miércoles, marzo 18, 2009

El retrato oval

Un hombre, herido de gravedad, solicita pasar una noche en un castillo. Mientras su criado se adormece, él comienza a leer un libro informativo sobre los cuadros que ocupan la pared del suntuoso dormitorio. Al acercar la lámpara a las páginas, descubre un retrato que le había pasado desapercibido.
Se trata de un retrato oval, de una mujer cuyos ojos parecen tan vívidos que ponen nervioso al que la está mirando. Busca información sobre la hermosa joven y descubre que se enamoró del pintor, pero que éste sólo vivía por y para el Arte. El pintor le propuso hacerle un retrato y ella aceptó, sólo por pasar más horas con él. A medida que el pintor pintaba su obra, la joven se marchitaba lentamente, pero el artista sólo tenía ojos para el lienzo y no quiso ver que a cada pincelada iba matando a la joven. El color de las mejillas del retrato empalidecía cada día un poco más el rostro de la muchacha.
Cuando el cuadro estuvo terminado, lleno de colorido y VIDA, la joven yacía muerta en la torre del castillo.

Es un cuento hermoso.

La verdad sobre el caso del señor Valdemar

Un hombre especializado en hipnotismo cuenta cómo murió Ernest Valdemar.
El señor Valdemar tenía tuberculosis. Ya había sido hipnotizado con anterioridad pero el hipnotizador sabía que nunca se entregaba por completo en esas sesiones. El día que los médicos aseguraron el momento previsible en que iba a morir, fue hipnotizado de nuevo. Valdemar siguió vivo en un estado de hipnosis durante siete meses. Aunque su corazón no latía, su lengua seguía susurrando que estaba muerto.
Finalmente decidieron sacarle de la hipnosis. En el momento en que lo hicieron, el cuerpo del señor Valdemar se pudrió en cuestión de minutos.

Poe se ocupó de las repercusiones que este relato tuvo en Londres, donde fue tomado como un informe científico. El mesmerismo(*) y sus campos afines interesaban extraordinariamente en la época; el toque clínico del cuento, donde no se retrocede ante el menor detalle descriptivo, por repugnante que sea, explica el engaño.

(*) Mesmerismo: Doctrina del magnetismo animal, expuesta en la segunda mitad del siglo XVIII por el médico alemán Mesmer.

Derechos de Autor

Cualquier día de estos en que mi hermano tenga un rato libre tendré que pedirle que mire los aspectos jurídicos de los Derechos de Autor. Ya sé que, con cierta facilidad, yo podría encontrar amplia información en internet, pero la jerga jurídica me pone nerviosa. 
El ocho de julio del año pasado acudí al Registro de la Propiedad Intelectual por primera vez. Ocho meses después me han llegado los Derechos de Autor de esas primeras obritas. Cuando ayer abrí el sobre tenía una sensación extraña. Son sólo papeles: una carta donde te dicen que tu obra X ha pasado por una valoración jurídica favorable, compulsada y firmada, y una especie de ficha donde te pone el número de asiento registral. Pero tener esos papeles en mi poder me da cierta seguridad. Por ejemplo, ante el relato ganador de aquel certamen saber que es "intocable"...
Lo que no me hubiera esperado es que tardaran tanto todos estos trámites. 

Volver a Logroño

A veces la vida nos ofrece oportunidades que debemos sopesar en una balanza. Se me ofrece la posibilidad de volver a mi tierra y trabajar allí con la seguridad que conlleva un contrato fijo. Para mí esto supone un esfuerzo terrible. Llevo mucho tiempo pensando en Salamanca como mi ciudad, pero esto es sólo una ilusión. Salamanca me gusta, claro que me gusta, pero Logroño me ofrece unas oportunidades que aquí no sé si llegarían alguna vez. Logroño, además, es mi tierra. Ahora la veo como ciudad extraña, pero su riqueza económica es muy superior a la que aquí existe. Por ende, también se hace más fácil encontrar otras opciones que aquí no encontraría en mucho tiempo o, quizás, no encontraría.
Logroño crece a pasos agigantados y, aunque ahora la vea como una ciudad extraña, sé que encontraré mi sitio allí. Hoy en día no hay mucho donde elegir y no se pueden dejar pasar las oportunidades.
Yo misma soy consciente de lo que vale mi tierra, al haber pasado tanto tiempo fuera. Volveré a mis raíces, el precio es muy alto. Quizás nunca tuve que haber salido de allí.

El gato negro

Hay quien ha visto en este relato un paralelismo entre la vida de Poe: él, su esposa Virginia y su gata Caterina
Dicen que los gatos negros son brujas metamorfoseadas y, para los más supersticiosos, son seres que traen mala suerte. A mí me encantan. 
Mi concepción sobre este relato cuando lo leí con 16 años fue completamente diferente. Hasta que no tuve un gato en casa no era un animal que me llamara especialmente la atención. Eso cambió cuando aprendí a querer y a comprender a estos animales. Uno de sus rasgos principales es que son vengativos, que siempre recuerdan "eso" que les ha hecho mal. Y Poe lo plasma aquí a la perfección.

Un hombre, amante de los animales, se casa y, entre sus animales, su preferido es un enorme gato negro. Su carácter empieza a variar y cae bajo los efectos del alcohol (igual que el autor). Comienza a maltratar a los animales, a todos excepto a Plutón, su amado gato. Pero una noche, al llegar a casa borracho, Plutón se le cruza en el camino y el protagonista le saca un ojo con su cortaplumas. Al día siguiente, cuando se han disipado los efectos de la borrachera, comprende horrorizado lo que ha hecho. El gato huye de él, hasta que finalmente decide ahorcarle.
Esa misma noche, su casa se incendia. El único muro que queda en pie es el que se encuentra en la cabecera de su cama, donde aparece una imagen grotesca sobre el encalado de un gato ahorcado. Su esposa y él, junto a todos los animales, se trasladan a un lúgubre sótano. El hombre busca otro gato parecido al que ahorcó y finalmente, en un bar, se lleva a uno que no es totalmente negro, ya que la barriga es blanca. 
Al día siguiente ve que el gato es tuerto y que su mujer le mima. Con el paso de los días en la barriga del gato se dibuja algo parecido a un gato con una cuerda y el hombre empieza a temer al animal. Se contiene por lo que le hizo el otro, pero entonces un día, a punto de levantar el hacha, su esposa le para y el filo del hacha cae sobre la cabeza de su esposa. Esconde el cadáver en un hueco de la pared. Desde entonces el gato desaparece.
Comienza una investigación, pero los hombres de la ley no encuentran cargos contra el viudo. La última vez que van, vanidoso él, da un golpe a la pared, con tan mala suerte que se oye al gato detrás, que también ha sido emparedado, junto al cadáver de su esposa.

Manuscrito hallado en una botella

Entre los primeros relatos de H.P. Lovecraft había uno, La botellita de cristal, que, supuestamente, estaba inspirado en éste de Poe. Inspiración, pero nada más, porque sólo se parecen en el decorado y el ambiente de fondo.

Hay quienes han visto este relato como una parábola del paso del hombre por la vida. El héroe del relato muestra los rasgos románticos del nomadismo, el desasosiego inexplicable, el exilio a la perpetuidad; por debajo se adivinan impulsos más terribles que no alcanzan explicación final. La característica más memorable reside en la intensidad de efecto con un mínimo de palabras.
Este cuento ganó el premio ofrecido por el Baltimore Sunday Visiter y, en cierto modo, inició la carrera literaria de Poe.

Un filósofo embarca en la isla de Java y, a los pocos días, su barco naufraga. El fuerte viento arrastra el navío hacia el sur. Finalmente se cruzan con un extraño barco donde el narrador comienza a escribir su manuscrito. La tripulación de este barco es peculiar: no reparan en su presencia y todos son viejísimos. Finalmente el mar engulle el extraño barco.

martes, marzo 17, 2009

Un deseo

Si ahora pudiera pedir un deseo, me gustaría regresar a diez días atrás, antes de que el volcán entrara en erupción para después dejar tras de sí destrucción, silencio y cenizas. 
Aunque sé que, aunque hubiera tal posibilidad, volvería a hacer lo mismo. Me pregunto si siempre ocurre que después de la tormenta llega la calma o prosigue oculto un torrente tumultuoso que fluye hasta el infinito.

"Si nos roban a nuestros seres queridos, la forma de hacer que vivan más tiempo es no dejarlos de amar nunca. Los edificios arden, las personas mueren, pero el amor verdadero es para siempre".

El pozo y el péndulo

Recordaba este relato de Poe. Entonces me quedé pensando en lo que vio en el fondo del pozo, y ahora me sigo preguntando qué puede ser tan aterrador. El hecho de que el personaje no ose decir lo que ve es admirable. Aunque esto encolerizaba a R.L. Stevenson, que lo tildaba como "una impostura, un audaz e imprudente escamoteo".
Éste es uno de los relatos más famosos de Edgar Allan Poe.

Un hombre acusado por la Inquisición es encerrado en una celda en una prisión toledana. Cuando despierta después de varios vahídos en medio de la oscuridad, decide tomar conciencia de las dimensiones de la celda. Un guiño del destino le hace tropezar por error y descubre que su cabeza está sobre un pozo a ras del suelo que, sin duda, era una trampa para caer.
Cree que le administran algún tipo de droga porque le entra el sopor con facilidad. En una de las ocasiones en que se despierta, está atado y hay algo de luz, lo que le permite vislumbrar todo lo que le rodea. Cuando mira al techo, descubre un péndulo en forma de media luna con acero cortante en los estremos. No puede moverse y se sorprende al comprobar que el péndulo va bajando cada vez más deprisa. 
Sus únicas compañeras en la celda son las ratas que salen del pozo y que, en la mayoría de las ocasiones, se comen su comida. El reo aprovecha tal voracidad para impregnarse los cínculos que le tienen amarrado con las sobras de los alimentos y permanece inmóvil. Las ratas se acercan y le cortan las ataduras justo cuando el péndulo infernal le toca el pecho. 
El prisionero se acerca al borde del pozo y mira el fondo. Le horroriza lo que ve. Y entonces el chirrido y las puntas afiladas de las paredes le rodean lentamente. Cree volverse loco al comprender que está siendo impulsado hacia el agujero negro.
Entonces todo se para de repente y, desvanecido a punto de caer en el abismo, un general francés le tiende la mano. 

La estafa del 905443130

Hoy me ha llegado un mensaje al móvil que reza lo siguiente:
"Servicio Express: Tenemos pendiente de entregar un paquete para Ud. Si Ud es el titular de este número por favor contacte con nosotros al 90 54 43 130". Lo habían enviado desde este número de teléfono +34699805217.
La verdad es que me he olido algo raro, sobre todo porque no espero ningún paquete y porque, siempre que te envían algo, primero pasan por tu casa.
Ni que decir tiene que ni me he molestado. Con sólo ver ese 905 ya te da que pensar. Así que he puesto el número en google, ¿y qué me encuentro? Que realmente es una estafa. Es la primera vez que me envían un sms así, pensaba que los timos eran una especie de leyenda urbana porque nunca me habían tocado, pero ya veo que no, que existen de verdad.
Mi intención no es tanto contarlo como ponerlo de advertencia. 

William Wilson

El tema del "doble" es un tema recurrente en la historia de la literatura. Aquí se encuentran reminiscencias del doppelgänger, pero también me recuerda, en cierto modo, a la famosa obra de Dr Jekyll Mr Hyde. Al final también hay cierto vínculo con El retrato de Dorian Gray.
El trato que le da Poe es, ¡cómo no!, exquisito, poniendo énfasis en ese desdoblamiento de personalidad a través de la competencia, el temor, la protección y otros rasgos que acercan (o alejan) a dos 'personas' tan similares.
¿Quién es ese doble? ¿Es humano o un ente abstracto? ¿Se trata acaso de la conciencia? ¿Por qué las habilidades de uno no pueden sobresalir por encima del otro? ¿Por qué al morir uno indefectiblemente el otro morirá con él?

William Wilson (nombre imaginario inventado por un narrador que está avergonzado y se considera un proscrito) cuenta que en su infancia estuvo recluido en un colegio con aspecto de prisión. El mismo día que llegó a ese colegio otro niño que se llamaba igual entró en el mismo colegio. William Wilson tenía unas aptitudes especiales para sobresalir entre sus compañeros y liderar el grupo. Sólo una persona era capaz de hacerle la competencia: su tocayo.
El hecho de que el otro William Wilson susurre es bastante significativo también.
William dice que era imposible odiarle, que le producía temor, pero también admira a su tocayo.
Una noche se levantó de la cama y fue al dormitorio donde su tocayo dormía. Cuando vio sus rasgos se marchó del colegio.
Tiempo después descubrió que su tocayo había nacido el mismo día que él y que ese mismo día tuvo que dejar el colegio.
William Wilson estudió en Eton y llegó a Oxford, universidad que por aquel entonces brillaba por su carácter disoluto. Allí vivió una vida regalada de vicios, donde destacaba el juego. Los estudiantes se reunían en las habitaciones y apostaban fuertes sumas de dinero. Fue entonces cuando llegó un alumno nuevo al que William veía como torpe y como posible víctima a quien desplumar. Fue esa noche, cuando el nuevo se encontraba arruinado ya, en que se abrió la puerta y apareció el otro, que sólo dijo con su voz susurrante que miraran los puños de la camisa y los pequeños bultos de la bata de William. Así fue como, rechazado por el resto, tuvo que abandonar la universidad y empezó a viajar por Europa. 
Se sintió acosado por ese otro William que desbarataba siempre sus planes. Fue en Roma, en un baile de máscaras, donde se lo volvió a encontrar -evidentemente con el mismo disfraz que él- y acudieron a otra habitación. William mata a su tocayo que, en un susurro mortal, le asegura que muriendo él William perecerá con él. Entonces William comprende en toda su magnitud lo que acaba de hacer.

El quejido de la primavera

Era febrero de 2004 cuando mi tío sonreía ante la perspectiva de un largo viaje a Cuba. Mi tío no llegó nunca a realizar aquel viaje que tanto ansiaba. Ese mes andaba preocupado por algo que le costó confesar. Durante unas semanas se lo tragó todo para sí y, después, confesó la cruda realidad: le habían salido unos ganglios en el cuello que no predecían nada bueno.
Mi tío falleció en septiembre de 2007. Para mí fue una pérdida que nunca creo que llegue a asimilar. No le vi apagarse en los últimos días de su vida y, ahora, cuando voy a su casa, siempre clavo los ojos en el sofá donde le vi por última vez. Evito visitar su casa. Para mí, su presencia aún es muy palpable y dolorosa.

La cautiva


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Conocí a Victoria Holt cuando uno de mis hermanos me regaló La señora de Mellyn. El libro seguía la misma línea argumental que Jane Eyre (joven institutriz que se enamora del señor de la mansión donde ha acudido a educar niños). 
En aquella época me entusiasmó, junto Flores en el ático y el resto de sagas de V.C. Andrews. Ahora, casi todos sus libros me parecen tan similares que me terminan aburriendo. Sin embargo, cada vez que veo uno me hago con él.
Lo cierto es que, más que el argumento, lo que de verdad me gusta de esta escritora es el ambiente decimonónico creado alrededor de los personajes: enormes castillos que conocieron mejores tiempos, rincones escondidos, largos viajes en barco y las frondosas y alegres praderas de la campiña inglesa.
Sin embargo, a este libro le falta profundidad. Cuando habla de Constantinopla apenas toca la otra cultura, por poner un ejemplo.

Rosetta Cranleigh es una joven inglesa que vive cerca del Museo Británico, donde trabajan sus padres, dos eruditos especializados en la cultura egipcia. Embarcados en un mundo de libros y papiros antiguos, Rosetta (su nombre es en honor a la piedra Rosetta) tiene una infancia feliz en las cocinas de la casa junto a los criados. A pesar de las distracciones de sus progenitores, que nunca tuvieron especial interés en su hija, le buscan una institutriz, Felicity, con la que trabará una amistad intensa y sincera.
De repente, los Cranleigh deciden embarcarse a Sudáfrica, donde tienen programadas unas conferencias. Deciden que Rosetta debe acompañarles, así como el joven erudito Lucas Lorimer, que ya había estado en la casa.
La relación entre Lucas y Rosetta se estrecha, pero ella conoce a un marinero, John Player, con el que empieza a charlar por las mañanas. El barco naufraga y los tres jóvenes se encuentran en el mar. John consigue subirse a un bote y salva la vida de Rosetta y Lucas.
Después de muchos días bajo el sol, los tres jóvenes consiguen llegar a un islote deshabitado. Lucas tiene una herida grave en la pierna, que le entablillan como mejor pueden. Ante la imposibilidad de moverse, los otros dos le dejan en la playa con un silbato por si apareciera un barco. Mientras, John se sincera con Rosetta y le confiesa su verdadera identidad. John es realmente Simon Perrivale que, acusado de asesinato, ha tenido que huir de Inglaterra. Rosetta confía en él cuando le dice que es inocente y que ha huido porque no tiene medios para demostrar lo contrario.
El día que aparece un barco no saben lo que les espera. Les rescatan unos corsarios que les llevan a Constantinopla, donde Simon y Rosetta son vendidos como esclavos a un pachá. Rosetta es introducida en un harén, donde su pelo rubio y sus ojos azules causan estupefacción, mientras Simon se ocupa de los jardines. Rosetta teme el momento en que el pachá pida una concubina. Sin embargo, una francesa que lleva mucho tiempo allí y conoce las intrigas la ayuda. Cuando Rosetta salva la vida de su hijo, Nicol y el eunuco jefe ayudan a escapar a Rosetta y a Simon. En la embajada, los dos jóvenes se despiden. Él aún no puede volver a Inglaterra, donde le arrestarán.
Rosetta es recibida con todos los honores. Su madre murió en el naufragio y en su casa es su tía la que pone orden, la misma que intentará encontrarle un buen esposo. Después de reponerse, Rosetta decide ir a Cornualles a visitar a Lucas. Éste le explica que al estar lisiado, los corsarios pactaron con él y les envió una joya a cambio de su libertad. La casa de los Lorimer está cerca de la mansión Perrivale y Rosetta empieza a interesarse por todos ellos, aunque mantiene oculto el secreto de Simon.
Cuando en Perrivale se ven necesitados de una institutriz será Rosetta la que se presente en la mansión y convierta a la pequeña Kate en una niña dócil. Según las noticias de los periódicos, Edward Perrivale trajo a Simon a la mansión cuando contaba cinco años. No dijo nada y por su religiosidad los rumores sobre la paternidad de Sir Edward se convertían en algo borroso. Los dos hijos legítimos del matrimonio, Cosmo y Tristan, fueron educados con Simon. Cuando llega la viuda Dorrell, los tres se enamoran de ella. Cosmo, el primogénito y heredero, es asesinado y Tristan encuentra a Simon cubierto de sangre junto al cadáver y con el arma en las manos.
Rosetta descubre que Mirabel estaba enamorada de Tristan y que había ido a abortar a Londres. Sin embargo es el padre de la viuda el verdadero asesino, que también intenta silenciar a Rosetta. El mayor Durrell se suicida y aparece el verdadero testamento, donde Sir Edward confesaba su primer matrimonio, que dio como fruto un hijo, Simon, y que le dejaba todo en herencia.
Los abogados publican la noticia en periódicos de todo el mundo. Y Simon regresa desde Australia, donde ha comprado una casa. Pero algo les frena. Rosetta se da cuenta de que está enamorada de Lucas, y no de Simon.  

lunes, marzo 16, 2009

El célebre cuervo de Poe

Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
"Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más."

¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros, ni consuelo a la pérdida abismal
de aquélla a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.

Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
"No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más".

Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
"Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído...", y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.

La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra "Leonor", que yo me atreví a susurrar...
sí, susurré la palabra "Leonor" y un eco la volvió a nombrar.
Sólo eso y nada más.

Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
"Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, qué misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!".

Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.

Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
"Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara "Nunca más".

Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: "Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará".
Dijo entonces :"Nunca más".

Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
"Sin duda - dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
"Nunca, nunca más".

Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir que quería la funesta ave ancestral
al repetir: "Nunca más".

Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.

Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
"¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Dios estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!".
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algun bálsamo en Galaad!".
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Dios que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor , ahora entre ángeles, un día podré abrazar".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".

"¡Diablo alado, no hables más!", dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!".
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Y el impávido cuervo osado aún sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará... ¡nunca más!

Versión original: http://www.ravens.org/ravpoem/ravpoem.htm

Es sublime. Seguiré absorbiendo sus versos como la primera vez y nunca me cansaré. (Nunca más, frase que me viene como anillo al dedo en estos momentos).

"Antiguamente la gente creía que, cuando alguien muere, un cuervo se lleva su alma a la Tierra de los Muertos, pero a veces sucede algo tan horrible que, junto con el alma, el cuervo se lleva su profunda tristeza y el alma no puede descansar. Y a veces, sólo a veces, el cuervo puede traer de vuelta el alma para enmendar el mal".

Hoy he vuelto a soñar

¿En qué estado de indecisión me encuentro que no puedo volver a mirar esos ojos sin sentir que mi rostro enrojece cual llamarada de tensión, ardor, deseo y rechazo que no puedo controlar? Siento que la sangre hierve en estas venas infernales y me impulsa a balbucear palabras sin sentido. La inquietud no me permite postrarme en la cama y descansar, sino afilar las plumas que escribirán ideas insondables. 

Hoy he visto uno de mis relatos colgado en la inmensidad oceánica de olas virtuales que asolan internet. Sólo pone el título y el día que llegó. Y era la lista de nunca acabar... 
Aunque antes he estado leyendo sobre la vida de Poe, en una biografía cargada de incógnitas. Y el final sigue produciendo la misma incertidumbre. Realmente nadie sabe con certeza cómo pasó sus últimos días. Lo que es cierto es que llevaba varios días consumido por un estado brutal de embriaguez que le llevó al hospital. 
Y entonces he recordado El cuervo, el largo poema que le dio la fama. Y aunque las traducciones no le hagan justicia es posible que cualquier día de estos lo plasme por aquí. 
Hoy he vuelto a soñar.
He soñado que las olas me arrastraban hacia la deriva y no quería mirar atrás, no deseaba encontrarme con esos ojos penetrantes que me matan cada vez, evitaba enfrentarme al silencio sepulcral de un horizonte sin agua ni luz. 
Hoy he vuelto a soñar. 
He soñado con los negros nubarrones que se tambalean quejumbrosos en el cielo. Es una mala señal. Llegarán tiempos mejores.

"Creo en un lugar donde vagan las almas inquietas; cargando con el peso de su propia tristeza no podrán entrar en el cielo... Y por eso esperan, atrapadas entre nuestro mundo y el siguiente, buscando sin descanso un camino para librarse a sí mismas de su infinito dolor sin perder la esperanza. 
Algún día podrán reunirse con sus seres amados".

domingo, marzo 15, 2009

H. P. Lovecraft

Tal día como hoy, 15 de marzo, moría hace 72 años Howard Phillips Lovecraft en una cama de hospital a los 46 años de edad. Fascinada por los relatos que he acabado hoy (aunque he comprobado que aún me quedan los que escribió conjuntamente con otros autores) y con una descontrolada curiosidad sobre la vida del escritor, considero necesario y justo hablar de él.

H. P. Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en la casa familiar del 454 de Angell Street en Providence, Rhode Island. Su madre se llamaba Sarah Susan Phillips Lovecraft y su padre era Windfield Scott Lovecraft, un viajante de Gorham & Co., joyeros establecidos en Providence.
En su más tierna infancia, su padre sufrió una crisis nerviosa en una habitación de hotel de Chicago y fue ingresado en el Hospital Butler, donde permaneció hasta su muerte en 1898. Durante ese período, al joven Lovecraft se le informó de que su padre estaba paralizado y comatoso, aunque en realidad murió de paresia, una variante de la sífilis.
Tras la muerte de su progenitor, la educación del chico recayó sobre su madre (que le sobreprotegía), sus dos tías y, especialmente, su abuelo, el prominente industrial Whipple Van Buren Phillips. Lovecraft fue un niño precoz: recitaba poesía a los dos años, leía con facilidad a los tres y escribía con fluidez a los siete.
A los cinco años leyó Las mil y una noches, obra que le entusiasmo especialmente. En esta época adoptó el pseudónico Abdul Alhazred, personaje que después se convertiría en el autor del mítico Necronomicon. Sus intereses sobre lo árabe se verían eclipsados por el descubrimiento de la mitología griega, a través de Bulfinch’s Age of Fable y versiones juveniles de La Odisea y La Ilíada. En su trabajo más antiguo conservado, El poema de Ulises (1897), parafrasea La Odisea en 88 versos de rima interna. Para entonces ya había descubierto la ficción y su primera historia no conservada, The Noble Eavesdropper, data de 1896. Su interés por la ficción fue estimulado e impulsado por su abuelo, que le entretenía con historias improvisadas al estilo gótico de terror.
Lovecraft fue un niño solitario y retraído, aquejado con frecuentes enfermedades, algunas de carácter psicológico, por lo que asistió de manera esporádica a la escuela de Slater Avenue, donde absorbía gran cantidad de información a través de lecturas individuales.
A los ocho años entró en contacto con la ciencia, concretamente la química y la astronomía. Empezó a editar periódicos de aficionados, como La gaceta científica (1899-1907) y La gaceta de Astronomía de Rhode Island (1903-1907), distribuyéndolos entre sus amigos.
Cuando ingresó en la escuela superior de Rhode Island, amigos y profesores le animaron en sus intereses y actividades literarias. De esta época datan amistades duraderas con jóvenes de su edad.
En 1906 escribió para el Providence Sunday Journal una carta de tema astronómico. Era la primera vez que se publicaba algo escrito por él. Poco después, empezó a escribir una columna mensual, en donde tocaba el tema de la astronomía, para el Pawtuxet Valley Gleaner, periódico de corte rural. Otros trabajos periodísticos incluyen colaboraciones, siempre como columnista, para el Providence Evening News (1914-1918) y para The Assevilley Gazette News (1915).
Con la muerte de su abuelo en 1904 y la mala gestión de su herencia, la familia de Lovecraft se vio envuelta en serios problemas económicos. Lovecraft y su madre se tuvieron que mudar a una modesta casa en el 598 de Angell Street. La pérdida del hogar familiar fue devastadora para Lovecraft. En esta época, se le relaciona con unos terribles y aparentes deseos de suicidio, motivado por sus largos paseos en bicicleta hasta el río Barrington, donde se quedaba mirando especulativamente las profundas aguas. Sólo la búsqueda de conocimiento representa un aliciente para seguir viviendo. A pesar de esto, en 1908, sufre una depresión nerviosa que le fuerza a abandonar la High School sin graduarse. Este infortunio, unido a la imposibilidad de ingresar en la Universidad de Brown, fueron dos hechos que le pesaron durante toda su vida, a pesar de que Lovecraft fue uno de los autodidactas más formidables de su tiempo.
Entre 1908 y 1913, Lovecraft vivió recluido en su casa, haciendo pocas cosas aparte de sus estudios astronómicos y su poesía. Durante este período, Lovecraft desarrolló una insana dependencia de su madre, que aún sufría por el trauma provocado por la enfermedad y muerte de su esposo, que la llevó a desarrollar una relación patológica de amor-odio hacia su hijo.
Lovecraft salió de su reclusión de una manera muy particular. Aficionado a la literatura ‘pulp’ de la época, se sintió tan ofendido por las insípidas historias de amor escritas por Fred Jackson en el Argosy (popular magacín de la época), que escribió una carta en verso atacando a Jackson. La carta se publicó en 1912 y provocó una tormenta de protestas por parte de los defensores de Jackson. Lovecraft se embarcó así en una encendida polémica en la sección de “Cartas al Director” del Argosy, donde sus respuestas eran casi siempre sonetos dieciochescos reminiscentes de Dryden y Pope. Esta controversia no pasó desapercibida para Edward F. Daas, presidente de la United Amateur Press Association (UAPA), Asociación de Prensa amateur de todo el país, que escribía y publicaba sus propios magacines. Lovecraft, invitado por Daas, se unió a la Asociación en 1914. Lovecraft publicó trece números de su propia revista amateur, el Conservative (1915-1923), además de contribuir con ensayos y poesía en otras publicaciones. Lovecraft llegaría a convertirse en presidente y editor oficial de la UAPA, sirviendo además de presidente a la asociación rival NAPA (National Amateur Press Association).
Esta experiencia salvó a Lovecraft de una existencia de reclusión improductiva, como él mismo diría en una ocasión:
"En 1914, cuando el Amateurismo me tendió su amable mano, estaba tan cercano como cualquier animal al estado de vegetativismo... Con la llegada de United, encontré una nueva razón para vivir; un renovado sentido de mi existencia, encontrando una esfera en la cual podía sentir que mis esfuerzos no eran del todo inútiles. Por vez primera, pensé que mis infantiles escarceos en el mundo del arte eran algo más que gritos perdidos en el sordo vacío".
En este mundillo de amateurs, Lovecraft retomó la escritura de ficción, que había abandonado en 1908. W. Paul Cook, intuyendo lo prometido en cuentos de juventud como La Bestia de la Cueva (1905) y El Alquimista (1908), animó a Lovecraft a escribir ficción de nuevo. Lovecraft escribió entonces La Tumba y Dagón durante el verano de 1917. A partir de ese momento, Lovecraft mantendrá un flujo regular de creaciones de ficción, aunque hasta 1922, sus principales estilos literarios serían la poesía y el ensayo. A partir de aquí también comienza la creciente red de correspondencia con amigos y colaboradores, convirtiéndose eventualmente en uno de los escritores de cartas más prolíficos de su siglo, legándonos una cantidad que oscila entre las 60.000 y las 100.000 cartas.
La madre de Lovecraft, cuyas condiciones mentales y físicas la habían llevado a una rápida espiral descendente, sufrió una depresión nerviosa en 1919 y fue ingresada en el Butler Hospital, donde permanecería hasta su muerte en 1921.
La pérdida de su madre fue devastadora para Lovecraft, pero en unas semanas se había recuperado lo suficiente como para acudir a una convención de periodismo amateur en Boston. En este evento conoció a su futura esposa. Sonia Haft Greene era una judía de origen ruso, siete años mayor que Lovecraft. El flechazo fue mutuo. Lovecraft visitó a Sonia en su apartamento de Brooklyn en 1922 y la noticia de su boda el 3 de marzo de 1924 no fue una sorpresa para sus amigos, aunque sus dos tías, Lillian D. Clark y Annie E. Phillips Gamwell, se enteraron por carta una vez pasada la ceremonia. Lovecraft se mudó inmediatamente al apartamento de Sonia y en un principio el futuro parecía prometedor: Lovecraft había puesto un pie en el mundo profesional gracias a la publicación de varias de sus historias en Weird Tales, el conocido magacín pulp fundado en 1923, mientras que Sonia regentaba una exitosa tienda de sombreros en la Quinta Avenida.
Sin embargo, los problemas se abatieron sobre la pareja enseguida: la tienda sufrió bancarrota, Lovecraft rechazó la oportunidad de editar un magacín asociado a Weird Tales (que hubiese implicado su traslado a Chicago) y la salud de Sonia empezó a deteriorarse, lo que la llevó a pasar largas temporadas en un sanatorio de Nueva Jersey. Lovecraft intentó conseguir un trabajo estable, pero nadie deseaba contratar a un hombre de 34 años sin ningún tipo de experiencia anterior. En 1925, Sonia se fue a Cleveland para conseguir un trabajo, mientras Lovecraft se mudó a un apartamento de soltero cerca de la insalubre zona de Brooklyn, llamada Red Hook.
Aunque Lovecraft tenía amigos en Nueva York (Frank Belknap Long, Rheinhart Kleiner, Samuel Loveman), comenzó a sentirse deprimido por su aislamiento entre las masas de "extranjeros" de la ciudad. Su ficción varía entre lo nostálgico, The Shunned House (1924), ambientada en Providence, a lo amargado y misantrópico, El Horror de Red Hook y Él (ambos escritos en 1924 dejan bien claros sus sentimientos hacia Nueva York).
A principios de 1926 se planeó que Lovecraft volviera a su añorada Providence. Pero Sonia no encajaba en estos planes. Aunque seguía sintiendo afecto por ella, consintió cuando sus tías se negaron a la propuesta de Sonia de abrir un negocio en Providence: su sobrino no podía estar casado con una simple tendera. El matrimonio estaba roto y el divorcio llegó en 1929.
Cuando Lovecraft volvió a Providence el 17 de abril de 1926, estableciéndose en el 10 de Barnes Street, no fue para enterrarse a sí mismo. Más bien, sus últimos años de vida fueron los de su florecimiento, como escritor y como persona. A partir de entonces, su vida fue relativamente calmada. Viajó a varios lugares de América en busca de antigüedades (Québec, Nueva Inglaterra, Filadelfia, Charleston, St. Agustine); escribió su mejor ficción, desde La llamada de Cthulhu (1926) hasta En la noche de los tiempos (1934-1935), pasando por Las montañas de la locura (1931), además de continuar con su extensa correspondencia.
En Nueva Inglaterra, Lovecraft encontró su lugar como escritor de ficción fantástica y como hombre de letras en general. Promocionó las carreras de muchos jóvenes escritores (August Derleth, Donald Wandrei, Robert Bloch, Fritz Lieber) y fue implicándose cada vez más en los temas económicos y políticos de su tiempo, apoyando a Roosevelt durante la Gran Depresión y aproximándose hacia una especie de socialismo moderado. Aun así continuó absorbiendo conocimientos en muchos y variados temas, desde la filosofía hasta la literatura, pasando por la arquitectura.
Los dos últimos años de su vida fueron bastante duros. Su querida tía Mrs. Clark murió en 1932. Un año después HPL se muda con su otra tía, Mrs. Gamwell, al 66 de College Street, justo detrás de la John Hay Library (Biblioteca que, en la actualidad, contiene numerosos documentos del autor, manuscritos y cartas de su puño y letra).
Sus últimos relatos, cada vez más largos y complejos, fueron difíciles de vender, y se vio obligado a mantenerse a través de las "revisiones" de obras de otros autores, así como a escribir historias de fantasmas, poesía y trabajos de no-ficción.
El suicidio de uno de sus mejores amigos, Robert E. Howard en 1936 le dejó confuso y entristecido. Por esa época, la enfermedad que causaría su muerte, cáncer intestinal, se había extendido mucho. El 10 de marzo de 1937 ingresó en el Hospital Memorial Jane Brown, donde falleció cinco días después. Fue enterrado el 18 de marzo en el mausoleo familiar de los Phillips en el cementerio de Swan Point.
Es posible que, al final de su vida, Lovecraft temiese el olvido al que parecía estar condenada su obra, ya que no había publicado ningún libro en vida, excepto la edición barata de La sombra sobre Innsmouth (1936) y los relatos, ensayos y poemas que estaban desperdigados por un sinfín de magacines pulp y amateur.
Sin embargo, las amistades que había forjado por correspondencia salvaron su legado: August Derleth y Donald Wandrei estaban determinados a preservar los relatos de Lovecraft en la dignidad de los libros de tapa dura. Fundaron la editorial Arkham House para publicar la obra del "príncipe de Providence" (tal como le llama Stephen King), estrenándose con The Outsider and Other en 1939.
Muchos más volúmenes continuaron publicándose después y finalmente el trabajo de Lovecraft pudo contemplarse en libros que se tradujeron a más de una docena de idiomas. En la actualidad, sus relatos se encuentran disponibles en recopilaciones ampliamente comentadas; sus ensayos, poemas y cartas son accesibles para el numeroso público y muchos estudiosos han escrito sobre las profundidades y complejidades de su trabajo y pensamiento.

Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) se ha convertido en uno de los escritores de horror y ciencia ficción más influyentes y leídos del siglo XX; su obra es objeto de culto para los adoradores del terror. Injustamente ignorado en vida, fue después de su muerte cuando sus amigos y colegas se empeñaron en difundir su obra a cualquier precio y finalmente se le prestó la atención que merecía. Hoy en día, Lovecraft ocupa un lugar preeminente en el canon de la literatura norteamericana. Parte de su obra ha sido publicada en la Library of America, una especie de "salón de la fama" literario, donde comparte catálogo con genios de la talla de James Fenimore Cooper, F. Scott Fitzgerald, Herman Melville, Mark Twain o Edgar Allan Poe.

En sus relatos, HPL desplaza al hombre como centro de la narración e instaura como eje supremo al cosmos o al ambiente. El débil desarrollo de los personajes y la casi total ausencia de diálogos son reemplazados por descripciones exhaustivas y tremendamente adjetivizadas de lugares y sucesos, llegando a veces a exasperar al lector moderno, acostumbrado a usos estilísticos más dinámicos.
Su declarado y manifiesto ateísmo, junto con sus peculiares experiencias familiares y su historia de reclusión física y espiritual en su ciudad natal, nos pueden dar luces sobre algunos de los temas más recurrentes en su literatura. Los estudiosos suelen dividir su obra en tres grandes grupos: sus cuentos de fantasía pura, los relatos de horror cósmico o numinoso y, por último, aquellos que continuaron una línea clásica del terror.
Muchas de sus historias enfrentan al hombre con el conocimiento de lo prohibido, en donde el protagonista ve colapsar su cordura frente a la abismal enormidad de lo descubierto. También nos muestra la inefable influencia de poderosos y primigenios seres cósmicos, extraterrestres o de otras dimensiones sobre una humanidad "extranjera" en su propio hogar.
Otra de sus líneas argumentales más trabajadas es la que habla sobre culpas atávicas, en las que los descendientes deben pagar por los pecados de los antepasados o sufrir la consecuencia de pertenecer a estirpes de sangre maldita (como en el caso de El horror oculto, La sombra sobre Innsmouth y El caso de Charles Dexter Ward. Tampoco se puede dejar de mencionar el poco disimulado racismo que manifiesta en muchos de sus escritos, cierta misoginia y sus ideas sobre la imposibilidad de escapar al destino o el temor de ver a la sociedad occidental amenazada por fuerzas bárbaras o primitivas.

Lovecraft y el cine
De joven, Lovecraft fue un gran aficionado al cine mudo, sobre todo entre 1908 y 1913 (su época de reclusión). Los primeros locales que se abrieron en Providence comenzaron a funcionar en marzo de 1906, y asistió a las primeras funciones “con el mismo espíritu con el que había leído a Nick Carter, Old King Brady & Frank Reade”, los populares héroes de las dime novels (folletines en fascículos de diversos géneros: western, policíaco, de aventuras o fantástico), que se vendían a diez centavos (un dime), indudable antecedente de las revistas pulp.
Sus actores favoritos eran Douglas Fairbanks, Mary Pickford y en especial Chaplin, a quien dedicó un poema en octosílabos titulado To Charlie of the Comics (1916).
Entre las películas que vio destacan, además de todos los cortos de Charlot, "El nacimiento de una nación" (1915) y "El lirio roto" o "La culpa ajena" ("Broken Blossoms", 1919), de David W. Griffith. Posteriormente, arrastrado por su esposa Sonia y su amigo Frank Belknap Long, que no habían perdido aún el interés por el cine como le pasaba a él, vio, entre otras, "El ladrón de Bagdad" (1924), de Raoul Walsh, cuyos fabulosos decorados le debieron fascinar; "El fantasma de la ópera" (1925), la gran creación de Lon Chaney, y "El mundo perdido" (1925), adaptación de la novela de Conan Doyle, que constituyó un verdadero hito en la utilización de efectos especiales.
A su regreso a Providence tras el divorcio, se extinguió su afición al cine, aunque contempló las primeras muestras de cine sonoro. Tanto "Frankenstein" como "Drácula", ambas de 1931, le aburrieron soberanamente, a pesar de que trataban un tema que le era bastante afín, y en la segunda incluso abandonó la proyección. En esta época sólo gozó de su agrado la película de Frank Lloyd "La Plaza de Berkeley" (1933).
Si hoy viviera, es probable que no aprobara la extraña peculiaridad de la actual sala cinematográfica de su ciudad natal, Cable Car Cinema, que, además de ofrecer una selecta programación para cinéfilos, compuesta principalmente por cine independiente americano y películas extranjeras, presume de ser la más original del mundo: su parte central está ocupada por sofás de dos plazas.

La literatura de Lovecraft tiene mucho potencial para cautivar la atención de guionistas, productores, realizadores y público cinematográfico. Tal vez sea por aquella peculiaridad de sus cuentos, que los interrelaciona sutilmente unos con otros, ambientándolos en esos inquietantes lugares irreales de Nueva Inglaterra; o la casi permanente mención del fantástico y poderoso Necronomicon, libro maldito que aún muchas personas pueden pensar que realmente existe.
O aquellos horrores tan profundos que las palabras no alcanzan a describirlos y pueden llevar a la mente a imaginar lo inimaginable. La presencia de todos estos elementos tomados del ocultismo esotérico, la ciencia y el periodismo de la época, constituyen un terreno fértil para despertar la imaginación del más escéptico. Y el cine de terror, estando siempre a la caza de elementos perturbadores, no podía dejar pasar de largo estas angustiantes historias.
Sin embargo, Hollywood tardó en encontrar y adaptar al cine el filón creativo de Lovecraft. No es hasta 1963, 25 años después de su muerte, cuando se estrena "El Palacio de los Espíritus" ("The Haunted Palace"), que es una adaptación bastante libre de El caso de Charles Dexter Ward. Por razones de marketing, el productor y director Roger Corman utilizó para el título del film uno de los poemas de Edgar Allan Poe. La película tuvo regular aceptación entre el público.
Seguirían luego "Die, Monster, Die!" (1965) y "Curse of the Crimson Altar" (1968), protagonizadas por Boris Karloff e inspiradas por El color surgido del espacio y Los sueños en la casa de la bruja, respectivamente. La primera perdió totalmente la línea argumental del relato de horror de Lovecraft, llevándolo hacia la ciencia ficción, mientras que la otra desperdicia el reparto reunido (entre los que se encontraban Christopher Lee y Barbara Steele) en una historia que pierde fuerza y se torna aburrida. Mucho más efectiva resultó la adaptación de la misma historia hecha para televisión en 2005, dentro de la serie "Masters of Horror" y dirigida por Stuart Gordon.
Los años 70 trajeron consigo la versión cinematográfica de uno de los relatos esenciales del ciclo literario de los Mitos de Cthulhu: El horror de Dunwich (1970), producida por Roger Corman y dirigida por Daniel Haller. La historia del nefasto Wilbur Whateley, interpretado por Dean Stockwell, es recreada con toques psicodélicos, incorporando al personaje Nancy Wagner (Sandra Dee), que no aparece en la obra literaria. En la película, el horror que inspira el original está ausente.
En Italia, la influencia “lovecraftiana” se dejó sentir a través de Lucio Fulci, uno de los grandes propulsores del ‘gore’ más explícito. Sus películas "Paura Nella Città Dei Morti Viventi" (1980) y "Quella Villa Accanto al Cimitero" (1981) hacen constantes referencias a creaciones y lugares de la obra del autor de Providence.
Posiblemente la más popular y taquillera traslación a la pantalla de una obra de Lovecraft sea "Re-Animator" (1985), basada en Herbert West, Re-Animator, una historia de la cual HPL manifestó no sentirse totalmente satisfecho. Dirigida por Stuart Gordon y protagonizada por Jeffrey Combs, dos grandes personajes del cine de terror ochentero, esta hilarante historia sobre una sustancia que puede reanimar cadáveres, logró desatar una nueva ola de películas basadas en los cuentos del autor.
La misma combinación (Lovecraft, Gordon, Combs) volvió a reunirse en "From Beyond" (1986), secuela del relato corto Desde el Más Allá, en el que un científico logra inventar una máquina (el ‘resonator’) que estimula la glándula pineal, abriendo la mente a una dimensión paralela habitada por monstruosos seres. Se trata de una producción sumamente entretenidoa con una buena banda sonora y efectos especiales bastante apreciables para la época.
En 1987 llegaría una nueva versión cinematográfica de El color surgido del espacio. Se trata de "La Granja Maldita" ("The Curse"), en donde un meteorito cae en el campo de una familia de granjeros produciendo terribles mutaciones físicas y psicológicas entre sus miembros. La historia guarda muy poca relación con lo que Lovecraft quería transmitir en lo que él consideraba su relato favorito. El horror atmosférico se pierde para dar paso a la repugnancia y el ‘gore’ explícito.
Una suerte similar correría la adaptación de Lo innombrable. Estrenada en nuestro idioma con el título de "Donde duerme el Horror" ("The Unnamable", 1988), el filme contiene muchas referencias a Lovecraft: los personajes de Randolph Carter y Charles Dexter Ward son prestados de otros relatos del autor, se menciona al Necronomicon, parte de la acción de desarrolla en la Universidad Miskatonic, etc., pero rápidamente degenera en una burda película estudiantil de horror. Sin embargo, su exiguo éxito llevó al director, Jean-Paul Ouellette, a realizar una pseudo-secuela llamada "The Unnamable II: The Statement of Randolph Carter" (1993).
Dan O’Bannon dirigió "The Resurrected" (1992), una interesante revisión de El caso de Charles Dexter Ward, en la que Chris Sarandon interpreta el doble papel de Joseph Curwen y Charles Dexter Ward. Las criaturas deformes (sobre todo la moribunda que los lugareños se encuentran flotando en el río) son de los más “lovecraftiano” que se ha visto en la pantalla. En 1994 apareció "Necronomicon", película compuesta por tres relatos enlazados por la presentación del propio Lovecraft, encarnado por Jeffrey Combs.
La trilogía "Evil Dead" de Sam Raimi y los llamados filmes apocalípticos de John Carpenter ("The Thing", "Prince of Darkness", "In the Mouth of Mandes"), a pesar de no estar basados en ninguno de los relatos de HPL, transportan al espectador a universos en los que la influencia “lovecraftiana” no pasa desapercibida.
El nuevo milenio trajo consigo "Dagon: La Secta del Mar" (2001), nada despreciable producción de la Fantastic Factory, dirigida por Stuart Gordon y basada en los cuentos de Dagón y La sombra sobre Innsmouth. Dos parejas tienen un accidente en el mar, llegando al extraño pueblo de Imboca e iniciando una lucha por sobrevivir a los temibles mutantes humano-marinos que lo habitan.
La más fiel de las adaptaciones de HPL es "La llamada de Cthulhu" ("The Call of Cthulhu", 2005). En esta producción muda y en blanco y negro, el director novel Andrew Leman realizó un homenaje al cine expresionista respetando fielmente la línea argumental de la historia original, inclusive la estructura capitular. No hay ‘gore’, desnudos ni lenguaje obsceno; sólo 47 minutos de pura mitología “lovecraftiana”, como para transmitir a las nuevas generaciones.
Tal es la influencia de la literatura de HPL en el séptimo arte que desde 1995 se viene realizando el H.P. Lovecraft Film Festival, como un espacio donde los realizadores profesionales y amateurs pueden seguir rindiendo tributo a este genio del horror.
Muchas otras adaptaciones e inspiraciones han quedado en el tintero. Pero es innegable que el inagotable universo creado por Lovecraft y sus seguidores seguirá alimentando la imaginación de los guionistas por mucho tiempo.

Lovecraft vs Poe


Lovecraft era gran admirador de Poe, de hecho en los relatos de Lovecraft se pueden ver muchos influjos de Poe. 
Aprovechando que es el año de Edgar Allan Poe (se cumplen 200 años de su nacimiento), he optado por releerlo de nuevo. La primera vez tenía dieciséis años y no lo disfruté en todo su esplendor, ya que me vi apurada por el tiempo y la obligación de entregar un trabajo al profesor de literatura. Nos dio una lista y teníamos que escoger un autor. No sé aún muy bien por qué, opté por Edgar Allan Poe. En aquella época adolescente, me fascinó. 

El Asiduo de las tinieblas

Éste es el último relato de la Narrativa completa, lo cual me produce una extrema sensación de vacío indescriptible e infinita pena. Imagino que en un tiempo lo retomaré y volveré a perderme entre las magistrales historias del Genio. El segundo volumen es mucho mejor que el primero, debido sin duda a que los textos son más maduros y los personajes están mejor perfilados, todo unido a la búsqueda incesante de escenarios sublimes magníficamente descritos.
En una de las notas leí que H.P. Lovecraft en una de sus cartas contaba que había destruido la mayor parte de sus escritos (muchos de los cuales han quedado inmortalizados a través de sus poesías). Me pregunto cuál hubiera sido su legado si no hubiera muerto tan joven (46 años) y si no hubiera destruido todo eso...

Robert Blake aparece muerto en el estudio de su casa de Providence, frente a la ventana desde la que se ve la iglesia abandonada de Federal Hill. Muchos creen que falleció debido a la descarga eléctrica de un rayo, pero su cadáver no está chamuscado, y su rostro revela una profunda expresión de terror.
En su diario cuenta que llegó a Providence para dedicarse a la escritura y la pintura. Desde su ventana se veía una iglesia abandonada y oscura, que los pájaros evitaban. Todas las tardes se sentaba en la ventana y se imaginaba historias, hasta que un día decidió visitar ese templo.
En las laberínticas calles de Federal Hill, zona poblada por italianos, todo el mundo al que preguntaba huía y hacían signos con las manos en contra de un mal insano. Blake, cuando encontró la iglesia en ruinas, entra y recorre sus oscuros y silenciosos muros. En una estancia pentagonal con siete sitiales vacíos hay una caja con una piedra que reluce. Su mirada no puede apartarse de esa enigmática piedra. En un rincón yacen los huesos desparramados y carcomidos de un periodista, del que aún se conservan parte de sus notas y papeles. En las notas se habla de un ser de la oscuridad que sólo puede regresar al mundo si alguien mira fijamente el Trapezoedro Resplandeciente. También encuentra información sobre ciertas desapariciones para hacer sacrificios rituales a través de una secta de las Estrellas. Antes de que caiga la noche, Blake huye aterrorizado en casa. Desde su ventana sigue observando la oscura iglesia en ruinas. Sus temores se hacen realidad cuando lee los periódicos: personas que desaparecen misteriosamente, ruidos de aleteos en la oscuridad, vidrieras rotas... Blake cae en una depresión nerviosa, pues sabe que ese extraño ser de las tinieblas vendrá a por él. Y una noche de tormenta en que se va la luz... los italianos apostados junto a la iglesia escuchan las enormes alas negras que salen y ven una sombra más oscura que la noche surcar el cielo en dirección a la casa de Blake.

El final es un guiño a Edgar Allan Poe, porque se supone que el Asiduo de las tinieblas y Robert Blake comparten la misma alma (La caída de la casa Usher).