna del Turco en Madrid, se ven abocados a formar parte de una conspiración para hacerse con el poder de Venecia (que pasaría a manos españolas). En la misma conjura se encontrará Diego Alatriste con su peor enemigo: el siciliano Gualterio Malatesta, al que creía 'pudriéndose' en los calabozos de la Inquisición. Los dos soldados deciden darse una tregua hasta el día de Navidad, donde podrán de nuevo volver a retarse, porque uno de los dos tiene que matar al otro. Pero se encuentran en Venecia por la conspiración en la que han de trabajar brazo con brazo.
El Bucintoro frente al Palacio del Dogo, Canaletto (1950)
Malatesta ha sido enviado directamente desde España para que asesine al dogo (el más alto cargo) de Venecia mientras está postrado en la Misa del Gallo. Mientras, un grupo de soldados españoles, comandados por Diego Alatriste, han de convertir en pasto de las llamas todo el Arsenal y los barcos venecianos que allí se encuentren construidos o en construcción; otro grupo encabezado por el soldado viejo Roque Paredes había de incendiar el barrio judío; el tercer grupo de hombres, bajo la dirección del fraile Baltasar Toledo, había de hacerse con el palacio ducal, donde la guardia veneciana, con Lorenzo Faliero a la cabeza, había de abrirles las puertas.
La Plaza de San Marcos en dirección a la Basílica, Canaletto (1924)
La Inquisición veneciana les sigue los pasos. Su red de espías sigue a los españoles, pero éstos se saben espiados. Sin embargo, Alatriste sabe que es una trampa antes de marchar. Por azares inesperados, tiene que sustituir al fraile en el palacio ducal y se despide de Íñigo como si fuera la última vez que le viera. Alguien se ha chivado y no ha sido otro que Lorenzo Faliero, primo de Malatesta. Muchos mueren bajo el tajo de los aceros venecianos, pero algunos consiguen escapar: Íñigo Balboa, el moro Gurriato, Sebastián Copons, Diego Alatriste y Gualterio Malatesta. El Capitán Alatriste se ha encargado de acompañar a Malatesta a la basílica donde se encuentra el dogo veneciano rezando, no para asesinar al máximo poder de Venecia, sino porque sabe que allí les está esperando el traidor Faliero, al que dejan tirado con un tajazo en el cuello.
Malatesta y Alatriste vuelven a retarse en la isla de los Esqueletos, cuando se creen abandonados para volver a España, pero el duelo queda a medias cuando Malatesta avista entre las nubes las velas de un barco español que les llevará de vuelta a casa.
Es uno de los libros sobre el Capitán Alatriste que más me ha gustado. Además nos adelanta acontecimientos futuros, como la futura muerte de Diego Alatriste en Rocroi ante los ojos del alférez Íñigo Balboa, el feliz matrimonio de Íñigo con una mujer que no esperamos (la esperada es Angélica de Alquézar, que aparece como su amada perpetua en todos los libros del Capitán Alatriste), su vida de soldado junto al monarca español de turno, etc.
Además me gusta mucho el aire misterioso y de intrigas que se ha creado alrededor de la ciudad de Venecia.
Diego Alatriste y Gualterio Malatesta en un reto a muerte en la isla de los Esqueletos
De la saga del Capitán Alatriste me queda hablar sobre el ilustrador: Joan Mundet. En esta novela de la saga, está bastante acertado. Es más, la última imagen, la del duelo entre Alatriste y Malatesta tiene algo de atractiva que consigue que nos quedemos observando los trazados en un tiempo más largo de lo normal.
Joan Mundet sustituyó a Carlos Puerta para ilustrar la serie de
Las Aventuras del Capitán Alatriste y desde entonces ha ilustrado cinco novelas de la saga:
El oro del rey,
El caballero del jubón amarillo,
Corsarios de Levante,
Limpieza de Sangre y
El Puente de los Asesinos. Personalmente me encantan las ilustraciones.
“Caminamos entre las gondolas y los sándalos desarmados y puestos en seco”.