lunes, diciembre 27, 2010

Instantes fugaces

Hoy estoy un poco despistada, porque si se me hubiera ocurrido mirar el reloj unos minutos antes, es posible que hubiera salido antes. Al salir más tarde, sólo le he visto de refilón, guapísimo, por supuesto. La mirada se me ha ido hacia él, a aprenderme ese momento en que él todavía no había girado la cabeza hacia atrás. Me he imaginado que le abrazaba, que le acariciaba el pelo... Eso me trae retazos del sueño de la noche pasada...
Y esa dulzura... Me gustaría susurrarle tantas cosas...

Tan sólo una mirada

Si una única persona es capaz, a día de hoy, de sonsacarte una sonrisa, merece la pena ilusionarse por luchar por esa persona. Aunque sólo sea para quedar atrapada en esa mirada que contiene lo más bello de este mundo, aunque sólo sea por escuchar esa voz cadenciosa y sensual, aunque sólo sea para sentirte reconfortada por el abrazo invisible de sus alas, aunque sólo sea para redescubrir cada día su misteriosa sonrisa.

¿Libros electrónicos?

Mi hermano y yo, no hace ni una semana, estuvimos hablando de los e-Books. En ese sentido, pensamos de forma pareja, puesto que los dos pusimos cara de horror. Quizás porque los dos preferimos sentir la textura de un libro de verdad, escuchar el sonido de las páginas que vamos pasando...
En realidad, cuando me informé sobre los e-Books hace ya muchos meses, me pareció una idea genial, pero algo que me niego a utilizar.
Lo que me atrae es el iPad (entre sus numerosas funciones también se encuentra la de e-Book). Y es posible que le regale uno a mi hermano. Aunque considero que su precio es todavía algo elevado. Me tenía que haber traído uno de Japón, pero los que había eran de prueba...

De momento, seguiré con los libros de papel...

domingo, diciembre 26, 2010

Mis amigos navarros

Debo unos cuantos correos electrónicos. Últimamente no he escrito más que a todos mis amigos para enviarles una foto. Para ello tuve que recopilar sus e-mails que tenía 'extraviados' en correos electrónicos que en la actualidad brillan por sus telarañas (hotmail, yahoo).
La foto que envié es una prueba de boda. Cuando una de mis compañeras de trabajo se casó en julio con un amigo de mi pueblo les dimos un puzzle en donde salían ellos: tenían que hacerlo en un plazo determinado de tiempo y hacerse una fotografía junto al puzzle vestidos tal y como salen en la imagen del puzzle. Me la dieron el viernes y me guardé una copia en el ordenador, pero además la imprimí. Recuerdo que él me dijo: "Mira a ver qué haces con esa foto". Recuerdo que le contesté: "Es para mostrársela a todos antes de la cena, porque muchos posiblemente no lleguen a ver el e-mail hasta el lunes". Si él supiera que la foto está colgada en el tablón de anuncios de uno de los bares más populosos de mi pueblo...
¿Por qué tenían que hacer la prueba? Si no la hacían, nunca podrían recibir los X.000 € ingresados por la totalidad de los amigos de mi pueblo (y no somos pocos). Al final, se la entregaríamos, pero es necesario que hagan algún tipo de mérito simbólico. La prueba era sencilla.
Ese es el único correo electrónico que he escrito estos días, concretamente en la tarde de Nochebuena.
Debo algunos e-mails de estos días, pero cuando escribo tiene que ser con ganas y escribir por escribir no va conmigo. No me va escribir dos líneas por cumplir, sino que cuando lo hago tiene que haber algo de ingrediente, algo que se saboree, tiene que ser algo más profundo.

Pero había un correo electrónico que me urgía escribir. Era a los hermanos navarros, Joxe y Ángel, que conocí en Canarias. Los últimos días en Tenerife llegué a echarles de menos. Y es curioso cómo la diferencia de edades no suponía un impedimento para entendernos perfectamente. En cierto modo, puede decirse que 'me adoptaron'. Cuando hablo de la diferencia de edad, estamos hablando de Joxe, que está jubilado y era de fisionomía enfermiza, y Ángel, que trabaja en una metalúrgica y está a punto de jubilarse. Lo cierto es que congeniamos, no sé si por la cercanía de nuestras procedencias, no sé si es porque ellos también son viajeros incansables...
A ellos les he escrito hoy. Tenía ganas de contarles cosas, de intercambiar fotos quizás, pero sobre todo quería ponerme en contacto con ellos (ya que si yo no lo hacía ellos difícilmente podrían encontrarme). Cuando les iba a escribir mi correo en una servilleta de papel me dijeron que empezara yo y les explicara quién era. Les di mi palabra de que empezaría escribiéndoles, pero había pasado un mes largo y la Navidad se ha echado encima. Canarias queda lejos (aunque seguro que disfrutan de una agradable temperatura, mientras aquí estamos a varios grados bajo cero) y no podía terminar el año sin desearles lo mejor para 2011.
Una de sus aficiones es la fotografía y en su página web me he metido antes de escribirles. Me ha gustado muchísimo. Recuerdo las risas que se echaron cuando les explicaba que yo soy nula como fotógrafa, pero hago fotos de todo. Algunas, muy pocas, se salvan de la quema de la hoguera.

Seguro que ellos no tardarán tanto tiempo como yo en ponerse en contacto conmigo.

De algo más quería hablar que no tiene nada que ver con los e-mails, pero se me ha ido el santo al cielo. Sé que era un trocito de felicidad porque, al pensarlo, he sonreído. Sólo que mientras escribía lo anterior me ha resultado imposible retenerlo. Volverá...

Unas palabras que no se escribirán

En estos momentos me gustaría enviarle el mensaje que no le envié hace unos días (es que este año me aparté del teléfono en Nochebuena). Sólo para preguntarle si está bien. Él seguro que estará bien. O podría preguntárselo mañana, pero por las mañanas es diferente: él siempre está con gente.
De repente me han entrado unas ganas inmensas de decirle algo, de hacerle saber -indirectamente, eso sí- que a veces me acuerdo de él.

No sé. Pienso en él y me siento mucho mejor que en las últimas semanas.

Cosas del domingo

El perrito estaba dormitando en la alfombra de mi habitación cuando le he dicho: "Vamos". Es una de las pocas palabras que entiende, o al menos el sonido sabe que va relacionado con salir a la calle. A pesar del frío, me apetecía despejarme. La nieve que aún cubre los jardines de mi pueblo se ha convertido en hielo, pues iba crujiendo a nuestros pies.
Estoy pensando que el martes es el día de los inocentes. Este año le va a caer al cartero. Como todos los días nos coge un caramelo de piñones, es posible que el martes se encuentre otro tipo de caramelo. Hay días que le escondemos el bol para que no coja, o se lo vaciamos y le decimos que se nos han acabado... Pero todos los días coge un caramelo, así que posiblemente le hagamos alguna con los caramelos.

Tengo ganas de verle. Es como si me faltara el sol.

Quizás mañana amanezca nevado o, lo que es peor, helado.

Horror Vacui

En arte, el horror vacui se utiliza para definir la angustia de los artistas para que ningún espacio de su obra quede vacío. Es una expresión latina que significa “miedo al vacío”. El resultado es que las obras acaban recargadas, porque no hay ningún espacio libre.

Puedo asegurar que últimamente siento una angustia similar al horror vacui artístico. Tengo tantos espacios vacíos que me sobrecoge. Y lo peor es que no sé muy bien cómo llenarlos. Sé que es algo temporal, pero desde hace unas semanas siento que he perdido la ilusión por todo. Lo parece, aunque soy consciente de que mis ilusiones siguen ahí.

Ni siquiera tengo ganas de escribir.

sábado, diciembre 25, 2010

25 de diciembre, ¡¡fun, fun fun!!

Resulta mágico abrir los ojos y mirar a la calle. Esto sí que es una blanca Navidad. En días como hoy, que no hay que coger el coche, resulta especial ver que todo en la calle está blanco, que sigue nevando.
Ya habían comentado en las noticias que íbamos a disfrutar de una blanca Navidad.

Mi hermano y su novia, por fin, han dado la noticia de que se casan en agosto de 2011. Y menos mal que no han esperado más, porque a mí todo el mundo me preguntaba y no sabía muy bien cómo salir de esa situación. No se me daba bien negar algo que sabía desde hace semanas sin que se me notara...

Ayer me comentaron mis amigas que reutilizáramos un disfraz de hace varias Nocheviejas. Mi respuesta fue que me parecía bien, aunque realmente no creo que salga en fin de año. Y realmente es lo que creo desde hace varios días.

viernes, diciembre 24, 2010

La nueva ley antitabaco

Siempre he pensado que la nueva ley antitabaco no tiene mucho futuro. En parte, si fuéramos independientes de Europa, posiblemente no se nos hubiera instaurado tal reforma. Y si no fuéramos europeos, posiblemente hubiera una reforma a la ley pasados unos meses. Porque esta ley implica pérdidas para el Estado y hay que tener en cuenta que estamos pasando por una época de crisis en que cualquier entrada de dinero para el país es beneficiosa. Pero ¿somos conscientes de los impuestos que pagan los fumadores? Si en Canarias el Camel costaba 1,4 € y aquí valía (antes de la subida) 3,65 €. En Canarias no se pagan impuestos por tabaco (ni por alcohol, ni por otras tantas cosas). Entonces, más de la mitad de lo que cuesta una cajetilla de tabaco en la Península va a engrosar las arcas del Estado.
A mí la ley me gusta porque fumaré menos, y al fumar menos compraré menos. Es de lógica que también pagaremos menos impuestos indirectos por fumar. Porque si no se va a poder fumar en ningún sitio, ni el ambiente va a estar cargado de humo, y además se nos discrimina de esta manera... casi es mejor plantearse dejarlo. De fumar menos a no fumar nada sólo hay un paso y nos están poniendo la base para dejarlo definitivamente.
Y esto lo digo porque puedo estar sin el cigarro después del desayuno o después de las comidas, pero por las noches, junto a la copa, siempre nos faltará algo. En épocas de calor, no importa, pero con el invierno a la vista, a ver quién sale a la calle a echarse el pitillo.

Un baúl de sorpresas


Cuando mi hermano me decía que me llenaría un baúl de libros, conociendo mi afición a la lectura, no me lo terminaba de creer. Entonces ha llegado y me ha plantado esa caja encima de la cama. Dentro había pequeños paquetes. Mientras mi hermano y su novia contenían la respiración, yo iba abriendo todos los paquetes.
Sorprendentemente y sin la lista que les prometí que iba a hacerles, ninguno de esos libros está repetido. Será la primera vez...
Se han acordado hasta de regalarme una guía de Rusia. El año pasado mi hermano me trajo una de Japón. Él sabe que no me voy a echar atrás.
Está genial. Tengo lectura variada para varios meses.

Ojo al guiño a las portadas de las novelas de Moccia en el diseño de la caja.

Creo que debería ir vistiéndome para ir a tomar unos vinos antes de la cena, que luego se me echará el tiempo encima.

Eran las tres


Cuando a las tres iba por la calle apenas se veía un alma. Además llovía mucho.
De todas formas, me encanta la torre de la catedral, con todos sus adornos, lucernarios, vanos y... su altura imponente.

Hoy se me ha hecho tarde. Creo que debería ir a dormir, a soñar con él. Quizás mañana no le vea. Hay mucha gente que ya está de fiesta. Me seduce el vermout del mediodía. De hecho, creo que no iré a las ocho, sino como el resto de los días.

Me pregunto dónde estará ese ángel. Le echo tanto de menos...

jueves, diciembre 23, 2010

El primer día


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El primer día es una historia de amor. Aunque es triste.
Lo que me gusta del libro es que resulta ameno, por lo que se lee bastante rápido.
Empieza con dos historias paralelas: por un lado, las vivencias de él; por la otra parte, las experiencias de ella. Al llegar a la mitad de la novela, ocurre el encuentro entre los dos amantes, aunque en realidad es un reencuentro.

'¿Dónde empieza el alba?', se pregunta Adrian en la Academia de Londres donde trabaja. Desde que era un niño, esa pregunta siempre ha rondado su mente. Él es un astrofísico que ha tenido que regresar, por problemas de salud, del desierto de Atacama en Chile, al no soportar su corazón las grandes latitudes.
'¿Cuál es el origen de todo?', se pregunta Keira desde el valle de Omo, en Etiopía, donde dirige unas excavaciones en busca de los restos humanos más antiguos. Una tormenta terminará con su expedición, por la que se verá obligada a regresar.
Un niño etíope, huérfano de padre y madre, le ha regalado un extraño colgante, objeto por el que comenzará una magnífica aventura. En la Fundación Walsh de Londres, los dos viejos conocidos, Adrian y Keira, se reencontrarán. Keira conseguirá ser financiada por la Fundación, mientras que Adrian se tiene que contentar con su fracaso. Keira olvida el extraño colgante en casa de Adrian y regresa a Etiopía.
Cuando en una tormenta, Adrian descubre que el colgante africano emite una especie de estrellas, comprende que está viendo una reproducción de una constelación que desapareció hace varios cientos de años. Entonces decide ir a buscar a Keira. Los dos juntos emprenderán un camino de amor, siguiendo a las estrellas y buscando otros colgantes. Pero un grupo de ancianos, poseedores de un colgante de similares características, quieren apoderarse no sólo del colgante de Keira, sino también de los conocimientos que puedan adquirir. Tras varios intentos de apartarlos, en China son arrollados por un coche y terminan en el río Amarillo.
Tres meses después Adrian despierta en casa de su madre y recuerda que Keira murió en sus brazos. Pero cuando uno de sus amigos revela las fotos y ve a Keira tal como la recuerda en sus últimos minutos de vida, comprende que quizás el colgante que llevaba al cuello la haya salvado. Y regresa a China en su busca.

Pero no sabemos si Keira ha sobrevivido.

Otro de esos días

Hoy es otro de esos días sin él...

Sin su presencia.
Sin su mirada.
Si su sonrisa.
Sin su luz.

El encanto de una urbe de enormes dimensiones

Nunca me he sentido a gusto en las ciudades grandes, aunque a veces me gusta visitarlas. Lo cierto es que no me agradaría vivir en la capital de un país. He caminado por muchas, pero soy consciente de que siempre serán ciudades de paso. Reconozco que todas y cada una de ellas tienen su encanto. Pero es una parada fugaz.

Me gusta regresar a Madrid de vez en cuando. Pero llegado cierto momento necesito volver a los parajes que ilustran mi entorno.

Pero no he comenzado a escribir en este momento para dilucidar las ventajas y desventajas de una ciudad grande.

Pensaba en el amanecer. No un amanecer cualquiera. No un amanecer junto a la playa. No un amanecer en una montaña. Era un amanecer en una gran ciudad.
El amanecer es un momento del día que resulta mágico. En una ciudad, y ‘mi ciudad’ era Madrid, me imaginaba las calles despejadas, la claridad que trae una especie de neblina previa a la mañana, los ruidos ajenos de un vehículo aislado, el sopor desmesurado de una ciudad que aún no ha comenzado a despertar. Era una solitaria Gran Vía invernal sin un alma que recorriera sus aceras, mientras el reloj del edificio de Telefónica parpadeaba su hora al ritmo del corazón.
Obviamente, en mi imaginación no estaba sola. Ese amanecer, cargado de tal romanticismo, de una magia estremecedora, no podía ser perfecto si no estuviera acompañada de un ángel.

Un amanecer en la gran ciudad… A veces, una ciudad enorme nos aporta enormes sorpresas imaginativas.

miércoles, diciembre 22, 2010

22 de diciembre

He estado comprobando lo que les había tocado a mis padres en la lotería. Como carezco de décimos, tengo que mirar los de ellos. Me gusta teclear el número y apartar los premiados, que no son muchos. Es curioso, porque siempre traigo décimos de todos los sitios y siempre me termino quedando sin ninguno (Madrid, Canarias...). Con todo y con ello, siguen quedando en casa.
Sigo pensando que en mi casa la persona más afortunada es siempre mi madre. En sus décimos siempre suele haber pedreas y suele tener varios, y siempre son los de Benidorm.

Hoy me siento cansadísima. No entiendo por qué. Hay días que duermo menos horas y me encuentro hiperactiva y esta noche, pese a que la gata me ha despertado de madrugada, he dormido muchas horas y me siento vapuleada.

Ahora, al acabar el día (aunque todavía queden unas dos horas para que vaya a dormir) siento que me falta algo. Siempre podré echar mano a los infinitos recuerdos de él...

Hora de marchar a casa

Es pronto para ir a casa, pero creo que es lo que voy a hacer. Al menos, esta tarde no hay niebla y mi pueblo no se asemejará a un lugar fantasmal, propicio para las historias de terror.
Lo que ocurre es que, al no desconectar a mediodía, se hace largo. También siento cierto cansancio. Y es que de madrugada la gata me ha despertado y recuerdo que me ha costado conciliar el sueño de nuevo.
Hoy siento que me falta algo. Es ese instante mágico...

Después de la lotería... seguimos igual. Salut!

En el grupo de amigos nos han tocado 120 €, que no es mucho si tenemos que dividir entre 22 personas. Supongo que servirá de excusa perfecta para costearnos una cena, aunque no nos llegue. También nos ha tocado en el décimo del grupo de Burgos pedrea. Ni siquiera recordaba que con lo sobrante del bote compramos un décimo, ni siquiera recordaba que el número era el 11713 y ni siquiera recordaba dónde se había comprado (si hubiera sido yo, estoy segura que no escogería esa terminación). Creo que pudieron comprarlo al día siguiente en la cafetería del chico cuya característica más visible era una enorme sonrisa radiante. Tan enorme era su sonrisa que parecía que tenía los músculos de la risa pegados con silicona, y no exagero.
Al llegar, he optado por quedarme aquí a comer. Me apetecían patatitas bravas. Me he mojado, porque no para de llover. Vaya día tristón. Creo que si caminara con una persona muy especial no me importaría tanto mojarme, incluso creo que no me daría ni cuenta. También he comprobado que han abierto la cafetería de enfrente. Quizás tenga que ir a tomar un café de vez en cuando.
En este momento me está entrando un ligero sopor.

En Ezcaray

He hecho todo lo que tenía que hacer en Ezcaray, así que no creo que tarde mucho en coger el coche y regresar. Hay algo de niebla, pero mucho menos que ayer.

Me gustaría cruzarme con él. Quizás mañana. Seguro que estaba guapo.

Un año cargado de… magia

Si rebobinara los últimos doce meses, es posible que la imagen angelical de alguien muy especial se reiterara sin cesar. A veces con risas, a veces con lágrimas, pero siempre él. Es magia y quien dice magia dice amor. Estos últimos meses comprendí que le amaba sin haber buscado amarle. Al principio no quería creerlo, pero no podía negar la evidencia. Así que lo terminé aceptando.

Enero amaneció lluvioso. Recuerdo que esa primera semana caminaba por la calle y crucé unas palabras con alquien que hasta fin de año conocía de vista únicamente. Y en Nochevieja le hice una pregunta. Al regresar a la oficina en enero, esa persona me dio respuesta a lo que le había preguntado varios días antes.
Entonces le echaba mucho de menos. Apenas le veía y no comprendo cómo podía soportar su ausencia. Recuerdo que temía que sus rasgos se difuminaran hasta acabar en el olvido, aunque, en el fondo, sabía que eso jamás ocurriría.

Enero dio paso a febrero, mes en el cual se iba perfilando una idea. Era un viaje, pero ningún viaje que yo hiciera en 2010. Una ilusión. Un sueño sin cumplir. La respuesta a esa propuesta llegó el primer día de marzo.

Recuerdo que reflexionaba que con él me hubiera ido al fin del mundo si hubiera hecho falta. Y tenía miedo, porque a veces el miedo llega sin avisar. Él nunca supo de ese miedo. Pero, pese a ese temor, hubiera corrido el riesgo, con todo lo que conllevaba.
Entonces comencé a escribir. Cada noche escogía un color y escribía. Realmente le escribía a él, contándole todo lo que quería compartir con él. Obviamente jamás le llegaron estas palabras, muchas cargadas de una tristeza plausible.

Abril comenzó con un viaje a Cantabria. Volví a ver el mar. Y el mar me llevó a recordarle. Estaba asimilando que le quería desde hacía mucho tiempo, aunque hasta entonces no había querido aceptarlo. A mediados de mes lloré por una llamada que jamás llegó. Y en ese momento dolió.

En mayo buscaba la naturaleza que me traía su imagen perfecta a la memoria. Imaginaba que le describía todas las sensaciones, pensaba en él y le echaba de menos en silencio.

Y en junio le dije que me iba al otro lado del mundo. Todos y cada uno de los días que estuve en el país del sol naciente me acordaba de él. Pensaba en todo lo que me gustaría compartir aquellas vivencias, aquellas experiencias, aquellas novedades con él, y además lo plasmaba en palabras. La primera noche decidí contárselo, y así transcurrieron los días.
En las montañas, concretamente en Kanazawa, la guía nos iba a mostrar los restaurantes y yo me escabullí porque me urgía encontrar un Posto(*) antes del cierre. Y desaparecí ante los ojos de todos.
Uno de los momentos más mágicos del año es cuando volví a ver su sonrisa, al regresar de Japón. Me sentí ‘tocada’.

En julio comienza una época radicalmente diferente, porque su ausencia se evaporó y entonces apareció el ángel. Cada día, al verle, sentía una alegría inmensa. Miraba sus ojos y veía perfección en ellos. En el fondo me reconfortaba verle casi todos los días, porque al cruzarme con él sentía que todo estaba bien, que él estaba bien.

En agosto comprendí que cada día iba queriéndole un poco más. Y no me importó. Porque querer a un ángel es complicado, pero reconforta.

Llegó septiembre y soñaba que hacía crujir las hojas caídas bajo nuestros pies, mientras le cogía de la mano y me dejaba llevar por él.

En octubre le veía en cada estrella. Y cada noche, siempre con esa dulzura que le convierte en único, siempre con su mirada llena de nobleza con la que hace quererse.

En noviembre me volví a marchar y también rememoré sus rasgos mientras tomaba el sol en una playa canaria.

Y en diciembre… Diciembre es todavía hoy. Esta mañana estaba guapísimo. Sigue siendo un ángel de alas de plata, una persona especial a la que quiero con locura y, sobre todo, sigue siendo él: indescriptible, misterioso, único, noble, dulce, majestuoso, sublime, encantador, adorable…

‘Mañana’ será enero y él continuará siendo ese ángel que me brinda tantas alegrías cada día.

(*) Posto: A los japoneses no les preguntes por un Post-Office, porque ellos abrevian cogiendo la ‘O’ de Office y añadiéndola al Post inicial, por lo que se crea el Posto (más parecido al italiano que al inglés).

martes, diciembre 21, 2010

El circo navideño

Para algunos la Navidad comienza con la llegada del invierno (21 de diciembre), para otros se inicia la noche de la primera 'comilona' (24 de diciembre) y para algunos más empieza con la cantinela de los niños de San Ildefonso (22 de diciembre). Reconozco que yo pertenezco al último grupo. Más que desear una feliz Navidad, yo deseo suerte para la lotería.
Seguramente que si nos tocara un pellizco sería de gran ayuda.
Iba a ponerme a despotricar contra estas fechas que me parecen más melancólicas que felices, pero he recordado que esta mañana le he dicho a alguien que odio la Navidad. No lo recuerdo, pero posiblemente también se lo dijera el año pasado. Lo que tenía que haber hecho es desearle unas felices navidades.

Esta es una época que impulsa al consumismo exacerbado. Hay que comprar regalos. Y yo pregunto: "¿Quién dicta esa obligación de regalar porque sí?". Otro año más, no me introduciré en el laberinto de tiendas para comprar a unos y a otros. Porque ya se sabe que si regalas a una persona quedarías mal si no regalas al resto. Por otro lado, me alegro de que se nos haya echado el tiempo encima para hacer el 'amigo invisible' porque así podré confirmar en enero que realmente no he hecho ningún regalo.
A mí me hace más ilusión recibir cosas cuando no me las espero, en un día normal, que no tiene nada de especial, no cuando lo marcan los comercios. Del mismo modo, yo hago regalos cuando me apetece. Y, por supuesto, siempre prefiero comprar recuerdos de los lugares donde estoy de viaje.
Si ahora tuviera que hacer un regalo, sólo se lo haría a una persona. Pensando en el frío que hace posiblemente le regalara un jersey. Aunque mi intención era hacerle una bufanda. Creo que mis nociones de hacer punto no se han quedado tan relegadas en el olvido, pero sí olvidé, cuando pensé en ello, comprar los ovillos de lana. Así que la bufanda tendrá que esperar. Eso es un regalo de verdad porque lo habré hecho con el corazón, porque habrá salido de mis manos (siempre que el año que viene no se me olvide de nuevo comprar la lana). Desde mi punto de vista, los mejores regalos son los que puede 'fabricar' uno mismo, no los que vienen con etiquetas de tienda.

Dejando aparte el consumismo, este año la proliferación de Santa Claus que suben por los balcones ha disminuido un poco. Y menos mal... Se entiende que a mí ese anciano bonachón de barba blanca no me cae bien. Lo cierto es que yo siempre fui de Reyes Magos. Santa Claus es un invento de Coca Cola (aunque la gran marca internacional lo pintó de verde, el rojo llegó después), lo que hace un guiño encantador a la globalización ('palabro' del que todo el mundo hablaba hace unos años y nadie comprendía lo que significaba).
Consumismo y globalización. Va bien servida la Navidad... de momento.

Entonces tenemos que hacer frente a uno de los grandes problemas navideños en época de crisis: los alimentos que terminan colocándose en las dos noches especiales. Si miramos a la cesta de la compra, ¿alguien podría explicar por qué nos sacan un ojo de la cara cuando vamos a comprar las cigalas de Nochebuena? Precios que no son habituales, sino que se han incrementado con motivo de las fechas. Estoy segura de que yo no comeré ningún tipo de alimento que provenga del mar. Ni mazapanes, ni polvorones, ni turrón, ni Ferrero Rocher... Ni siquiera me gusta el champán.
Pero lo peor de las cenas de Nochebuena y Nochevieja es que siempre habrá una silla vacía donde hace cuatro, cinco, seis años había alguien. Y aquí es donde se convierte la Navidad en una época emotiva y triste: echas de menos a los que ya no están, pero no hace tanto estaban aquí. Es una época donde los vacíos y las pérdidas se intensifican y no puedes hacer nada. La silla vacía es el recordatorio palpable de que somos humo.

También es una época muy religiosa. Hace años que soy no practicante en cuanto a la religión, por lo que no me acerco a los templos religiosos más que como cuestión de arquitectura e historia. Cuando dan a besar al Niño Jesús, ¿nadie se ha fijado en el moretón que tiene en la pierna? Me producía rechazo posar mis labios ahí, así que siempre echaba un beso al aire.
En cuanto a los villancicos, me parecen canciones demasiado tristes, aunque muchas letras sean alegres. El coro de la iglesia de mi pueblo canta los villancicos de tal forma que te hacen reír. Algunas cantoras te regalan unos gallos dignos de mención. No creo que haya cambiado mucho esto: que yo sepa, siguen cantando las mismas mujeres que hace unos años. Hay una señora, la madre de un amigo mío, que tiene una voz portentosa, pero la mayor parte de las veces es emborronada por el resto. Sin palabras.

Pero aún no he terminado, que quedan la Nochevieja, la Cabalgata de los Reyes Magos... El día 6 de enero tienes ganas de que todo termine. En mi casa hace unos años era el peor día, porque al ser el cumpleaños de mi madre se reunían muchas personas en mi casa a celebrarlo. Lo que ocurría es que en vez de disfrutar de su día, mi madre tenía que contentar a los treinta comensales que habían ido a felicitarla. Desde hace unos años, nos vamos los cinco a comer a un restaurante, lo que mi madre agradece.
Y bien, ya termina la Navidad. Ahora toca quitar todos los adornos, ¡que comienza la cuesta de enero!

Hoy hemos estado mirando el calendario laboral de 2011. Una de mis compañeras ha puesto en rojo el 10 y 11 de mayo. La he mirado y le he dicho: "Tú no vendrás esos días, pero yo el 12 desde luego que no estaré aquí". Dice que lo ha mirado en internet. Obviamente yo tenía razón, que por algo estudié en SD y sé cuándo es el día grande de las fiestas de mayo.
Al mirar el calendario he pensado: "Dos semanas en junio que me voy a Rusia, una semana en julio que me tengo que ir obligatoriamente algo más cerca, una semana en noviembre en que posiblemente vaya a Lanzarote". Lo único que no sé con seguridad es lo de Rusia, aunque será que sí. Mi hermano ha dicho que a él le gustaría ir, pero tanto él como yo sabemos que este año no podrá venir conmigo (y es un motivo diferente al del año pasado, que en algún momento del futuro comentaré).

Después de esta gran diatriba sobre la Navidad, que por mucho que diga que no me guste (es que se me encoge el corazón; debería ser un momento alegre y me parece muy triste, al contrario de lo que ocurre en Semana Santa), en algún momento llega a contagiarme, aunque suele ser muy poco. Sin embargo, es un buen momento para desear a todo el mundo una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo 2011. Y, por supuesto, suerte mañana a todas aquellas personas que jueguen a la lotería.