domingo, abril 07, 2013

El centro histórico de Milán

Piazza del Duomo

Milán cuenta con un centro histórico magnífico. Es realmente impresionante salir de la boca del metro para que aparezca ante tus ojos la majestuosa mole del Duomo, rodeado por un sinfín de palomas que vuelan alrededor de infinidad de turistas. La impresionante plaza del Duomo permite ver la catedral en toda su inmensidad.
Galleria Vittorio Emanuele II

A un lado de la plaza se encuentra la Galleria Vittorio Emanuele II, acristalada, de una belleza inaudita, exhibiendo sus negocios de marcas famosas, con sus cafeterías cubiertas. Esta Galleria une la Piazza del Duomo con la Piazza della Scala. Es una plaza minúscula y el edificio del teatro no hace mucho para engrandecerla, porque comparado con otros edificios europeos de estas características (Viena o Budapest) es ridículamente recto, gris, triste y diminuto. Me llevé una gran decepción con el Teatro de la Scala, pese a su celebridad.
De allí visitaría una de las pinacotecas más importantes de la ciudad, donde me encontré con varias obras artísticas realmente impresionantes, y de autores mundialmente conocidos.
A unas pocas paradas en metro se encontraba el gran Castello Sforzesco, que merece una visita, tanto como sus museos. Finalmente terminé en la iglesia de Santa Maria della Grazie, un lugar que tiene un fresco muy famoso y que es matemáticamente imposible ver sin cita previa.
Piazza del Duomo

Durante el siglo IV, la zona que se encuentra alrededor del Duomo era el centro religioso de Milán. Durante siglos posteriores, se fueron levantando basílicas en las proximidades del Duomo, como la de Santa Tecla y la de Santa Maria Maggiore, así como los baptisterios cristianos de San Giovanni alle Fonti y Santi Stefano, que fueron demolidos para construir la catedral.
Cerca del Duomo, se encuentra el Palazzo della Ragione, que hasta el siglo XIV se había instaurado como el centro político y administrativo de la ciudad. En aquella época los límites de la ciudad se extendían a lo que hoy es el centro histórico, tanto que la cercana Piazza della Scala se encontraba en el límite de la ciudad.
Hasta el siglo XVIII, en la Piazza del Duomo se asentaron los pequeños negocios. Allí se celebraban las ceremonias religiosas y civiles más relevantes de la ciudad. Un siglo más tarde, se convirtió en el núcleo urbano desde el que partían todas las avenidas. En el siglo XIX se empezaron a derribar las casas y tiendas aledañas al Duomo con el fin de construir la que entonces se convertiría en una futurista Galleria, convertida en el símbolo de Milán tras la unificación de Italia.
Milán fue cruelmente bombardeada durante la IIª Guerra Mundial, y en los espacios vacíos que quedaron tras los bombardeos se levantaron numerosos edificios de corte moderno.
Piazza del Duomo y vista exterior de la Galleria Vittorio Emanuele II

La Piazza del Duomo fue diseñada por Giuseppe Mengoni y se inauguró en 1865 con muchas complicaciones. Siempre está llena de turistas, fascinados por la “gran máquina del Duomo”, tal y como describe Alessandro Manzoni a la catedral en su novela Los novios.
Había una larguísima fila para entrar en el Duomo, pero era imprescindible acceder a la tercera catedral más grande del mundo (después de San Pedro del Vaticano y la de Sevilla). Una de las cosas que me sorprendió es que en la entrada ocho o diez soldados del ejército habían formado un pasillo y observaban a todos los turistas. Sólo registraban las mochilas de aquellos que tenían aspecto musulmán. Dado que en el interior del Duomo hay una importante reliquia cristiana, entiendo que haya miedo a la yihad (Guerra Santa).
Fachada del Duomo; la placa indica que el Duomo está dedicado a Maria Nascente

El Duomo empezó a construirse en 1386 bajo el patrocinio del obispo de la ciudad, Antonio da Saluzzo. El duque Gian Galeazzo Visconti invitó a arquitectos lombardos, alemanes y franceses a supervisar las obras e insistió en que se utilizara mármol de Candoglia, que fue transportado por los canales Navigli. Los bloques de piedra estaban exentos de los aranceles gracias al sello AUF (ad usum fabricae) estampado en cada uno de ellos. La catedral fue consagrada en 1418, pero se mantuvo inacabada hasta el siglo XIX, cuando Napoleón mandó terminar la fachada.
Para hacer posible la construcción del Duomo se organizó, a finales del siglo XIV, un gran Jubileo que incitaba a los ciudadanos a contribuir con dinero y mano de obra. El plan inicial era construir la catedral en ladrillo refractario, pero el duque Visconti, que deseaba plasmar su poder en la catedral, exigió que se utilizara mármol y eligió el gótico como estilo arquitectónico. La construcción continuó durante más de cinco siglos, que han quedado reflejados en la mezcla de estilos que caracterizan al edificio.
Hasta la primera línea de ventanas, la fachada es barroca. Fue terminada en el siglo XIX con agujas y ventanas ojivales neogóticas, que revelan las dificultades que llevó consigo la construcción del Duomo.
Las agujas de la catedral contienen alrededor de 3.500 estatuas, que aportan movimiento al Duomo. Son típicamente medievales y representan imágenes de santos, animales y monstruos.
La Madonnina es la Virgen dorada, de 4,16 metros de altura, que corona la parte más alta del Duomo. Fue esculpida por Giuseppe Bini en 1774.
Habitualmente se puede subir a las terrazas de la catedral, pero como había llovido el día anterior y los pasillos estaban resbaladizos, el acceso a la parte superior estaba cerrado.
Interior del Duomo

En el interior pueden verse las altas bóvedas de crucería y los cinco pasillos de la nave, separados por 52 pilares (uno por cada semana del año) con capiteles decorados con estatuas de santos. Detrás de la fachada, en el suelo, el meridiano instalado por los astrónomos de Brera señalaba el mediodía astronómico, gracias a un rayo de sol que entra por la primera crujía de la nave meridional de la derecha.
Vidriera en el interior del Duomo

Muchas de las vidrieras muestran escenas de la Biblia y datan del siglo XIX. La más antigua de ellas data de mediados del siglo XV y relata la vida de Cristo, mientras que la más moderna es de 1988.
El presbiterio fue construido en el estilo impuesto en el siglo XVI por Pellegrini, que se encargó de construir esta parte del Duomo a petición de San Carlos Borromeo, siguiendo el estilo lombardo de una iglesia típica de la Contrarreforma.
Estatua de San Bartolomé desollado

Uno de los ornamentos que especialmente llaman la atención es la estatua de San Bartolomé desollado, firmada por Marco d’Agrate (1562). Y llama la atención por la maestría de las líneas, de los contornos de los músculos y huesos, por la imponente fuerza que desprende la escultura.
Bajo el altar mayor, se encuentran las escaleras a la cripta (1606), donde se encuentra sepultado San Carlos Borromeo, y al Tesoro de la catedral. El relieve de La vida de la Virgen María es una obra maestra que data del siglo XVII.


Cripta del Duomo

El Duomo de Milán guarda una de las reliquias más importantes de la Cristiandad: uno de los clavos de la cruz de Cristo. El clavo, que antes era custodiado en la iglesia medieval de Santa Maria Maggiore, tiene forma de herradura y fue encontrado por Santa Elena, que lo legó a su hijo, el emperador Constantino. Más tarde perteneció a San Ambrosio (patrón de la ciudad de Milán) y se llevó en procesión durante la peste del siglo XVI. Se muestra al público cada 14 de Septiembre, cuando el nicho donde se guarda el clavo es alzado por un sistema de poleas y se exhibe en una especie de balcón decorado.
Soy bastante escéptica con el mundillo de las reliquias cristianas, quizás porque siento que la Iglesia las ha utilizado como una manera de “convencer a sus ovejas” sobre la veracidad de ciertos personajes religiosos, pero crean escepticismo por el gran contrabando que existió hace unos siglos, que ya no podemos estar seguros de lo que ha llegado hasta nuestros días, es decir, que en la actualidad nos podemos encontrar con tantos huesos que supuestamente pertenecen a figuras del Cristianismo que podríamos formar varios esqueletos de tan sólo una única figura del santoral.
Galleria Vittorio Emanuele II

Cuando salí del Duomo, me dirigí hasta la Galleria Vittorio Emanuele II, que es una de las partes de la ciudad más impresionantes, a pesar de ser relativamente moderna. La Galleria es un elegante pasaje comercial cubierto, con tiendas, cafeterías, librerías y el célebre restaurante Savini. Su construcción, supervisada por el arquitecto Giuseppe Mengoni, comenzó en 1865 y fue inaugurada por el rey Víctor Manuel II, de quien recibe el nombre.
Fue diseñada para conectar la Piazza del Duomo con la Piazza della Scala y formaba parte de un ambicioso proyecto de desarrollo urbano.
Galleria Vittorio Emanuele II

En el suelo de la zona central octogonal, debajo de la bóveda de cristal de 47 metros de altura, se encuentra el emblema heráldico de la familia Saboya: una cruz blanca sobre fondo rojo. A su alrededor están los escudos de armas de las cuatro grandes ciudades italianas: el toro de Turín, la loba de Roma, la azucena de Florencia y la cruz roja sobre fondo blanco de Milán. En la bóveda hay mosaicos de Asia, África, Europa y América.
Piazza della Scala

Tras cruzar la Galleria se llega a la Piazza della Scala, el famoso teatro de Milán. La Scala fue construida por Giuseppe Piermarini a finales del siglo XVIII. Su nombre se debe a que está edificado sobre los terrenos de la iglesia de Santa Maria della Scala. El teatro se inauguró en 1778. Fue bombardeado durante la IIª Guerra Mundial y reconstruido unos años más tarde.
Después de una profunda restauración y la incorporación de un nuevo escenario diseñado por Mario Botta, reabrió sus puertas en el año 2004.
Fachada del Teatro alla Scala

La fachada fue diseñada de tal forma que, al pasar por la Via Manzoni, se pudiera atisbar lo que ocurría en el interior del teatro, que debe contar con una recargada y lujosa decoración.
La Escuela de Ballet de La Scala fue fundada en 1813, y en su origen contaba con 48 estudiantes de danza, mimo y otras disciplinas. Al final de una carrera de ocho años, los mejores estudiantes recibían galardones y pasaban a formar parte del corps de ballet del teatro, con un sueldo anual de 3.000 liras. Esta escuela, célebre por su rigurosa disciplina, ha producido artistas como Carla Fracci y Luciana Savignano.

La apertura de la temporada operística en Milán tiene lugar el 7 de Diciembre, día de San Ambrosio.
Estatua de Leonardo da Vinci, Piazza della Scala

Enfrente de la Scala hay una estatua de Leonardo, rodeado de varios dramaturgos célebres italianos, como Dante o Petrarca.
De allí me dirigí a la Pinacoteca Ambrosiana, que junto a la de Brera, son las dos pinacotecas más importantes de la ciudad. La Pinacoteca Ambrosiana fue fundada en el siglo XVII por el cardenal Federico Borromeo, primo de San Carlos. Borromeo planificó la pinacoteca como un enorme proyecto cultural que incluía la Biblioteca Ambrosiana (1609) y la Accademia del Disegno (1620), donde estudiaban los jóvenes artistas de la Contrarreforma.
La Pinacoteca, creada con el propósito de inspirar a artistas en ciernes, contenía en sus orígenes 172 pinturas, muchas de ellas propiedad de Borromeo. Esta colección se amplió más tarde gracias a donaciones particulares.
Entre las obras destacables que se pueden ver en la Pinacoteca, se encuentran algunas pinturas de autores de renombre:
-          Retrato de un músico de Leonardo da Vinci. Es la única pintura milanesa sobre madera de Da Vinci. La imagen pertenece a Franchino Gaffurio, el compositor de corte de los Sforza. Personalmente me gustó mucho esta pintura, quizás por la maestría de los trazos.
-          Adoración de los Magos de Tiziano, que el cardenal Borromeo consideraba un tesoro para los pintores “por la multitud de cosas que contenía”.
-          Madonna del Padiglione de Botticelli, recientemente restaurado.
-          Cesta de fruta de Caravaggio, de un realismo extraordinario. La fruta es una alusión al simbolismo de la Pasión de Cristo.
-          Boceto de la Escuela de Atenas de Rafael (pese a ser un boceto de enorme formato, me enamoró verlo). El fresco original se encuentra en el Vaticano. A la hora de pintarlo, Rafael utilizó los rostros de artistas contemporáneos, por ejemplo, Leonardo como Aristóteles.
Además, hay una réplica de La Última Cena de Leonardo da Vinci, que está perfectamente explicada. Y menos mal, porque respecto de este fresco me llevé el chasco horas más tarde al intentar ver el original.
Bibliotheca Ambrosiana, en la Piazza del Santo Sepolcro

La última parte del trayecto por la galería te lleva a una antigua biblioteca (Bibliotheca Ambrosiana), donde se encuentra el Codex Atlanticus, diseñado por Leonardo da Vinci.
Esta biblioteca fue una de las primeras bibliotecas de Milán abiertas al público. Contiene más de 750.000 volúmenes. Entre ellos, destacan el Ilias Picta (siglo V), de Virgilio; un volumen de Aristóteles y textos árabes, sirios, griegos y latinos. La biblioteca cuenta con más de 1.000 páginas del Codex Atlanticus, adquirido en el siglo XVII. Napoleón se lo llevó un siglo más tarde pero tuvo que devolverlo a Milán.
Personalmente me encantó el Códice de Leonardo, donde no sólo se leía su nombre y sus apuntes, sino que se distinguían a la perfección los engranajes de muchos de sus inventos, dibujados al detalle.

Milán se extendió hacia el noroeste, en el siglo XIV, cuando comenzó la construcción del Castello Sforzesco. En aquel momento, esta zona de la ciudad se encontraba fuera de las murallas de la ciudad y llena de bosques. En el siglo XIX se demolieron las murallas españolas y se diseñó un nuevo plan urbanístico en esta zona, aunque sólo se llegó a ejecutar una parte del proyecto original. El propósito era transformar la zona en un barrio monumental, construyendo el Arco della Pace y una serie de elegantes edificios que iban a ser utilizados como oficinas, residencias de lujo, mercados y teatros. De hecho, en esta zona hay dos teatros históricos: Dal Verme y Piccolo Teatro.

Cadorna

Para llegar al Castello, cogí un metro hasta Cadorna, que era una plaza circular de mucho tránsito, tanto de peatones como de vehículos.
Castello Sforzesco

El Castello Sforzesco y el parque Sempione son el resultado de la labor de restauración y jardinería del siglo XIX. El arquitecto Luca Beltrami consiguió frustrar los intentos de demolición del castillo convirtiéndolo en un museo y restauró gran parte de los elementos originales. A principios de 1800 se construyeron el Arco della Pace y la Arena Civica en el parque Sempione, convertido en jardín inglés.

Via Dante

Frente a la entrada del Castello se ubica la Via Dante, una de las calles más elegantes de la ciudad, zona peatonal con terrazas para tomar un aperitivo.
Construido como fortaleza en el siglo XIV por Galeazzo II Visconti, el castillo de los Sforza fue ampliado por Gian Galeazzo y Filippo Maria, que lo transformaron en un espléndido palacio ducal. Fue parcialmente demolido en el siglo XV, durante la República Ambrosiana. Pero Francesco Sforza, Señor de Milán en 1450, y su hijo Ludovico El Moro convirtieron el castillo en una de las cortes más magníficas de la Italia renacentista, con invitados como Bramante o Leonardo da Vinci.
Bajo el dominio español y austriaco, el castillo fue declinando paulatinamente, a la vez que recuperaba su primitiva función militar. Salvado del derribo inminente, se procedió a restaurarlo con el fin de convertirlo en museo. Hoy en día, alberga en su interior varios museos, aunque lo más impresionante es la arquitectura externa.
Muros del Castello Sforzesco

Los muros del castillo están llenos de agujeros alineados, que en la actualidad utilizan las palomas, pero que en su origen se realizaron para sujetar los andamios utilizados durante las obras de mantenimiento.
Se entra por la Torre Filarete, que se derrumbó en el siglo XVI, cuando explotó la pólvora que se guardaba en su interior. Fue reconstruida en 1905 por Luca Beltrami, que siguió el diseño original de Filarete para la torre central del castillo.
Sala delle Asse

Una de las salas más importantes es la Sala delle Asse, que se trata de una pérgola pintada para dar la apariencia de estar al aire libre. Es obra de Leonardo da Vinci (1498). La sala debe su nombre a las tablas (asse) que se cree recubrían las paredes.
Pietà di Rondanini

Cuando llegué al interior del Castello eran casi las dos de la tarde y no me dieron entrada, puesto que a las dos se entraba de forma gratuita. Merece la pena, porque hay una obra que es necesario ver: la Pietà di Rondanini de Miguel Ángel. La que se considera la última obra del artista, fue alterada tantas veces que se cree inacabada. El brazo de Cristo y el ángulo del rostro de María forman parte de la primera versión.

Después de visitar el Castello Sforzesco, cuya visita merece mucho la pena, busqué la iglesia de Santa Maria della Grazie, que se encuentra en las inmediaciones. Sería una de las muchas iglesias de Milán si no fuera porque en su interior, o más bien en un edificio anexo a la iglesia, se encuentra en la pared del refectorio, el original de la mano de Leonardo da Vinci de La última cena, uno de los frescos más polémicos y más comentados del mundo.
Ya sabía que había muchas posibilidades de no poder ver en directo el célebre fresco, ya que había buscado en internet desde casa Il Cenacolo Vinciano con el fin de coger entrada, y no había huecos disponibles, pero podría haber ocurrido que alguien en ese momento se echara para atrás y dejara su hueco a otra persona. No me parece bien que vendan el 100% de las entradas por internet y con dos semanas de antelación. Lo lógico sería que vendieran un porcentaje en taquilla (pero no…). Así que crucé la iglesia y tras encontrarme con que todas las entradas estaban vendidas, regresé al centro, un tanto desolada, porque a mí Da Vinci siempre me ha parecido un genio digno de admiración, y me quedaba sin ver su obra más famosa. Aunque tengo que decir que cuando vi La Gioconda en el Louvre parisino me decepcionó por sus reducidas dimensiones en una sala demasiado grande para un único cuadro.
Iglesia de Santa Maria delle Grazie

Santa Maria delle Grazie fue diseñada en el siglo XV. Ludovico El Moro le pidió a Bramante que la convirtiera en un mausoleo familiar. Más tarde, la iglesia estaría presidida durante varios siglos por el tribunal de la Inquisición, que se trasladó aquí en 1558.

Fue un día bastante completo en lo que se refiere a cultura.

sábado, abril 06, 2013

Milán y Turín: en líneas generales


Piazza IV Novembre y tranvías, junto a la Estación Central de Milán

Cuando decidí marchar en vacaciones de Semana Santa a Milán, tenía claro que quería visitar Italia, pero no quería pisar Roma. La capital italiana ya la conocí en su momento, y no me apetecía estar en una ciudad plagada de turismo, ante todo y sobre todo, de aspecto religioso, con toda la bomba y expectación que había creado el nombramiento del nuevo Papa.
Como siempre que tengo unos días libres intento desconectar marchándome por ahí. Y siempre regreso con las energías renovadas. Aunque lloviera casi todos los días…
Llegué con un pegadizo “Scusi” y otro pegadizo “Grazie”, chapurreando “Presto” y “Prego” a cada pocas palabras, pero sobre todo regresé contenta. No sabría describir la sensación de llegar y encontrarme con el perro saltando y llorando junto a mí, mirándome y mirando la maleta como si temiera perderme de vista de nuevo. Y, de hecho, el perro no se separó de mí en ningún momento desde que llegué. También le llevé de paseo durante un rato, mientras en cada paso asimilaba todo lo que había visto en Italia los días pasados, y antes de que estallara una criminal tormenta. De repente, el día oscureció repentinamente y tuve que regresar a casa.
En ese momento no me apetecía recopilar toda la información sobre el viaje, y en los días posteriores me han faltado ganas de ponerme a escribir al llegar a casa. Hoy es una excepción, ya que perfectamente puedo quedarme hasta más tarde al poder levantarme más tarde mañana.
Si elegí Milán no existe un motivo especial, sino que simplemente sabía que esos cuatro/cinco días iban a ser insuficientes para visitar Florencia, ciudad que tengo muchas ganas de visitar. Intuía que Milán se podría ver en unos pocos días. Además, la proximidad a los lagos (Como, Maggiore) me atraía.

Milán es la capital de la Lombardía, la región más rica y con más densidad de población de Italia. Sus más de 1.300.000 habitantes convierten a Milán en la segunda ciudad más poblada del país, después de Roma; esta cifra no incluye a las personas que viven en los barrios periféricos y que acuden a diario a la ciudad para trabajar o divertirse.
Milán se encuentra situada en el centro del valle del río Po (Valle Padana) y desde tiempos remotos ha sido un punto clave para el comercio.
Aunque es una gran ciudad en muchos aspectos, Milán es una ciudad “relativamente pequeña”, que se puede visitar en unos pocos días. Tiene metro (esta información no es desdeñable, debido a que Roma, debido a las catatumbas, sólo contaba con dos líneas de metro) que te acerca a cualquier rincón de la ciudad. El centro se puede visitar caminando, como otras ciudades italianas, sin necesidad de darse grandes palizas de andadura.

Piazza Santo Sepolcro y Bibliotheca Ambrosiana, Milán

Uno de los muchos tópicos sobre Milán es que se trata de una ciudad práctica y monótona, totalmente dedicada al trabajo. Sin embargo, además de ser una de las urbes más importantes de Europa desde el punto de vista financiero y en términos de productividad, es también rica en historia, cultura, arte y arquitectura. El centro histórico carece de un estilo arquitectónico dominante y los edificios son quizá más variados que en cualquier otro casco histórico italiano. Los museos y las galerías se cuentan entre las mejores del norte del país. Muchas de las figuras destacadas en los campos del arte, el diseño, la cultura y la política de Italia nacieron o alcanzaron el éxito en Milán, como fue el caso de Leonardo da Vinci, que vino a trabajar a la corte de Ludovico el Moro en Milán y permaneció en la ciudad durante 20 años; o de Benito Mussolini, ya que fundó el Fasci Nazionali di Combattimento en la Piazza San Sepolcro de Milán; o donde Alessandro Manzoni escribió una de las grandes novelas de la historia literaria italiana, Los novios; o donde vivió casi toda su vida y murió en el Grand Hotel de Milán el compositor Giuseppe Verdi.
Restaurante en Via Manzoni, Milán

Como motor de la industria, las finanzas y la moda, Milán destaca por la cocina internacional más que cualquier otra ciudad italiana. Los milaneses se adaptan enseguida a las nuevas tendencias culinarias; los caprichos gastronómicos son efímeros. Sin embargo, también se aprecia un arraigado interés en redescubrir la cocina típica de la región: la prosperidad de la ciudad se refleja en la riqueza de sus platos tradicionales. Los risotti milaneses se aderezan con mantequilla y parmesano, y hasta es probable que los espárragos locales se presenten en la mesa cubiertos con huevo y queso gratinado.
La ciudad está rodeada de vastas llanuras agrícolas que abastecen de productos como carnes, cereales, quesos y verduras. A los milaneses les gusta mucho la carne: la carne, la ternera y la caza son muy populares. Los suculentos guisos, típicos de la región, constituían antiguamente la base de la dieta rural, donde se combinaba cualquier tipo de carne, grano o verdura que se tuviese al alcance. De esta tradición procede  la consistente menestra de arroz o pasta. Por otro lado, en la corte de las familias Visconti y Sforza se forjó una cocina más elaborada, cuyas recetas aún preparan los cocineros milaneses. El dominio español en el siglo XVI propició el cultivo del arroz y otras cosechas a lo largo del valle del Po. El primero se utilizó para la elaboración del risotto, un descendiente directo de la paella, al que se le añadió azafrán cultivado en la zona para conferirle su característico aroma y tono amarillento. El grano se cocinaba con cualquier ingrediente disponible en la temporada para crear consistentes platos de verdura, pescado de agua dulce, carne y caza. Los risotti milaneses todavía suelen reflejar la temporada; en otoño se añade con frecuencia calabaza de la zona, y en verano, fresas silvestres.
Durante el siglo XVIII se fue introduciendo el maíz en la región y la polenta –elaborada con harina de maíz y agua- no tardó en convertirse en alimento imprescindible.
El dominio austríaco a finales del siglo XVIII dejó también su impronta en la dieta milanesa. La popular costoletta milanese, ternera empanada, es una variante del Wiener schnitzel, y el panettone debe su origen a los bizcochos de levadura centroeuropeos.
Muchos bares y cafeterías de Milán ofrecen el happy hour (de 18.30h. a 21.30h), donde se venden algunas bebidas a mitad de precio, por lo que suelen llenarse de gente. En estos bares, la música suele ser ensordecedora, por lo que si se requiere tranquilidad, es preferible evitar la happy hour.
Milán es célebre por la moda, y aunque sólo sea por mirar escaparates, merece la pena visitar estas zonas. Además de las tiendas de los grandes diseñadores nacionales e internacionales (situadas en el llamado Quadrilatero, formado por las calles Via Manzoni, Via Montenapoleone, Via della Spiga y Via Sant’Andrea), pueden encontrarse otros establecimientos y grandes almacenes por toda la ciudad. Los comercios son elegantes, sobre todo en el centro, ya que el diseño es muy importante en Italia y Milán es una de las ciudades más ricas del país.

Hotel Best Western Madison, Milán

El hotel estaba muy cerca de la Estación Central, por lo que todo me pillaba a mano. Una de las cosas que me sorprendió fue la ingente cantidad de inmigrantes que se concentraban en cualquier estación de tren o de metro y en las zonas turísticas. Siempre he pensado que una ciudad que tiene tanta riqueza también tiene mucha gente mendiga o “sin techo”, y además las diferencias entre unos y otros son mucho más pronunciadas que en otros lugares. Milán es una ciudad donde los contrastes entre ricos y pobres se pueden observar a pie de calle.
Lo que peor recuerdo es el embotellamiento del tráfico cada vez que llovía, y llovió mucho durante la mayoría de los días. Según me dijo un taxista, cuando llueve los embotellamientos del tráfico son frecuentes.
Al tener tan cerca la Estación Central y dado que llegó un momento en que consideraba que Milán ya la tenía vista, que había suplido con creces ver al menos un templo religioso y un museo como mínimo (requisito que siempre cumplo cuando marcho de viaje a un lugar nuevo), decidí que podía ir a cualquier otro lugar del norte de Italia. En principio, había pensado en los lagos que se encuentran a media hora al norte de Milán, pero finalmente me decanté, a última hora, por Turín.
Y como suele ocurrir, cuando elegimos algo sin pensarlo, por pura intuición, el resultado suele ser muy bueno, quizás sorprendente. Porque Turín es una ciudad monumental, pero sobre todo es una ciudad para pasear. No tenía referencias de la ciudad, únicamente sé que es el lugar donde se guarda y se protege la Sábana Santa, que como la muestran públicamente una vez cada cierta cantidad de años, tampoco iba allí con la intención de verla.


Trayecto en tren desde Milán a Turín, con los Alpes nevados al fondo

Turín se encuentra a una hora de Milán en tren. Es una travesía magnífica, sobre todo si el día está despejado, como me ocurrió a mí, porque a un lado se ven las cumbres nevadas de la cordillera de los Alpes.
Turín es la capital de la región de Piamonte. Es una ciudad que tiene un conglomerado de negocios concentrados en unas pocas calles alrededor de los monumentos históricos. Y lo cierto es que el paseo es muy agradable desde la estación Porta Nova hasta la Mole Antonelliana, pasando por dos plazas, un castillo, un palacio real y un ambiente bohemio que despierta el recuerdo de otras ciudades centroeuropeas. Curiosamente me recordó a plazas centrales alemanas, con sus turistas tomando unas cervezas en las terrazas, mientras no muy lejos suena el violín de algún músico callejero, o los mimos posan cada pocos metros haciendo señas a la gente que les echa unas monedas.

Librería en Turín

Turín estaba plagado de pastelerías y licorerías especialmente dedicadas al chocolate, tanto en sólido como en líquido, y es que en esta ciudad se produce una chocolatina de cacao y avellana llamada gianduiotto.

Como líneas generales para ambas ciudades, creo que es suficiente, ya que en los próximos días concretaré y describiré un poco más los lugares que visité.

Calle en el centro de Milán

Una voz entre la espesura de la tarde

Lo que no podía esperarme hoy es que terminaría el día hablando con él. Acababa de llegar a casa cuando he recibido una llamada, y esa llamada me ha llevado a llamar a ese ángel de mirada perfecta. Habitualmente me coge enseguida, y esta tarde no ha sido menos. 
Lo cierto es que me gusta hablar con él de vez en cuando. El simple hecho de escuchar su voz me reconforta de una manera fulgurante. Es como si su voz me abrazara y pudiera echarme a volar de un momento a otro. 

Para mí él es único, demasiado especial y, sin embargo...

viernes, abril 05, 2013

Cuando el deseo se acerca

Debe ser cosa de la primavera, aunque esta primavera no ha comenzado tan soleada ni tan calurosa. Pero estaba en el coche, arrancando, cuando he levantado los ojos y he visto otro coche. Enfrente, tan cerca y tan lejos. Sé que podría haberme demorado un poco y haber forzado un encuentro con él. Y, sin embargo, no lo he hecho.
Después, con la relajación que me produce el hecho de conducir a casa, pensaba en el deseo físico de él. Hace un tiempo pensaba en que quizás "ya no me ponía tanto", pero no es verdad. 
Me estremezco al recordar su cercanía con el instrumental de topografía, cuando me mostraba su funcionamiento, con mis miradas de reojo, pensando en lo adorable que es, en lo mucho que me reconforta su mera presencia, en que se ha convertido en un viejo conocido con el que puedo compartir casi cualquier cosa.
Creía que me estaba desenamorando, pero no es así. Esta mañana, cuando he visto su coche, he vuelto a sentir un pequeño temblor en la boca del estómago, casi como al principio, casi como hace más de cuatro años. 
Hoy le cubriría de besos... Por algo habría que empezar.

Aguas mil

Se me está haciendo muy larga esta semana y eso que únicamente tiene cuatro días laborables. Esta tarde no he podido soportar más la incertidumbre y he tenido que llamar a su oficina. Enseguida encuentro la excusa perfecta para coger el teléfono y llamar a su oficina, aunque creo que tampoco tengo que encontrar un motivo para hacerlo.
No estaba, aunque he preguntado por él. Tampoco tenía el coche. Hoy caminaba bajo la lluvia incesante y pensaba en él. Tantas veces la lluvia me lo ha traído...
La lluvia me trae una especie de nostalgia, por eso me refugio tan a menudo en su recuerdo. A veces creo que estoy mejor sin saber nada de él, pero otras veces... Hoy estoy melancólica. Necesito escucharle, mirarle, tocarle y perderme en sus ojos, en su voz, 

jueves, abril 04, 2013

Con la vista puesta en los próximos meses

Hay momentos en la vida en que necesitas contar algo y hablar únicamente con una sola persona, con la misma persona que deseas que te abrace cada noche, los ojos que quieres mirar cada mañana al despertar. Así que sin pensarlo me he puesto en contacto con él. Me encuentro distante, lo noto en mi manera de decirle las cosas. Podría haber sido sutil, pero sólo le he dicho que no le he traído nada de Milán porque sólo había tiendas de ropa. Es que mejor hubiera sido que hubiera venido conmigo, porque con todas las veces que le he dicho que le acompaño de compras, seguro que nos lo hubiéramos pasado bien.

Debería ir cerrando el viaje a Estados Unidos. Parece frívolo pensar que acabo de llegar de un viaje y ya estoy pensando en el siguiente, pero la realidad es que a Estados Unidos iba a viajar el año pasado cuando me robaron la cartera y tuve que paralizarlo todo porque no me daba tiempo a tener todos los documentos hechos. Y ya antes de saber que me iría a Italia, ya estaba mirando la Costa Este de Estados Unidos. Sólo me queda dar el okey. Creo que será algo que deje para el fin de semana. He de echarle una ojeada de nuevo al itinerario para estar segura: Nueva York, Washington, Niágara, Filadelfia y Toronto. Ya he avisado: no traigo nada a nadie más que para mi sobrinita. La razón es obvia: si empiezo a traer cosas a la gente tengo que sacar mis cosas de la maleta, así que quien quiera una réplica del Empire State Building, que cruce el charco.

Nada más aterrizar el lunes recibí una llamada de la agencia de viajes. Para ver si me había decidido. La respuesta es obvia, sólo que tenían que cambiarme las estancias en Nueva York. Cuestión de unos días de descanso por el jet lag nada más regresar. Me lo recomendó ese ángel de mirada perfecta, y me he acordado de que siempre llego justa para trabajar, sin darme siquiera unas horas de descanso.
En vez de decirme esas cosas debería venirse. Nunca hemos hablado sobre América. Nunca he querido visitar Estados Unidos antes porque me frenaba cierto sentimiento antiamericano. Creo que a él tampoco le llama especialmente la atención. Ahora es diferente. Pasado el tiempo, he comprendido que tengo ganas de visitar Nueva York, y que el año pasado me quedé con las ganas...

miércoles, abril 03, 2013

Volver a empezar

Lo cierto es que desconectar cuatro días es bueno para volver a empezar, para recargar pilas, para coger todo con más fuerzas, para llegar con las energías renovadas. Siempre he pensado que cambiar de gentes, de aire y de ciudad es algo que debería hacer todo el mundo a menudo. Aunque sólo sea por olvidarse del momento presente durante unos días...
No hace falta cambiar de país, sino que el hecho de hacer un trayecto de media hora ya ha cambiado una centésima el mundo habitual, ese mundo que nos rodea. 
La perspectiva ha cambiado y eso es necesario. 
Si lo pienso, cuando pienso en que podía haberme quedado, más segura estoy de que viajar es una vía de escape. Para mí es vital cambiar de lugar. Ya no sólo por el hecho de que adoro viajar, sino porque incluso de fiesta la gente me pregunta cosas del trabajo. No mis amigos, no la gente que conozco. Gente que me conoce de la oficina, que no comprenden que hay unos horarios y que es preferible que para hacerme algunas preguntas es preferible que lo hagan en oficina y no cuando yo estoy tomándome una cerveza con mis amigos. 
Vengo con las pilas cambiadas. Vengo con el disco duro en blanco. Y lo cierto es que se agradece. Aunque pensándolo bien, tuve que cogerme una semana de vacaciones en abril que desconozco lo que haré. Justo después de mi cumpleaños me va a resultar extraño estar en casa. Estoy pensando en marcharme a una casa rural a la montaña con el portátil y escribir frente a la Sierra de la Demanda.

Es tarde. No he sabido nada de mi amor durante estos días. Incluso de él también necesito alejarme. Y ahora, cuando vuelvo, es cuando vuelve a aparecer su recuerdo en toda su intensidad. A veces me pregunto qué me da él para quitarme el sueño a veces.

martes, abril 02, 2013

Lo que mueve el mundo


El autor dice que estamos rodeados de héroes y que sólo es necesario abrir un poco los ojos para que esos héroes puedan contar su historia. Uno de esos héroes es Robert Mussche. Este joven escritor belga, decidió acoger en su casa de Gante a una niña vasca. Tras el bombardeo de Guernica, muchos niños vascos salieron de España con rumbo a Rusia, Francia, Bélgica, etc. Ese fue el caso de Karmentxu, una niña vasca que encontró unos años de felicidad y tranquilidad junto al escritor. Pero tuvo que volver a España cuando estalló la IIª Guerra Mundial, y esta separación fue dura para Robert, que no volvería a ver a la muchacha.
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Campo de concentración de Neuengamme, Alemania

Robert Mussche era un comunista que fue apresado por las SS por su ideología política y enviado al mayor campo de concentración de Alemania, Neuengamme. Cuando en 1945, el Reichstag alemán comprendió que estaban vencidos e intentando que el mundo no descubriera lo que habían hecho en los campos de concentración, los prisioneros de Neuengamme fueron trasladados al puerto de Lübeck y hacinados en las bodegas de enormes barcos alemanes, donde la gran mayoría perecieron con motivo de los ataques aéreos de los aliados (por el desconocimiento de que allí había en realidad prisioneros). Así murió Robert Mussche.

Su esposa Vic nunca perdió la esperanza de que regresara a casa con vida, y su hija Carmen se trasladó a España a conocer a Karmentxu.

lunes, abril 01, 2013

El guardián invisible


Me llevé esta novela de vacaciones, teniendo en cuenta que no ocupaba mucho y que no podía llevarme el ladrillo que estoy leyendo (ladrillo por voluminoso, no porque no me guste), y tuve que interrumpirlo. Lo que no esperaba es que me iba a enganchar de la manera que lo hizo. La novela es, sobre todo, policíaca, pero también hay ciertos fragmentos de la fantasía popular vasca. Antes de nada, describiré ese ser de la mitología vasca que es una constante a lo largo de todo el libro: el basajaun. 
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Basajaun 

Basajaun o baxajaun es el “señor del bosque”, un personaje de la mitología que posee una fuerza prodigiosa. Habita en los bosques y en cavernas. Posee forma humana, aunque sobrepasa los dos metros de altura; tiene el cuerpo cubierto de pelo y una melena muy larga. No es un ser agresivo, sino que no sólo se erige como protector del bosque, sino que además es el genio protector de los rebaños de ovejas. Cuando se acerca una tempestad o una manada de lobos, grita y silba para prevenir a los pastores. 
Ésta es la primera novela de una trilogía inspirada en el Valle del Batzán, concretamente transcurre en un pueblo navarro llamado Elizondo. 
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Elizondo, Navarra

La inspectora Amaia Salazar es designada para ir a descubrir un caso de asesinato en su pueblo natal, Elizondo. Lo que no espera es reencontrarse con viejos fantasmas. Por un lado, tres niñas-adolescentes son asesinadas cruelmente a lo largo del valle. Cada homicidio viene señalado porque el autor deja sus zapatos alineados en la carretera, como una señal silenciosa. Las víctimas aparecen con las ropas rasgadas por la mitad, el vello rasurado y un txatxingorri (pastelillo típico) sobre la ingle. 
La inspectora Salazar decide preguntar a su hermana por los pastelillos, ya que es la directora de la fábrica familiar y gracias a ello la inspectora descubre que el autor tiene relación con su familia. Mientras su otra hermana, Rosaura, intenta arreglar su vida, Flora está embarcada en la realización de un libro de repostería, donde tiene una receta especial de txatxingorris, que es la de su difunta suegra, y por eso descubre que es su ex marido el autor de los asesinatos y decide aplicar su propia venganza. Amaia no puede detener a su hermana. 
El libro engancha desde el principio hasta el final. Ojalá no tarde la autora en sacar una segunda parte. No deja cabos sueltos y el estilo es fluido.
Lo único que, desde mi punto de vista, no cuaja es que en medio de una historia tan realista aparezca un ser mitológico como si existiera en realidad. Y esta dosis de fantasía desvirtúa la verdadera historia que transcurre a lo largo de la novela. Desde mi punto de vista, la visión del basajaun sobra.

La boca agua

Se me hace la boca agua al pensar en comida italiana. Ya no voy a comer pasta tan rica ni pizzas tan buenas. Llevo levantada desde las 7,00h de la mañana, pero cada vez estoy más cerca de casa.

domingo, marzo 31, 2013

Mole Antonelliana

Me ha fascinado Turín. No esperaba una ciudad para caminar como esta, ni que todo estuviera junto, inmensas plazas llenas de mimos, fachadas neoclásicas y rectas, un castillo, torres, dulces...
No iba a ver la Sábana Santa, pues además la muestran cada no sé cuántos años, pero me ha gustado mucho pasar el día allí.

Rumbo a Turín

Como no me queda mucho de ver en Milán he decidido marchar a Turín. En principio iba a ir a los lagos, pero me he decantado por Turín, aunque sé que no veré la Sábana Santa, que la muestran una vez cada X años debido a su pésimo estado. Pero Turín es una ciudad monumental y me apetece pasar el día allí, en un sitio diferente a Milán.

sábado, marzo 30, 2013

Mezcla de culturas

Los días que llueve un sinnúmero de africanos se encuentran vendiendo paraguas a la entrada de la Estación Central. Los que no llueve venden pulseras de hilos con los colores de Bob Marley. Llegan a ponerse pesados, aunque son inofensivos. El truco es no tener contacto visual con ellos.
Esta ciudad está plagada de inmigrantes. Y eso que estoy acostumbrada a verlos en Madrid o me llamaron la atención en Lisboa. Pero aquí es como si se concentraran en sitios puntuales como estaciones o lugares turísticos.
Aunque el peor momento ha venido de la mano de un italiano. Acababa de llegar a los canales que se encuentran al sur, estaba lloviendo sin parar y he decidido tomar un café en la calle resguardada por un toldo gigante. Entonces le he visto mirar en mi dirección, una vez, dos veces, y he visto cómo se abría paso para sentarse a mi lado, acercarse y pedirme fuego. Es lo primero que ha pedido, después ha sido el Facebook, el número de teléfono y que quedáramos después para ir a tomar algo. Conductor de metro con vacaciones hasta el martes... 'Tengo ragazzo' le he dicho, pero ni aun así declinaba la invitación. Tendría más o menos mi edad. En cierto momento le he dicho 'arrivederci' y me he marchado bajo la lluvia.
Ese es el descaro italiano y no se lo reprocho, en Roma ocurrió algo parecido junto al Tíber. Y el último que me pidió el teléfono fue el taxista de Doha. Lo malo es que no vale con que digas que no una vez, sino que has de emular al Santo Pedro por lo menos, dejando bien claro que la negativa es firme.

Otra ciudad más gris

Ha amanecido lluvioso y como no es plan de quedarse de brazos cruzados mirando como llueve, he cogido un metro al sur de Milán, aunque parece otra ciudad. Es la parte de los canales, más gris, más industrial, más bohemia...

viernes, marzo 29, 2013

Santa Maria della Grazie

Aquí se encuentra 'La última cena' de Leonardo da Vinci, imposible verla si no se reserva con dos semanas de antelación, pero al menos había que acercarse a ver si caía una de suerte. No obstante, en la Pinacoteca Ambrosiana ya he visto una réplica, posiblemente mejor conservada que la real.

Castello Sforzesco

Se trata de un amplio castillo en el centro de la ciudad que llama la atención por su estilo lombardo. Para ser tan antiguo se conserva en buen estado. En su interior se guarda la 'Pietá Rondanini' de Miguel Ángel, magnífica escultura que dicen que está a medio acabar.

Pinacoteca Ambrosiana

Es la colección de pinturas más importante de la ciudad. Dentro se encuentran lienzos de Rafael ('La escuela de Atenas'), Tiziano, Leonardo y muchos más artistas del Quattrocento y Cinquecento italianos. El colofón final son los bocetos de Leonardo para el Códex Atlanticus, una magnífica obra de arte que se exhibe en la vasta biblioteca del Museo.

La Scala

El famoso teatro de la Scala de Milán no es tan pomposo por fuera como era de esperar. Enfrente tiene la estatua de Leonardo rodeada de otros dramaturgos italianos como Dante o Petrarca.

Galleria Vittorio Emanuele II

Llena boutiques con las marcas de ropa más internacionales, conecta la plaza del Duomo con la plaza del teatro de la Scala.

Duomo de Milán

Cuando subes del metro y te encuentras en la plaza realmente impactante las dimensiones de la catedral, la tercera catedral más grande del mundo (después de San Pedro del Vaticano y la de Sevilla). Para entrar un regimiento del ejército estudia a todos los turistas, revisando mochilas incluso. Teniendo en cuenta que dentro se encuentra uno de los clavos de Cristo, es lógico que haya miedo.

jueves, marzo 28, 2013

En el avión

Ya estamos en el avión. Va siendo hora de apagar el móvil. Hay algo en volar que me fascina... cada vez es como si fuera la primera vez. Adoro surcar los cielos.

Sorteando barreras

En facturación siempre hay mucha gente, se agradece quitarse la maleta de encima. Es la primera vez que me dicen que me quite las botas. A este paso llegará un momento en que la seguridad será tan alta que pasáremos el control de la policía en paños menores.
Estoy ya junto a la puerta de embarque.

Aeropuerto

Adoro esa tranquilidad del aeropuerto después del trasiego de la facturación y el control policial. Aunque en las puertas de embarque también hay gente no es lo mismo que en la entrada. Estamos en tierra de nadie. He tenido que comprar un libro porque el que traigo me lo voy a terminar antes de que acaben las vacaciones.

miércoles, marzo 27, 2013

Primera parada

Hoy tenía que hacer noche en Madrid, como no podía ser de otra manera. Quizás quiero dejarme influir un poco por el ambiente de la capital. Lo cierto es que hasta mañana no cojo el avión y que además podría haber venido mañana. Y sin embargo he preferido llegar hoy. Mañana por la mañana iré de compras por Gran Vía y Fuencarral. Pues he comprobado que, aunque festivo, los negocios abren. Esto es Madrid, no podía esperarse otra cosa.

Con la maleta preparada

En dos horas marcho a Madrid y mañana volaré a Milán. Tengo ese gusanillo de los viajes, de otro país, de otras gentes... Aunque está lluvioso.

martes, marzo 26, 2013

Como en una película de terror

Por ciertos azares de la vida hoy conducía un coche que no es el habitual. Y al volver a casa me acordaba de aquellas historias de terror en que aparecen fantasmas en una carretera solitaria una noche de tormenta.
No sé lo que he tardado en llegar a casa, veía frente a mí unos pesados nubarrones en un anochecer indeseado. Y con un coche que casi tiene más años que yo, a cincuenta por hora en una carretera solitaria, así como una tortuga he llegado a casa.
Está una noche terrible. King escribiría una buena historia al respecto.

lunes, marzo 25, 2013

Paso a paso

Ayer le prometí que le llamaría y no me he acordado hasta que he pasado por si oficina. Así que le he llamado mientras caminaba. Adorable, como siempre.
Me siento a gusto cuando hablo con él, me reconforta. Me da la sensación de que le conociera desde siempre.
Le quiero muchísimo.

domingo, marzo 24, 2013

Extraños domingos

Habitualmente los domingos no tienen mucho movimiento; para mí es un día enfocado al descanso: me levanto tarde, leo, escribo, paseo... Así que esta mañana, cuando a las 9.30h, me ha despertado el teléfono me daba la sensación de que estaba dentro de un sueño. Ni siquiera me reconocía en esa voz pastosa de quien se encuentra totalmente desubicada. Sólo he escuchado un 'te he despertado?' y me ha entrado la risa. Según quien llame puede llegar el mal despertar, pero esta mañana no. Al final una hora después me iba a una reunión a la que no tenía previsto acudir, aunque la de esta mañana era una reunión para disfrutar...
Pasaban las dos de la tarde cuando le he enviado unas palabras al ángel, podía haberle llamado pero he preferido mandarle un whatsapp rápido. Aunque no ha sido para quedar con él. No me hubiera importado, no, mis palabras eran por trabajo, quizás por eso he preferido no llamarle.
No queda nada para volar a Milán.

sábado, marzo 23, 2013

Tarde de encantamiento

Hoy volvía a casa cuando me he encontrado otra vez con el arco iris. Perfecto, mágico, sensual... Me he acordado de ese ángel de mirada perfecta.

viernes, marzo 22, 2013

Amalgama de aromas

Hoy no he visto al ángel, pero como por la tarde no he trabajado he estado de paseo, un paseo tras la lluvia, y me he introducido en esa amalgama de colores y aromas que queda después...
Había un arco iris perfecto.

jueves, marzo 21, 2013

Brillaba el sol

No hay nada como empezar el día con el sol frente a ti. Así que esta mañana a las diez, tras un frugal desayuno en Ezcaray, cerrar una cita pendiente, a las diez aparcaba de nuevo donde siempre. Entonces iba a cruzar la calle cuando lo he visto venir desde lejos, y he esperado a que pasara... 
También podía haber esperado a que llegara caminando, porque he visto incluso dónde aparcaba, pero no me apetecía comenzar una conversación matinal donde yo aún no me encontraba totalmente despejada. Como el café aún no había hecho su efecto, he preferido seguir mi camino. Aunque si le hubiera esperado, estoy segura de que le hubiera dicho que fuéramos a tomar un café. Café solo para él. Me hubiera gustado ver su sonrisa perfecta...

Hoy brillaba el sol.

miércoles, marzo 20, 2013

Bienvenida la primavera


Unos minutos más tarde de las doce del mediodía comenzaba la primavera. ¡Qué curioso! Siempre pienso en el día 21, ya que en Ciencias Naturales, cuando éramos pequeños, nos inculcaban que empezaba el día 21 de marzo. No eran tan concretos como para saber exactamente el minuto, e incluso la milésima de segundo en que la primavera hacía su aparición.
Bienvenida sea. Se me ha hecho muy largo este invierno. Crudo, largo y blanco. Y, sin embargo, ha habido momentos inolvidables, como situaciones insalvables y evocadoras de Nochevieja, o simplemente el último sábado, y cómo olvidar el día de los enamorados.
Esta vez le escribiré una postal desde Milán. Lo sé. Si mal no recuerdo, creo que llevo aproximadamente dos años sin escribirle una. Pero ahora vuelvo a estar “tocada” por su magia. Eso es lo que descubrí el sábado pasado. Ha vuelto la magia y adoro que así sea. Pero ahora hay además una comocidad con él que antes no sentía. Y la complicidad. Demasiada complicidad. Ya no somos dos desconocidos. Ya hablo con él como si le conociera desde siempre.
Le quiero tanto…