domingo, octubre 04, 2009

Atrapando el momento III: Brujas y Gante (24 de septiembre)

Varias vistas de Brujas desde el Belfort
Habíamos quedado a desayunar para coger el tren a Brujas todos juntos a las 9.30h. Una hora y media antes yo ya no podía parar en la litera y me tuve que levantar. Como en el Hostel sólo había café de máquina me fui en busca de una cafetería y, de paso, poder despejarme por la calle.
Una de las entradas al centro comercial City2
El día no podía ser peor: había salido niebla, llovizneaba y hacía un poco de frío. Cerca del Boulevard Emile Jacqmain se encontraba el centro comercial City2. Calculé que allí tenía que haber, por narices, un lugar donde poder desayunar. Y no me equivoqué. Desayuné un croissant y un café con leche (aguado) y regresé al Hostel, donde aproveché un ordenador libre para conectarme a internet mientras esperaba al resto, que fueron bajando con cuentagotas. Entre el desayuno, que algunos volvieron a la habitación, y lo que nos costó llegar a la Gare du Nord, estación de tren más cercana al Hostel, eran pasadas las 10.30h. de la mañana.
En la estación volví a perderme de manera premeditada, pues mientras los demás preguntaban buscando la estación de tren (pues allí también había estación de autobuses y líneas de metro), yo llegué a la entrada marcada con una ‘B’ azul y allí les esperé. Para entonces yo ya me había estudiado el logo de los trenes belgas, entre otras cosas. Hasta que subimos al tren fue toda una odisea, en el sentido de que nos tuvimos que cambiar de andén dos veces. Lo curioso allí es que en los trenes no te ponen la hora, así que aunque el primero de Brujas lo hubiéramos perdido, con el mismo billete se podía acceder a otro hacia la misma ciudad, siempre que nos ciñéramos a ese mismo día.
En el tren nos sentamos todos juntos, aunque yo estaba como ausente. Me preocupaba el hecho de llegar sobre las doce a Brujas, cuando podía haber estado allí dos horas antes. Me estaba perdiendo la impaciencia. Entonces llegó el revisor. Como estaba colocada la primera para que picara billete me explicó, en inglés, que estábamos en primera clase y nuestro billete era de segunda clase, que nos teníamos que cambiar de vagón. Cuando los demás me preguntaron y les expliqué lo que ocurría nos levantamos todos en estampida.
El viaje se me hizo muy largo, y eso que sólo duró una hora. En la estación de Brujas me perdí entre el gentío y ellos sólo llegaron a decirme que a las 13.30h. en la famosa plaza del mercado para comer, aunque no les aseguré nada. Cogí un autobús hasta el centro y me esfumé entre la barahúnda de turistas.
Markt
Brujas (Bruges-Brugge) tiene un encanto especial; no es de extrañar que sea uno de los destinos turísticos más populares de Bélgica. Es una ciudad medieval muy bien conservada, con calles sinuosas, canales pintorescos y bellos edificios. El centro de Brujas está bastante bien conservado.
El comercio de la ciudad quedó dañado cuando el río Zwin se encenagó a finales del siglo XV. Nunca estuvo muy industrializada y ha conservado gran parte de los edificios medievales. Afortunadamente, Brujas escapó de las dos grandes guerras sin sufrir muchos daños. En la actualidad, las calles están muy cuidadas, se ha respetado la altura de los edificios y el tráfico es muy regulado. Todos los lugares de interés se hallan en un círculo de bulevares que marcan la línea de las antiguas murallas medievales.
Brujas se constituyó alrededor de una fortaleza del siglo IX, levantada para defender la costa de los vikingos. A pesar de las sucesivas invasiones francesas, entre los siglos XIV y XVI, Brujas se convirtió en una de las ciudades más distinguidas de la Europa septentrional.
Calle en Brujas
En la actualidad, debe su posición prominente a la belleza de su centro histórico, las callejuelas adoquinadas, los canales y un singular conjunto de edificios medievales. El conjunto puede considerarse el legado de los días gloriosos de esta ciudad, convertida en el centro del mercado internacional de paños durante 200 años, a partir del siglo XIII. Durante aquella época dorada, los mercaderes de Brujas utilizaron sus fortunas para construir mansiones elegantes, iglesias y edificios civiles de tal magnificencia que asombraron a todo el norte de Europa.

El autobús me dejó en el Markt, la plaza del mercado que constituye el corazón de Brujas, donde había un trasiego ingente de turistas. Reconozco que fue impactante bajar del autobús allí y encontrarme con tanta gente. En cierto modo me trajo recuerdos de la Plaza Mayor de Salamanca (y recordé que ambas ciudades habían compartido la capitalidad europea de la cultura en 2002), si no por el estilo de los edificios porque en nada se parecen, sí por la cantidad de turistas y la amplitud y desigualdad de la plaza.
Estatua en el centro del Markt
El Markt es la plaza más importante de Brujas; aquí se celebra un mercado desde el siglo X. Se trata de un impresionante espacio abierto rodeado de edificios del siglo XVII y presidido por el Belfort desde uno de los laterales. Los tres lados restantes se llenan de terrazas de bares y cafés. La fachada más antigua de la plaza se remonta al siglo XV; es el Huis Bouchotte, donde vivió Carlos II de Inglaterra durante parte de su exilio, de 1656 a 1657. En el centro se alza una estatua de Pieter de Coninck y Jan Breidel, dos dirigentes gremiales del siglo XIV que encabezaron la rebelión contra los franceses en 1302. Durante la llamada ‘Bruges Matin’, condujeron a los soldados flamencos contra los franceses en el atardecer del 18 de mayo de 1302 y acabaron con casi todos. Este sangriento levantamiento propició una especie de independencia para las principales ciudades de los Países Bajos. De este modo, hasta el siglo XV se instauraron en la Carta Constitucional de cada ciudad derechos tales como la libertad de comercio.

En la plaza lo que más llamaba la atención en una primera ojeada era el enorme campanario que se recortaba contra el sol. Yo sabía que lo primero que tenía que hacer era subir hasta arriba, desafiando al vértigo. Tiene 366 escalones de piedra en espiral que van estrechándose a medida que vas subiendo hasta la cúspide, lo que es incómodo, porque muchas veces tienes que esperar a que pasen antes de seguir tú.
Belfort

El Belfort (campanario) es una torre octogonal de 83 m. de altura. Construido entre los siglos XIII y XIV, es el edificio más característico de Brujas, pues aquí se conservaba la Carta Constitucional; supone un constante recuerdo del pasado glorioso de la ciudad como centro mercantil.

En el interior, una escalera de caracol conduce a la sala donde se conservaban los derechos y privilegios de la ciudad. Arriba del todo se pueden disfrutar de unas magníficas vistas de Brujas.
A medida que ibas subiendo accedías a algunas salas, donde se encontraban algunas mini-exposiciones e incluso la maquinaria de las campanas que tuve ocasión de escuchar allí arriba, mientras como a cámara lenta se ponía todo en funcionamiento. Tardaba unos minutos desde que algo parecido a un taladrador marcaba la hora hasta que escuchabas el sonido amortiguado de una campanada (eran las 13.00h.) que se oía en el exterior.
Tanto subir como bajar fue horroroso, no por la multitud de escalones, sino por la estrechez, por donde pésimamente podían pasar dos personas a la vez. Cuando volví a la plaza respiré hondo y miré la hora. Eran casi las 13.30h. y me habían dicho que a esa hora quedábamos para comer, pero lo que hice, aparte de darme un paseo por la plaza, pensando qué sería lo siguiente, fue enviar un sms para decir que ya nos veríamos más tarde, que no comería con ellos, sino que me sentaría en cualquier terraza que encontrara en una de las calles aledañas a la plaza del Markt.

Y así lo hice. En Brujas probé comida típica belga por primera y última vez. Se trataba de una omelette con muchos tropezones. No sabía mal, al fin y al cabo no dejaba de ser una tortilla aderezada con condimentos dispares. Por supuesto, no pierdo mucho tiempo para comer y enseguida estaba de nuevo caminando por las calles adoquinadas de Brujas. Cuando el camarero comprobó que era española, me envió a su mujer, ansiosa por practicar el castellano, a preguntarme si la comida estaba bien. Y yo le contesté en francés: “Oui, très bien, merci beaucoup”. Se supone que allí se habla flamenco y que no nos íbamos a entender...
Lo cierto es que no tardé mucho en levantarme. En Brujas vino a verme mi 'amiga' la de todos los meses, lo que en parte era un incordio, pero puse al mal tiempo buena cara, como no podía ser de otra manera. Así que con el incipiente dolor en los riñones y síntomas de pesadez me propuse buscar la plaza del Burg, pero llegué a una calle llena de tiendas, con casas típicas de colores variopintos. Pasé junto a una enorme iglesia cuyo nombre no recuerdo. Y finalmente di con el Burg, donde estaban grabando una película y los actores estaban rodeados por un sinfín de cámaras y un nutrido grupo de mirones, al que me sumé durante unos minutos.

Fachada del Ayuntamiento de Brujas, situado en el Burg
El Burg es una plaza adoquinada, que antaño fue el corazón político y religioso de Brujas. Se halla muy cerca del Markt. En este lugar se levantó el antiguo fuerte alrededor del cual surgió la ciudad. Algunos de los edificios civiles más importantes se hallan aquí. La fachada del magnífico Stadhuis (Ayuntamiento) data de 1375 y está decorada con torres y estatuas. Contrasta con la barroca Proostdij o Casa del Preboste, construida en 1662, en la que destaca su pórtico.
Obviamente lo primero que hice fue entrar en el Ayuntamiento, donde me dieron una Audio-guía en español que me explicaba los aspectos históricos más relevantes del nacimiento, crecimiento y florecimiento de Brujas.
Fachada del Ayuntamiento
La fachada del Stadhuis (Ayuntamiento), de complicada talla, se concluyó en 1375, pero las estatuas de las hornacinas son modernas y representan al conde y a la condesa de Flandes. Se incorporaron en la década de 1960 para reemplazar las que destruyó el ejército francés un siglo antes.
El edificio se continúa utilizando para las funciones municipales; aquí se encuentra la Cámara del Consejo y el despacho del Alcalde. Además, es un lugar muy popular para celebrar bodas.
Salón Gótico del Ayuntamiento
En el interior, una escalera conduce desde el espacioso vestíbulo (donde había un busto del emperador Carlos V, que remite a nuestra Historia particular, aunque en España fuera el primero de su nombre) hasta el espléndido Salón Gótico. Esta magnífica cámara parlamentaria se levantó hacia 1400. Tras una admirable restauración, destaca el techo con singulares tallas de madera y 16 bellas ménsulas con representaciones de las estaciones y los elementos. En 1895 se terminaron las pinturas del salón, que hacen referencia a acontecimientos destacados de la Historia de la ciudad.
Fachada de la Basílica de la Santa Sangre, en el Burg
Impresionada por aquel Salón Gótico salí al Burg, donde me esperaba otro edificio singular: la Heilig Bloed Basiliek, o la Basílica de la Santa Sangre. Partiendo de la base de que para mí es mofoso todo el tema de las reliquias, que sirvieron en la Edad Media y siglos posteriores para engatusar al pueblo llano, que se traficaba con ellas de una manera vil y que es imposible que se hayan conservado 'huesecillos' de dos mil años de antigüedad (por poner un ejemplo), entré en la basílica por pura curiosidad.

La Basílica de la Santa Sangre posee una de las reliquias más sagradas de Europa. Se divide en dos sectores. En la capilla superior, restaurada en el siglo XIX, porque la habían destruido las tropas francesas en la década de 1790, se encuentra el tabernáculo de plata de 1611 que alberga la ampolla sagrada traída de Jerusalén en 1150. Según la tradición, contiene unas gotas de sangre y agua que José de Arimatea enjugó del cuerpo de Cristo.

La verdad que yo vi: sobre la mesa del altar había un cilindro de difícil acceso, pues se encontraba todo el altar acordonado, donde tuve que suponer que se encontraba la sangre de Jesús. Estaba prohibido hacer fotos, así que al bajar compré una postal donde se veía, sobre un cojín de terciopelo rojo, el cilindro de cristal con un líquido amarillento en su interior. Sin comentarios. El señor que me entregó la postal me comentó que abajo había otra capilla, que no podía perdérmela. Lo cierto es que era una especie de cripta, que queda eclipsada por la reliquia del piso de arriba.
Capilla inferior
El espacio de abajo, dedicado a la advocación de San Basilio, comprende una capilla con pórtico y arquería de sencillos pilates de piedra.
Después de aquello, donde me sentí abochornada por tener fe en un objeto que yo pongo en duda que sea en verdad la sangre de Cristo, volví al Markt, donde entré en una puerta que se encontraba bajo el campanario, atraída por el Museo de Arte Abstracto Contemporáneo, pero sobre todo atraída porque había pinturas de Miró. No me gusta Miró, así que crucé una especie de pasillo y salí a otra calle. Sopesándolo bien, sólo me apetecía hacer una cosa: montar en barco por los canales, aunque las calles donde estuve carecían de los mismos. Ayudada por un mapa, conseguí encontrar la zona de los canales.
Canal en Brujas
Los barqueros me vacilaron cuando les dije, en inglés, que deseaba montar en barco. Vino a decirme uno de ellos que si no prefería nadar. Me quedé con cara de poema, pero finalmente conseguí que me diera un ticket para montar en barco. Como salían a cada media hora, me senté en una cafetería junto al muelle, llena de turistas, y el camarero, sediento de conversación, me preguntó de dónde venía, si estaba sola y si me hospedaba en Brujas. Al decirle que era española, se puso –otro más- a hablar en castellano, aunque se le entendía mal.
El trayecto en barco te lleva a conocer lugares interesantes de Brujas. Hay una zona que está llena de casas medievales que tienen sus propios muelles a los canales. Algunos puentes son tan bajos que tenías que agachar la cabeza.

Uno de los lugares más enigmáticos, al que puedes ir caminando, pero también se ve desde el barco, es el Begijnhof.
Las beguinas eran miembros de una congregación laica fundada en 1245. Vivían y vestían como las monjas pero no tomaban votos, por lo que podían volver a la vida secular cuando desearan. El beguinaje (begijnhof) es un recinto vallado, como un pueblo, donde vivían las beguinas. Se trata de una tranquila zona de canales, con casas blancas con gabletes y un espacio verde en el centro. La iglesia data de 1602. En las casas ahora no viven beguinas, sino monjas benedictinas que se trasladaron aquí durante la década de 1930.
Minnewater
Cerca del Begijnhof se encuentra Minnewater. Es un lugar lleno de paz con un lago poblado de patos y cisnes. Los cisnes viven aquí desde que en 1448 Maximiliano de Austria ordenó que se mantuvieran en recuerdo de su consejero Pierre Lanchais, decapitado por los ciudadanos de Brujas. Antaño, éste fue un animado puerto que comunicaba la red de canales con el mar.
Hermosa panorámica de Brujas
Al bajar del barco, así de pequeño es el casco histórico-turístico de Brujas, escuché a voz en grito mi nombre. Yo estaba ensimismada, con una idea fija en la cabeza: marcharme a Gante en ese mismo momento. Lo cierto es que Gante quedaba a mitad de camino entre Brujas y Bruselas, sabía que se me iba a hacer de noche, pero no importaba. Al día siguiente tenía claro que marcharía en otra dirección, a Amberes, donde esperaba encontrarme con otra ciudad ‘diferente’, y mi intuición no falló.
Mercado de pescado
Llegamos a una plazoleta donde todas las mañanas se vende pescado fresco, sería una especie de lonja de pescaderos. Se llama Vismarkt. Es al aire libre y tiene columnatas del siglo XVIII. En esos momentos estaba vacío, nada que ver a como imaginé yo que debía ser el bullicio matinal.
Callejón del Burro Ciego
Desde allí nos dirigimos al Callejón del Burro Ciego (Blinde Ezelstraat), por cuyo arco regresaríamos directamente a la plaza del Burg. Cuando estábamos al lado del Ayuntamiento, yo señalé la puerta del mismo y les pregunté: “¿Habéis entrado?”. La respuesta fue que no. Señalé más allá: “¿Y allí?”. Me respondieron que no, para rematar con un: “¿cuánto cuesta?”. Yo miré el reloj, eran las cinco pasadas y, aunque lo desearan, ya no les iban a permitir entrar, porque cierran todo a las cinco.
Les expliqué que la entrada al Salón Gótico –que merecía la pena ver- del Ayuntamiento costaba dos euros con Audio-guía incluida. La puerta del Ayuntamiento ya estaba cerrada a cal y canto. Pero lo que más les interesó fue la reliquia de la Santa Sangre, que además era gratis. Intentaron entrar, y aunque la puerta estaba entornada tampoco les dejaron pasar. Yo les esperé en una terraza de la plaza tomando una cerveza. Lógicamente no iba a visitarlo otra vez porque ya lo había visto y me extrañaba que ellos, que habían estado en el Burg varias horas antes, no hubieran entrado. Al final les saqué la postal con el cilindro de cristal en cuyo interior se veía un líquido amarillento que parecía más sólido que líquido. Y con eso se quedaron. Aunque yo, que había entrado, tampoco hubiera visto mucho más.
Como ellos querían seguir viendo cosas, les dije que ya les daría alcance cuando terminara mi cerveza. Pero no les volví a ver hasta el día siguiente. Podía haber sido fácil porque estaban siguiendo la ruta marcada en mi guía, que llevaba también una de las chicas. Sin embargo, sopesé las alternativas que me quedaban y preferí ir a la estación de tren y tomar el primero con parada en Gante.
De Gante tengo una visión desvirtuada, en el sentido de que vi una ciudad de noche y no entré en ningún sitio, pues cuando llegué estaba todo cerrado. Sabía que no sería muy diferente a Brujas en lo que se refiere a canales, edificios y centro monumental. Por lo que vi, me pareció más bella que Brujas, pero apenas tuve tiempo a saborearla, porque llegó un momento en que tuve que regresar antes de que saliera el último tren a Bruselas.

Panorámica de Gante desde el castillo medieval (Het Gravensteen)
La ciudad flamenca de Gante (Gand-Gent) se ha visto tradicionalmente eclipsada en materia turística por su vecina Brujas. Al éxito del mercado textil durante la Edad Media, en Brujas siguió un período de estancamiento, mientras Gante se iba convirtiendo en un centro industrial durante los siglos XVIII y XIX. La polución resultante cubrió los antiguos edificios de la ciudad con capas de suciedad procedente de sus fábricas. En la década de 1980 Gante inició un programa de restauración. Se limpiaron los edificios medievales de la ciudad, las zonas industriales se sanearon y los canales se purificaron. En la actualidad, las tracerías de piedra tallada de sus iglesias y edificios antiguos, los excelentes museos y el castillo severo y formidable dotan de carácter a la ciudad.
Belfort
El Belfort (campanario) es uno de los grandes símbolos de la ciudad. Junto con el cercano Lakenhalle (sala textil) fue el centro del comercio medieval.
La catedral estaba rodeada de obras, con todas las calles levantadas y las fotos salen lo suficientemente oscuras para que no se vea nada.
Graslei
Uno de los barrios más pintorescos es el Graslei, que da al río Leie, y coincide con la zona donde antes estaba el puerto medieval. Está formado por casas gremiales perfectamente conservadas. Algunas datan del siglo XII.
Para mí era muy complicado caminar por Gante, entre tantos canales, tranvías y autobuses que van por los mismos sitios y bicicletas. Había tantas bicicletas que parecía que te podían atropellar con bastante más facilidad que los tranvías. Ahora bien, en el momento en que llegaba se veía un bullicio en el centro tal que apetecía quedarse de fiesta, pues no hay que olvidar que Gante es ciudad universitaria, y ese ambiente se nota.
Edificio de Gante
Después de caminar durante dos horas sin parar, admirando todo lo que veía ante mí, sabiendo que no podría entrar a la catedral (Sint-Baafskathedraal) a ver la 'adoración del cordero místico', me di cuenta de que Gante era para volver alguna otra vez de día, que no bastaba con una visita nocturna. Y opté por coger un taxi hasta la estación de tren, donde cené un bocadillo rápido antes de coger el tren, no sin antes enviar un sms diciendo que regresaba a Bruselas y que no me despertaran cuando llegaran. Fue el único día que llegué al Hostel la primera y bastante temprano, aunque sentí cuando llegaron, una hora después, mis compañeras de habitación, pero seguí durmiendo.

Ahí queda. Gante me supo a poco porque no tuve mucho tiempo para disfrutar de la ciudad y Brujas tiene su encanto, pero se ve enseguida. Sin embargo, dejando a un lado Bruselas, la ciudad que más me gustó fue Amberes, ciudad que me toca describir mañana.

El Hostel 2go4

El Hostel en Bruselas se llamaba 2go4 y lo que yo no recordaba es la 'magnífica' foto que me hicieron nada más llegar a la habitación (que conste que evito salir en fotos, y aquí lo demuestro a la perfección). Pese a que pareciera que estaba mirando el mapa de la ciudad que justo acababan de darme en recepción, lo cierto es que me tapaba para no salir en la fotografía, que he tenido que recortar a ambos lados, por mi deseo expreso de no colgar fotos de nadie (tampoco mías) en internet. Así, yo me tapaba con el mapa extendido, mientras aseguraba que yo jamás dormiría en la parte superior de una litera. Y esa litera que se ve, en la parte de arriba, es donde dormí todas las noches de mi estancia en Bélgica. Al final no fue tan malo.

El regreso a casa

He llegado a la misma hora de ayer, aunque lo daría todo porque fuera de la misma forma. Sólo que hoy he llevado coche. Más que nada porque sabía que volveríamos pronto. Estábamos I. y yo solas, sin los tíos que no sabemos adónde han ido a parar esta noche.
No había mucho, pero ha sido suficiente para despejarse un poco.
Es curioso, pero no tengo sueño. Me apetece leer un poco, sólo por ocupar la cabeza hasta que se me empiecen a cerrar los ojos. Y eso haré. Además tengo dos libros a punto de acabar. Interesante, porque nunca leo dos libros a la vez, a no ser que uno de ellos sea de relatos cortos o poesía. Pero como al viaje no podía llevar el de Federico Moccia porque pesaba mucho, escogí La ciudad de los prodigios en edición bolsillo. Y los tengo los dos a poco más de cien páginas para el final.
También he seguido escribiendo sobre el viaje, pero eso tendrá que reanudarse mañana porque hoy he tenido que interrumpirlo para ir a la ermita, donde ha habido un intercambio de fotos. ¡Qué hartazgo! Las mismas fotos en las mismas cámaras. Llega un momento en que te cansas de ver tantas fotos similares.
Intuyo que en estos momentos me encuentro en la antesala de un período de reflexión.

sábado, octubre 03, 2009

A vueltas

Estoy preocupada. Siento cierto pesar.
Me pregunto cómo me ve él y sólo obtengo como respuesta humo, un humo blanco que no me permite ver más allá. Y es que nunca sabes lo que piensa otra persona a no ser que te lo diga. Me siento desubicada. Sientes el deseo, la atracción, cierras los ojos y notas que el corazón te está latiendo a toda prisa. Y no puedes evitar todo esto.
Enfrentarte a una persona tan hermética es muy duro porque nunca sabes qué esperar, ni siquiera sabes a lo que te expones.
Siento que me tambaleo, no sé cuál es el siguiente paso. Creo que la única manera de despejar las dudas es sincerarme con él y decirle lo que llevo dentro. Sería una buena forma de obtener las respuestas que necesito y, sin embargo, hay que tener mucho valor para decir las palabras exactas en el momento oportuno. Al menos yo necesito para esta noche, en caso de que me lo encontrara, una dosis muy fuerte de valor.

Instantes congelados

Con sólo cerrar los ojos podría dibujar mentalmente su perfil con enorme sencillez. Congelar ese momento. Él pendiente de la carretera, yo pendiente de él. Se ha grabado perfectamente en mi retina, tanto que aunque pasaran cien años seguiría perfilando la nariz recta, sus ojos fijos, sus labios meciéndose entre los murmullos de la noche, los mechones plateados de su barba brillando bajo los rayos de la luna. Creo que había luna llena o casi llena. Había mucha luz anoche.
Es un instante inmortalizado para siempre, grabado a fuego en mi retina, inolvidable, indescriptible.
No sabes si volverá algo así, por eso es tan importante congelar ese instante, guardarlo en una cajita de tu memoria para traerlo al presente de vez en cuando y sonreír.

¿Qué me está pasando...?

Como en una nube

Anoche me costó dormir. Se debía a todo el cúmulo de sentimientos que afloraron repentinamente. Ocurrió lo que hace meses llevaba esperando: encontrarme con él. Varias horas antes lo había presentido a través de nervios en el estómago o una especie de corazonada. Pero un presentimiento no te da una seguridad completa.
Sigo sin saber lo que piensa. Le estuve tanteando a ver si entraba aquí, aunque me da que no. Además si él me dice que no prefiero creer en su palabra. Sólo que yo tenía que preguntarle, asegurarme de que no lee lo que a veces escribo, porque me ruborizaría. Quizás también porque hay veces en que me cortaría los dedos a la hora de decir algunas cosas. El hecho de que no lo haga me da cierta libertad, pero también me aporta una tristeza inesperada. En el fondo es un choque de sentimientos a partes iguales.
Estoy en una especie de nube porque todo lo que había quedado paralizado hace dos meses vuelve a resurgir.
Le miro a los ojos y veo seguridad, tranquilidad, bondad, y además noto que su mirada me taladra de tal forma que puede llegar al fondo y eso me da miedo, que vea de mí con total transparencia. Supongo que yo podría ocultar ese fondo si me lo propusiera, pero no quiero. Lo cierto es que al revés yo me encuentro con un alto muro y no leo nada en él. A veces me encuentro con un rostro hermético que no dice nada de sí mismo.
Le toco las manos y su tacto me eriza la piel. Creo que disimulé bien, pero aún así... Esto me recuerda a que respecto a las manos se ruborizó. No era mi intención sacarle los colores, pero si tiene esas manos tan suaves que desbocan mi imaginación... Es algo que no puedo evitar.
Cuando me trajo a casa me encuentro frente al mismo muro. No sé hasta qué punto se sintió algo obligado a traerme, no sé si le pareció bien o mal, desconozco si lo hizo como un favor, etc.
Me gusta la música que tiene en el coche. Debería haberle dicho lo mucho que me gusta todo de él, pero me corté. Tampoco creo que necesite decírselo, pues me consta que él ya lo nota, y yo noto que él lo nota.
Ayer sentía la necesidad ferviente de tocarle, de hablarle, de estar con él. Quizás por eso me jugué todo a una carta, dejando que mis amigos se fueran y quedándome un poco a la deriva. Era una necesidad de él. Apenas un desconocido y hace que afloren hacia fuera una serie de sentimientos dispares que me cuesta controlar. También me moría por besarle, pero esto no pudo ser, me obligué a rechazar este sentimiento de raíz. Sin embargo, le hubiera besado si se hubiera dado la ocasión. Era demasiado tentador.

¿Qué decir...?

Hoy estoy algo así como feliz.
Sobran las palabras.
Mejor que vaya a dormir.

viernes, octubre 02, 2009

Viernes noche

No acabo de llegar y ya me estoy preparando para salir. Cuando a las 21.00h. he bajado del autobús, he comprobado que aún hay quien sigue trabajando. Un coche más allá ha venido a verificarlo. Pero iba tan inmersa en la conversación que apenas me he parado a pensar en ello.
No sé qué nos deparará esta noche. Si bien es cierto que en el autobús dejaba a veces la lectura para pensar en él y que tengo nervios en el estómago... es bastante probable que en estos momentos esté siendo víctima de un pálpito. Pero, con la elección de esta tarde en Copenhague, queda claro que las corazonadas no funcionan.
Por una parte me muero por salir por Santo Domingo y encontrarme con él. Por otra parte, prefiero descansar hoy, pero no porque lo necesite, sino porque me imagino una situación delante de él y no sabría qué decir. Igual es mejor que no nos veamos.
Al final lo dejaremos en las manos del ¿destino? (aunque yo no crea en esto), ¿de alguna fuerza superior que yo no pueda controlar? Que sea lo que tenga que ser.

18.35 h.

A estas horas debería saberse ya si los Juegos Olímpicos de 2016 tendrán como sede a Madrid o a Río de Janeiro. Estoy casi al lado de casa, pero aún no he llegado. Sólo que antes de dejar el ordenador lo miraré en Últimas noticias. Lo cierto es que yo me he movido por círculos que distaban mucho de las concentraciones coloridas de "Tengo una corazonada", un lema interesante, atrayente.
Esta mañana he andado atareada, pero lo más importante es la gente que he conocido: dos madrileños, uno de Gerona que me ha dado su e-mail, otro de Sevilla... y de repente me encuentro frente a mí y hablándome a un riojano que conocía de vista. Como no quiero dar datos lo dejaré así, porque es un peso pesado de aquello a lo que me dedico.
De todas formas, él se me acercaba porque le habían dicho que había una chica riojana. Los demás con los que he hablado estaban en la misma situación que yo: no conozco a nadie así que hablaré con todo el mundo.
Me he perdido el lunch del final, pero he llegado al autobús de las 15.00h. Tenía que elegir, porque si no todavía estaría en Madrid.
Como aquí no puedo sacar las fotos con la tarjeta, esperaré a llegar a casa, pero anticipo que esta mañana he estado en una especie de monumento blindado de alta seguridad, donde una vez que el autobús te metía dentro tenías que reflexionar sobre cómo salir (y andando era misión imposible). Ese lugar está en Móstoles.

Al final ha ganado Río de Janeiro.

jueves, octubre 01, 2009

Shopping

Cuando al mediodía ponía los pies en Madrid me daba la sensación de estar reanudando el viaje que terminó el fin de semana pasado, como si estos últimos tres días jamás hubieran existido.
Como hasta mañana no tengo mucho que hacer por aquí me he dedicado a hacer lo más obvio: ir de compras. Y por supuesto voy cargada de bolsas. A mí me encanta venir a Gran Vía. Si no hubiera sido por lo cargada que voy aún hubiera dado una vuelta por la calle Fuencarral, aquí al lado, otro lugar lleno de tiendas.

¿Qué tiene de especial el día de hoy? Ha sido algo extraordinario.
Cuando a las 9.30h. esperaba al autobús fantaseaba con la idea de que él podía pasar en cualquier momento. No ha ocurrido tal (¡ojalá!), y mientras estaba divagando se ha formado en mi cabeza no su silueta en negro que aparecía en las últimas semanas, no me he esforzado en visualizar su rostro. En cuestión de segundos le he visto mentalmente, como si fuera ayer y no hace tres meses la última vez que nos encontramos, que escuché su voz, que le tuve cerca... A medida que iba camino de Madrid esa imagen se ha ido esfumando lentamente, pero no se ha difuminado por completo. En estos momentos no necesito ningún esfuerzo para representármelo mentalmente. Me pregunto si es el precedente de un encuentro con él este fin de semana, como si fuera una advertencia... Y además tengo nervios en el estómago. Es una especie de corazonada.
Sin embargo, este asunto me tiene un poco abatida. Quizás debería quitármelo de dentro.

Mañana por la tarde volveré a casa. Y este fin de semana puedo permitirme el lujo de salir tanto viernes como sábado, sólo que al final sólo será el sábado (como si lo viera: el viernes partidita de cartas en el bar, una copa por aquí, conversaciones en plan colegueo y mi crónica del viaje... Se hará tarde y finalmente nos iremos pronto a dormir).

Aún no me he encontrado con ningún evento respecto a la candidatura de Madrid para los JJ.OO. de 2016, pero mañana se elige, así que...

Atrapando el momento II: Un paseo por el centro de Bruselas (23 de septiembre)

No recuerdo la hora que era cuando nos despertamos, yo encima de una litera a un palmo del techo, al día siguiente de la llegada. Posiblemente fueran las 8.30h. ó 9.00h. El caso es que no fue la alarma de mi móvil y salí de la cama rauda para que nadie ocupara el baño.
Antes de marcharme por la puerta se me ocurrió decir que ya les daría un toque a lo largo de la mañana.
La noche anterior me había fijado en la esbelta torre que sobresalía por detrás del impresionante edificio de la Bolsa (Bourse-Beurs). Y sabía de dónde era esa torre, porque a esas alturas ya me había hecho una idea de los edificios más emblemáticos de Bruselas.
Palacio de la Bolsa
El Palacio de la Bolsa, que preside la plaza homónima, fue construido por el arquitecto Léon Suys en estilo paladiano (1867-1873). Son característicos los bajorrelieves que decoran la fachada. Se cree que el gran escultor francés Auguste Rodin realizó los grupos que representan África y Asia, así como las cariátides interiores. Bajo la columnata dos bellas figuras aladas, obra de Jacques de Haen, representan el Bien y el Mal.
En su día sede de una actividad comercial frenética, hoy alberga las oficinas de Euronext, propietarios de la Bolsa de Valores de Bélgica, y todo el comercio está informatizado.

Me dejé guiar por aquella especie de faro que se veía desde tantos sitios y llegué a la Grand Place, que es el corazón de la ciudad y, por supuesto, el primer lugar adonde acuden todos los visitantes. Yo iba a desayunar mientras observaba, impresionada, aquel espléndido rincón inabarcable para la vista o, al menos, imposible para abarcar en una única fotografía. Mi primer desayuno en Bruselas fue un gofre típico junto al café con leche (uno de los pocos que tomé sin aguar). No volví a probar un gofre más en todo el viaje: empalagoso y aceitoso, y con lo rarita que yo soy para los dulces… no hay mucho más que decir.

La animada plaza adoquinada –y es que allí todos los núcleos turísticos están adoquinados y, aunque no lleves tacones, los pies terminan también resintiéndose- continúa siendo el centro cívico después de muchos siglos. Posee un conjunto arquitectónico del siglo XVII bellísimo, y no exagero, que yo me quedé embobada, sobre todo al parar en cada fachada y mirar hacia arriba, cada ventana, cada ornamento, cada figura...
En este lugar y en sus alrededores se celebraban mercados al aire libre desde el siglo XI; a finales del siglo XV se levantó el edificio del Ayuntamiento (Hôtel de Ville), que estimuló la construcción, en muy distintos estilos, de las sedes gremiales de los mercaderes de la ciudad. En 1695 el fuego de los cañones franceses acabó con muchos edificios de esta plaza. Los mercaderes se aprestaron a reconstruir sus sedes, según los planos aprobados por el municipio, y compusieron el armonioso conjunto de edificios que hoy se puede contemplar.
En los años pares, el centro de la plaza se cubre con una alfombra de flores. Así que este año no tocaba.

Desayuné en el bar más famoso de la Grand Place, llamado Le Roi d’Espagne. Sobre la puerta se ubica un busto dorado que representa a Saint Aubert, patrono de los panaderos. En la tercera planta hay un enorme busto de Carlos II de España.

Antes de levantarme no me olvidé de enviar un sms diciendo al grupo que ni me esperara ni se preocupara de mí, que seguro que nos encontrábamos por allí, pero yo no estaba dispuesta en ese momento a volver al Hostel.

La casa donde se encuentran estos dos bustos y el bar es la Maison des Boulangers. Se trata de una joya arquitectónica construida por el famoso gremio de los panaderos. La cúpula octogonal de cobre, de 1676, está coronada por un danzarín.
Maison du Roi
Frente al Ayuntamiento se encuentra la Maison du Roi, construida en 1536 y reformada en 1873. Fue residencia de los monarcas españoles reinantes y actualmente acoge el Musée de la Ville, con pinturas del siglo XVI, tapices y los 650 trajes del Manneken Pis. Cada vez que un dignatario de otro país visita Bruselas se acoge a la tradición regalándole a la estatua un traje típico de su país. Hay incluso un traje de Elvis.
Fue el primer museo que vi en Bélgica, y sólo porque deseaba ver los trajes del Manneken Pis. Junto a mí paseaban entre los expositores y cajones dos japoneses que de vez en cuando señalaban algún traje en su idioma incomprensible. Se podría decir que vi bastantes réplicas de la estatua entre vitrinas.
Le Pigeon
Más allá, en el Pigeon, edificio que no llama especialmente la atención junto a la magnitud de otros, vivió Víctor Hugo. En 1852, durante su exilio en Bélgica, el novelista francés convirtió este lugar en su hogar. De su pluma fluyeron los comentarios más elogiosos sobre Bruselas.
Maison des Ducs de Brabant
La fachada siguiente nos muestra otro edificio impresionante: La Maison des Ducs de Brabant, que está formada por seis casas gremiales. Se trata de un conjunto neoclásico de raíz flamenca realizado por Guillaume de Bruyn, responsable de Obras Públicas. En estos momentos está en proceso de restauración.
Aunque en la foto no se aprecie, los bustos de piedra de la familia ducal que se encuentran en la fachada dan el nombre a este grupo de edificios.
Junto al Ayuntamiento, hay otro grupo de edificios y un arco que alberga la estatua yacente de Everard’t Serclaes, de quien ya hablé, que dice la leyenda que da suerte tocar el brazo de la estatua.

Dejando el edificio del Ayuntamiento para el final, que es impresionante, al otro lado de esta fachada se encuentra un grupo de edificios con motivos arquitectónicos variados.
En el primer edificio que entra en la plaza, sobre una puerta, está la figura de Le Renard (el zorro). Se construyó en la década de 1690 como sede gremial de los camiseros. Los arquitectos Marc de Vos y Van Nerum fueron sus autores. En la fachada, entre querubines y festones, aparece San Nicolás, patrono de los mercaderes.
El siguiente edificio se conoce como Le Cornet (la corneta) y es de estilo flamenco italianizante. La sede del gremio de los remeros (1697) es famosa por su frontispicio, construido en forma de fragata del siglo XVII.
Ayuntamiento de Bruselas
El Ayuntamiento ocupa la fachada suroeste de la plaza. Aún acoge la administración municipal y es la joya arquitectónica de la Grand Place.
La torre que a mí me había guiado como si de un faro se tratara es la del Ayuntamiento, del año 1449, obra de Jan van Ruysbroeck. Tiene 96 metros de altura y está ligeramente torcida.
Desde el siglo XIII se acarició la idea de construir un Ayuntamiento que reflejara el crecimiento de Bruselas, convertida en uno de los mayores centros europeos. Hasta 1401 no empezó a construirse. Cuando se finalizó, en 1459, pasó a ser el ejemplo de arquitectura civil más importante del país, posición que aún ostenta.
Jacques van Thienen fue el encargado de construir el ala izquierda y el campanario del edificio; utilizó columnas decoradas, esculturas, torres y arcos. La torre y su remate, construidos en 1449 por Jan van Ruysbroeck, confirmaron su reputación.
En 1995 se restauró la estatua de san Miguel, patrono de la ciudad. Dos años después volvió a colocarse en su lugar original, en lo alto de la torre, donde se utiliza como veleta.
137 estatuas decoran los muros y muchas de las ventanas abocinadas.
El tejado está perforado con lucernas, como gran parte del edificio. En 1837 se restauró y en la década de 1990 se limpió.
No entré en el edificio más que en el patio interior, bastante cuidado y decorado con gusto. Tenía vestigios modernistas en las balaustradas de los balcones y dos fuentes con estatuas que emulaban a los clásicos.

Dejaba la Grand Place a mis espaldas para ir en busca del Manneken Pis, que está en una de las calles que desembocan en la plaza, pero debí equivocarme de calle porque pasarían horas hasta que yo viera por vez primera la ridícula estatua convertida en icono de Bruselas.
La que sí que gustó fue otra estatua que estaba sentada junto a una fuente en otra plaza cercana. Se le veía tan vivo, tan real, que parecía que podía dejar en cualquier momento su libro y que podía levantarse y empezar a caminar. Es obvio que la estatua es a tamaño real, aunque no estoy tan segura, es posible que fuera de un tamaño ligeramente superior.
Miré el plano y me dirigí hasta el Centro Belga del Cómic, pero antes de llegar allí había de encontrarme con otro edificio digno de interés: la catedral (Cathédrale St-Michel et Ste-Gudule).

Catedral
La catedral se encuentra ubicada en un montículo, por lo que hay que subir una ladera para acudir a su encuentro. A su alrededor hay una plazuela con árboles y bancos que invitan a la tranquilidad y a la paz en medio de la ciudad.
La catedral de Saint-Michel et Sainte-Gudule es la iglesia nacional de Bélgica, aunque ostenta el título de catedral desde 1962. Es el mejor ejemplo que se conserva de la arquitectura gótica de Brabante.
Sobre este solar ha existido una iglesia desde al menos el siglo XI. Las obras de la catedral gótica comenzaron en 1225 bajo el reinado de Enrique I, duque de Brabante, y se alargaron durante los siguientes 300 años. Se terminó con la construcción de dos torres frontales a principios del siglo XVI, bajo el reinado de Carlos V.
La catedral está construida con piedra caliza arenosa traída de las canteras locales. El interior es muy sobrio a causa del saqueo de los iconoclastas protestantes en 1579 y 1580 y los despojos de los revolucionarios franceses en 1783.
En la década de los noventa se limpió y restauró por completo, poniendo de manifiesto todo su esplendor.
Los restos románicos de la primera iglesia que se había levantado aquí datan de 1047 y se descubrieron durante las obras de restauración. Hoy esos vestigios románicos se exponen en la cripta.
Interior
Las vidrieras del interior son magníficas y contrastan con el encalado de las paredes. El crucero presenta unos ventanales con los gobernantes de Bélgica en 1537 y 1538. Jan Haeck realizó el trabajo sobre diseños de Bernaert van Orley.
Púlpito barroco
Es impresionante el púlpito barroco que se encuentra en la nave central, sobre todo por su compleja talla. Es obra de Henri-François Verbruggen, un escultor nacido en Amberes. Se diseñó en 1699 pero no se instaló hasta 1776.
Santa Gúdula
Es una imagen del siglo VII, muy querida por los bruselenses. Durante el saqueo protestante de 1579, sus reliquias se lanzaron al viento, pero esto sólo sirvió para reforzar su culto.
Tras salir de la catedral, el arte y las piedras de otros siglos me salían por las orejas. Desde allí me dirigí, por fin, al Museo del Cómic (Centre Belge de la Bande Dessinée), del que ya hablé hace unos días. Como se puede comprobar, Bruselas está muy bien señalizado.
En la tienda, mientras me compraba unos ‘souvenirs’ relacionados con los cómics, me encontré con dos de mi grupo, pero me despedí de ellas en la puerta, pues yo ya tenía mi ruta para ese día y ellas iban al Palais Royal y los alrededores de la Ciudad Alta, mientras yo tenía que coger un metro para dirigirme a un lugar simbólico de Bruselas: el Atomium.
Place des Martyrs
Pero antes de llegar al metro di con una plaza que no venía en la guía: La Place des Martyrs (Martelaars Plein). Se trata de una tranquila plaza donde existe un monumento en recuerdo a los 450 ciudadanos que murieron en el levantamiento de 1830.
Saliendo ya del centro neurálgico de Bruselas, en los suburbios, hay una gigantesca zona verde con parques y jardines. En Heysel subí del metro para encontrarme con un estadio de fútbol, Kinépolis, Océade, Mini-Europe y una constante eclosión de una mini-ciudad, lo que se conoce como Bruparck, dedicada por completo al ocio. Y, de fondo, vigilante, se encontraba el Atomium.
Eran las 14.30h. cuando decidí tomar un aperitivo en un italiano, pero el camarero me enseñó su reloj y me dijo: “C’est fermé”. Así que entré en el restaurante de al lado, porque aquella mini-ciudad estaba plagada de todo tipo de restaurantes. El siguiente era un mexicano donde me he tomado la mejor sangría de mi vida, y digo la mejor porque aquello era una sangría de verdad, con trozos de frutas dentro… Recuerdo que comí un burrito mexicano y que el camarero, como mucha gente allí, quizás debido a sus raíces mexicanas, estuvo hablando conmigo en castellano.

Después de la comida, fui a Mini-Europe, una exposición de maquetas al aire libre con los edificios y monumentos europeos más emblemáticos. No estoy hablando de maquetas como las que estamos acostumbrados a ver, sino que había algunas, por ejemplo, la Torre Eiffel, que medían más de dos metros de alto.
Si algún día estoy con ganas describo algunos de estos edificios que, con sólo verlos allí, ya te apetecía ir a echarles un vistazo en la realidad. Aquellas maquetas estaban preparadas al milímetro.
Maqueta de la catedral de Santiago en Mini-Europe
Los monumentos emblemáticos que había de nuestro país eran: el Monasterio del Escorial, la Plaza de Toros de la Maestranza, los molinos de viento de La Mancha (como homenaje al celebérrimo y mundialmente conocido Don Quijote), el puerto de Barcelona con la estatua de Colón y la catedral de Santiago de Compostela.
A mí personalmente me gustó bastante Mini-Europe, sobre todo porque admiro la arquitectura. Y si a eso le sumamos que algunas de las maquetas llevan años de trabajo, porque se hacen ladrillo a ladrillo, pues impresiona todavía más.
Ahora bien, hay un monumento emblemático que no está representado en Mini-Europe y que yo lo eché en falta. Se trata del Neuschwantein Schloβ, el famoso castillo del rey loco Ludwig de Baviera (Alemania).
Vista del Atomium desde Mini-Europe
Cuando salí de allí andaba justa con la hora, pues casi todos los sitios se cierran a las 17.00h., aunque sabía que el Atomium se alarga una hora más. Fui hasta allí y, aunque tengo un vértigo increíble, tenía que subir hasta arriba. El problema es que me había quedado sin batería en la cámara, así que la última foto es desde abajo y alguna imagen suelta en el móvil. Arriba tiene un restaurante y en el resto de las bolas hay exposiciones y fotografías de famosos que han visitado el Atomium. En 1958, según me dijo el ascensorista, era el ascensor más rápido de Europa.
Vista del Atomium desde abajo
El Atomium se construyó para la Exposición Internacional de 1958. Es probablemente el símbolo que mejor identifica a la ciudad de Bruselas.
El mundo entró en una nueva era científica y de viajes espaciales a finales de la década de 1950. El diseño de André Waterkeyn reflejaba la estructura de un átomo de hierro ampliado 165 billones de veces.
Cada una de las nueve esferas que componen el átomo tiene 18 metros de diámetro y están comunicadas por escaleras mecánicas.

Manneken Pis
Cuando bajé cogí el metro hasta las cercanías de la Grand Place. Y entonces, sin buscarlo, me di de bruces con él. En la confluencia de varias calles, arrimado en una esquina, sobre una fuente de piedra con una verja y vigilado con cámaras de seguridad, se encontraba el Manneken Pis, una estatua ridícula, rodeada además de japoneses que no paraban de lanzar sus flashes sobre el niño meón. De hecho, si no hubiera visto a los japoneses agrupados yo no hubiera comprendido que allí estaba ubicada la estatuilla.
Ya me esperaba la decepción, así que no me sorprendió encontrarme esto. Estaba disfrazado, pero después de cenar volvimos a pasar por allí y ya le habían quitado el traje.
Por cierto, hay una réplica en femenino del Manneken Pis no muy lejos de allí.

Dice la leyenda que en el siglo XII se descubrió al hijo de un duque orinando en medio de una batalla. Se le hizo una figura de bronce para simbolizar el coraje militar de este pueblo.
Ésta es una de las atracciones principales de Bruselas: la estatuilla de un niño desnudo, de 30 cm. de altura, orinando en una pequeña pila.
En 1619 la estatua original de bronce, obra de Jérôme Duquesnoy El Viejo, se colocó en este lugar para dejar patente la enorme necesidad de disponer de agua potable en la zona. En 1770 su fama hizo que se incorporara una hornacina decorada para dar mayor prominencia a la pequeña figura. Durante el siglo XVIII se produjeron varios intentos de robarla, primero por el ejército francés y, posteriormente, por el inglés. Finalmente, en 1817 consiguió robarla un antiguo convicto, Antoine Licas, lo que causó una verdadera conmoción, ya que destrozó la estatua al poco de hacerse con ella. Al año siguiente se fundió una copia y se colocó en su reverenciado lugar, donde hoy puede contemplarse. En 1698 el gobernador Maximiliano Emmanuel regaló una túnica para vestir la figura. Éste sería el principio de una tradición que continúa hasta hoy en día. Los presidentes de gobierno que visitan Bruselas donan para la estatua pequeñas réplicas de sus trajes nacionales.

Quedé en la Grand Place con el resto del grupo. Mi intuición no me falla si digo que me miraban como si fuera un 'bicho raro'. Puede ser que estuvieran algo enfadados por no haber dado señales en todo el día, aunque avisé por la mañana y volví a dar un toque al mediodía, amén de la última llamada para quedar con ellos.
Allí fue cuando conocimos el “bar de muerte”, esto es, un garito junto a la plaza con las paredes negras, féretros haciendo la función de mesas, coronas y cruces sobre nuestras cabezas. Se llamaba Le Cercueil, que viene a significar ‘ataúd’. Un bar bastante original, aunque a la mitad del grupo no les gustó.
'Interesante' restaurante italiano donde no nos entregaron la carta ni el menú
Después de estar dando varios rodeos para buscar un sitio para cenar, entramos en un italiano donde el dueño nos sirvió lo que le vino en gana. No sé, lo cierto es que yo pedí pasta y me sacó varios montones de la casa con mucho queso. ¡¡¡Odio el queso y su olor!!! Tuve que ir a decirle que me quitara el plato y que hiciera el favor de sacarme lo que había pedido. Y como yo tuvieron que hacer todos los demás.
La cena nos infundió en risas y finalmente nos fuimos a tomar unas cervezas por los alrededores. Nos fuimos pronto al Hostel, entre la una y las dos. Estuvo bien. Al día siguiente quedamos para ir a Brujas a las 9.30h. y les pedí a todos que fueran puntuales, pero eso tendrá que esperar a mi regreso de Madrid.

miércoles, septiembre 30, 2009

Ellos... adorables, admirables, siempre de tu parte

Y entonces llegas a casa y tienes a tus padres, preocupados y advertidos, que te ofrecen su aliento, un abrazo que necesitas con toda tu alma, sus palabras de ánimo.
Porque ellos saben...
Me pregunto cómo hubiera acabado el día de hoy si llegara a una casa vacía, fría, oscura donde nadie sale a recibirte con la mejor de sus sonrisas, con los brazos abiertos, dándote ese cariño que necesitas justo en este momento preciso.
Afortunadamente estaban ellos...

El despertar de la agonía

Sólo deseo que acabe este fatídico día.

Hoy me siento un poco así (sacado del libro de Federico Moccia):

"Si estás y escoges quedarte, recuerda entonces las cosas que no sabes, sujétalas bien, no las dejes escapar; llegará el día en que puedas saberlas.
Si estás y sabes cómo amar, recuerda entonces las cosas que das, mantenlas del otro lado, no las hagas regresar; llegará el día en que puedas volver a tenerlas.
Si estás y piensas marcharte, recuerda entonces las cosas que quieres, mantenlas vivas, no las dejes callar; llegará el día en que las merezcas".

La fuerza de una sonrisa

Te levantas cada mañana con la energía suficiente para saber que todo irá bien. Yo cada día lo veo perfecto, aunque esté al inicio, aunque aún queden por pasar todas las horas que vendrán.
Recién llegada de las vacaciones, me encuentro con un panorama utópico, que no quería que me afectara, pero inevitablemente me he desmoronado.
Ser pariente de quien soy invita a veces a envidias ajenas, lo que lleva a que intenten ponerte la zancadilla en innumerables ocasiones. Hoy me he sentido como una especie de comodín, y he terminado despojándome de todo tipo de sentimientos, de tal manera que he aguantado un chaparrón que no me correspondía y he tenido que recurrir al silencio, a un silencio obligado. Al guardarte todo para ti llega un momento en que no hay capacidad para más. Y explotas, aguantas el momento y cuando te quedas sola la mente empieza a dar vueltas a todo. Te terminas desmoronando. Ha sido el momento. Hace media hora he estado llorando, no creía que me hubiera afectado tanto y finalmente me he desahogado.
He comprendido que ser pariente de quien eres es a partes iguales una ventaja y una desventaja y, sin embargo, al final sabes que pesa más lo positivo. Porque tú llevas muchos años compartiendo una confianza con esa persona de la que el resto carece. Y eso... eso no te lo quita nadie.
El mal rato me lo he llevado, claro. Es duro y cruel aguantar sin poder defenderte, de ahí el complejo de comodín.
Pero bueno, mañana me voy a Madrid y volveré a despejarme de nuevo. Sabes que al final del día volverás a sonreír, porque tu fuerza para levantarte no te la quita nadie y porque también ¿por qué no? formas parte del equipo ganador. Y por orgullo no vas a permitir que nadie te vea llorar, que nadie te vea que te desmoronas, que nadie te vea triste. Y sabes que sólo por eso, cuando vean que nada te ha afectado, volverán a intentar herirte. Pero son palabras, palabras que se lleva el viento, que desaparecen con el tiempo.

Quizás no debería haber escrito tan agrias palabras, sólo que lo necesito como recordatorio para no olvidar quién soy, dónde estoy y cuál es mi función. Siempre y cuando no desaparezca la energía que enaltece mis sentidos y la fuerza que me brinda alegrías para poner buena cara al mal tiempo, siempre que no me falte eso... seré yo, como protagonista de mi vida, la que siga caminando por una senda donde no hay lugar para las penas y como yo soy la que controla mis sentimientos sólo puedo despedir esto riéndome de la vida. Porque reír ayuda.

Lo positivo

La vida a veces va cuesta arriba, tanto que termina destrozando tu moral hasta que ésta cae al suelo en forma de motas de polvo. A veces cuesta levantarse y seguir caminando. Hay personas a quienes les supone un esfuerzo tremendo.
No hablo por mí, pero sí por aquella persona a quien he tenido que animar esta tarde. Ves la magnitud de la tristeza que emana de sus ojos, un sinsentido que no le deja vivir, unas palabras amargas que corren turbulentas entre cuatro paredes hasta explotar en forma de duda.
No soy buena dando consejos, pero sí lo soy animando con palabras de aliento, porque si algo me sobra es energía positiva y un magnífico optimismo. El truco está en intentar sonreír siempre y hacer las cosas de la mejor manera posible, pensar en el hecho de que eres capaz de hacer todo lo que te propongas y sentirlo como tal.
Hoy me ha tocado animar a alguien y creo que le he levantado un poquito la moral, aunque en mi fuero interno sé que no es cosa de un día, sino que debe alumbrar su alma lentamente, impulsarse a levantarse de la caída sin brusquedad. Mientras esté en mi mano, siempre puedo ayudar en cierto modo, pero todo es mental, todo depende de cada persona. Yo no me permito estar triste ni que me afecten cosas que mañana serán tonterías. Claro que a veces el camino tiene espinas, muy dolorosas además, sólo que siempre se pueden cortar o siempre se puede dar un rodeo. Claro que también me he caído, pero al levantarte eres un poco más fuerte que la última vez. Sólo que si no te permites un minuto para la tristeza tu espíritu ve las cosas de otro color. Y a mí me gusta más el rojo que el gris (indirectamente es un guiño que sólo otra persona y yo podemos entender, aunque ese gris en concreto sí que me gusta). A lo que me refería es que prefiero los días coloridos a los días grises, pero aunque el día sea gris el color siempre lo pone uno mismo. Tan simple como la vida misma.

martes, septiembre 29, 2009

Atrapando el momento: Llegada a Bruselas (22 de septiembre)


Hace una semana llegábamos al aeropuerto secundario de Charleroi cuando ya habían pasado las seis de la tarde. El aeropuerto se ubicaba a una hora de Bruselas. A nuestro alrededor se empezaba a escuchar el dulce acento del francés mientras esperábamos un autobús que nos llevara hasta el centro de la capital belga.

A medida que íbamos alejándonos de Charleroi, árboles y más árboles poblaban ambos lados de la carretera, ocultándonos lo que había detrás. Un cartel llamó mi atención: Waterloo. Demasiadas clases de Historia hicieron mella en mí e instintivamente pensé en Napoleón. Si hubiera tenido más tiempo estoy segura de que me hubiera acercado al montículo que recuerda aquella lejana batalla, pero no pudo ser…


Gare du Midi (**)
El autobús del aeropuerto nos dejó en la estación de tren Midi (Gare du Midi-Zuidstation). Allí debíamos esperar a los que habían llegado a Bruselas, procedentes de Alemania, el día anterior. Tenía cierta desventaja respecto a mis dos acompañantes, que ya conocían a todos. Así que me despedí con la dirección del hotel en la mano y me marché en busca de una parada de metro en una ciudad que en ese momento era completamente desconocida para mí. Arrastrando la maleta, sólo necesité la ayuda de una guía que había traído desde España para comprobar que en esa misma estación tenía metro directo hasta una parada cercana al hotel. Ni que decir tiene que la tercera acompañante, que me había conocido dos horas antes, se quedó perpleja.
En Rogier subí hasta una plaza céntrica y estuve media hora preguntando por el Boulevard Emile Jacqmain Laan(*). Lo cierto es que a nadie le sonaba aquella calle, pero al mostrar el plano de Bruselas muchos me explicaban que tenía que estar cerca porque la avenida grande donde estaba era el Boulevard du Jardin Botanique (Kruidtuidlaan). Finalmente una chica me explicó en inglés cómo llegar. Lo cierto es que me encaminé hacia una callejuela llena de sex-shops y tiendas eróticas que me hizo comprender que no sabía dónde me metía cuando había decidido marcharme “a mi bola”. Pero llegué al hotel, donde aún no había venido nadie de los míos. Lo cierto es que no tardaron más de un cuarto de hora en llegar. Pagamos allí, bastante barato. Y era un Hostel, lleno de hippies mochileros, luces psicodélicas, con acceso a internet gratis y máquinas de café y aperitivos, incluso había cocina por si querías prepararte tu propia comida. Ni que decir tiene que yo, acostumbrada a los hoteles, me sentí fuera de lugar. Si me invitan a un 'peta' allí mismo lo hubiera aceptado con ganas, aunque dentro estaba prohibido fumar.
Al final me presentaron a todos, y a pesar de haber dicho que era muy tímida y me daba vergüenza conocer a tanta gente de repente. Total, que sólo éramos siete y yo tímida lo justo, más bien soy todo lo contrario.
En el Hostel tuve que pedir una tarjeta de acceso más para la habitación. En ese momento pensé en que soy bastante independiente y que nunca sabes cuándo puedes necesitar entrar al Hostel, pero eso es un problema cuando sólo hay una tarjeta y en la habitación estábamos tres. Así que por una fianza de cinco euros me dieron otra 'llave'.
Cuando llegamos a la habitación empezó una pequeña diatriba sobre quién dormiría en la parte de arriba de las literas. Decían de echarlo a suertes... Yo alegué que tenía vértigo, aunque a última hora de la noche terminé cediendo. Jamás había dormido en la parte de arriba de una litera, pero como tiene hierros no te caes. Lo cierto es que me muevo muy poco en la cama, así que tampoco era un problema significativo, al menos no para mí, y vértigo no sentí.
Enseguida nos marchamos del Hostel a cenar.

Es decir, que desde que llegamos a Charleroi hasta dejar la maleta en la habitación se pasó el día casi sin darnos cuenta. Después de dar un paseo por allí nos sentamos en la terraza de esa especie de tabernas irlandesas de las que he hablado antes.

Cenamos unos platos combinados y recuerdo que pregunté al camarero qué diablos era “poulet”. No comprendía que en uno de los platos pusiera “chicken” y un poco más allá lo hubieran escrito en francés. Es decir, el menú estaba en un francenglish que me sorprendió. Considero que o francés o inglés, o todo en los dos idiomas. En fin, que terminé comiéndome el “poulet”, y sí...: era pollo.
Después nos tomamos unas cervezas en la parte de arriba de uno de esos pubs pintados de verde con cristaleras en los dos pisos. Ahora bien, ese día estuvimos sentados y tranquilos, aunque las cervezas entraban igual de bien que en Alemania. Y es que Bélgica también produce mucha (y muy buena) cerveza. Creo que éste es el único día que regresamos juntos de noche al Hostel. Entre cerveza y cerveza quedamos en que al día siguiente veríamos Bruselas, aunque con la pega de que mientras que las tres recién llegadas desconocíamos la ciudad, el resto ya había visto lo más relevante.
Al día siguiente no recuerdo a la hora que quedamos por la mañana, pero yo esa noche ya les había avisado que estaba acostumbrada a ir a mi ritmo, a viajar sola y que, en caso de echarme en falta por andar perdida, que no se preocuparan por mí. Ellos sólo me pidieron que avisara en todo caso.

(*)Laan: ‘Calle’ en flamenco. Como se puede comprobar, casi todos los nombres de calles o de lugares de interés tienen dos nombres, el primero en francés y el segundo en flamenco. Y a mí me gusta que aparezcan aquí también los dos.
(**) Todas las estaciones tienen junto a su entrada principal cuatro cilindros de color azul, fucsia, naranja y verde como distintivo. Creo que cada color significaba algo, pero no lo recuerdo exactamente.