viernes, octubre 22, 2010

Con un pie en el umbral de los sueños

Siempre se me hace tarde. Al menos me tranquiliza el hecho de saber que después podré echarme la siesta.
Hoy me encuentro soñadora. O quizás es el sueño el que me lleva a soñar.

Debería ir a dormir. Necesito que mi mente descanse. Llevo un rato haciendo cálculos. Mañana... será otro día.

Me llevo su imagen a dormir, porque siempre me trae paz.

jueves, octubre 21, 2010

Álbumes de fotos digitales


Una de las cosas que no me gustan del Hofmann es que, antes de iniciar un proyecto, te obliga a elegir un mínimo de fotos para empezar. Eso me daba pereza, sobre todo por el innumerable contingente de fotos que hay en mi portátil. Entonces descubrí el FotoLibro de Fotoprix. Anoche me lo descargué, empecé con la portada y me gustó el hecho de ir eligiendo a medida que vas haciéndolo. Intentaré hacer un álbum de Japón, una página por día.
Las ventajas que les veo a los álbumes digitales es que eliges las fotos tú mismo, por lo que en vez de empezar a ver cientos de fotos, puedes enseñar esa pequeña selección sin que los que te rodean empiecen a dormitar; también es interesante que estén en formato libro porque al final las fotos que guardamos en el ordenador no se disfrutan, ya que no están a la vista, e incluso a veces nos olvidamos; además es muy cómodo, nada de las antiguas artes de colocar ordenada o cronológicamente fotos en álbumes con páginas de pega de donde podían escaparse las fotos.
Seguiré probando a ver qué tal sale el álbum de Japón. Si la cosa va bien, posiblemente haga muchos más.

Noche de luna casi llena

Cuando llegaba a casa, sentía la noche muy clara. Es casi luna llena y las noches de luna llena son mágicas. Entonces me he preguntado si él estaría también en el coche en ese momento.

Esa persona es un ángel. A veces me gustaría susurrarle todo lo que me aporta cada día, todo lo que vale (aunque esto seguramente ya lo sepa), describirle la grandeza que veo en sus ojos.

Debería tumbarme e imaginarle... Sin más. Sonreír hasta que el sueño me venza.

Ya es de noche

Pensaba que la tarde iba a ser tranquila porque la primera hora he estado relajadísima, pero no ha sido así. Estoy pensando en que tengo mala suerte, justo cuando decido ir a un sitio... Otro día será... Seguro que habrá más días de sol.

Estoy contenta, aunque muy saturada. Debería marchar a casa.

No me gusta el fútbol


El día que las chicas dijimos que también queríamos jugar en comunio.es no pensamos en que terminaríamos siendo un equipo-comodín. No entiendo de fútbol y como esta semana me toca administrar nuestro equipo desconozco lo que vendo y lo que compro. Pero me divierto en el miniforo, porque al fin y al cabo son mis amigos.

No me gusta el fútbol, pero nosotras también teníamos que estar dentro. De hecho, llevamos dentro mucho tiempo pero yo aprendí a comprar y vender jugadores este domingo.

Su esencia

Ese aura tan especial que le rodea proviene de su esencia, parte de la cual veo yo al mirarle a los ojos. Es admirable que una persona dé tanto, quizás inconscientemente, con sólo una mirada. Me encuentro con él y me reconforta leer en esos ojos tantas sublimes cualidades y virtudes que, por lo general, no suelen encontrarse juntas y en una única persona. Es adorable.
Le quiero muchísimo.

Caminaba por la calle, cuando le he visto pasar de nuevo. Estaba algo lejos y he estado contemplando sus pasos seguros y rápidos, las manos en los bolsillos, acto propio de una persona que se encuentra relajada, los rayos de sol que se desdibujaban en su espalda. En ese instante tan fugaz he comprendido lo mucho que me gustaría abrazarle ahí mismo.

Estaba tan guapo...

Dibujando con palabras

Admiro a los pintores que son capaces de plasmar con sus trazos el rostro de una persona, pero no un rostro cualquiera, sino que en esos rasgos son capaces de esbozar pinceladas del carácter interior de esa persona. Me parece algo loable.
A mí me gustaría poder dibujar unos rasgos angelicales a carboncillo y poder plasmar sobre el papel todo lo que ven mis ojos cuando se cruzan con los suyos. Yo no puedo hacerlo porque nunca amplié mis conocimientos de pintura ni son persona versada en esas artes. Pero me pregunto si un pintor de renombre sería capaz de plasmar lo que hay en esa mirada perfecta.
Para plasmar en la pintura algo que está más allá del aspecto externo de la persona que está posando hay que conocer, al menos un poco, a esa persona. Por eso, la mayoría de los grandes retratos tienen una relación mucho más profunda con el artista en cuestión (por ejemplo, amantes).
Me gustaría ser capaz de dibujar sus rasgos de memoria, porque a veces me da la sensación de que no me bastan las palabras para describir todo lo que veo en él... De momento, tendré que conformarme con ser una dibujante a través de las palabras.

miércoles, octubre 20, 2010

Días extraños

Llevo todo el día pensando, porque tenía algo dentro que me señalaba hacia el día. 20 de octubre. Es como la sensación que tienes cuando te olvidas de algo. Ha tenido que pasar todo el día para que cayera en la cuenta: tal día como hoy era el cumpleaños de mi tío.

Aunque apenas haya escrito, no quiere decir que fuera por falta de ganas, sino que he estado lo suficientemente ocupada hoy como para no sacar ni unos minutos para poder pasarme por aquí.

Ha sido un día extraño.

A las cinco de la tarde

Es muy extraño llegar a la oficina pasadas las diez de la mañana. He tenido que traer al padre de unos amigos que venía al taller, así que he llegado acompañada y me ha invitado a tomar un café junto a la gasolinera.
Al llegar me ha hecho gracia que el lugar donde me gusta aparcar estaba ocupado por un coche que conozco demasiado bien.
Después no sé... No le he visto hoy tampoco.

Tengo un poco de sueño.

20-10-2010

¿No es una fecha magnífica la de hoy: 20-10-2010? Da buen rollo que tantos números se repitan. Seguro que mañana es un buen día. Para mí sería un buen día si viera a ese ángel tan especial. Le echo muchísimo de menos.

Imaginando sus palabras

Imagino las conversaciones que tendría con él. Imagino que le cuento toda mi jornada, que hoy ha sido demasiado larga, imagino que le pregunto cómo le ha ido el día, imagino que le miro a los ojos sólo para susurrarle lo guapo que está, imagino que me pongo a hablar y me corta y me doy cuenta de que me encanta que lo haga, imagino que me pierdo en esa voz tan sensual, imagino que me cuenta historias, imagino que me regala un poco de su inmensa sabiduría... Y me quedo escuchándole y disfrutando de esa voz melodiosa.
Me encantaría pasar horas escuchándole. Tumbarme junto a él, cerrar los ojos y pedirle que me describa un viaje a un país que yo no conozca. Cerrar los ojos e imaginarlo con tan sólo escuchar sus palabras.

Imaginarlo me aporta una enorme paz.

Hoy estoy cansadísima. Pero pensar en él me reconforta.

martes, octubre 19, 2010

Regenerada

Llevo una hora generando energía positiva, pensando en alguien muy especial. Cuando le dije que me iba a Grecia para decirle unos días después que me iría a Polonia. He estado recordando cuando le vi nada más regresar de Japón, lo guapo que estaba, cómo se me grabó su sonrisa a medida que se acercaba.
Por algo es un ángel. Al pensar en él, he sentido que todo el peso de las últimas horas no era tan pesado en realidad. Y he apartado de mí cualquier cosa negativa que me abrume.
Así que me siento regenerada, aunque todavía tengo una conversación pendiente. Aunque no será hoy.
Tenía tan nublada la mente que siento que he perdido otro día soleado. Y en esta época no abundan.

Con los ojos puestos en... ¿Croacia?

Aunque parezca mentira, he tenido que volver a cambiar el destino. Ocurre lo mismo que con Grecia: para visitar sólo la capital prefiero irme a otro sitio. Llamaba para decir que me añadieran las minas de sal, pero me parece que no voy a marchar tan al norte. He tenido que preguntar qué días había pedido: del 13 al 21 de noviembre, que ni siquiera estaba segura.
Pues nada, quizás termine en Croacia o quizás me canse de escuchar que noviembre es mala época para viajar a países europeos y me termine marchando a algún lugar aquí cerca, sin salir de España.
Realmente soy algo sibarita. Si quisiera ir a Polonia iría, ya que para moverme no necesito una agencia de viajes, basta con alquilar un coche. Con Grecia es diferente: si no salen barcos no puedo ir a nado a las islas.

Mejorando

Voy a obligarme a pensar en positivo, y eso equivale a pensar toda la tarde en un ángel...

Voy a centrarme en que todo es pasajero y que mañana es posible que mi estado de ánimo sea más positivo. Lo que me duele es terminar algo del trabajo en noche cerrada, llegar a casa, no tener tiempo para desconectar, dormir y volver mañana sin haber desconectado.

Creo que necesito unas vacaciones. Y necesito que me añadan al viaje las minas de sal que se encuentran cerca de Cracovia. Me han susurrado que es un museo de sal, que nunca se han utilizado como minas de verdad, sino que dentro hay figuras de sal, y que merece la pena. Las minas de Wieliczka.

Una visita que me ha hecho sonreír

Cuando estaba escribiendo lo anterior ha venido mi padre (nos hemos cambiado el coche). Ha notado que me pasaba algo incluso antes de hablar, con sólo mirarle. Ha conseguido hacerme reír, pero para mi padre no es nuevo todo esto, ya que he hablado de ese tema con él.

Aún estoy sin tomarme el café. Debería pensar en cosas alegres, pero me siento tan presionada que quizás no consiga levantar el ánimo. O debería concentrarme en algo extralaboral. Pues hoy ha comenzado la segunda fase del curso que estoy haciendo. Supongo que me lo leeré y lo haré, si puedo, esta tarde.

¿Dónde está mi tiempo?

Me voy a tomar un café, pese a que falta un minuto para las cuatro y he puesto un horario en la puerta. Lo que no me parece normal es que se presente un señor aquí hace media hora o que llamen por teléfono a horas intempestivas.
Llevo unos minutos pensando en él y me siento más animada.

A veces esto me agota, porque a veces me da la sensación de que no termino de desconectar nunca. Por eso quiero irme a vivir por mi cuenta. Creo que aún nadie comprende que, aunque es un hecho que me guste viajar, no siempre me apetece hacerlo. Me voy a Polonia porque es una vía de escape y porque, si me quedo aquí, no serían vacaciones, al menos no tal y como yo las concibo, porque no desconectaría. Sólo la gente que me conoce sabría realmente el motivo de esa no-desconexión. A veces, me gustaría poder quedarme tranquilamente en casa viendo una película y disfrutar de un día sin hacer absolutamente nada (como afortunadamente ocurre muchos de los sábados que tengo libres). Si por mí fuera, no me iría de viaje al extranjero en el mes de noviembre, sino que dedicaría esa semana a holgazanear en todos los sentidos.
Es que aún me acuerdo el día que estaba visitando la casa de Rubens en Amberes y me llamaron por motivos de trabajo (al móvil personal). Era una persona lo suficientemente cercana a mí como para que tuviera mi móvil, pero no comprendo cómo no llamó al número que le había llamado con anterioridad. Y eso que estaba lejos.
Si eso ocurre estando en Bélgica, se multiplica por mil si me quedara aquí o me fuera a algún lugar cercano.
Me satura también que no pueda marcharme este fin de semana con mis amigas a León porque tengo una reunión que no puedo cambiar de ninguna manera. Y el caso es que, si lo pienso fríamente, sé que esto puede ocurrir muchos otros fines de semana. He hablado con una compañera para explicarle esta situación y hemos quedado en que nos haríamos favores mutuos en este aspecto. De todas formas, el sábado tengo que ir y al viaje de León ya dije que no podía. No se trata de este fin de semana, sino de muchos otros que están por llegar. Para éste ya me he mentalizado.
Es cierto que también mi situación implica muchos momentos buenos, pero la balanza no se compensa. Pierdo más de lo que gano. Y no me refiero a motivos como el económico, sino al tiempo. Porque el tiempo perdido es irrecuperable. A veces tengo la sensación de que no tengo tiempo para mí y es que en realidad hay muchos días que ocurre eso. Eso es algo que me atormenta.

Estoy agotada, y no es un cansancio físico. Si fuera físico se podría arreglar durmiendo plácidamente esta noche.

Me gustaría compartir todo esto con esa persona tan especial, apoyar mi cabeza en su hombro y mecerme en la dulzura de sus palabras. Sé que realmente no lo haría, porque desafortunadamente la energía negativa de una persona es contagiosa y no me gustaría contagiarle esta especie de pesimismo. Al pensar en su imagen angelical, he llegado a sonreír.

Un abrazo imaginario

A veces necesitamos un abrazo de alguien especial. Un abrazo que nos reconforte, un abrazo que nos transmita ternura, un abrazo que nos brinde un cariño especial.
Hoy necesito un abrazo. Estoy saturadísima de trabajo y siento que a veces me desborda. Hoy llegaré tarde a casa y sólo con pensar en ello siento que me ahogo. Y por eso estoy alicaída. Me resulta de un sacrificio enorme no poder llegar a casa, por ejemplo, a las ocho.
Pensándolo bien, según la hora que llegue a casa, mañana podré venir un poco más tarde.

Realmente necesito un abrazo. Creo que debería pensar en él para relajar un poco mi alma.

La isla mágica

Imagino la inmensidad del océano. Cuando estás ante él ves agua por todos los lados, mires hacia donde mires, tu mirada se pierde en una marcada línea del horizonte y eres consciente de que, más allá, el océano continúa su curso, hasta que muchas millas después sus aguas bañan alguna costa de arena o de guijarros, un continente lejano, una isla desconocida. Miras las gaviotas, pájaros de mar, aletear de aquí para allá, molestando quizás, según la gente de mar.
Cuando el mar está en calma nos aporta una tranquilidad total, nos pacifica el alma. Y cuando llegan las tempestades puede destruir en cuestión de minutos las mayores ingenierías navieras construidas por manos humanas, tiene potestad para llevarse almas al fondo del mar. El océano es un mundo de perpetuos contrastes.
La vida a veces es como el mar. A veces somos náufragos, en otras ocasiones somos grumetes, incluso otras veces nos convertimos en capitanes de barco. Podemos ser sirenas, que cantan sus hechizadas melodías para extraviar a los barcos, podemos transformarnos en Poseidón y gobernar los mares a nuestro capricho, y hasta podemos convertirnos en el monstruoso kraken, terror de los mares mitológicos. Podemos ser cualquier cosa mientras nuestra mente nos lo permita.
Los seres que habitan en el mar, incluso los del imaginario popular, son numerosos y muy variados.
En estos momentos me encuentro nadando hacia la isla que veo en el horizonte. Una isla que me atrae, una isla que brilla en la oscuridad, una isla que me hechiza, me seduce, me brinda una energía sobrenatural para continuar dando brazadas en su dirección. Cada día, al abrir los ojos, me aferro a esa persona que es como la isla perfecta, esa isla que hay en el horizonte. Hay (y ha habido) otras islas que me han brindado seguridad, momentos muy felices, me han recogido en sus playas en los instantes de duda, cuando me he equivocado, cuando me faltaba un último impulso. Mi familia, mis amigos, la escuela, la universidad, los trabajos, los innumerables ríos de gente que han pasado junto a mí, que han vivido algo conmigo, que han compartido un secreto, que me han dado un consejo… También he sorteado muchos islotes, incluso algunos he atravesado y no he querido mirar atrás. Algún islote me ha hecho naufragar y he sido Crusoe durante mucho tiempo. Hasta que un día, mirando al horizonte, me sentí atraída por una intensa luz, la luz de unas pupilas perfectas, y me tiré al mar para empezar a nadar en aquella dirección.
Él es esa isla en medio del mar que me hace sonreír, que me hace luchar, que me hace sentir bien, es la isla a la que me aferro porque me da seguridad, porque me reconforta. Y cuando veo la fuerza que hay en su mirada siempre saco fuerzas de no sé dónde para no permitirme nunca desfallecer. Si dejara de nadar me ahogaría irremediablemente. Y no quiero que eso ocurra. Cuando miro hacia el horizonte cada día contemplo ese brillo especial que emana de allí. Tengo muchas preguntas. Pero sobre todo tengo la sensación de que lo importante no es llegar a la isla, sino el trayecto hasta alcanzarla. Porque en el trayecto tengo que luchar a veces contra el terrible oleaje, contra los días grises, contra los temibles tiburones… Y la isla sigue allí, con una luz especial, una luz que no tiene ninguna de las islas que voy dejando a los lados. La isla no se va a mover de allí. Y espero que su luz no se apague nunca.

Es una noche de metáforas. Y es un magnífico momento para ir al encuentro de los sueños.

lunes, octubre 18, 2010

El recuerdo más dulce

Imagino el mejor recuerdo que tengo. Si lo multiplicara por mil sería un recuerdo sublime.
El recuerdo más dulce no es un único recuerdo, sino una sucesión de instantes vividos intensamente y en ese recuerdo aparece la persona más dulce que existe, un ángel que todo lo hace perfecto, en cuya mirada se ve todo lo mejor que existe en el mundo.
La dulzura de esa persona es inigualable.

Estamos cargados de recuerdos, unos mejores y otros peores, pero algunos de ellos nos hacen sonreír al momento.
Desde que conozco a esa persona tan magnífica la sucesión de instantes a recordar es interminable. Los voy guardando en el corazón y, de repente, un día te acuerdas de un gesto y eres capaz de evocar incluso la canción que sonaba de fondo y los colores que te rodeaban. Tengo recuerdos muy entrañables de esa persona y, sobre todo, cargados de una dulzura inmensa.

Momentos entrañables


Es una escena entrañable. La gatita, siendo tan chiquita, plantándole cara al perro.