Situado en Finlandia, el castillo de San Olaf se empezó a construir en 1475. El fundador del castillo, el caballero danés Eric Axelsson Tott, decidió fortalecer la región de Savo por su importancia estratégica. Así, el castillo rechazaría los ataques rusos que provinieran del este y garantizaría el control de la región bajo los auspicios de la Corona sueca. La historia de Olvavinlinna es una mezcla entre el tintineo de las armas medievales, el rugido de los cañones y las tareas cotidianas dentro de la seguridad que aportaban las gruesas paredes del castillo.
En los últimos siglos, el castillo ha estado en manos de diferentes propietarios, que han dejado sus huellas y han conformado una variedad arquitectónica. En la actualidad las estancias del castillo se alquilan para todo tipo de acontecimientos. En el interior se exhiben dos pequeñas exposiciones: una, sobre los artefactos encontrados en el castillo y otra que es un museo ortodoxo con iconos y otros objetos religiosos tanto de Finlandia como de Rusia.
Como otros monumentos ancestrales, a lo largo de los siglos se ha ido tejiendo todo un entramado de misteriosas leyendas e historias de todo tipo. Se habla de una doncella encerrada dentro de las paredes del castillo, de un carnero negro, de pasadizos secretos y del agua espiritual de Vetehinen que corre por el castillo. No son más que leyendas, que posiblemente tuvieron algún detalle verdadero que se ha ido inflando y exagerando con el paso de los siglos.
La más conocida de todas estas leyendas es la de la doncella joven que fue encerrada en vida en la pared del castillo como castigo a una traición. Donde pereció comenzó a florecer un hermoso serbal. El árbol dio flores blancas que simbolizaban la inocencia de la muchacha y sus bayas rojas representan la sangre de la joven. El árbol de serbal se hizo tan famoso que en los años 50 se escribió una balada sobre la leyenda. Lo que es cierto es que nunca existió un árbol de serbal en el castillo, y pese a todo la leyenda se siguió conservando con el paso del tiempo.
En el castillo también vivió otro personaje destinado a un fin triste. Cada año, para conmemorar el día de San Olaf, se celebraba un magnífico banquete para el que se había matado un carnero negro. Pero en la última celebración, en 1728, el carnero no llegó a la mesa, puesto que se cayó de los muros del castillo y se ahogó en la corriente.
Otra leyenda sobre el carnero negro es la de aquel que rechazó un ataque enemigo y salvó al castillo. Había subido al muro, había hecho tanto ruido con los cascos y tanto se habían balanceado sus cuernos, que el enemigo, cuando vio al carnero, se asustó y escapó, creyendo que era el mismo diablo el que vivía en el castillo.
En los últimos siglos, el castillo ha estado en manos de diferentes propietarios, que han dejado sus huellas y han conformado una variedad arquitectónica. En la actualidad las estancias del castillo se alquilan para todo tipo de acontecimientos. En el interior se exhiben dos pequeñas exposiciones: una, sobre los artefactos encontrados en el castillo y otra que es un museo ortodoxo con iconos y otros objetos religiosos tanto de Finlandia como de Rusia.
Como otros monumentos ancestrales, a lo largo de los siglos se ha ido tejiendo todo un entramado de misteriosas leyendas e historias de todo tipo. Se habla de una doncella encerrada dentro de las paredes del castillo, de un carnero negro, de pasadizos secretos y del agua espiritual de Vetehinen que corre por el castillo. No son más que leyendas, que posiblemente tuvieron algún detalle verdadero que se ha ido inflando y exagerando con el paso de los siglos.La más conocida de todas estas leyendas es la de la doncella joven que fue encerrada en vida en la pared del castillo como castigo a una traición. Donde pereció comenzó a florecer un hermoso serbal. El árbol dio flores blancas que simbolizaban la inocencia de la muchacha y sus bayas rojas representan la sangre de la joven. El árbol de serbal se hizo tan famoso que en los años 50 se escribió una balada sobre la leyenda. Lo que es cierto es que nunca existió un árbol de serbal en el castillo, y pese a todo la leyenda se siguió conservando con el paso del tiempo.
En el castillo también vivió otro personaje destinado a un fin triste. Cada año, para conmemorar el día de San Olaf, se celebraba un magnífico banquete para el que se había matado un carnero negro. Pero en la última celebración, en 1728, el carnero no llegó a la mesa, puesto que se cayó de los muros del castillo y se ahogó en la corriente.
Otra leyenda sobre el carnero negro es la de aquel que rechazó un ataque enemigo y salvó al castillo. Había subido al muro, había hecho tanto ruido con los cascos y tanto se habían balanceado sus cuernos, que el enemigo, cuando vio al carnero, se asustó y escapó, creyendo que era el mismo diablo el que vivía en el castillo.























