Se trata de personas que, a veces, se transforman a causa de la Luna o de algún maleficio, como el hombre lobo. Otras veces, son seres nacidos de la unión de un humano y de un animal. Algunos han sido criados por algún animal, fuera de la sociedad. Finalmente, hay humanos que tienen absoluto dominio sobre los animales.
La Osa de Andara
Fue una mujer real, que vivió en los Picos de Europa en la segunda mitad del siglo XIX. Su leyenda sigue vigente entre las gentes de la montaña.
Alejada de la sociedad humana, conocedora de las plantas medicinales para uso propio y de su rebaño, sólo atacaba si se la hostigaba. Forzuda y brava, de cabellos color leonado y extremidades de áspero e hirsuto pelo, se cubría con un traje raído y corizas de piel de los cabritos que cuidaba en su pequeño rebaño, que apacentaba por toda la zona. Su único ajuar era una batea o dornajo para la leche y un cuchillo de cachicuerno. De vez en cuando conseguía cazar algún rebeco recién nacido, que cuidaba con mimo y no mataba hasta que no encontraba otro para sustituirle.
Su alimento ordinario eran la leche, las castañas, las raíces y las maíces crudas. Comía también del áspero manjar de madroños o “aborios”, frutos del serbal o grosellero, panales de miel y bayas de ciertos árboles y arbustos. Para que no menguara su pequeño rebaño, se regalaba en primavera y otoño cabritos crudos de los que pacían entre sus reses.
La “mujer osa”, enfadadiza e irreconciliable con el trato de las gentes, carecía de atributos bestiales o de insania, suavizados mientras no fuera atacada. Cuando se irritaba se volvía bizca. Sus manos eran gruesas y grandes, terrosas y llenas de pigmentos.
Cada cierto tiempo no sólo esquilaba el rebaño, sino también a sí misma. Vivía en una cueva o en una taina.
La Osa de Andara era una mujer con apariencia de osa o una osa con aspecto de mujer. Nadie conocía como ella los parajes de los Picos de Europa, pudiendo atajar de un lado a otro y apareciendo en lugares alejados en muy poco tiempo.
Se rumorea que al final se casó con un paisano que consiguió amansarla y nadie sabía qué había sido de ella o de su familia.
La serrana de la Vera
También fue una mujer real. Su historia pasó a engrosar el imaginario popular hasta convertirse en un personaje de leyenda, mitad humana mitad yegua.
Se trataba de una bella joven de Plasencia que, en el siglo XVI, fue traicionada y burlada por su primer amor, un familiar suyo. Despechada y dolida se echó a la sierra, decidida a vengarse de cuantos hombres cayeran en sus manos. Para ello, los trasladaba a su cueva, les alimentaba, yacía con ellos y, una vez dormidos, los mataba y enterraba bajo unas cruces.
Otra versión dice que fue una joven de la Vera, asediada constantemente por los mozos debido a su extremada belleza. Acabó enloqueciendo y se lanzó a la sierra. Cada vez que algún joven se acercaba para abusar de ella creyéndola indefensa, les mataba. Hoy se escuchan por las noches las voces y lamentos de los muertos que quieren escapar, sin lograrlo, ya que ella se lo impide.
Terminó sus días en la horca, a manos de la justicia, avisada por uno de los mozos que aprovechó a escapar mientras ella dormía.
Lobisome y rabisome
El del hombre lobo (o la mujer loba) es uno de los mitos más extendidos por Europa. En la Península, se atribuye generalmente a Galicia.
Se confunde a menudo con la licantropía, aunque los dos fenómenos son diferentes. Mientras que los licántropos son personas aquejadas de algún trastorno mental, que les hace creer que son lobos u otros animales y actúan como tales, los hombres lobo son seres humanos que se comportan de forma normal pero que, contagiados por la mordedura de otro hombre lobo o presas de una maldición, sufren transformaciones en su cuerpo las noches de luna llena, a veces en San Juan y algunos viernes, llegando a olvidar por completo su personalidad.
En ocasiones, también se convierte en lobisome el séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón, si no hay hermanas de por medio, y siempre que no sea apadrinado en su bautizo por su hermano mayor. Si es una séptima hija se convertirá en bruja. Únicamente si el niño o niña habla o llora en el vientre materno y la madre no lo cuenta, o si nace con una cruz de Caravaca en el paladar, se librará de la maldición sin necesidad de ser apadrinado por su hermano mayor, y se convertirá en salutador.
Con el cuerpo cubierto de vello, garras y grandes dientes, atacan sin misericordia a quienes encuentran en su camino, extendiendo el contagio. Si no es fruto de una maldición, desaparece al amanecer. Si lo es, solamente causándole una herida y dejando que se desangre por completo o quitándole la piel y quemándola, puede volver a su ser.
En ocasiones es la luna quien aluna a alguien que, imprudentemente, se expone a sus rayos, o al niño cuya madre ha dejado tendidos los pañales en plenilunio.
La conversión de gente en burro (
rabisome) es un tema tratado en literatura. Se cuenta que unas brujas tenían por costumbre ir a las reuniones o aquelarres a lomos del sacristán del pueblo, que cada año por San Juan tomaba forma de jumento. Para librarle de aquel maleficio tuvieron que practicarle una sangría en la pata delantera derecha.
Cabecilla de lobos
En Cantabria a menudo se ve un hombre corriendo por prados y bosques y saltando tapias y ramas en compañía de manadas de lobos. Entonces no hay que temerlos, porque le obedecen en todo. Si uno mordiera a alguien por descuido, él curaría la herida con un emplasto de pan que colocaría sobre la herida. Después, desaparece en compañía de su manada.
En Galicia y Portugal recibe el nombre de
peeira o
peeiro y corretea por el monte seguido de su manada de lobos.
Suelen identificarse con personas que se han criado con los lobos y que siguen viviendo con ellos, convirtiéndose en jefes de la manada.