viernes, marzo 09, 2018

La llamada de las ocho

A las ocho de la tarde yo estaba echando humo, seguía trabajando en mi casa y pensaba que aún tenía que regresar a la oficina para hacer fotocopias. Entonces he visto algo y, sin pensarlo, he llamado. Por trabajo. Estoy segura de que él intuía que mi llamada era por trabajo, pero eso era sólo una excusa. En realidad quería hablar con él, preguntarle cómo le iba. Este tipo de llamadas derivan en conversaciones en las que se habla de todo. Personas que están al lado de casa y a las que apenas vemos, aunque igual sea mejor así.
Quizás no debería haber hecho esa llamada. Antes me dejaba sin armas, ahora... hay cosas que ni me planteo.
Hace un cuarto de hora que he regresado a casa. Ya descansada. Ya tranquila. Ya con los deberes hechos. 
Y ahora, mientras espero a mi hermano, sólo me apetece meterme en la ducha y olvidarme del mundo. 

Dosis extra

En estos momentos necesito un empujón para seguir. Para mí aún no ha terminado la jornada laboral y me cuesta reanudarla porque me encuentro en casa. Cansadísima.
Y sin embargo tengo que seguir.
No pensaba yo que hoy se iba a alargar tanto el día.
Creo que voy a leer un poco antes de seguir.

Desvelada

Cuando he abierto los ojos y he comprobado que está todo oscuro he intentado darme media vuelta y seguir durmiendo.
Pero ha sido imposible. Algo me estaba quemando y entonces me he obligado a levantarme, tomar una pastilla de Rennie a ver si se me pasa el ardor de estómago y pensar en que no vuelvo a cenar pizza. Ya lo pensé anoche: sabía que si cenaba pizza hoy tendría ardor.
Tanto como que no puedo ni desayunar. Así que leeré hasta que la pastilla haga su efecto o, en su caso, hasta que me vuelva a entrar el sueño.

jueves, marzo 08, 2018

Las cervezas que pesan

No sé si leeré mucho esta noche. He llegado al restaurante con tal reseco que me he pimplado dos botellines de cerveza de los grandes.
Creo que la cerveza me da sed.
Y menos mal que tenían Mahou. Porque la última vez me pusieron Heineken. Y no me gustan las cervezas de botellines verdes. Me resultan más ácidas. Le he pedido "menos Heineken cualquier cosa".

Para terminar el día

Me ha llamado una amiga y me ha preguntado si quedábamos. A mí me da igual el día de la mujer, todos los días lo son. Pero nos hemos ido a un restaurante donde todas las mesas estaban ocupadas por mujeres.
Y hemos celebrado nuestro particular fin del día.
Ella llevaba dos libros recién comprados y me los ha enseñado. Yo observaba el ambiente.
Al salir llovía. Cuando se me ha mojado el pelo he empezado a caminar por el medio de la calle y ella me preguntaba qué hacía.
"No sabes qué delicia es mojarse. Una vez que se me ha mojado el pelo ya da igual que la lluvia me bese hasta mi casa".

Inesperadamente

A veces aparecen personas inesperadamente y consiguen hacernos sonreír. Cuando no se espera algo es cuando más se valora.
Inesperadamente. A veces aparece alguien y nos ofrece una dosis de energía positiva.

Hoy me han regalado un libro. Es un libro que no se puede adquirir en casi ningún sitio. Ahora sólo quiero terminar la novela actual para leerlo. Pues siento curiosidad.

Inesperadamente.

Alicientes para los más pequeños

Los profesores notan que a los niños que empiezan a leer y escribir les cuesta coger un libro hasta que se sueltan, así que buscan alicientes para que lean y escriban sin que les suponga mucho esfuerzo.
Con respecto a mi sobrina mayor, yo la he visto coger un libro y ponerse a leer y sólo le da vergüenza leer en público. Pero no le supone esfuerzo coger un libro cuando no nos damos cuenta. Eso lo he comprobado varias veces.
Mi hermano me ha dicho que ahora tienen una caja donde van metiendo sus notas, la abren y si pone su nombre la leen y tienen que escribir la respuesta.
Así que mi hermano me ha hecho escribirles sendas notas a mis sobrinas para que las lean y me respondan. La pequeña está aprendiendo las letras, pero ya vendrá la mayor para leérsela y responder por las dos.
Es como escribir cartas muy escuetas, pero me ha dicho mi hermano que les encanta recibir estos mensajes...

La mujer del camarote 10


Últimamente leo libros demasiado rápido. Simplemente no puedo parar. Es lo que me ocurrió con éste, que cuando quise darme cuenta ya iba por la mitad, y eso que no es que sea una gran novela. Me da la sensación de que es ese tipo de historias que se olvidan al cabo de varios meses.
Me ha gustado, pero es una trama sencilla, sin complicaciones para el lector, con capítulos no muy largos y letra grande. 

Laura Blacklock es una joven periodista que tiene que embarcar en un crucero sustituyendo a la jefa de la revista en la que trabaja, Velocity. Se trata del viaje inaugural del yate de lujo Aurora Borealis, fletado por el multimillonario Richard Bullmer. A ese viaje inaugural que cubrirá la travesía de Londres a Bergen han sido invitados periodistas e inversores para que hagan propaganda en sus diferentes medios de comunicación del viaje. 
Han entrado a robar en la casa de Laura y ella ha recibido un golpe en la mejilla. Sólo se han llevado su bolso. A varios días de embarcar en el yate de lujo, se refugia en los brazos y en el apartamento de su novio Judah. 
Lo que parece ser un prometedor viaje de placer para Laura se termina convirtiendo en una verdadera pesadilla, sobre todo cuando descubra que en el camarote 10, junto al suyo, que supuestamente está vacío, hay una joven que no ha visto entre el grupo de invitados. Pero además, una madrugada Laura se despierta por el ruido de algo pesado que se ha tirado por la borda. Cuando el encargado de seguridad abre el camarote 10 no hay restos de que haya sido utilizado por nadie en los últimos días. Pero Laura comienza a hacer preguntas incómodas, y muchos piensan que es fruto de mezclar alcohol con antidepresivos. Sólo su ex pareja, Ben Howard, que también se encuentra invitado al yate, parece creerla, pero le ha dado suficientes motivos a Laura para desconfiar de él...

LA AUTORA:

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Ruth Ware nació en la ciudad inglesa de Lewes (East Sussex) en 1977, estudió en la Universidad de Manchester y vivió una temporada en París antes de instalarse en el norte de Londres. Ha trabajado como camarera, librera, profesora de inglés para extranjeros y jefa de prensa. Su debut literario, In a Dark, Dark Wood, que entró en la lista de títulos más vendidos de The New York Times y de The Sunday Times, se ha publicado en más de cuarenta países y New Line Cinema ha adquirido los derechos cinematográficos. El éxito de La mujer del camarote 10 la ha confirmado como una de las voces femeninas más prometedoras del thriller anglosajón. Su tercera novela, The Lying Game, acaba de publicarse en Inglaterra.

EL LIBRO:

Título original: The Woman in Cabine 10
Autora: Ruth Ware
Traductora: Gemma Rovira Ortega
Editorial: Salamandra (1ª edición, en junio de 2017)
Número de páginas: 350
ISBN: 9788498387964

Valoración: 7/10

RETOS:

miércoles, marzo 07, 2018

Llegar a casa

Podía haber tomado una cerveza por ahí, pero no quería más que llegar a casa, quitarme las botas, encender el portátil y coger el libro, esa novela que no creo que pase de mañana.
Me he dado cuenta que ya estoy tardando en poner una mesa auxiliar o algo donde colocar mis cervezas. En principio no quiero poner una mesa delante del sofá: necesito espacio, pero una mesa auxiliar la necesito cuando me apetece tomar, como hoy, una cerveza, y es que o la dejo en el suelo o no tengo manos.
Qué relajante esa sensación de tranquilidad al llegar a casa.

De espera

Sigo pensando que las esperas me desesperan. Al menos estoy en una zona de bares y hay ambiente por la calle.
También se agradece que el día alargue ya bastante.

martes, marzo 06, 2018

En realidad

En realidad necesito unos días de descanso, así que no veo por que llegue Semana Santa. Este primer trimestre del año se hace larguísimo. Sólo necesito un día para coger energía. De todas formas miro hacia adelante y mejor no pienso en nada más.
Últimamente la gente está muy quisquillosa. Es posible que sea por la cercanía de la primavera, que ya dice el refrán "que la sangre altera".
Necesito un día sin gente. Sin teléfono. Necesito el silencio.
Es el momento de calma del día y lo voy a aprovechar leyendo. El libro actual es de una lectura terriblemente sencilla.

Esas cosas que aparecen después de muchos años

En 1996 escribí una poesía de cuatro folios. Una larguísima poesía que ha vuelto a mis manos. La tenía una amiga de mi pueblo (seguro que yo también tengo una copia en casa de mis padres, porque hacía copias de todo) que me la entregó hace unos días. Cuando la leí empecé a reírme y pensé que no se me daba mal escribir poesías de amor. Lo único que me queda claro es a quién se la escribí porque pone las iniciales. 
Debo estar oxidada con la poesía. En el colegio escribía rimas a medio colegio, pero después prefería la prosa. En 1996 ya me encontraba en la universidad y aún quedaban resquicios de esa vena poética, pero después lo dejé. Ahora creo que no me saldría ni siquiera una rima. 
Lo que me sorprende al leer de nuevo esos cuatro folios es que no se me daba mal. Aparte de ruborizarme en algunos versos, lo cierto es que están bien hilvanados. Ahora no sé qué hacer con esos folios. Quizás sea buena idea quemarlos y olvidarme. Sé que están escritos en mi viejo Macintosh, mi primer y único ordenador de sobremesa. Después de él no quise saber nada de Apple hasta que compré el iPad y luego el iPhone. También preferí los portátiles por comodidad y porque ocupan menos espacio. Hace un tiempo estuve mirando los iMac y los MacBook, pero en realidad ya tuve suficiente con aquel primer Macintosh. Lo de la incompatibilidad era horrible, y no quiero volver a pasar por eso, aunque todo ha avanzado mucho y seguro que haría algo para solventar los problemas de incompatibilidad. 
Tengo la poesía delante y sigo pensando qué hacer. Creo que lo correcto sería tirarla. 

Ganar gymkanas

Siempre me han gustado las gymkanas. Y sobre todo me gustaba ganarlas. Con el tiempo y cuando íbamos a las acampadas, me dedicaba a prepararlas. Hoy en día hay niños en mi pueblo que me preguntan si alguna vez voy a preparar una gymkana. Pero otras actividades requieren de mi tiempo. Y es que en mi pueblo no sólo soy la tía Ana para mis sobrinas sino para una infinidad de críos. Mis amigas dicen que tengo un don con los niños.
La última vez que preparé una gymkana fue hace unos años. La presidenta de la asociación cultural de mi pueblo, que además es mi vecina y mi doctora, me pidió que le echara un cable y le preparé una gymkana. 
Hoy me siento como si hubiera hecho una gymkana. Y como si la hubiera ganado. 
Las gymkanas me traen buenos recuerdos. Me traen recuerdos de mi adolescencia, y sobre todo me traen recuerdos de los veinte años, cuando nos íbamos al monte diez días y nos picaban las garrapatas. Hace poco vi a un niño que se hizo daño en una pierna y me lo puse a la espalda. Recuerdo llevarle a cuestas por un cortafuegos hasta el campamento. El niño es ya un jovenzuelo irreconocible. 
Hoy en día el monte es una de las cosas que más echo de menos. Desde el colegio, donde me apuntaba a todas las acampadas, hasta cuando iba de monitora... sólo con respirar la naturaleza era una sensación inigualable.
Con el paso del tiempo ya tenemos suficiente con ese otro tipo de gymkana que es la vida.

El secuestro de un libro

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Nací en plena transición política, por lo que la censura me pilló de lejos; al estudiar años más tarde nuestra historia reciente. Cuando estudié periodismo nos explicaron que sólo había una cosa de la que no se podía hablar libremente en nuestro país: de la Casa Real. Y la única vez que he conocido que han quitado de librerías y kioskos una revista fue una publicación de El Jueves en la que aparecían el entonces Príncipe de Asturias manteniendo relaciones carnales con Doña Letizia. Pero ya sabemos que en nuestro país no se puede hablar de la Casa Real sin su consentimiento previo, para ello la Zarzuela cuenta con su propio gabinete de comunicación.
Era muy pequeña cuando se publicó la novela Los versos satánicos, de Salman Rushdie, de lo que recuerdo que sí fue prohibido en algunos países musulmanes, pero no en España.
Para mí la prohibición de vender un libro es como volver a la censura. Es el caso de Fariña. Una jueza prohíbe su distribución en papel y digital porque hay una demanda en curso y se convierte en algo viral. Lo prohibido siempre atrae. La semana pasada pensaba que era una estrategia publicitaria. Por curiosidad he leído las noticias y dicen que es algo temporal, que posiblemente en unos meses vuelva a las librerías. 
Lo preocupante es que esto crea precedente. 
Supongo que también dejarán de emitir la serie.Viendo el talante que está tomando todo este asunto no me extrañaría nada.

El ferrocarril subterráneo

El Ferrocarril Subterráneo era una agrupación abolicionista clandestina del siglo XIX que ayudaba a los esclavos a huir hacia los estados libres del norte y Canadá. Whitehead utiliza este episodio histórico para imaginar una verdadera red de estaciones secretas, unidas por túneles y raíles subterráneos que cruzan todo el país.

Desde el mismo momento en que empecé a leer este libro no pude parar, y eso que a veces cuesta seguir el hilo porque el autor intenta ponerse en el pensamiento de los esclavos de los estados sureños de Estados Unidos durante el siglo XIX. Es un buen libro. Es una novela que nos lleva a una ansiedad sin igual, que consigue alterar nuestros nervios, pero sobre todo es una llamada a la esperanza, nos describe la fuerza de la libertad, y la huida sin fin.

Durante el siglo XIX operó en los estados esclavistas de Norteamérica una red ferroviaria subterránea cuya existencia se basaba en alejar a los esclavos que se escapaban de los campos de algodón de sus "amos", de llevarles lejos, hacia estados libres y abolicionistas. Los andenes de estos maltrechos trenes se encontraban en el subsuelo, generalmente bajo el sótano de casas de hombres blancos que abogaban por que todos los hombres fueran libres, en cuevas, en antiguas minas o en casas deshabitadas. 
Del mismo modo que existía esta red clandestina que empujó a tantos esclavos hacia una libertad que no se imaginaban, proliferaban los cazadores de esclavos, rastreadores que no se rendían y que cruzaban varios estados en busca de sus presas y de buenas recompensas.

En una granja de algodón de Georgia había nacido Cora, una niña cuya abuela había sido traída desde África y vendida de unos a otros hasta llegar a la plantación Randall, donde tuvo a su hija Mabel, la madre de Cora. Pero Cora odia a su madre porque logró escapar de la plantación abandonando a su pequeña. Cora es una jovencita cuando Caesar se le acerca para convencerla de que escape con él. Al principio ella se niega, pero tras haber recibido como castigo una serie de latigazos decide huir con él. Un hombre les llevará hasta una de las estaciones del ferrocarril subterráneo que les alejará hasta Carolina del Sur, a una ciudad donde vivirán, durante un tiempo, como personas libres, donde aprenden a leer y donde se ganan un sueldo. Sin embargo, Cora descubre muy pronto que esa nueva libertad es una ficción, que es otra clase de esclavitud aunque no tengan correas.
Y mientras Ridgeway les sigue los pasos. Para él fue una pesadilla no encontrar a Mabel, por lo que esta vez no se le puede escapar Cora, y está convencido de encontrarla.

EL AUTOR:

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Colson Whitehead nació en 1969 en Nueva York. Finalista del PEN/Hemingway con su primera novela, La intuicionista (2000), ha publicado media docena de novelas y el libro El coloso de Nueva York (2005). Fue finalista del Premio Pulitzer con John Henry Days (2011), finalista del PEN/Oakland Award con Apex Hides the Hurt (2006) y del PEN/Faulkner con Sag Harbor (2009). Zona Uno (2012) fue un bestseller para el New York Times, y en 2014 publicó The Noble Hustle: Poker, Beef Jerky & Deeath. El ferrocarril subterráneo es su última novela hasta la fecha y ha sido merecedora del Premio Pulitzer 2017, del National Book Award 2016, de la Andrew Carnegie Medal for Excellence y del Indies Choice Book Award de 2017. Colson Whitehead es profesor en las universidades de Columbia y Princeton, y ha recibido las becas Guggenheim y MacArthur.

EL LIBRO:

Título original: The Underground Railroad
Autor: Colson Whitehead
Traductor: Cruz Rodríguez Juiz
Editorial: Random House (1ª edición, septiembre de 2017)
Número de páginas: 316
ISBN: 9788439733003

Valoración: 8/10

RETOS:


lunes, marzo 05, 2018

Sayonara!

Pensaba que mi hermano se había olvidado de mí y de su hija mayor. Pero no. He sacado todos los objetos de Japón que he preparado a mi sobrina para que hable de Japón y a mi hermano sólo se le ha ocurrido que lo mejor sería llevarse mi álbum de Japón para que mi sobrina me muestre en público. A mí, que huyo de las fotos y únicamente hago álbumes digitales para que las fotos no se queden relegadas en una carpeta del portátil... Le he dicho que se lo preguntara a mi sobrina, y si ella quería se lo dejaba.
Luego le he explicado qué eran los dos objetos que se llevaba...
El Sarubobo (bebé de mono), un muñeco sin rasgos faciales, que trae buena suerte. Aunque en Japón cualquier objeto, animal o creencia es susceptible de traer buena suerte. Se lo he hecho repetir varias veces.
No creo que el muñeco japonés regrese a mi casa. 
La O-Torii (puerta) se ubica en el acceso a cualquier recinto sagrado. Me traje una réplica en pequeño. Supongo que mis sobrinas me devolverán la puerta, aunque es posible que la utilicen para casita de las Barbies.

Luego le he dado cantidad de postales explicadas por detrás, una cartera hecha de papel de arroz, y un libro con caracteres japoneses. Tuve que traerme un libro, pero como no comprendo el japonés es un cómic con formato de libro. 

He estado buscando una cajita con papel de oro porque el tema del papel de oro me hechizó. Pero no he encontrado la cajita, aunque sé que la tengo en mi casa. Estuve en una fábrica artesanal de Kioto donde se fabricaba manualmente este tipo de papel que allí tiene mucha demanda. Es típico de allí que cuando se rompe un objeto no lo tiran, sino que pegan los fragmentos y en las grietas que quedan ponen papel de oro, por lo que cuanto más papel de oro haya en un objeto más valor tiene. Aquí si rompemos un jarrón lo tiramos y ya está, allí lo reconstruyen con papel de oro en las juntas. Creo que es un magnífico mensaje, ya que allí valoran la duración y permanencia de las cosas dándoles un valor inestimable, mientras que aquí enseguida renovamos, y en este caso no nos planteamos casi nunca si conviene renovar o arreglar lo roto y/o viejo. Aquí tenemos un enorme contraste en la mentalidad. Uno de los numerosos contrastes que me encontré.

Una grata sorpresa

Habitualmente no me gustan las sorpresas. Pero a veces nos llevamos sorpresas tan gratas que me puedo quedar sin palabras. Y esta tarde me he llevado una grata sorpresa, inesperada, que me ha hecho sonreír. 
Tengo que decir que quizás a veces sí que me gustan las sorpresas. Y es que hay sorpresas que son de agradecer.

Los deberes de mi sobrina

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Hoy preveía una tarde tranquila y ya he tenido dos llamadas inesperadas. Una, de mi cuñada, que mi sobrina mayor tiene que llevar cosas al colegio que tengan relación con Japón. Cuando estaba preparando los deberes de mi sobrina me ha llamado una vecina, y cuando me ha dicho quién era he pensado en cómo era posible que tuviera mi móvil personal, que no se lo doy a nadie y mucho menos a los vecinos, pero la realidad es que ella lo tenía. Que a ver si podía subir el técnico de la fibra óptica a ver cómo tenía mi conexión. He aprovechado para decirle que los canales de Movistar no me iban desde hace unos días y me lo ha arreglado. Le he preguntado cuánto era y no me ha cobrado nada, me ha dicho que por las molestias.
Así que lo que había comenzado como una tarde tranquila me ha desconectado del libro durante un buen rato. Ahora seguiré. Al menos hoy no tengo que volver a salir de casa. Se agradecen las tardes libres.

domingo, marzo 04, 2018

Se me escapan

Cada vez que me llevo a mis sobrinas al parque se me suelen escapar. Hoy hemos ido al parque de todos los domingos, hemos tomado la merienda y hemos regresado muy pronto a casa, entonces nos hemos vuelto a marchar a otro parque más pequeño. Cuando les he dicho dónde íbamos han echado a correr y se han olvidado de mí.

Una de princesas

Hoy voy a pillar la cama enseguida. Cuando voy a comer en familia me quedo rendida después de varias horas con mis sobrinas. Pero hoy he estado con ellas varias horas más.
Tienen demasiada energía, nunca se agotan. Hoy también se nos ha acercado un niño a jugar. Y es que le han tenido de un parque a otro. Incansables.
Y al final me han regalado un dibujo.

El timbre de la puerta en domingo

Si suena el timbre de la puerta en domingo y no es nadie que espere o cercano, sólo pueden ser testigos de Jehová. Hoy ha llamado un señor y no le entendía nada, he deducido que era testigo de Jehová, ha dicho que iba a dejar información sobre un evento. Yo no sé por qué siempre me toca a mí. Nunca abro, pero seguro que algún vecino le ha abierto. Sólo le he dicho que me parecía bien lo que estaba contando pero que no le abría la puerta. Todo ello dicho con una vocecita de chica dulce. 
Supongo que cuando no estoy en casa seguirán llamando comerciales de Iberdrola, de Unión Fenosa y otros comerciales a fin de vender contratos. Pero a mí parece ser que siempre me tocan los testigos de Jehová, porque casi siempre vienen en domingo. Que no tengo nada en contra de ellos, pero tampoco tengo necesidad de que me tengan media hora en la puerta contándome una historia que no me apetece escuchar. 
En fin. Es casi la hora de marchar a comer a otro lado.

El guerrero a la sombra del cerezo

"Este país es como el guerrero que, al llegar la primavera, se sienta a descansar bajo los cerezos en flor. Por un momento, arrobado por la belleza, cree hallarse hastiado de luchar, saciada su hambre de guerra, pero pronto descubrirá que no sabe hacer otra cosa más que batallar. No es un poeta que pueda recrearse con la hermosa visión de las flores del sakura o con el dulce canto de los pájaros, sino un samurái al que sólo seducen los tambores de guerra que ya restallan en sus oídos. Pronto recogerá sus espadas y se aprestará a dirigirse de nuevo hacia la batalla, y a mí se me ha encomendado evitarlo a toda costa".

Reconozco que ayer iba por la mitad del libro y que en el día de hoy no podía dejar de leer... hasta que lo he acabado. Es una obra magistral, que me ha hecho disfrutar en cada momento, en cuyos inicios, hace una semana, leía lentamente porque sabía que era una buena novela y quería degustarla en todas sus dimensiones. Y la he disfrutado, vaya que sí...
Aparte de que adoro la cultura japonesa, no sólo me ha traído recuerdos sino que me entran ganas de regresar a Japón. Claro que tengo clarísimo que volveré.

El contexto histórico del libro transcurre en el período Edo (en nuestro calendario se corresponde con el final del siglo XVI hasta la mitad del siglo XIX), llamado así porque el shogun Ieasy Tokugawa estableció su corte en la ciudad de Edo (actual Tokio; con el final de este período se cambió el nombre de la capital a Tokio). Tras el período anterior (Azuchi-Momoyama), una época de guerras entre los diferentes clanes japoneses, bajo el shogunato de Tokugawa viene una relativa época de paz, ya que esta especie de emperador llegó a unificar a los diferentes clanes y los señores que los comandaban (daimios) bajo su mandato.
Es la época de auge de los samuráis, hombres educados en el honor y cuya espada se ponía al servicio de uno de esos señores de la guerra, pero con el fin de las guerras entre clanes también proliferan los rōnin, guerreros que conocen el arte de la espada pero que no tienen señor. 
Con este trasfondo histórico nos vemos inmersos en una venganza que dura décadas, con unos personajes ficticios magistralmente enmarcados en la época en que se sitúa la trama. 
He de añadir que la historia está muy bien documentada, con muchas notas a pie de página que nos aclaran algunas expresiones japonesas.

Es importante la simbólica sakura, la flor del cerezo que tanto adoran los japoneses, el árbol que da título al libro. Y es importante porque esta planta resume el mensaje del libro: es una flor de una belleza sin igual, pero sus semillas destiladas pueden crear un veneno mortal. Los guiños a la flor del cerezo son numerosos a lo largo de la novela. 

En cuanto a la narración, se divide en dos historias que transcurren paralelas, y que en cierto momento desubica al lector, ya que en un principio el lector cree leer dos historias sincrónicas que se entremezclarán en algún momento de la trama, pero hacia la mitad del libro descubrimos que en realidad son dos historias de diferentes épocas. Sólo al final descubrimos qué es lo que une a esas dos historias. 

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Daisho de samurái (la katana es la espada larga, y el wakizashi es la espada corta). Los samuráis llevaban siempre las dos espadas

Seizō Ikeda es el hijo menor del clan Ikeda que es sacado del castillo familiar cuando éste es atacado a traición. Por órdenes de su padre, el leal general samurái Kenzaburō Arima se lleva al niño y lo saca fuera de la provincia de Izumi, huyendo porque saben que podrían encontrarlos. Llega al monasterio donde el abad Kosei le dice que les ha traicionado también, pero les da tregua para que salgan del monasterio. 
Kenzaburō lleva a Seizō a Matsue, donde una familia tiene una antigua deuda con Kenzaburō, que les deja al pequeño Seizō para que le cuiden hasta que él regrese a buscarle. 
Seizō crecerá con la familia Ichigoya, unos comerciantes acomodados que tienen dos hijos, pero que no aprecian al recién llegado, aunque los dos hijos le terminarán queriendo como a un verdadero hermano. Aunque no le profesen ningún cariño, Seizō será educado junto a los hijos de la familia, donde ya se descubre una afilada inteligencia. En la tienda donde muchas tardes ayuda, los artesanos le enseñarán a hacer warajis, sandalias de caña trenzada. Sus hermanastros le arrastran a acudir a sitios insospechados, cuando ellos nunca son castigados. En una de esas escapadas en que se pierden, la señora Ichigoya le da dos bofetadas y Seizō, orgulloso, se marcha corriendo. Después de un rato de reflexión donde ha decidido volver a por sus cosas a la casa de los Ichigoya y marcharse, descubre que un bonzō (especie de monje) le está observando, para descubrir después que el hombre no es otro que Kenzaburō, que ha venido a buscarle. Seizō se ha convertido en un adolescente y es hora de que empiece su aprendizaje. 
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Monte Daisen

Kenzaburō le arrastra consigo a una especie de cabaña construida por él cerca del monte Daisen, una cabaña junto a un cerezo, plantado años atrás por Kenzaburō con unas semillas de cerezo que le entregó la madre de Kenzō. Allí Kenzuburō se convertirá en un sensei implacable, pero que servirá para forjar el carácter del muchacho y prepararle tanto física como emocionalmente para la venganza. Tras varios años en que Senzō se está preparando en las artes de las letras, la espada, la fuerza física y otros menesteres, aparece en la montaña Fuyumaru, un hombre que durante tres años será el maestro de las malas artes en el alma de Senzō: le enseñará a engañar, la maldad, la picardía, a ser deshonesto y, sobre todo, a cubrirse las espaldas. E incluso intentará convencerle de que no siga las directrices en Kenzaburō ni se vengue. 
Cuando el sensei le haga luchar a muerte contra un samurái y Seizō mate por primera vez para defender su vida, Kenzaburō dará por finalizado el aprendizaje de Seizō, momento en que el joven podrá abandonar la montaña con los siete rollos de papel donde constan los nombres de los hombres que traicionaron a la familia Ikeda, pero con la advertencia de que hay un octavo hombre en la sombra que Kenzaburō no encontró. 
Y así Seizō comienza su particular venganza...

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Acantilados de Fukui

La segunda historia gira en torno al médico Ekei Inafune, médico del clan de Munisai Shimizu. Ekei es un médico atípico, ya que conoce los métodos de curación occidentales, ya que durante años estuvo en un hospital portugués y conoce medicinas y venenos, así como enfermedades, cuya existencia desconocen los médicos tradicionales japoneses. Eso en un país donde lo extranjero es dudoso está mal visto por muchos de sus colegas, aunque su señor Shimizu lo considera una ventaja. Un buen día Shimizu le hace llamar y le explica que tiene que conseguir entrar como médico de cámara en la corte de su acérrimo enemigo Torakusu Yamada, conocido como el León de Fukui, con el fin de erigirse como espía. 
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Yakuro es una especie de maletín antiguo que portaban los médicos antiguos japoneses con sus medicinas y drogas

Ekei llegará a Fukui y se establecerá en la ciudad, pero aunque acude día tras día al castillo de los Yamada, no consigue que el primer médico, maese Itoo, se entreviste con él. En el camino había conocido a Asaemon Hikura, un cínico samurái de la guardia personal de Yamada, al que le pide ayuda. Sin embargo, Ekei sigue acudiendo al castillo negro día tras día sin que nadie le haga caso. Así que trama impregnar las telas exclusivas de Yamada de un veneno que hará postrarse en cama al daimio. Nadie sabe cómo curar esa extraña enfermedad que aqueja a Torakusu, pero alguien se acuerda de Ekei y su dominio de dolencias extrañas. Cuando es llamado a su presencia, se encuentra con una mujer en el lecho de Torakuru, que es la primera médica, O-Ine Itoo, y el hecho de que sea una mujer sorprende a Ekei. Con la curación de Torakusu, maese Ekei entra como médico en el castillo, aunque O-Ine desconfía de él y le da los casos menos relevantes y pacientes alejados de los Yamada. Pero O-Ine terminará confiando en Ekei, y los lazos entre ambos se irán estrechando.
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Juego del go (consiste en ir poniendo fichas en las intersecciones rodeando las fichas del rival). Es de origen chino

Sin embargo, muchos han descubierto que Ekei Inafune no es quien dice ser... Y, sin embargo, salvará la vida de Torakusu, por lo que llegará a jugar con el señor del castillo al juego del go e incluso le designará como su consejero.

Hasta aquí puedo contar. Merece mucho la pena. Es una historia que... ojalá me quedaran aún 200 páginas por leer, porque la he disfrutado tanto... Es tan bonita, tan inesperada en ciertos aspectos. Y con todos los giros que hay en la trama no quedan cabos sueltos. Es una historia magnífica...


EL AUTOR: 

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David B. Gil (Cádiz, 1979) es licenciado en Periodismo, posgraduado en Diseño Multimedia y máster en Dirección de Redes Sociales. Ha trabajado como redactor editorial y ha publicado artículos para DC Cómics en España y Latinoamérica. También ha sido responsable de comunicación y redes sociales en diferentes organizaciones políticas, además de redactor en varios medios de comunicación. Autopublicó El guerrero a la sombra del cerezo, que fue finalista del Premio Fernando Lara, ha sido la única obra autopublicada ganadora de un Premio Hislibris de Novela Histórica. A día de hoy continúa siendo la ficción histórica mejor valorada por los lectores de Amazon España. Hijos del dios binario (2016) es su segunda novela.


EL LIBRO:

Título original: El guerrero a la sombra del cerezo
Autor: David B. Gil
Editorial: Suma de Letras (1ª edición, abril de 2017)
Número de páginas: 731
ISBN: 9788491291305

Valoración: 10/10

RETOS:

sábado, marzo 03, 2018

Horizontes oscuros

Desde la ventana veo cómo el horizonte está cada vez más oscuro.
Podría hacer muchas cosas esta tarde, pero no puedo parar de leer.
La única vez que he parado ha sido para prepararme un café y comprobar que ha desaparecido la mañana luminosa para dar paso a unos enormes nubarrones oscuros en el horizonte.
A mi hermano ya le he mostrado cuál será mi siguiente novela. Me ha dicho que tiene buena pinta. Pero no me agobio por terminar el libro presente para empezar otro. Ya llegará...
Cada vez está más oscuro.

De sábado

He ido sobre las dos al supermercado y había un sinfín de gente. Como sábado que es.
Se me hacía hasta pensado esperar en la caja.
La realidad era que he quedado con mi hermano media hora más tarde para comer en mi casa. Y no tenía nada preparado.
Cómo relajan los sábados por la tarde. Con este día tan soleado parece mentira que hace unos días cayera tal nevada.

Desde las siete

A las siete he abierto los ojos y he cogido el libro. Parece que en las últimas horas lo he dado todo y he cogido carrerilla. Lo que ocurre es que ahora no puedo dejarlo.
Tengo que hacer la limpieza semanal y no he empezado por estar tan inmersa en la lectura.
Si sigo así podría terminarlo esta tarde. Y eso que decidí leer esta novela con calma...

viernes, marzo 02, 2018

De ayer a hoy

Acabo de darme cuenta de que no he leído mucho de ayer a hoy. Pero no me importa. En realidad lo intento leer lentamente porque luego me arrepiento al leer demasiado rápido los libros que son para disfrutar.
Tampoco he estado hoy mucho tiempo en casa como para coger la novela. Quizás por eso ahora no quiero más que leer...

Un viernes muy intenso

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Hoy ha sido un día agradable. Nada que ver con la noche de ayer. Hay personas que nos hacen sonreír tan sólo con su presencia. Y se agradece. Deberíamos dar las gracias más a menudo.
El día ha sido largo. Básicamente me encontraba tomando una cerveza a las diez de la noche, y no pensaba que se iba a alargar tanto. 
En la librería me he encontrado al librero viejo sentado, leyendo Hachiko, en una versión ilustrada. Me ha dicho que antes leía más, pero desde hace dos años apenas se centra en la lectura. Y su esposa aún menos. Hace dos años fueron atropellados en un paso de cebra donde siempre hay atropellos, aún se están recuperando. Tienen cierta edad. El atropello fue muy sonado. Obviamente yo tengo muy buena relación con todo el gremio de libreros. Supongo que en un sitio tan pequeño, los lectores somos conocidos y reconocidos. 
Lo único que me apetece ahora es ponerme a leer. Ni siquiera ir a la cama aún, sólo leer y disfrutar. Desconectar de todo y pensar en un largo fin de semana. Cómo me gustan los viernes a esta hora, que ni siquiera tengo que plantearme ponerme un límite de tiempo para dormir, y quedarme leyendo hasta la madrugada, sin pensar en nada más. Claro que luego me quedo dormida antes de lo que espero. Porque esta mañana me he desvelado de cinco a seis. Estaba todo oscuro en el exterior. Cuando a las seis notaba que volvían a pesarme los párpados he aprovechado para apagar otra vez la luz. Es que si no a esta hora y sin siesta estaría cayéndome de sueño.
Y esta noche creo que mi hermano se queda a dormir. No me ha dicho nada, pero creo que sí. Así que tengo que aguantar despierta al menos hasta que llegue... a no ser que haya cogido las llaves que guardo en la oficina.

Fibra óptica y televisión

Llevo unos días en que los canales de Movistar no van. Vi el botón en rojo pero como apenas veo la tele como que me dio igual.
Y ahora no puedo estar a llamar a Movistar a ver si me lo solventan. Lo dejo para otro momento...

Sin remedio

Hace unos diez días encargué un libro, concretamente el último de la Serie Bergman, de Hjorth y Rosenfeldt. Pues me han dicho que no ha llegado. Y sólo se me ha ocurrido ponerme a mirar más libros.
No he salido con las manos vacías. Dos son de bolsillo y últimamente no suelo comprar de bolsillo. Además antes de leerlos los forro siempre. Pero ésos... me los tenía que traer.

A las cinco

Hace un rato que me he desvelado. Cuando he comprobado que no entra nada de luz por la ventana y he visto que pasaban de las cinco me he echado manos a la cabeza.
Luego he tenido que quitarme el edredón porque también tengo calor.
Quedarme despierta a esta hora me preocupa porque a eso de las siete de la tarde daré cabezazos.
En realidad éste es uno de los mejores momentos del día para leer, por el silencio, pero también porque no me entra sueño.
Intentaba no desayunar a ver si volvía al mundo de Morfeo, porque sé que en cuanto desayune ya no me quedaré dormida.

jueves, marzo 01, 2018

Inquietud

Hoy estoy inquieta y cuando me encuentro así tengo una insaciable necesidad de escribir y sacarlo todo fuera.
Hoy necesito un abrazo de esos que reconfortan. Aunque me da que la única a la que abrazaré será la almohada.

Buscando la perfección

Desde muy pequeña me inculcaron la idea de que cuando hagamos algo lo hagamos de la mejor manera posible. Y siempre he pensado que cada paso que damos en nuestro día a día va dejando una huella que va marcando nuestra experiencia vital. Eso me llena la mayor parte de las veces de un optimismo único. Siempre he sido una persona positiva. Siempre intento sonreír a cada día que empieza. También intento rodearme de personas que me transmitan cosas buenas, y me alejo de otras que me transmiten lo contrario. 
Siempre he pensado que cuando creamos algo de la nada debe ser algo bueno. 
Me alejo de lo desagradable. No me gusta discutir. Intento ocultar cuando me encuentro triste o de bajón. Creé el blog porque adoro crear historias de la nada, darles forma y utilizar las palabras de la mejor manera posible. Se trata de crear belleza. 
Y si en el día a día hago algo que se sale de esa directriz siento que las cosas no son como deben ser, que los planetas no se encuentran alineados. 
Por eso intento hacer las cosas de la mejor manera posible. En el momento en que hay un desliz me encuentro fatal. 
Soy demasiado perfeccionista. Mi vida se rige por un orden establecido. Y no me gusta que algo de todo esto se tambalee. 
Teniendo en cuenta esto es lógico que también sea una entusiasta de las rutinas, y que no me guste salir de la rutina. 

Noches como hoy

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Hay noches en las que sólo me apetece taparme con el edredón hasta la nariz y dormir olvidándome de todo. Hoy es una de esas noches. Seguramente estaré dormida a medianoche, o quizás no. Lo cierto es que me encuentro cansada y no es precisamente por el hecho de haber dormido una hora de menos -que siempre noto- sino porque a veces la cabeza me juega malas pasadas.
Y sólo con escuchar el viento que hace fuera siento que cuanto antes me vaya a dormir, mejor. Al fin y al cabo, mañana será otro día.
Quizás mañana vea las cosas desde otro prisma diferente. 


Menuda tarde

Estoy acostumbrada a escuchar las charlas que tengo hoy. No cambia mucho lo que escucho de un año a otro.
Si hubiera dormido diez minutos esta tarde ahora no estaría dando cabezazos.

Cuestión de confianza

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Con veinte años era muy confiada, demasiado quizás. Era muy inocente. Pero cuando la vida te da palos, da igual que sean antiguas amigas o amores del pasado, llega un momento en que empiezas a desconfiar, llegando incluso a costarme confiar en la gente. Eso ocurre porque en el pasado las personas que traicionaron mi confianza eran personas muy cercanas y ésas son las que más daño hacen.
Hoy en día he llegado a confiar tanto en algunas personas que pondría la mano en el fuego por ellas. Esta tarde me he dado cuenta de que siguen apareciendo resquicios inesperados de desconfianza incluso de las personas en quienes confío plenamente. 
Soy consciente de que la desconfianza abre grietas donde menos lo esperamos. Y a mi edad no puedo permitirme desconfiar de personas en las que tengo confianza absoluta. 
Ahora me siento intranquila por haber llegado a dudar de quien no debía dudar. 

El deshielo

Apenas queda nieve de ayer, se está deshelando todo y parece que hubiera llovido.
Lo sorprendente es que han subido las temperaturas muy rápido. Hace un tiempo agradable.

31 de febrero

Como en Correos siempre me toca esperar durante bastante tiempo suelo quedarme observando todo.
Y me ha llamado la atención la fecha. Lo he comentado en alto.
Pues nada, que según la oficina de Correos de aquí hoy es 31 de febrero.

Hoy, niebla

Lo primero que he hecho ha sido asomarme a la calle a ver si había nevado más, pero no. Lo que sí hay es una niebla tremenda.

Marzo, por fin

¡Qué ganas tenía de que llegara este momento...! Marzo, por fin. No es que sienta especial predilección por este mes, pero lo cierto es que la primavera viene con marzo. Así que, aunque fuera nieve y haga frío, enseguida termina el crudo y largo invierno.
Y eso que la primavera me hace estornudar a menudo, pero no importa. Trae días más largos, días más soleados, días más calurosos. Dan ganas de salir a la calle todo el tiempo. Y esos días tan luminosos hacen que la gente esté de menor humor que en el mustio invierno.
Sea bienvenido el mes de marzo.