
Esta tarde, al recordar mi primer día en Berlín, he paseado de nuevo por este museo. Es impresionante, enorme y en el interior es muy fácil perder el rumbo. De hecho, ese es el objetivo principal de sus pasillos laberínticos: de repente estás en un minúsculo zulo como te encuentras en medio de la nada.
No imaginaba cuánto me iba a impresionar, ya no sólo por su estructura exterior, sino por todo lo que te hace experimentar cuando estás dentro. En el interior, llegas a desconectar del mundo de una manera inimaginable. Ya no es únicamente la grandeza, sino la deliberada desproporción de la construcción, porque todo parece estar en una especie de "desorden armónico".
El Museo Judío de Berlín, desde su apertura en 2001, constituye un imán para el público, atrayendo a la gente incluso para verlo solamente desde fuera. Sin duda, su arquitectura es la principal causa de esta popularidad.
El arquitecto Daniel Libeskind diseñó dos estructuras lineales que, en conjunto, forman el cuerpo del edificio. El zig-zag es lo que mejor describe la forma del Museo Judío.
Aunque el nombre oficial es "
Jüdisches Museum" se le ha llamado también "Entre líneas", porque se trata de dos líneas de pensamiento: la organización y la relación. Una es una línea recta, pero con muchos fragmentos rotos, y la otra es una línea tortuosa que continúa indefinidamente. En las intersecciones de estas líneas se encuentran espacios vacíos, llamados "
Voids", que se elevan verticalmente desde la planta baja del edificio hasta el techo. Libeskind imagina la continuación de estas dos líneas a través de toda la ciudad de Berlín y más allá.

La fachada no permite sacar conclusiones sobre el interior del edificio, ni la división de los niveles o salas. La posición de las ventanas son estrechas hendiduras que siguen una matriz precisa. Durante el proceso de diseño, Daniel Libeskind trazó las direcciones de los judíos y ciudadanos alemanes en el mapa de Berlín antes de la guerra, y los unió de forma irracional e invisible, formando una matriz, en la que se basan el lenguaje de la forma, la geometría y la forma del edificio. La colocación de las ventanas también se basa en esta red de conexiones.
El edificio Libeskind está revestido de zinc, un material muy usado en la arquitectura de Berlín.

En la fachada se puede apreciar la estrella de David partida, aunque a mí me costó un rato encontrar las cinco puntas.
Los "Voids" representan el elemento estructural del edificio y la conexión con el antiguo edificio que albergaba el Museo Judío. Una escalera lleva al sótano a través de un hueco desnudo de hormigón, uniendo los dos edificios. Cinco cavernosos "Voids" corren verticalmente a través del edificio Libeskind. Descubren muros de hormigón, no se calientan ni tienen aire acondicionado y no tienen luz. Los "Voids" del edificio se refieren a lo que nunca puede mostrarse cuando se trata de la historia judía de Berlín: la Humanidad reducida a cenizas.
En el viejo edificio se encuentra el Centro de Aprendizaje Rafael Roth, donde hay un sistema compuesto por tres ejes que simbolizan tres realidades de la historia judía alemana. El primero de estos ejes es el "Eje de la continuidad". El autor describe este eje como la continuación de la historia de Berlín, la ruta de conexión con otros ejes que se ramifican. El "Eje de Emigración" conduce a la luz del día, fuera del edificio, y al Jardín del Exilio. Las paredes están ligeramente inclinadas. Una puerta muy pesada se abre hacia el Jardín. El "Eje del Holocausto" es un callejón sin salida. Se vuelve cada vez más oscuro y estrecho y termina en la Torre del Holocausto. Los tres ejes se cruzan, simbolizando la relación que existe entre las tres realidades de la vida judía en Alemania.

El Jardín del Exilio es un intento de desorientar al visitante. Representa un naufragio en la historia. Está formado por 49 columnas que se concentran en una pequeña parcela.

El Jardín está inclinado 12º, lo que da una sensación de inestabilidad y falta de orientación, la misma que experimentaron los judíos expulsados de Alemania. Los pilares simbolizan la esperanza.

La Torre del Holocausto es la única torre del edificio. Tiene 24 metros de altura, está aislada y carece de calefacción. Está iluminada desde arriba por una ranura muy estrecha. Los ruidos del mundo exterior son audibles y aquí la normalidad es inalcanzable. La desnuda y vacía Torre del Holocausto judío conmemora a las numerosas víctimas de los asesinatos en masa.
