jueves, octubre 20, 2011

La gran noticia del día


Desde que era pequeña, recuerdo escuchar en las noticias que había tenido lugar un atentado aquí, que alguien había matado a bocajarro a un policía, a un periodista o a una persona de la calle, que había explotado un coche bomba en cualquier lugar de nuestro país. Crecí con ese "terror". Durante la época universitaria, salí a la calle en una manifestación multitudinaria tras el atentado de Tomás y Valiente. Y miraba las noticias incrédula tras el secuestro-chantaje de Miguel Ángel Blanco. Recuerdo que pensaba: "No le asesinarán con toda España en la calle". Entonces Miguel Ángel Blanco éramos todos. 
Resulta un verdadero alivio saber el cese definitivo de la actividad armada de la banda terrorista ETA, ese cáncer que ha mermado los ánimos de nuestro país durante décadas. Ya era hora. Hoy se respira un poco más de paz. 
Algún día podré volver a Artea sin sentir esa presión asfixiante que me impulsaba a huir de allí.

Zaldierna

El camino de las aldeas es para disfrutarlo, porque aunque ha salido nublado esta mañana, luego ha salido el sol. Ese mismo sol que se reflejaba en cada piedra de cada casa en Azárrulla. Hoy he tenido que ir a una de esas aldeas que se encuentran en torno a Ezcaray, aprovechando que hoy venía a Ezcaray.
A medida que iba saliendo el sol y a medida que me iba metiendo entre el tupido bosque de las aldeas, he sentido una especie de libertad. Al cruzar cada aldea iba con cuidado, porque allí es habitual que las reses crucen la carretera. Entonces, en Zaldierna he visto el puente y me he anotado mentalmente que al volver pararía.

He colgado el cartel que tenía que colocar. Ni un alma se ve en estas aldeas, aunque hoy es uno de los pocos días que me he encontrado a gente caminando junto a la carretera. Tiene que ser muy tranquilo vivir en esos páramos casi aislados, pero yo me sentiría muy solitaria, aunque la mayor parte de las veces sintiera la libertad recorrer mis venas.

El peculiar puente de piedra de Zaldierna, construido en el siglo XVIII, se encuentra ubicado sobre el río Zambullón. Sirve de acceso, desde la parte baja de la aldea, a la iglesia parroquial de San Sebastián.
Los materiales de los que se compone son mampostería, sillarejo y piedra sillar. Su único arco es de medio punto y se encuentra rebajado; siendo su tránsito inclinado mediante una escalera de dos tramos, danto lugar a una construcción atípica.

Los peldaños, que conforman una calzada ascendente de dos metros de anchura, son losas de piedra, aunque se han reconstruido con mortero en el siglo XX. Sus pretiles de protección están ejecutados con mampostería y alcanzan casi 50 centímetros de anchura. A ambos lados de la parte alta del puente podemos observar las manguardias, que tienen una doble misión: por un lado, reforzar el muro que retiene el collado y, por otro, servir de sujeción del propio puente. El muro se completa con contrafuertes inclinados adaptados a la inclinación de la vertiente, unidos mediante arcadas ciegas y rebajadas de medio punto.
Su longitud alcanza casi los diez metros, librando un desnivel aproximado de cinco metros de altura.

He seguido mi camino y, si fuera en fin de semana, hubiera parado también en la siguiente aldea: Urdanta. Me gusta parar en lugares desconocidos desconociendo lo que puedo encontrarme allí. Pero eran casi las diez y tenía prisa. También tenía las manos heladas, que la montaña también se nota. Lo de Zaldierna hoy ha sido todo un descubrimiento.

Calle en Zaldierna

Casi mil

No acabará octubre sin que haya pasado el umbral de las mil entradas en el blog. Este año estoy escribiendo menos que el año pasado, pero sigue siendo un sin parar. Y el 80% de mis palabras tienen una fuente inmensa de inspiración: él. Él en todas sus formas. Sé que si no le quisiera tanto no escribiría cada vez que tengo un rato libre. Pero aparte de quererle hay algo más, es el anhelo de ser consciente del momento, de ese momento que no quiero olvidar, de ese momento mágico. Y la magia viene con él.
Nunca nadie me había inspirado tanto, quizás porque nunca nadie me había tocado de esa forma tan sutil y tan sublime el alma. Pienso en él y 'veo' su nobleza, su dulzura, su sabiduría, su honradez, su integridad. Si la perfección fuera humana -lo tengo claro- llevaría su nombre. Y tantas magníficas cualidades juntas hacen que le admire. Es normal que le admire si le quiero tanto. Supongo que son dos cosas que van de la mano.
No suelo leer las entradas que escribí ayer, ni las que escribí hace unos meses, ni las que escribí hace dos años. Me gusta saber que mis recuerdos están plasmados en palabras, pero nunca releo nada, quizás por eso que comentaba ayer de que el pasado es historia. Y, en cierto modo, escribir cada momento está en modo presente. Adoro describir esos instantes que son tan especiales, que hacen que me tiemble la voz, que se me estremezca el corazón, que se me ponga la piel de gallina, incluso aunque sepa que me ruborizo inevitablemente. Porque al amar me siento viva. Y me siento viva ahora, en este preciso momento en que mis ojos empiezan a cerrarse, en que mi mente se mantiene abierta a su recuerdo y, sobre todo, al deseo de encontrarme con él al dar la vuelta en la próxima esquina, a sentir su cercanía y ser consciente de que el reloj ya no tiene agujas que marquen las horas. 
Si una persona te hace sentir tal cúmulo de sensaciones en tan pocos segundos esa persona tiene que ser un ángel, por lo menos. Es adorable. Sin más. Con él... me voy a soñar.

Hay algo de romántico en su magia

Hoy siento mucho amor. Siento tanto amor que no veo el momento por que llegue el momento de cerrar el portátil, apagar la luz y permitir que su imagen perfecta me llene en pensamiento y sentimiento. Y entonces dormir. Con el frío, el deseo de quedarme dormida abrazándole a él (y no abrazando a su imagen) aumenta. Porque ya nos encaminamos por la recta final del mes de octubre y el último calor no era razonable en esta época. Yo prefiero el sol, pero esta tarde la lluvia era bienvenida. En el bolso tenía un paraguas rojo de Kukusumuxu que aún no he estrenado. Mi mente de repente se encontraba divagando en pensamientos diversos. Aún no he abierto el paraguas por completo, y mi mente esta tarde ya lo había abierto. Pero bajo el paraguas no me encontraba sola.
No creo que tarde mucho en ir a dormir. No veo por taparme hasta la nariz y pensar en un ángel. Aunque su voz me llegue desvirtuada, aún recuerdo la calidez de sus ojos que conforman una mirada perfecta, una mirada que contempla en sí misma todo lo mejor del mundo, aún recuerdo su sonrisa perfecta, porque siempre que sonríe sale el sol. Adoro cuando sonríe y esa sonrisa siempre me toca el alma. Hay algo de romántico en ese momento mágico en que el tiempo se congela durante unos minutos y entonces sólo existe él. En ese preciso instante, para mí sólo existe él y mi imaginación recorre mundos inexplorados, rincones prohibidos y los pequeños-grandes deseos de besarle, de acariciarle, de susurrarle palabras de amor.
Me iré a soñar con él. Quizás mañana le vea. Quizás no. Me encuentre con él o no, seguiré queriéndole igual. O un poco más que esta noche.
Le echo de menos.

miércoles, octubre 19, 2011

Estatua a Martin Luther King en el Lincoln Memorial

Se le llama "la piedra de la esperanza" y muchos estadounidenses piensan que la imagen no hace justicia a Martin Luther King, como si su imagen fuera deshumanizadora debido a ese rictus serio. Se inauguró hace unos pocos días muy cerca de donde MLK pronunció en 1963 su famoso discurso "I have a dream".
El bloque de granito tiene nueve metros de altura y muestra al célebre reverendo surcando el horizonte.

Dos minutos de reloj

Le he visto esta mañana, claro que le he visto. Justo cuando iba a tomar café él caminaba en dirección opuesta. Guapísimo, como siempre. 
Si se hubiera dado la vuelta me hubiera visto, pero no lo ha hecho. Ha torcido hacia la calle de la derecha y entonces he dejado de verle.
Ahora hablaba con JC, le he enseñado el álbum de Roma mientras llovía en la calle. Mientras miraba las fotos yo observaba la lluvia incesante y me imaginaba paseando con un ángel bajo la lluvia, a cubierto con un paraguas.

En el presente


"Ayer es historia, mañana es todavía un secreto, el presente es un regalo".

Me parece una frase magnífica, llena de esperanza. Es cierto que, a veces, estamos tan inmersos en lo que haremos mañana o en lo que hicimos ayer, que ni siquiera nos damos cuenta de que el momento presente es un tesoro. Quizás por eso intento plasmar cada día a través de las palabras ese instante preciso, porque unos minutos después ya formará parte del pasado. Quizás por eso a veces "recuerdo los recuerdos" y "espero con esperanza", pero soy consciente de que este instante también es único. ¿Acaso no proviene el momento presente de lo que hicimos en el pasado y estamos forjando un futuro?
Ahora tocan a medianoche en el campanario. Será cuestión de saborear el tañido de esas dos campanas que suenan cada noche a la misma hora y, sin embargo, cada noche suenan de diferente forma. Todo dependerá de los oídos de quien escuche o del estado de ánimo de la persona que sea consciente de que ya tocan a medianoche.
Y hablando de sonidos, me lleva el recuerdo algo desvirtuado de la voz de un ángel. Llevo tanto tiempo sin escuchar el timbre sensual de su voz que los recuerdos me lo traen diferente. No es el recuerdo de su voz el que escucho últimamente en mis recuerdos. Pero sé que cuando le vuelva a ver me centraré en cómo suena su voz. Creo recordar que sonaba dulcemente, que era muy sensual, que las palabras pronunciadas por él me rodeaban con un manto mágico. Y, por mucho que me esfuerce en recordar cómo suena su voz, no la recuerdo bien. Sé que podría poner fin a este "no-recuerdo", pero no lo haré, porque en cualquier momento, cuando menos lo espere, volveré a escuchar el dulce sonido de su voz.

Es presente. En este momento amo, amo tanto como jamás había amado. Y no quiero olvidar ninguno de esos sentimientos tan sublimes que últimamente se adueñan de mi estado de ánimo. 

El presente puede ser un minuto (cuando el repiqueteo de campanas tocaba las doce) y pueden ser muchos meses. El amor que siento es un presente mucho más amplio que un minuto.

martes, octubre 18, 2011

Desde el corazón


Amor…
Ese sentimiento que te mantiene henchido de todo tipo de sentimientos, por el que sientes orgullo y admiración hacia la persona amada, que hace que tan sólo su recuerdo dé el color azul al cielo y encienda todas las estrellas cada noche, que hace que a veces te sientas tocada por las manos invisibles de un ángel.
Amor…
Ese sentimiento que te hace sonreír con tan sólo una mirada, una palabra, un gesto, el mismo sentimiento que te lleva a soñar con él cada noche, e incluso a imaginar que todo es perfecto aun teniendo los ojos abiertos, ese sentimiento que hace que el corazón no te quepa en el pecho, que se magnifica cuando él se encuentra cerca y empequeñece cuando él se encuentra lejos, pero siempre inmerso en esa magia especial que sólo aparece con una única persona.
Amor…
Ese sentimiento que hace que tengamos un mundo en nuestras manos sin tener nada, pero sabiendo que lo tenemos todo, porque ¿no se siente acaso plena y feliz la persona que se encuentra enamorada?
Y tan sólo el recuerdo de él puede hacerme sonreír en los días más negros, puede apagar mis dolencias cuando sienta un mal físico, es el guía cuando existe incertidumbre. ¿Acaso no me pregunto en tantas ocasiones qué es lo que haría él si estuviera en mi lugar?
Y siento el deseo de compartir todo con él, sobre todo lo más feliz de mi vida, cuando a veces una parte de esa felicidad me la trae él, quiero verle sonreír siempre, anhelo dormir cada noche en sus brazos y que sea su mirada perfecta lo primero que vea cada mañana al despertar.
¿No es acaso lo que siento amor? Cuando lo pienso, cuando doy rienda suelta a lo que llega desde el corazón, entonces vuelvo a comprobar una vez más lo enamorada que estoy. Lo que siento en estos momentos es demasiado hermoso como para encontrar las palabras perfectas que puedan describirlo.

Hojas de arce

Hay momentos especiales que sólo compartiría con él. La naturaleza en otoño tiene una atracción inexplicable sobre mí, aunque enseguida empiece a notar el frío. El césped estaba lleno de hojas recién caídas de los árboles y, de vez en cuando, los castaños tiraban sus frutos. No me agradaría nada pasar bajo algún árbol y que una castaña me caiga encima. Pues eso es lo que ocurría esta tarde en la ermita, así que es preferible mantenerse lejos de los árboles.
Y sin embargo la belleza de la tarde era impresionante, con sus colores ocres y dorados y el ruido de las hojas con las suaves caricias de la brisa.
Si pudiera elegir, me hubiera gustado tumbarme en esa alfombra de hojas junto a un ángel, mirar al cielo y sentir esa felicidad plena que sólo se consigue junto a alguien especial.

Apurando las últimas tardes de sol

No creo que tarde mucho en ir a dar una vuelta, a respirar naturaleza plena en la ermita (ahora que ya han cerrado el bar de las piscinas, ahora sí que sí). Y, de ir, tiene que ser en un ratito, porque a eso de las seis ya empieza a hacer frío y llegan los mosquitos. 
Me pregunto dónde estará ese ángel de mirada perfecta. En verdad que echo de menos la magia que provoca, en verdad que le echo de menos. Últimamente no coincido con él, pero seguro que está guapísimo.
Daría cualquier cosa por pasar toda la tarde con él, por acariciarle el pelo, por perderme en su mirada durante horas, por escuchar su melodiosa voz. Y sentir que mi corazón está a punto de estallar.
Le echo mucho de menos. 

La estela del avión

Estaba mirando al cielo, con el aire frío azotando mi rostro, cuando entre las estrellas he visto la luz parpadeante de un avión. Quizás venía de Londres. Eso me ha recordado algo. 
Cuando iba a Nueva Zelanda, que aún me esperaba un largo viaje por delante, hacía un rato que habíamos despegado de Madrid en dirección a Londres. Llevaríamos un cuarto de hora de vuelo, justo cuando el avión se asienta. Entonces se presentaba el piloto, cuyo nombre no recuerdo, y fue cuando dijo: "En estos momentos sobrevolamos Santo Domingo de la Calzada". Pensé en él, en lo cerca que estábamos en ese instante, y a la vez en lo lejos que nos encontrábamos, separados por la distancia y, sin embargo, él estaba ahí abajo. Era la tarde del 14 de mayo.
Al ver el avión, que iba hacia el sur, me he imaginado que era un avión que venía desde Londres y entonces he recordado ese momento tan lejano de hace ya unos meses. 
Recuerdo que entonces saqué el cuaderno que llevaba en la mochila y me puse a escribir(le).

Siento una tristeza insólita. No sé por qué. Quizás por eso de que el tiempo afecta en el estado de ánimo, aunque sé que hay algo más. Algo que ha producido un nudo en mi estómago hace ya unas horas. Algo que me inquieta.

lunes, octubre 17, 2011

Otros... otras cosas dirán

Hoy ha sido un día largo. Cruzaba la puerta de la oficina a las nueve y, en realidad, me siento cansadísima. Salía con esa satisfacción de haber terminado algo que me había propuesto para hoy. Cuando caminaba hacia el coche, he visto que siempre hay alguien que sale más tarde que yo. He mirado hacia el fondo de la calle, esperando encontrarme con él. 
Esta noche hay un sinfín de estrellas en el cielo. Es lo primero que he mirado antes de arrancar. Entonces he pensado en que, aunque no le haya visto a él, hay siempre quien me lo recuerda. 
He tomado café con JC, porque justo nos hemos encontrado a las tres, como muchos otros días. Lo cierto es que me gusta hablar con él. Me recuerda a otra persona, porque al principio siempre les veía juntos. Pero ahora, cuando me encuentro con JC, simplemente me siento a gusto. La verdad es que me cae bien. He quedado en que le iba a mandar un mensaje concreto a alguien. Pero todavía no lo he hecho. Estoy demasiado saturada para poder pensar con claridad si he de escribirlo o no. Es que quiero que me enseñe un sitio, pero no sé cómo decírselo. Aunque quizás no llegue a decirle nada.

Siempre hay un sol

En esta época siempre me encuentro melancólica. En verdad que el tiempo influye en cierto modo en el estado de ánimo de las personas, aunque a veces no queramos verlo. Cuando acaba el verano, cuando ya no hay calor y los días no son azules, llega cierta melancolía. Siempre me siento algo triste con el final del verano, que es cierto que acabó teóricamente hace ya unas semanas, pero en la práctica es como si estuviera finalizando estos días.
Pero anímicamente para mí siempre será verano, porque hay una persona especial que hace que todo el año sea verano. Es como si fuera el sol en los días nublados, como si diera la luz a los días grises y quien hace que todo sea perfecto y mágico.

Me pregunto si le veré mañana. Espero que sí.

Ha llegado el otoño

Esta tarde he estado un rato en la ermita. Al principio, con mis amigos. Llevaba al perro, porque cualquier momento es bueno para sacarle de paseo. Llevaba un libro, pero ya no es como el domingo pasado, que podía leer al aire libre sin sentir frío. Ya no. Hoy no he durado ni diez minutos leyendo y el resto del tiempo, cuando casi todos mis amigos se habían marchado ya, he estado correteando con el perro, a ver si se cansaba. Al final, está durmiendo a pata suelta.
El paisaje de la ermita es algo triste, con las hojas caídas por el césped, que ya no es la alfombra verde de hace unas semanas, sino que ahora la yerba se ha secado y el suelo se encuentra yermo y seco.
Además hace frío. La ermita, tal y como se encontraba esta tarde, y pensándolo ahora, da lugar a cierta nostalgia.
Ahora sí que ha llegado el otoño que parecía que nunca iba a llegar. Es cierto que hace tan sólo una semana parecía que aún estábamos en verano, pero esta tarde hacía frío y la ermita se encontraba en su más bello atardecer otoñal. Se estaba bien allí, pero no leyendo, sino paseando entre las hojas caídas de los árboles.

domingo, octubre 16, 2011

Las contradicciones de la mente

No sé a qué hora me he despertado hoy, ni siquiera he mirado el reloj. Solamente su imagen perfecta ha aparecido en mi mente y he vuelto a taparme pensando en él y disfrutando de ese momento de paz.
Me pregunto dónde estaría anoche que no nos vimos. Recuerdo cuando volvía a casa, con un deseo casi descontrolado de llamarle o de enviarle un mensaje para preguntarle dónde estaba. En caso de que él contestara a algo así me hubiera dado la vuelta. A medida que disminuían los kilómetros a casa, confirmaba nuevamente lo enamorada que estoy. Con una palabra suya hubiera sido capaz de regresar y quedarme con él hasta el alba o hasta cuando fuera, pues con él el tiempo pasa raudamente y cuando quiero darme cuenta tengo que despedirme de él. Y temo el momento de esa despedida, quizás por la incertidumbre de cuándo volveré a cruzarme con él de nuevo.
Sin embargo, no paré el coche para ponerme en contacto con él, me obligué a seguir hasta casa, a no pensarlo, aunque su imagen angelical se encontraba muy nítida en mi pensamiento.

A las tres en casa

Fuerza de voluntad es ser consciente de algo y no permitir al corazón que se salga con la suya. A las tres me iba cuando he visto su coche. Me ha costado mucho no parar y preguntarle dónde estaba o dar media vuelta e ir a buscarle. Bien lo sé yo, que he venido todo el trayecto rumiando: "Aún puedo darme la vuelta y verle esta noche". No sé de dónde he sacado la fuerza para hacer lo contrario a lo que me decía el corazón.
Puede ser que no nos encontremos, pero si estoy ya en el coche, conduciendo a casa, y ver su coche que me corrobora que está en cualquier bar, aunque no nos hayamos encontrado... hace que sea casi un milagro que no me dé la vuelta y vaya a buscarle. 
Durante diez minutos una vocecita interior me decía que diera media vuelta. Pero no lo he hecho. Aunque me hubiera gustado encontrarme con él. No sé qué me ha empujado a seguir mi camino, a no pensarlo, aunque al mirar al cielo y ver tantas estrellas de nuevo su imagen ha vuelto a mí. 
Lo cierto es que llevo mucho tiempo sin tomar unas patatitas a última hora con él. Y quien dice unas patatitas dice una cerveza o lo que sea; la cuestión es compartir algo con él, mirarle a los ojos y comprobar que el mundo es perfecto y es que siempre que le mire a los ojos el mundo siempre será perfecto. 
Es un buen momento para irme a soñar con él, aunque mejor sería ir a dormir con él. Pero me tendré que conformar con esos magníficos sueños en que aparece él.

sábado, octubre 15, 2011

La noche es joven

Hoy tengo ganas de fiesta. Tengo ganas de desconectar, de tomar unas cervezas, de estar con mis amigos, de escuchar música y quizás... de acatarrarme un poco más. Porque me pica la garganta y es bastante posible que, con los cambios tan bruscos de temperatura, me haya resfriado, aunque aún lo veo lejano...
Y anhelo ver a ese ángel de mirada perfecta, de sonrisa misteriosa, de voz sensual... Deseo compartir un rato de la noche con él, tan sólo unos minutos. Ansío sentir la magia que provoca en mí cada vez que nos cruzamos.

Le vea o no le vea, me apetece mucho salir de fiesta hoy.

El séptimo en proceso


Al final, todas las fotos que tengo en el portátil o en DVD's terminarán en formato de álbum. El último que hice fue el de Pamplona y esta semana los ordené cronológicamente (Malta, Cantabria, Japón, Tenerife, Nueva Zelanda y Pamplona). El que está en proceso es el de Roma, ciudad que visité en 2006. Poco a poco sé que todas las fotos digitales que me interese ver de vez en cuando las podré contemplar en un álbum.
Lo cierto es que siempre he pensado que en el ordenador no se disfrutan las fotos, así que el hecho de pasar un momento al día (el día que me apetece, porque no todos los días estoy por la labor) diseñando unas pocas páginas de un álbum me relaja. Por lo menos, sé que al final siempre puedo disfrutar de la pequeña selección que termino haciendo de un número infinito de fotos por carpeta.
Hace años que compré la primera cámara digital y desde entonces he visitado muchos sitios, y creo que todos ellos terminarán ocupando un lugar en la estantería, junto a la enciclopedia Larousse y el resto de libros de la saga de la Dragonlance que aún me quedan por leer.
Un día se los mostraré a alguien especial, porque es algo que me gustaría compartir con él. 

Tarde otoñal

Pese a que hace un poco de frío, hace un día espléndido. Ya era hora que llegara un fin de semana que pudiera disfrutar de un poco más de tiempo libre, porque últimamente ha habido mucho ajetreo.
Me pregunto dónde estará él y si le veré esta noche. Porque una cosa sí que tengo clara: hoy no puedo quedarme en casa, hoy necesito salir y verle, si el azar lo quiere. Seguro que está guapísimo.

El momento nocturno de placidez

Hay momentos en la vida que, simplemente, nos aportan calma, placidez, tranquilidad. Yo me encuentro inmersa en uno de esos momentos. Desde que he llegado a casa no he dejado de pensar ni un solo instante en un ángel, en todas las cosas buenas que tiene (o mejor sería especificar que todo lo que hay en él es bueno).
Estoy muy cansada, necesito dormir, pero al pensar en él me da pereza sumergirme en los sueños, porque entonces se acabarán estos momentos de placidez.
Y sé que no tardaré en ir a dormir e imaginaré lo que sería dormir abrazada a él cada viernes, cada noche, cada día... Tan sólo imaginar una situación así me reconforta.
Me pregunto si habrá salido esta noche. En cualquier caso, ahora me gustaría estar a un palmo de donde él se encuentre. Sea donde sea. Porque sólo necesitaría alargar un poco la mano para acariciar ese rostro tan adorado, porque sólo necesitaría levantar la mirada para dejarme atrapar por su mirada perfecta, porque sólo tendría que preguntarle algo para escuchar esa voz tan dulce y sus palabras, siempre cargadas de sabiduría.
En estos momentos estoy contenta. Pensar en él ha hecho que olvide efímeramente el cansancio, el sueño y cualquier preocupación. ¿Acaso no es magia? Incluso cuando él no está cerca sigue existiendo la magia, pero esa magia siempre está relacionada con él.