
Tal día como hoy, 15 de marzo, moría hace 72 años Howard Phillips Lovecraft en una cama de hospital a los 46 años de edad. Fascinada por los relatos que he acabado hoy (aunque he comprobado que aún me quedan los que escribió conjuntamente con otros autores) y con una descontrolada curiosidad sobre la vida del escritor, considero necesario y justo hablar de él.
H. P. Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en la casa familiar del 454 de Angell Street en Providence, Rhode Island. Su madre se llamaba Sarah Susan Phillips Lovecraft y su padre era Windfield Scott Lovecraft, un viajante de Gorham & Co., joyeros establecidos en Providence.

En su más tierna infancia, su padre sufrió una crisis nerviosa en una habitación de hotel de Chicago y fue ingresado en el Hospital Butler, donde permaneció hasta su muerte en 1898. Durante ese período, al joven Lovecraft se le informó de que su padre estaba paralizado y comatoso, aunque en realidad murió de paresia, una variante de la sífilis.
Tras la muerte de su progenitor, la educación del chico recayó sobre su madre (que le sobreprotegía), sus dos tías y, especialmente, su abuelo, el prominente industrial Whipple Van Buren Phillips. Lovecraft fue un niño precoz: recitaba poesía a los dos años, leía con facilidad a los tres y escribía con fluidez a los siete.
A los cinco años leyó
Las mil y una noches, obra que le entusiasmo especialmente. En esta época adoptó el pseudónico Abdul Alhazred, personaje que después se convertiría en el autor del mítico
Necronomicon. Sus intereses sobre lo árabe se verían eclipsados por el descubrimiento de la mitología griega, a través de
Bulfinch’s Age of Fable y versiones juveniles de
La Odisea y
La Ilíada. En su trabajo más antiguo conservado,
El poema de Ulises (1897), parafrasea
La Odisea en 88 versos de rima interna. Para entonces ya había descubierto la ficción y su primera historia no conservada,
The Noble Eavesdropper, data de 1896. Su interés por la ficción fue estimulado e impulsado por su abuelo, que le entretenía con historias improvisadas al estilo gótico de terror.

Lovecraft fue un niño solitario y retraído, aquejado con frecuentes enfermedades, algunas de carácter psicológico, por lo que asistió de manera esporádica a la escuela de Slater Avenue, donde absorbía gran cantidad de información a través de lecturas individuales.
A los ocho años entró en contacto con la ciencia, concretamente la química y la astronomía. Empezó a editar periódicos de aficionados, como La gaceta científica (1899-1907) y La gaceta de Astronomía de Rhode Island (1903-1907), distribuyéndolos entre sus amigos.
Cuando ingresó en la escuela superior de Rhode Island, amigos y profesores le animaron en sus intereses y actividades literarias. De esta época datan amistades duraderas con jóvenes de su edad.
En 1906 escribió para el Providence Sunday Journal una carta de tema astronómico. Era la primera vez que se publicaba algo escrito por él. Poco después, empezó a escribir una columna mensual, en donde tocaba el tema de la astronomía, para el Pawtuxet Valley Gleaner, periódico de corte rural. Otros trabajos periodísticos incluyen colaboraciones, siempre como columnista, para el Providence Evening News (1914-1918) y para The Assevilley Gazette News (1915).

Con la muerte de su abuelo en 1904 y la mala gestión de su herencia, la familia de Lovecraft se vio envuelta en serios problemas económicos. Lovecraft y su madre se tuvieron que mudar a una modesta casa en el 598 de Angell Street. La pérdida del hogar familiar fue devastadora para Lovecraft. En esta época, se le relaciona con unos terribles y aparentes deseos de suicidio, motivado por sus largos paseos en bicicleta hasta el río Barrington, donde se quedaba mirando especulativamente las profundas aguas. Sólo la búsqueda de conocimiento representa un aliciente para seguir viviendo. A pesar de esto, en 1908, sufre una depresión nerviosa que le fuerza a abandonar la High School sin graduarse. Este infortunio, unido a la imposibilidad de ingresar en la Universidad de Brown, fueron dos hechos que le pesaron durante toda su vida, a pesar de que Lovecraft fue uno de los autodidactas más formidables de su tiempo.
Entre 1908 y 1913, Lovecraft vivió recluido en su casa, haciendo pocas cosas aparte de sus estudios astronómicos y su poesía. Durante este período, Lovecraft desarrolló una insana dependencia de su madre, que aún sufría por el trauma provocado por la enfermedad y muerte de su esposo, que la llevó a desarrollar una relación patológica de amor-odio hacia su hijo.
Lovecraft salió de su reclusión de una manera muy particular. Aficionado a la literatura ‘pulp’ de la época, se sintió tan ofendido por las insípidas historias de amor escritas por Fred Jackson en el Argosy (popular magacín de la época), que escribió una carta en verso atacando a Jackson. La carta se publicó en 1912 y provocó una tormenta de protestas por parte de los defensores de Jackson. Lovecraft se embarcó así en una encendida polémica en la sección de “Cartas al Director” del Argosy, donde sus respuestas eran casi siempre sonetos dieciochescos reminiscentes de Dryden y Pope. Esta controversia no pasó desapercibida para Edward F. Daas, presidente de la United Amateur Press Association (UAPA), Asociación de Prensa amateur de todo el país, que escribía y publicaba sus propios magacines. Lovecraft, invitado por Daas, se unió a la Asociación en 1914. Lovecraft publicó trece números de su propia revista amateur, el Conservative (1915-1923), además de contribuir con ensayos y poesía en otras publicaciones. Lovecraft llegaría a convertirse en presidente y editor oficial de la UAPA, sirviendo además de presidente a la asociación rival NAPA (National Amateur Press Association).
Esta experiencia salvó a Lovecraft de una existencia de reclusión improductiva, como él mismo diría en una ocasión:
"En 1914, cuando el Amateurismo me tendió su amable mano, estaba tan cercano como cualquier animal al estado de vegetativismo... Con la llegada de United, encontré una nueva razón para vivir; un renovado sentido de mi existencia, encontrando una esfera en la cual podía sentir que mis esfuerzos no eran del todo inútiles. Por vez primera, pensé que mis infantiles escarceos en el mundo del arte eran algo más que gritos perdidos en el sordo vacío".

En este mundillo de
amateurs, Lovecraft retomó la escritura de ficción, que había abandonado en 1908. W. Paul Cook, intuyendo lo prometido en cuentos de juventud como
La Bestia de la Cueva (1905) y
El Alquimista (1908), animó a Lovecraft a escribir ficción de nuevo. Lovecraft escribió entonces
La Tumba y
Dagón durante el verano de 1917. A partir de ese momento, Lovecraft mantendrá un flujo regular de creaciones de ficción, aunque hasta 1922, sus principales estilos literarios serían la poesía y el ensayo. A partir de aquí también comienza la creciente red de correspondencia con amigos y colaboradores, convirtiéndose eventualmente en uno de los escritores de cartas más prolíficos de su siglo, legándonos una cantidad que oscila entre las 60.000 y las 100.000 cartas.
La madre de Lovecraft, cuyas condiciones mentales y físicas la habían llevado a una rápida espiral descendente, sufrió una depresión nerviosa en 1919 y fue ingresada en el Butler Hospital, donde permanecería hasta su muerte en 1921.

La pérdida de su madre fue devastadora para Lovecraft, pero en unas semanas se había recuperado lo suficiente como para acudir a una convención de periodismo amateur en Boston. En este evento conoció a su futura esposa. Sonia Haft Greene era una judía de origen ruso, siete años mayor que Lovecraft. El flechazo fue mutuo. Lovecraft visitó a Sonia en su apartamento de Brooklyn en 1922 y la noticia de su boda el 3 de marzo de 1924 no fue una sorpresa para sus amigos, aunque sus dos tías, Lillian D. Clark y Annie E. Phillips Gamwell, se enteraron por carta una vez pasada la ceremonia. Lovecraft se mudó inmediatamente al apartamento de Sonia y en un principio el futuro parecía prometedor: Lovecraft había puesto un pie en el mundo profesional gracias a la publicación de varias de sus historias en Weird Tales, el conocido magacín pulp fundado en 1923, mientras que Sonia regentaba una exitosa tienda de sombreros en la Quinta Avenida.
Sin embargo, los problemas se abatieron sobre la pareja enseguida: la tienda sufrió bancarrota, Lovecraft rechazó la oportunidad de editar un magacín asociado a Weird Tales (que hubiese implicado su traslado a Chicago) y la salud de Sonia empezó a deteriorarse, lo que la llevó a pasar largas temporadas en un sanatorio de Nueva Jersey. Lovecraft intentó conseguir un trabajo estable, pero nadie deseaba contratar a un hombre de 34 años sin ningún tipo de experiencia anterior. En 1925, Sonia se fue a Cleveland para conseguir un trabajo, mientras Lovecraft se mudó a un apartamento de soltero cerca de la insalubre zona de Brooklyn, llamada Red Hook.
Aunque Lovecraft tenía amigos en Nueva York (Frank Belknap Long, Rheinhart Kleiner, Samuel Loveman), comenzó a sentirse deprimido por su aislamiento entre las masas de "extranjeros" de la ciudad. Su ficción varía entre lo nostálgico,
The Shunned House (1924), ambientada en Providence, a lo amargado y misantrópico,
El Horror de Red Hook y
Él (ambos escritos en 1924 dejan bien claros sus sentimientos hacia Nueva York).
A principios de 1926 se planeó que Lovecraft volviera a su añorada Providence. Pero Sonia no encajaba en estos planes. Aunque seguía sintiendo afecto por ella, consintió cuando sus tías se negaron a la propuesta de Sonia de abrir un negocio en Providence: su sobrino no podía estar casado con una simple tendera. El matrimonio estaba roto y el divorcio llegó en 1929.

Cuando Lovecraft volvió a Providence el 17 de abril de 1926, estableciéndose en el 10 de Barnes Street, no fue para enterrarse a sí mismo. Más bien, sus últimos años de vida fueron los de su florecimiento, como escritor y como persona. A partir de entonces, su vida fue relativamente calmada. Viajó a varios lugares de América en busca de antigüedades (Québec, Nueva Inglaterra, Filadelfia, Charleston, St. Agustine); escribió su mejor ficción, desde
La llamada de Cthulhu (1926) hasta
En la noche de los tiempos (1934-1935), pasando por
Las montañas de la locura (1931), además de continuar con su extensa correspondencia.
En Nueva Inglaterra, Lovecraft encontró su lugar como escritor de ficción fantástica y como hombre de letras en general. Promocionó las carreras de muchos jóvenes escritores (August Derleth, Donald Wandrei, Robert Bloch, Fritz Lieber) y fue implicándose cada vez más en los temas económicos y políticos de su tiempo, apoyando a Roosevelt durante la Gran Depresión y aproximándose hacia una especie de socialismo moderado. Aun así continuó absorbiendo conocimientos en muchos y variados temas, desde la filosofía hasta la literatura, pasando por la arquitectura.
Los dos últimos años de su vida fueron bastante duros. Su querida tía Mrs. Clark murió en 1932. Un año después HPL se muda con su otra tía, Mrs. Gamwell, al 66 de College Street, justo detrás de la John Hay Library (Biblioteca que, en la actualidad, contiene numerosos documentos del autor, manuscritos y cartas de su puño y letra).
Sus últimos relatos, cada vez más largos y complejos, fueron difíciles de vender, y se vio obligado a mantenerse a través de las "revisiones" de obras de otros autores, así como a escribir historias de fantasmas, poesía y trabajos de no-ficción.
El suicidio de uno de sus mejores amigos, Robert E. Howard en 1936 le dejó confuso y entristecido. Por esa época, la enfermedad que causaría su muerte, cáncer intestinal, se había extendido mucho. El 10 de marzo de 1937 ingresó en el Hospital Memorial Jane Brown, donde falleció cinco días después. Fue enterrado el 18 de marzo en el mausoleo familiar de los Phillips en el cementerio de Swan Point.

Es posible que, al final de su vida, Lovecraft temiese el olvido al que parecía estar condenada su obra, ya que no había publicado ningún libro en vida, excepto la edición barata de
La sombra sobre Innsmouth (1936) y los relatos, ensayos y poemas que estaban desperdigados por un sinfín de magacines
pulp y
amateur.
Sin embargo, las amistades que había forjado por correspondencia salvaron su legado: August Derleth y Donald Wandrei estaban determinados a preservar los relatos de Lovecraft en la dignidad de los libros de tapa dura. Fundaron la editorial Arkham House para publicar la obra del "príncipe de Providence" (tal como le llama Stephen King), estrenándose con
The Outsider and Other en 1939.
Muchos más volúmenes continuaron publicándose después y finalmente el trabajo de Lovecraft pudo contemplarse en libros que se tradujeron a más de una docena de idiomas. En la actualidad, sus relatos se encuentran disponibles en recopilaciones ampliamente comentadas; sus ensayos, poemas y cartas son accesibles para el numeroso público y muchos estudiosos han escrito sobre las profundidades y complejidades de su trabajo y pensamiento.
Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) se ha convertido en uno de los escritores de horror y ciencia ficción más influyentes y leídos del siglo XX; su obra es objeto de culto para los adoradores del terror. Injustamente ignorado en vida, fue después de su muerte cuando sus amigos y colegas se empeñaron en difundir su obra a cualquier precio y finalmente se le prestó la atención que merecía. Hoy en día, Lovecraft ocupa un lugar preeminente en el canon de la literatura norteamericana. Parte de su obra ha sido publicada en la Library of America, una especie de "salón de la fama" literario, donde comparte catálogo con genios de la talla de James Fenimore Cooper, F. Scott Fitzgerald, Herman Melville, Mark Twain o Edgar Allan Poe.
En sus relatos, HPL desplaza al hombre como centro de la narración e instaura como eje supremo al cosmos o al ambiente. El débil desarrollo de los personajes y la casi total ausencia de diálogos son reemplazados por descripciones exhaustivas y tremendamente adjetivizadas de lugares y sucesos, llegando a veces a exasperar al lector moderno, acostumbrado a usos estilísticos más dinámicos.

Su declarado y manifiesto ateísmo, junto con sus peculiares experiencias familiares y su historia de reclusión física y espiritual en su ciudad natal, nos pueden dar luces sobre algunos de los temas más recurrentes en su literatura. Los estudiosos suelen dividir su obra en tres grandes grupos: sus cuentos de fantasía pura, los relatos de horror cósmico o numinoso y, por último, aquellos que continuaron una línea clásica del terror.
Muchas de sus historias enfrentan al hombre con el conocimiento de lo prohibido, en donde el protagonista ve colapsar su cordura frente a la abismal enormidad de lo descubierto. También nos muestra la inefable influencia de poderosos y primigenios seres cósmicos, extraterrestres o de otras dimensiones sobre una humanidad "extranjera" en su propio hogar.
Otra de sus líneas argumentales más trabajadas es la que habla sobre culpas atávicas, en las que los descendientes deben pagar por los pecados de los antepasados o sufrir la consecuencia de pertenecer a estirpes de sangre maldita (como en el caso de
El horror oculto,
La sombra sobre Innsmouth y
El caso de Charles Dexter Ward. Tampoco se puede dejar de mencionar el poco disimulado racismo que manifiesta en muchos de sus escritos, cierta misoginia y sus ideas sobre la imposibilidad de escapar al destino o el temor de ver a la sociedad occidental amenazada por fuerzas bárbaras o primitivas.
Lovecraft y el cine

De joven, Lovecraft fue un gran aficionado al cine mudo, sobre todo entre 1908 y 1913 (su época de reclusión). Los primeros locales que se abrieron en Providence comenzaron a funcionar en marzo de 1906, y asistió a las primeras funciones “con el mismo espíritu con el que había leído a Nick Carter, Old King Brady & Frank Reade”, los populares héroes de las dime novels (folletines en fascículos de diversos géneros: western, policíaco, de aventuras o fantástico), que se vendían a diez centavos (un dime), indudable antecedente de las revistas pulp.
Sus actores favoritos eran Douglas Fairbanks, Mary Pickford y en especial Chaplin, a quien dedicó un poema en octosílabos titulado To Charlie of the Comics (1916).
Entre las películas que vio destacan, además de todos los cortos de Charlot, "El nacimiento de una nación" (1915) y "El lirio roto" o "La culpa ajena" ("Broken Blossoms", 1919), de David W. Griffith. Posteriormente, arrastrado por su esposa Sonia y su amigo Frank Belknap Long, que no habían perdido aún el interés por el cine como le pasaba a él, vio, entre otras, "El ladrón de Bagdad" (1924), de Raoul Walsh, cuyos fabulosos decorados le debieron fascinar; "El fantasma de la ópera" (1925), la gran creación de Lon Chaney, y "El mundo perdido" (1925), adaptación de la novela de Conan Doyle, que constituyó un verdadero hito en la utilización de efectos especiales.
A su regreso a Providence tras el divorcio, se extinguió su afición al cine, aunque contempló las primeras muestras de cine sonoro. Tanto "Frankenstein" como "Drácula", ambas de 1931, le aburrieron soberanamente, a pesar de que trataban un tema que le era bastante afín, y en la segunda incluso abandonó la proyección. En esta época sólo gozó de su agrado la película de Frank Lloyd "La Plaza de Berkeley" (1933).
Si hoy viviera, es probable que no aprobara la extraña peculiaridad de la actual sala cinematográfica de su ciudad natal, Cable Car Cinema, que, además de ofrecer una selecta programación para cinéfilos, compuesta principalmente por cine independiente americano y películas extranjeras, presume de ser la más original del mundo: su parte central está ocupada por sofás de dos plazas.
La literatura de Lovecraft tiene mucho potencial para cautivar la atención de guionistas, productores, realizadores y público cinematográfico. Tal vez sea por aquella peculiaridad de sus cuentos, que los interrelaciona sutilmente unos con otros, ambientándolos en esos inquietantes lugares irreales de Nueva Inglaterra; o la casi permanente mención del fantástico y poderoso Necronomicon, libro maldito que aún muchas personas pueden pensar que realmente existe.
O aquellos horrores tan profundos que las palabras no alcanzan a describirlos y pueden llevar a la mente a imaginar lo inimaginable. La presencia de todos estos elementos tomados del ocultismo esotérico, la ciencia y el periodismo de la época, constituyen un terreno fértil para despertar la imaginación del más escéptico. Y el cine de terror, estando siempre a la caza de elementos perturbadores, no podía dejar pasar de largo estas angustiantes historias.

Sin embargo, Hollywood tardó en encontrar y adaptar al cine el filón creativo de Lovecraft. No es hasta 1963, 25 años después de su muerte, cuando se estrena "El Palacio de los Espíritus" ("The Haunted Palace"), que es una adaptación bastante libre de El caso de Charles Dexter Ward. Por razones de marketing, el productor y director Roger Corman utilizó para el título del film uno de los poemas de Edgar Allan Poe. La película tuvo regular aceptación entre el público.
Seguirían luego "Die, Monster, Die!" (1965) y "Curse of the Crimson Altar" (1968), protagonizadas por Boris Karloff e inspiradas por
El color surgido del espacio y
Los sueños en la casa de la bruja, respectivamente. La primera perdió totalmente la línea argumental del relato de horror de Lovecraft, llevándolo hacia la ciencia ficción, mientras que la otra desperdicia el reparto reunido (entre los que se encontraban Christopher Lee y Barbara Steele) en una historia que pierde fuerza y se torna aburrida. Mucho más efectiva resultó la adaptación de la misma historia hecha para televisión en 2005, dentro de la serie "Masters of Horror" y dirigida por Stuart Gordon.

Los años 70 trajeron consigo la versión cinematográfica de uno de los relatos esenciales del ciclo literario de los
Mitos de Cthulhu:
El horror de Dunwich (1970), producida por Roger Corman y dirigida por Daniel Haller. La historia del nefasto Wilbur Whateley, interpretado por Dean Stockwell, es recreada con toques psicodélicos, incorporando al personaje Nancy Wagner (Sandra Dee), que no aparece en la obra literaria. En la película, el horror que inspira el original está ausente.
En Italia, la influencia “lovecraftiana” se dejó sentir a través de Lucio Fulci, uno de los grandes propulsores del ‘gore’ más explícito. Sus películas "Paura Nella Città Dei Morti Viventi" (1980) y "Quella Villa Accanto al Cimitero" (1981) hacen constantes referencias a creaciones y lugares de la obra del autor de Providence.
Posiblemente la más popular y taquillera traslación a la pantalla de una obra de Lovecraft sea "Re-Animator" (1985), basada en
Herbert West, Re-Animator, una historia de la cual HPL manifestó no sentirse totalmente satisfecho. Dirigida por Stuart Gordon y protagonizada por Jeffrey Combs, dos grandes personajes del cine de terror ochentero, esta hilarante historia sobre una sustancia que puede reanimar cadáveres, logró desatar una nueva ola de películas basadas en los cuentos del autor.

La misma combinación (Lovecraft, Gordon, Combs) volvió a reunirse en "From Beyond" (1986), secuela del relato corto Desde el Más Allá, en el que un científico logra inventar una máquina (el ‘resonator’) que estimula la glándula pineal, abriendo la mente a una dimensión paralela habitada por monstruosos seres. Se trata de una producción sumamente entretenidoa con una buena banda sonora y efectos especiales bastante apreciables para la época.
En 1987 llegaría una nueva versión cinematográfica de El color surgido del espacio. Se trata de "La Granja Maldita" ("The Curse"), en donde un meteorito cae en el campo de una familia de granjeros produciendo terribles mutaciones físicas y psicológicas entre sus miembros. La historia guarda muy poca relación con lo que Lovecraft quería transmitir en lo que él consideraba su relato favorito. El horror atmosférico se pierde para dar paso a la repugnancia y el ‘gore’ explícito.

Una suerte similar correría la adaptación de
Lo innombrable. Estrenada en nuestro idioma con el título de "Donde duerme el Horror" ("
The Unnamable", 1988), el filme contiene muchas referencias a Lovecraft: los personajes de Randolph Carter y Charles Dexter Ward son prestados de otros relatos del autor, se menciona al
Necronomicon, parte de la acción de desarrolla en la Universidad Miskatonic, etc., pero rápidamente degenera en una burda película estudiantil de horror. Sin embargo, su exiguo éxito llevó al director, Jean-Paul Ouellette, a realizar una pseudo-secuela llamada "The Unnamable II: The Statement of Randolph Carter" (1993).
Dan O’Bannon dirigió "The Resurrected" (1992), una interesante revisión de El caso de Charles Dexter Ward, en la que Chris Sarandon interpreta el doble papel de Joseph Curwen y Charles Dexter Ward. Las criaturas deformes (sobre todo la moribunda que los lugareños se encuentran flotando en el río) son de los más “lovecraftiano” que se ha visto en la pantalla. En 1994 apareció "Necronomicon", película compuesta por tres relatos enlazados por la presentación del propio Lovecraft, encarnado por Jeffrey Combs.
La trilogía "Evil Dead" de Sam Raimi y los llamados filmes apocalípticos de John Carpenter ("The Thing", "Prince of Darkness", "In the Mouth of Mandes"), a pesar de no estar basados en ninguno de los relatos de HPL, transportan al espectador a universos en los que la influencia “lovecraftiana” no pasa desapercibida.
El nuevo milenio trajo consigo "Dagon: La Secta del Mar" (2001), nada despreciable producción de la Fantastic Factory, dirigida por Stuart Gordon y basada en los cuentos de Dagón y La sombra sobre Innsmouth. Dos parejas tienen un accidente en el mar, llegando al extraño pueblo de Imboca e iniciando una lucha por sobrevivir a los temibles mutantes humano-marinos que lo habitan.

La más fiel de las adaptaciones de HPL es "La llamada de Cthulhu" ("The Call of Cthulhu", 2005). En esta producción muda y en blanco y negro, el director novel Andrew Leman realizó un homenaje al cine expresionista respetando fielmente la línea argumental de la historia original, inclusive la estructura capitular. No hay ‘gore’, desnudos ni lenguaje obsceno; sólo 47 minutos de pura mitología “lovecraftiana”, como para transmitir a las nuevas generaciones.
Tal es la influencia de la literatura de HPL en el séptimo arte que desde 1995 se viene realizando el H.P. Lovecraft Film Festival, como un espacio donde los realizadores profesionales y amateurs pueden seguir rindiendo tributo a este genio del horror.
Muchas otras adaptaciones e inspiraciones han quedado en el tintero. Pero es innegable que el inagotable universo creado por Lovecraft y sus seguidores seguirá alimentando la imaginación de los guionistas por mucho tiempo.