jueves, septiembre 30, 2010

Hace un año ya


A veces el blog me sirve para recordar, para releer circunstancias del pasado que quizás están arrinconadas en la memoria. Me ha entrado la curiosidad, porque me preguntaba cuándo fue la noche en que mi retina grabó su perfil para siempre. Recuerdo la noche, su dulzura, sus palabras, su silueta perfilada bajo la luz plateada de una luna cómplice. Este fin de semana hará un año (realmente pensaba que había sido septiembre, pero no).
Al releer momentos del año pasado he hecho escala en el viaje a Bélgica. Un viernes como mañana hice un viaje relámpago a Madrid...
Pero hace un año él era un desconocido, era alguien muy distante, me atraía pero llevaba al menos dos meses sin verle, y mi voz no temblaba tanto. Aunque ya le quería un poco.

Hoy prefiero el hoy.

Un jueves que termina y septiembre que acaba ya

Al final se me ha hecho de noche. Estaba recordando cómo era todo hace un año. Cuando llevaba tanto tiempo sin verle y, de repente, volvió a aparecer. Entonces sentía una atracción irrefrenable hacia él. Apenas era un desconocido que ya hacía saltar las alarmas de mi corazón. Hoy es un sentimiento mucho más profundo (que no voy a concretar) que se ha asentado, que me reconforta, que me hace sonreír la mayor parte de las veces...
Ya no es ese desconocido, porque conozco algo más de él. Ahora le miro a los ojos y comprendo por qué le quiero tanto.
Nunca antes había querido tanto a alguien. Y esto que siento es de una belleza impresionante.

Me voy a casa.

Las últimas horas

Esta semana ha venido gente con niños. A todos les ofrezco caramelos o chupa-chups. Se van encantados. Y con una sonrisa de oreja a oreja.

El día va a terminar tan nublado como ha amanecido. Creo que mañana voy a hacer horario de mañana y tarde, porque el día es largo y no me va a dar tiempo a echarme siesta. Y por la noche tengo intención de salir. Y quizás verle, que echo de menos las noches en los bares, rozarle sutilmente y decirle lo guapo que está.
Me gustaría tomar algo con él, pero no mañana ni el sábado por la noche. Hoy. Me gustaría ir a tomar algo con él hoy. Abrazarle quizás, y darle las gracias por hacer que todos los días sean maravillosos, por ser esa persona tan especial.

Voy a escribir en color verde. Pero necesito que me dé el aire, así que antes iré a tomarme algo, para despejarme, dejar la mente en blanco un rato. Desconectar. Dedicar unos minutos a esa persona tan adorable.

Espero marcharme antes de que se haga de noche.

Hoy he visto una estrella

Hace mucho tiempo que no hablo de las estrellas. Pero todos los días, sobre todo últimamente que coincido con el anochecer, miro hacia el firmamento cuando regreso a casa. Y vuelvo a acordarme de él, vuelvo a ver su imagen serena, tranquila, perfecta. Las estrellas que veo por la noche me relajan, pensar en él me relaja. Quizás ése sea el nexo común y por eso siempre que miro hacia el cielo de inmediato me acuerdo de él.
Las estrellas simbolizan, por lo general, la buena suerte.

Debo ir a dormir. A soñar con él...

miércoles, septiembre 29, 2010

Que no nos quiten los sueños

En algún momento de esta tarde he escrito que me encontraba soñadora. Sigo estando soñadora. Parece ser que a veces los sueños, por su belleza, su misterio o su grandeza, pudieran desplazar a la realidad. Pero no es mi caso. Yo sueño mucho pero tengo los pies firmes sobre la tierra.
Por otro lado, creo que los sueños crean en los hombres ilusiones, susceptibles de ser cumplidas o no, y las ilusiones nos dan muchas mañanas energías para empezar el día con buen pie. Los seres humanos necesitamos soñar, porque, en cierto modo, es otra vía de escape, sobre todo ante las crudezas que nos depara el destino en diversas ocasiones.
De hecho, se nos otorgaron los sueños como un regalo que llega cada noche sin avisar y se desvanece cada mañana al abrir los ojos. Dicen los expertos en el tema que todos soñamos cada noche todas las noches de nuestra vida, aunque la mayor parte de las veces pensemos que no hemos soñado o no recordemos lo que pasaba por ese mundo irreal mientras nos manteníamos en esa otra dimensión.
Soy fiel defensora de los sueños, de lo importante que es soñar cada noche. En mi caso concreto, ha ocurrido que me vaya triste a dormir y que me despierte con una sonrisa de oreja a oreja porque en mis sueños aparecía él, esa persona tan especial para mí. Yo creo que sueño con él todas las noches; lamentablemente se esfuma todo al despertar en la mayor parte de las ocasiones.
Creo que soñar es importante siempre que sepamos dónde está el límite. Que yo le cubra de besos a ese ángel cada noche no quiere decir que lo vaya a hacer cuando le tenga delante. Que me gustaría, sí, pero sé dónde está el límite y sé de dónde no puedo pasar.

Esta tarde soñaba con los ojos abiertos. Y sonreía.

Que no nos quiten los sueños.

Si yo sueño que le abrazo cada noche y sueño que le doy la mano al despertar... es una imagen muy dulce para empezar cualquier día. Ése es... el sueño del amor. Le amo y por eso mis sueños son maravillosos, porque en la mayoría aparece él...

En amarillo

Hoy es un día dorado, de ahí que haya escogido el amarillo para escribir. Sin embargo, aún no he escrito nada, sino que lo dejaré para cuando llegue a casa.
Como siempre se me ha hecho tarde. Ahora sí que es un buen momento para marchar.

Está acabando septiembre. Es decir, que el crudo invierno está cada vez más cerca.

Una tarde tranquila

Hace una tarde magnífica. Me pregunto si habrán abierto ya la ermita o esperarán al día 1 de octubre. Estaría bien darse una vuelta por allí cuando me marche (siempre que a las siete me vaya y que no se me haga de noche, como los últimos días).
Hoy me apetece escribir -a mano-, pero basta que me ponga para que alguien perturbe mi tranquilidad.
Me siento feliz. A él le cubriría de besos en este preciso momento.

Pequeños momentos que son grandes

A propósito de lo que escribía antes, venía a la oficina pensando en todo lo que me quedaba por decir. Que esos momentos duran una fracción de segundo, pero son grandes, porque te dan alegrías todos los días. Y son grandes porque muchos de esos momentos están relacionados con esa persona tan especial.
Hoy también se me ha adelantado. Creo haber visto su coche al venir.

Es adorable. Los pequeños momentos que te sonsacan una sonrisa todos los días son grandes gracias a él. Es que es un encanto.

Hoy me encuentro soñadora...

A veces la vida está hecha de momentos

Los días están formados por momentos. Unos mejores, otros peores. Aunque yo sólo me acuerdo de los mejores y en los mejores momentos siempre está él: su mirada perfecta, su sonrisa misteriosa, la sensualidad de su voz, el color de su ropa, la sabiduría que aporta, su personalidad... que muchas veces (o casi todas) aviva mis emociones.
Menos mal que en esos momentos los pensamientos son privados. Porque cuando él habla me ensimismo imaginando besándole, acariciándole, susurrándole palabras de amor... Disfruto de esos momentos. Al volver, siempre tengo esa sensación de haber compartido unos minutos de magia con un ángel que me aporta un millón de nuevas sensaciones, a cada cual más placentera.
También he visto su coche después. Lo tiene tan limpio que ahora sólo puedo dibujar estrellas imaginarias. Hoy también he mirado a ver si venía por el horizonte.

Me voy a echar un rato antes de que llegue el momento de marchar. Y, al echarme, aparece otro momento dedicado a él, porque cerraré los ojos y pensaré en él. Entonces sentiré calma y pensaré en lo mucho que le quiero. No es para menos.

Un momento compartido con él... es toda una vida, todo un mundo aparte.

Un día que parece tranquilo

Anoche, llegando a casa, un vehículo de Tráfico estaba desviando toda la circulación por el empalme de mi pueblo para hacerlos salir más adelante. No se veía un accidente en el puente, pero era extraño que nos desviaran a todos, aunque yo tenía que ir por ahí obligatoriamente.
Esta mañana, justo enfrente de donde ayer estaban los guardias, una furgoneta con mucha gente estaba parada allí.
Los camiones circulan por la carretera. Aquí no se ven piquetes. Está todo demasiado tranquilo. Mejor, la verdad es que mejor así.

Dos pasos más cerca de los sueños

Tengo un frío glacial. No me apetece nada más que tumbarme en la cama, taparme hasta la nariz y soñar con él.

Mañana se paraliza todo el país. Desayunaré en casa como caso excepcional, aunque cuando lo pienso me imagino cómo sería empezar el día con él, mirarle con los ojos aún hinchados de quien acaba de despertar, con el pelo revuelto y sonriéndole, sonriéndole siempre y deseándole un buen día.
Cuando pienso en él todo es de una belleza sublime. ¿Cómo no iba a quererle?

Es hora de soñar.

martes, septiembre 28, 2010

Próximos objetivos: dos países en el punto de mira

Acabo de solicitar que me preparen un viaje a Grecia para noviembre. Pero no me conformo con Atenas, ciudad que está descuidada y sólo cuenta con esa maravillosa Acrópolis. No, tengo que dar un paseo por algunas islas: Mikonos y Santorini. Querían ponerme una tercera isla, pero lo he desechado, porque quiero descansar un poco. Quiero disfrutar un poco del Mediterráneo y cruzaré los dedos para que haga buen tiempo o, al menos, mejor tiempo que aquí.
En otro orden de cosas y puesta en el tema de los viajes, deseo ir a Rusia. Lo he dejado caer. Como aún no sé cuándo cogeré vacaciones el año que viene, no puedo decir en qué fecha será. Yo creo que puede caer ese viaje en junio, pero no es algo seguro (la fecha, el viaje sí). Menos mal que he hablado del tema, porque parece ser que me tienen que hacer el visado con un mes y medio de antelación. Los rusos son muy estrictos a la hora de entrar en su país. Pero quiero conocer Moscú y San Petersburgo. Tengo los ojos puestos allí y es el viaje que toca el año que viene.
Y ya tengo ese gusanillo que viene cuando un viaje se convierte de sueño en ilusión y de ilusión en hecho palpable y realizable. En cierto modo, me gustaría compartirlo con una persona. Seguramente lo compartiré con él, pero de una forma algo indirecta. Como... la otra vez. No es lo mismo contarlo que vivirlo.

Un cuento sufí

Esta tarde he leído un cuento sufí con una moraleja que el común de los mortales no suele cumplir, por lo general.
Hablaba de un anciano que ganaba todas las batallas. Todo el mundo se preguntaba cómo un anciano que apenas se tenía podía vencer a cualquier adversario.
Un día se presentó un hombre joven y vigoroso, con unos músculos de acero, con intención de vencer al temido anciano. El hombrecillo salió a luchar con él. Al cabo de varias horas, el hombretón joven se marchó vencido y derrotado. Muchos le preguntaron al anciano cómo había podido vencer a un hombre muchos años más joven que él y con mucha más fuerza. El anciano preguntó a su vez: "Si te hacen un regalo y lo devuelves porque no lo quieres, ¿de quién es el regalo?". Respondiéronle: "Del que ha hecho el regalo". Entonces el anciano respondió: "Si una persona me entrega su ira, su venganza, sus malas artes y yo no las recojo, esa persona se marchará con todo lo que yo no he querido coger, no me he querido poner a su nivel".
Este cuento rezuma sabiduría. Viene a decir que, por lo general, el ser humano tiende a devolver aquello que se le da. Venía a propósito de que el ser humano devuelve violencia cuando se le da violencia (el cuento se narraba en el contexto de los conflictos religiosos mundiales, sobre el concurso de caricaturas de Mahoma que sacó a la luz un periódico danés hace unos pocos años y todo lo que implicaba, o más cercano en el tiempo, si el 11 de septiembre se hubieran quemado Coranes en Nueva York).
Sentimentalmente hablando, este cuento también me lleva a pensar en mi propia moraleja personal.

El cuento es de gran belleza. Es una pena que yo no lo haya contado tan bien como debiera porque creo que es buena hora para irme.

Demasiada gente

Gente, gente, gente. Llevo viendo mucha gente durante toda la tarde. Al menos, ahora puedo tomarme unos minutos de respiro, aunque aquí no se respira nunca.
Tampoco me queda mucho para marchar.

Hace una tarde espléndida. Veo a la gente que pasa por el otro lado del cristal e imagino lo que me gustaría caminar con él. No sé, quizás tomarnos unos minutos de libertad y compartirlos. Quizás decirle que es un ángel. Nunca se lo he dicho. Hay tantas cosas que no le he dicho...

Pienso en él y me dulcifico. Y suspiro. Hoy escribiré en rojo. Aunque creo que voy a escribir cuando llegue a casa, que me iré a las siete en punto, y allí me dejaré llevar.

Al menos, el trasiego de gente va cesando.

A las cuatro

Es genial llegar por la tarde y ver algo de él. Saber que ya está aquí, que quizás... si hubiera llegado antes... le hubiera vuelto a ver.
Y hoy estaba muy guapo. Hoy le hubiera cubierto de besos y de caricias. Como casi todos los días.

El corazón se me alboroza cuando sé que está tan cerca.

Cosas que llegan desde Egipto


Mi hermano me ha traído de Egipto algunos recuerdos: una caja de nácar donde meter cosas, un escarabajo engarzado en una pulsera de cuero como las que llevaba con dieciséis años, un dedal con motivos egipcios, un espejo para llevar en el bolso, un marcapáginas hecho de papiro, postales y sellos egipcios. Hace años que dejé de coleccionar sellos.
Nos ha estado contando cosas de allí. Todo un mundo aparte.

Siempre se me hace tarde...

Despertar poco a poco

Anoche fue uno de esos días que me quedé dormida como un bebé, con luz y portátil encendidos. Cuando me he despertado eran las siete de la mañana... Me he dado media vuelta y he seguido durmiendo.
Le buscaba a él entre las brumas del sueño y posiblemente haya aparecido. Al despertar, un rato después, estaba sonriendo.
Pensaba de nuevo en él y me sentía feliz, aunque el sol matinal me deslumbraba cuando venía aquí.

Anoche quería escribir algo, pero en cuanto me tumbé esa idea se desvaneció... Volverá. La idea volverá. Creo que era algo relacionado con él. Siempre que pienso en él tengo unas magníficas ideas para escribir algo.

lunes, septiembre 27, 2010

El pequeño instante de magia

Adoro estas horas de tranquilidad que transcurren desde después de cenar hasta el instante antes de dormir. Sabes que es demasiado pronto para embarcarse en el mundo de los sueños, pero demasiado tarde para darle vueltas a la cabeza.
Como no veo la televisión, estas horas previas a dormir las dedico a navegar por Internet o escribir algo, a leer (aunque suelo dejarlo para un poco más tarde) y, sobre todo, a pensar en él.
Son momentos en que te apetece abrir la ventana y mirar hacia las estrellas. Buscas la tranquilidad del final del día. Alejas las preocupaciones para retomarlas mañana a primera hora. Te dedicas un momento para ser feliz sin más, un minuto para ti. A veces recapacitas sobre ciertas cosas que han ocurrido o piensas lo que le dirás a alguien con quien has podido quedar mañana. Pero realmente has desconectado y el peso de cualquier preocupación es tan ligero como una pluma. Sueñas con esa persona, pero esta vez sueñas despierta. Recuerdas sus rasgos, la bondad que rezuma esa mirada tan dulce, la sonrisa que te regala cuando le ves, su sabiduría y todo lo que te aporta, las palabras armónicas de esa voz tan sensual... y sientes paz. Él es una de las pocas personas en este mundo que me aporta paz y muchas, muchas alegrías.
Piensas en que mañana quizás le vuelvas a ver, quizás vuelvas a sentir que una parte de ti se va con él, quizás vuelvas a emocionarte en ese momento en que él aparece y dura segundos, pero qué intensidad tienen esos segundos.
Añoras ese contacto con su piel, añoras los besos que nunca le diste, añoras las caricias que nunca recibiste, añoras los sueños que nunca se cumplieron... Pero él sigue haciéndote sentir, sigue haciéndose querer. Él hace que me sienta realmente viva.

Es el momento. Este instante actual tiene su magia, una magia que posiblemente sea estimulada por la imagen de ese ángel...

Pensaba en...

Pensaba en él. En su dulzura. En su bondad. En su nobleza.
Pensaba en él y me preguntaba si ya habrá llegado a casa, en qué estará pensando.
Pensaba en él y me imaginaba preguntándole qué tal ha ido el día, dejándome llevar por la sensualidad de su voz. Y después le describiría el día que he pasado yo: "Pues mira, yo me he encontrado con un ángel, me ha mirado y sentido que miles de mariposas lanzaban haces de luz sobre mi piel, he sentido que una mano invisible y delicada me tocaba el alma de una manera muy dulce".

Pensaba en él y me sentía algo más feliz.

Ahora pienso en que debería ir a cenar.

Colores cálidos en el horizonte

Venía a casa y enfrente se perfilaba el cerro rodeado de nubes rosas y anaranjadas. Era de una belleza insólita ese atardecer...
Y pensaba, pensaba en cuánto tiempo llevo observando lo que me rodea, desde cuándo miro todo como si fuera la primera vez, desde cuando camino más despacio sólo para contemplar algo en que antes no había reparado.
Antes también me fijaba, pero era todo más fugaz. Ahora me rindo ante la belleza que me rodea y me encuentro disfrutando de todo.
Esto ocurre desde que le conozco a él. No es de extrañar que empezara diciendo que todo era magia. Esa magia derivó en amor. Al amarle a él amo todo lo que me rodea.
Me siento realmente bien, sobre todo ahora que he llegado a casa y he podido quitarme los tacones, relajarme, mientras espero a darme un baño de esos que duran horas. Prefiero las duchas, pero hoy deseo un baño con mucha espuma y sales.