jueves, noviembre 16, 2006

Roma: lo que fue y lo que es

En verano muchos fueron los que me pidieron, a mi vuelta de la capital italiana, que contara cosas sobre aquel lugar. Varios meses después, cojo los fragmentos y las imágenes que recopilé en su momento.

Roma es una ciudad que enamora y, a la vez, decepciona. Cuando caminas por sus calles da la sensación de que respiras aires de hace siglos, da la impresión de que estás viviendo en otra época, da la sensación de un poder, ya obsoleto, que se refleja en cada piedra de sus monumentos, en cada fachada de sus viviendas, en cada adoquín de sus calles... Roma tiene un patrimonio inmenso, tanto que dudo que reciba tantas subvenciones para cuidar de tanto edificio antiguo. Dudo porque el estado en que se encuentran dichos edificios es deprimente y lastimoso. Los romanos no cuidan lo que tienen, y eso se hace evidente para el viajero que visita la ciudad, con la ilusión de encontrarse un Coliseo intacto y que realmente se cae a pedazos, un circo que es simplemente una inmensa explanada donde no hay nada que ver (¡ojo! el Circo Massimo viene anunciado en las guías como algo importante y cuando llegas te preguntas dónde diablos está ese circo tan importante), unos parques que parecen selvas, donde hay animales por todos los rincones, un Foro que está en mal estado, donde los capiteles se encuentran alineados por las sendas por las que pasas... Y realmente esto es lo que decepciona: el mal estado en que se encuentra todo, sobre todo si se añade el hecho de que las basuras se acumulen en las calles desprendiendo un fétido olor que impregna también las paredes de esos monumentos. Y es que en Roma no hay contenedores. De ahí que los restaurantes a la hora de comer sean detectados antes por el olfato que por la vista. Otra cuestión que no es muy positiva es que apenas hay semáforos. Muchas veces temí ser atropellada en las calles italianas. Sí que hay pasos de cebra, pero allí -cosa extraña- los automóviles tienen preferencia a los peatones. Así cruzaba yo un paso de peatones (sin semáforo) hacia la Piazza della Repubblica, cuando un coche casi me lleva por delante. Y mientras cruzaba la calle el conductor pitándome (a saber la sarta de improperios que me soltó en italiano y no entendí).
A pesar de todas estas cosas, que no ponen a Roma en muy buen lugar, la ciudad está dotada de un encanto especial. Su gente es acogedora, son buenos anfitriones, te hablan por donde quieras que vayas, tienen una gran simpatía y les encanta ver la ciudad llena de turistas. En cierto modo, los italianos son zalameros, y sobre todo risueños. Y conocer un país no es sólo conocer sus monumentos ni su historia, sino conocer su gente, sus tradiciones, entrar a formar parte, durante unos días, de ese otro mundo, mezclarse con ese entorno al que no perteneces y pasar inadvertida, mientras saboreas con los ojos todo aquello que te rodea, mientras asumes y guardas para ti esas pequeñas curiosidades que te harán recordar ese viaje y mientras recoges en tu mente todas esas experiencias que ocurrieron allá.
Hay una parte de la ciudad de la que es mejor hacer un inciso aparte: la Ciudad del Vaticano. Entrar en la sede de la Iglesia Católica Apostólica supone un cambio respecto a la otra ciudad que es Roma. La inmensa plaza oval de Sant Pietro está llena de Carabinieri (policía italiana), es una plaza que no puede ni compararse con el resto de plazas de Roma. Allí todo destila belleza y limpieza. Allí no verás basura acumulada, lo que realmente se acumula es gente, gente de todo el mundo, gente de todas las razas, clérigos y laicos. El Vaticano es, sin duda, la parte de Roma que más valor tiene, y no me refiero al valor religioso que le da la gran mayoría, sino el inmenso valor económico, el amplísimo patrimonio que tiene tras sus muros. Ya sorprende por ejemplo encontrar allí esculturas que imaginabas que eran propiedad del Estado italiano, esas esculturas que estudié una vez en Historia del Arte, véase: "El Laocoonte y sus hijos devorados por serpientes". ¿Quién iba a imaginar que la célebre e impresionante escultura se iba a encontrar en los museos pontificios? Así era. Las propiedades de los curas son tan vastas como incalculables.
Así que Roma, en definitiva, es un mundo de contrastes: lo que fue y lo que es, Roma como ciudad y el Vaticano como poder eclesiástico sobre gran parte del mundo, los restos de aquel Imperio que dominó el mundo y la ciudad que lucha en las sombras por lo que no volverá a tener, la pobreza mendicante que rodea las calles romanas y la riqueza que se respira en San Pedro, el Tíber rodeado de las inmensas cúpulas que rayan el horizonte al atardecer...

El viaje

No sé a qué hora llegué al aeropuerto de Barajas, comí frente a los monitores donde te informaban de la puerta y hora de embarque. Estaba ya en la zona vip, había pasado la policía que por una vez no me pitó (El cinturón y los zapatos me suelen pitar siempre).

La primera foto es del hall, antes de abandonar la maleta.









La puerta de embarque para Roma-Fiumicino. Fiumicino es una terminal del aeropuerto Leonardo da Vinci. Está a media hora del centro de Roma en tren, en el oeste, junto al mar. Al aterrizar no lo vi porque no estaba junto a la ventana (se me olvidó pedirla). Pero al despegar se ve la costa italiana... Es precioso. Ese mar Tirreno...

Esta es la estación de tren de Termini, en el centro de Roma y a 10 minutos de mi hotel. Hay dos personas señaladas. Y como se puede observar la gente está mirando y riéndose. El que está detrás, de pantalones amarillos, debía estar loco y se puso a perseguir al otro, éste se reía de él y no paraba de dar vueltas. Era un show.

Esta es la parte superior de la entrada a la estación de tren más importante de Roma, mientras debajo la gente se reía de un pobre loco que no sabía lo que decía ni lo que estaba haciendo.


Tras dar mi nombre en el hotel, dejar las maletas, ducharme y prepararme, en tiempo récord estaba de nuevo en la calle. Pasaba en las inmediaciones, buscando el metro más cercano, que estaba en línea recta, por la Via Cernaia.
Ese edificio es Santa Maria degli Angeli. Un monumento que tenía excavaciones.

La Via Cernaia era bastante larga, y por la noche daba algo de miedo. Cuando volvía la primera noche, después de cenar, andando (sobre las 11), dos coches me empezaron a hacer señas, no iban juntos, me hice la loca, pero tenía que cruzar la calle y uno de los coches paró justo al lado del paso de cebra. Cuando iba a cruzar, me decía algo y le salté en mi castellano más castizo: Lárgate, anda y le hice gestos con una mano, sin mirarle, como diciendo: Fuera, fuera. Al lado había una parada de autobús con gente, así que tampoco tenía tanto miedo. Pero algo sí que pasé. En Italia... una chica sola... pufff El tío se largó, claro.

Piazza della Repubblica

Era una semicircunferencia partida en dos por una calle. Allí tenía el metro más cercano, pero de poco me serviría porque lo cerraban a las 9 de la noche. Además sólo había dos líneas. Y después de lo de los coches que me invitaban a subir en primer día opté por coger los autobuses, que me dejaban casi al final de la Via Cernaia.


El metro por dentro. Aparte de cutre, las escaleras están súper empinadas. Yo no podía mirar para abajo, por algo tengo vértigo.



Piazza di Spagna

Había carruajes en casi todos los sitios turísticos, que te enseñaban la ciudad. Me recordó a los que hay en el parque María Luisa de Sevilla. Junto a los carruajes había personajes vestidos de centuriones romanos. En el Coliseo llegaban a más porque los había disfrazados también de gladiadores.




Estos edificios y estas palmeras están junto a los escalones.


Esto es en el otro lado de las escaleras. Como puede apreciarse hay mucha gente, casi todos turistas.


La fuente que está justo debajo.
Roma está llena de fuentes de todos los tipos y en todos los rincones. A cada pocos pasos tienes un chorro de agua potable. Y es algo normal, que hace mucho calor. Deberíamos tener más fuentes en España, no sólo de decoración, sino también para beber.

Aquí ya iba subiendo. Luego se ve una foto de las famosas escaleras desde abajo.






Hay una persona señalada, mira para arriba. Después de hacer esta foto, se levantó y empezó a seguirme. Miraba para atrás y le veía detrás. Creo que me perseguía, aunque no estoy tan segura. Estaba a una distancia prudencial. El caso es que yo subí las escaleras por su lado y me dijo algo, le miré y pasé, y siguió hablándome, pero yo seguí a lo mío, es que soy muy borde con los desconocidos, ni contesto ni nada.


Esto es desde arriba ya. Hice la foto, miré para un lado y el negro detrás.
Después bajé rapidísimamente y me fui al metro directa para ir hasta la Fontana di Trevi. Allí perdí de vista al negro y ¡menos mal!
Vale, falta la foto de las escaleras de la Piazza de Spagna, pero sale más adelante.

La boca de metro de Spagna.
Podría haber ido andando, pero quería perder de vista a mi perseguidor.
El caso es que Roma te lo puedes recorrer andando sin mucho esfuerzo. Todos los restos de arte, monumentos, etc. están juntos, en el centro. Así que me di mis paseos.
Sólo vi un museo. Allí casi todo lo tienes al alcance de la mano, a pesar de algunas filas horrorosas.

Fontana di Trevi y alrededores

Todas las fachadas de los edificios están policromadas, y sino tienen alguna escultura, o vírgenes... Además caminabas y sólo veías banderas italianas colgando de los balcones, los restos de la euforia futbolera italiana en el Mundial.

Este tipo de fachadas me recuerdan algo a Lisboa. Para mí Roma es una mezcla entre Madrid y Lisboa, los portugueses peor, claro, pero los españoles mucho mejor. Roma es señorial, pero son los restos de una vieja gloria, que deberían restaurar, son los resquicios de un pasado legendario de lo que fue en cierta época. Los italianos son descuidados, desordenados, dejados...
Con el patrimonio que tiene es una pena que lo conserven así de mal. No estuve por la noche en el Coliseo, pero me imagino las bolsas de basura al lado y me da penilla.

Este edificio está ya frente a la Fontana di Trevi. Justo debajo había mimos. Todos los mimos que vi eran iguales. Iban de blanco, con una sábana y una corona, imitando a los grandes dioses romanos.


Sin palabras... Es preciosa. Anochecía entonces, y estaba llena de gente, aunque llegué al borde del agua. Me hubiera gustado verla de día, pero creo que no era mal momento aquel en el que estuve, y después no tuve tiempo de volver. Te ofrecían flores, y todo el mundo tiraba su moneda.

El agua es clarísima y se ven las monedas en el fondo. ¿No era Dan Brown el que habla de dónde van las monedas de esta fuente?
Si mal no recuerdo era en Ángeles y Demonios, que transcurre en Roma.


Mi primera cena en Roma, en las inmediaciones de la Fontana di Trevi. Cené lasaña y ahí es donde me puse a escribir postales bajo los efluvios del Lambrusco.




Lasaña, lambrusco y tiramisú. Este postre en cada sitio te lo ponen de una manera y con mil motivos decorativos diferentes.
En esta terraza me pasó una cosa curiosa a la hora de pedir la cuenta. Mis conceptos de italiano son bastante nulos en lo que respecta a una conversación fluida, aunque yo lo intentaba, y entendía perfectamente, y como la mejor manera de integrarse es hablando el idioma, le dije al camarero cuando me miraba: Le conto, per cortesia. Empezó a reírse y se me acercó sonriéndome y haciendo gestos, era para regañarme pero en buen plan: Il conto, il conto. Mi fallo fue poner el artículo masculino francés, y no el italiano.

La Piazza della Repubblica de noche. Es preciosa. Hasta aquí fui acompañada. Yo me iba a coger un urbano cuando delante de mí veo un grupo de chicos y chicas. Uno de los tíos llevaba una camiseta del Barça y le dije un "Visca Barça". El caso es que se dieron la vuelta y me preguntaron si era española y yo: Sí, española y del Barça. Me puse a hablar con ellos y en Repubblica nos despedimos. Eran casi todos de México, majísimos.


Via Cernaia, uno de los pocos semáforos que vi, cuando ya había pasado el miedo de los coches que se me paraban al lado y caminando a toda hostia para llegar cuanto antes al hotel. AVANTI!


El cartel del hotel. Hacía esquina. Realmente molaba.








2º día
Nada más levantarme me cogí un autobús a Sant Pietro.
Esta es la parada del autobús. Creo que eran sobre las 9,30 de la mañana.
En el Vaticano hay carteles señalando cómo debes ir vestido. Nada de pantalón/falda por encima de las rodillas, y nada de tirantes ni escotes. Todas mis camisetas ¡¡eran de tirantes!! Lo pensé antes de salir pero decidí arriesgarme. Por supuesto que entré. Esto es para contarlo, poner una foto mía de aquel día en el Vaticano y decir: Así entré en la basílica, a pesar de la normativa de la ropa.
Hay que echar cara a todo. Si no me hubieran dejado me hubiera acercado a un puesto cercano a comprarme algo para ponerme encima. Y vendían pañuelos para ponerse por los hombros, pero eran horrososos y tenía claro que pasaba de gastarme unos euros por un pañuelo que ni siquiera mi abuela se pondría.

Es impresionante. Todo el arte que tiene el Vaticano, un valor incalculable, la Iglesia tiene dinero por todos los lados. Yo me quedé impresionada. Y realmente lo que más vale de Roma, aunque me pese admitirlo, es el Vaticano. Además es lo que más cuidado está; estos curas...

La plaza ovalada que forma parte de otra plaza más grande, alargada. El Vaticano se construyó sobre un circo romano y sigue la misma dirección. Quizás debiera hacer una foto al libro, impreso por la Editorial Vaticana, que me compré allí. También tienen oficina de Correos.










El obelisco del centro.






La fachada que tantas veces hemos visto por la tele... en cuyos balcones aparece el Papa de vez en cuando a decir su universal: Orbi et orbe...



También tenía fuentes, a cada lado del obelisco.
Hay muchísima gente. La fila para entrar en la basílica era inmensa, aunque cuando me fui era más larga todavía. Tienen controles como en los aeropuertos para entrar dentro.


La guardia suiza del Vaticano... parece sacada de un circo...








Las esculturas de la parte superior de la fachada principal... Impresionantes.





La plaza de San Pedro desde la puerta principal.





Los techos...

La cripta con tumbas...

La tumba de Juan Pablo II.
Me tuve que arrodillar después de hacer la foto porque el guarda que estaba al lado me miraba mal, o quizás me miraba mal por mi vestimenta... preguntándose quizás cómo me habían dejado entrar así.
No exagero cuando digo que había gente casi desmayada en las inmediaciones de la losa donde yacen los restos del anterior Papa, mucha gente llorando y mi paso por allí fue terrible, en el sentido de que no me gustó ver a tantos religiosos rezando por el alma del pontífice fallecido, como si con esos rezos pudiera volver.

De nuevo la guardia suiza, aquí más de cerca porque pasábamos a su lado, aunque no nos podíamos acercar.




Para ir a los Museos Vaticanos, que era lo que a mí me interesaba, tenías que dar la vuelta al edificio. Es la fila más larga que pillé. A pleno sol, los negratas vendían bolsos de pega imitando grandes marcas, pañoletas para taparse los hombros, estaban los de Seguridad de Roma y desde una furgoneta repartían agua gratis, supongo que para asegurarse de que nadie se deshidratara bajo el sol. Cuando das la vuelta al Vaticano y ves que ¡¡es una fortaleza!! te quedas loco.


El muro exterior de Sant Pietro, junto al cual iba la fila de gente para entrar en los Museos Vaticanos.




La puerta del Papa, inmensa...







La salida del Museo. Cuando estaba junto a la puerta escucho detrás de mí en castellano: Pues a esta chica no la van a dejar entrar por los tirantes. Me di la vuelta y me lo repitieron. Y yo: Ah, pues en la basílica sí que me han dejado entrar. Eran de Valladolid. Había mucho español. También aquí entré en tirantes, pero aquellas señoras estaban seguras de que me pararían en la puerta, donde también había un cartel con la indumentaria que se debía llevar encima.

Aquí es cuando te quedas como loca. Techos, cuadros, esculturas, jarrones... Todo impresionante.




Este es un jardín, llamado "de la piña", aunque la piña no estaba. La bola que hay en el centro es un globo terráqueo formado por dos círculos concéntricos.












Otra de las fuentes de ese jardín. El agua es así de clara en todas las fuentes de la ciudad.





El Vaticano está lleno de galerías inmensamente largas, no se ve el final. Y todo es arte por los cuatro costados.



Vistas de Roma desde el Vaticano.



Estatua de Apoximenos.










Un claustro lleno de escultura... Ahí están muchas de las estatuas que yo estudié en Historia del Arte y que imaginaba que serían propiedad estatal de Italia, no que estaban en el Vaticano.


Si no me equivoco mucho y por lo que lleva en la mano, debe ser Perseo con la cabeza de la Medusa.






Ésta ni idea, un dios posiblemente (castrado).







Tampoco lo sé, aunque me da que es uno de los continentes.





¡Eureka! El "Laocoonte" ¡propiedad de los curas! Increíble. Pensaba que era una escultura más grande de lo que es, sí, es grande, pero yo me la imaginaba mucho más gigante. Que vi esculturas titánicas al lado de esta. Es impresionante verlo en directo.



Tampoco sé quién es.








No hice fotos a todas las esculturas ni a todos los cuadros, sólo de los que me llamaban la atención. Sino sería la historia de nunca acabar.


Esto es una copia a lo bestia del interior del Panteón. Hasta la cúpula es parecida.


Las estatuas de esta sala eran gigantes. Dos metros mínimo sobre un pedestal de otros dos metros.

Más salas...



Todo el suelo estaba decorado con mosaicos y teselas, pero muchos no se podían pisar.






No sé por qué hice una foto a esta diosa de ¿la fertilidad, la maternidad? Hay que fijarse en la cantidad de pechos que tiene. Lo que no entiendo es cómo los curas no se los han tapado.




La sala de los mapas... No se ve el final. Policromada con pinturas varias y doradas, es inmensamente larga. En sus paredes sólo hay pinturas de mapas...







Y cruzando salas y más salas... llegamos al momento más esperado de todos...
¡TACHAN! La Capilla Sixtina. Prohibido hacer fotos y tal. Pero como es Italia y las normas se las saltan a la torera... todo el mundo hacía lo que le salía de la manga. Sí, yo también hice fotos.





Nos dirigimos a la salida. También hay restaurante, pero prefería comer fuera. Me cansé de tanto arte... Visto mi objetivo, la obra pictórica magna de Miguel Ángel, sólo quería salir de allí.




Ésta es la escalera de bronce que te conduce hasta la salida.







El muro del Vaticano. Así se veía desde la terraza desde donde comí un revuelto de pasta de cuyo nombre no me acuerdo. El caso es que quería sacar a los negros de los bolsos levantando el campamento cada vez que aparecía un coche de los Carabinieri, pero sólo saqué el coche de los polis.
Y la comida, acompañada con agua, que tenía mucha sed debido al horrible calor de la capital italiana.


El Vaticano no es sólo San Pedro, sino también los alrededores, en cuyas tiendas te podías encontrar estas perlitas:



La Ciudad del Vaticano fue una ciudad fortificada, de cuya muralla aún quedan restos.




Las calles son turísticas 100%. En esa última se ve un buzón y un estanco.

Desde todos los sitios se ve la cúpula del Vaticano, mira que hay cúpulas en Roma, pero esa se ve desde todos los lados.


Y de repente aparece el castillo de Sant´Angelo, también propiedad de la Iglesia.

Es precioso.

El puente de Sant´Angelo y el Tíber...


Y el castillo:


Las vistas desde el castillo:



Estos son los edificios anexos a Sant Pietro.





El interior del castillo de Sant´Angelo.







En el castillo está prohibido hacer fotos, aunque aquí hay una persona que "no entendía los carteles en italiano".




Había armas de guerra, como catapultas.








Había capillas antiquísimas.








Ésta es la escalera de salida.





Más partes del castillo...

... y los cañones...



Es curioso cómo contrasta toda esta maquinaria bélica con las palabras de paz que anuncia el Santo Pontífice, sobre todo teniendo en cuenta que el castillo también es propiedad del Vaticano.

Ya fuera del castillo, y antes de cruzar el puente de Sant´Angelo me encontré con esta panorámica de la playa del Tíber. Con el calor que hacía ganas daban de bajar y refrescarse abajo, pero me quedaba mucho por ver.

El puente es precioso:






Caminando por Roma en busca de una plaza...





Cada rincón tiene su historia, todas las piedras la cuentan...
Callejuelas estrechas y banderas de Italia por todos los lados...




Edificios que llaman la atención por sus motivos artísticos, edificios que no tienen por qué ser oficiales ni están abiertos al público.



Piazza Navona


Esta plaza me recuerda a una plaza de Munich, también de forma ovalada, en cuyos laterales había terrazas y tiendas de recuerdos.

Los alrededores de esta plaza estaban totalmente volcados al turismo.








Algo típico... en las gelaterias no sólo vendían helados, sino también recipientes de plástico llenos de melón y sandía, y para refrescar venían bien, a pesar de las pepitas... No pude con todo.




El Panteón. Me encantó este edificio.





El pórtico.




El interior.





El frontispicio.
Me senté en las escaleras del obelisco de enfrente y me puse a dibujarlo en mi cuaderno de viaje. Unos niños españoles al lado me miraban con curiosidad.



Esto me lo encontré por la calle. Es sorprendente que cada pared, cada muro, cada rincón es arte.



El templo de Adriano


La Piazza Colonna y una columna copia de otra más antigua (la columna trajana), que luego sale por ahí:



Y justo cuando pasaba junto al Palazzo Montecitorio, que estaba con andamios, por lo que no se veía la fachada, me encuentro con un Guernika, que me llamó la atención. Siempre nos fijamos más en las cosas que nos resultan conocidas o más cercanas. Este Guernika estaba hecho de teselas, como si de un mosaico se tratara.


Y caminando llegué, casi sin darme cuenta, a la Piazza Barberini, donde había metro.



Cuando llegué al Coliseo (Colosseo) me impresionó. Siempre lo vemos en los libros y no parece tan grande como realmente es. De verdad que me lo imaginaba más chico. Salir del metro y ver ese edificio que ha soportado el paso de los años... tan inmenso...
Así es tal y como se ve desde que sales del metro. Hay de más de gente.



Si miramos a mano derecha se ve una parte del Foro.





Y en el centro, entre el Coliseo (a la izquierda) y el Foro (a la derecha) se vislumbra la parte de arriba del Arco di Constantino; es el más grande de los que vi, pues luego se ven otros arcos, pero son más pequeños.


El Coliseo es un anfiteatro. Un teatro y un anfiteatro se diferencian en la forma, en el anfiteatro ovalada o circular, en el teatro semicircular.



Aquí está de más cerca. Los italianos lo podrían conservar mejor. Hay partes que están movidas o casi caídas.
Aquí es donde empezaba la fila cuando yo llegué. Estoy segura de que cuando salí era aún más larga. Hasta que entré rodeé la mitad del Coliseo. No me gusta esperar filas, pero ésta y la del Vaticano merecían la pena.

A pesar de estar al aire libre no se puede fumar dentro. Las huellas del tiempo se ven perfectamente entre sus piedras. Del suelo de la "arena" no queda nada, hay una parte con un tablado para enseñar a la gente cómo debía ir. Lo que se ve en el centro es donde estaban las jaulas y los gladiadores.




Las gradas ya no hacen escalones, sino que corren rectas hacia abajo.






El centro del Coliseo:

Vistas desde el Coliseo.

El Arco de Constantino que se ve a mano izquierda, y más al fondo, en dirección al Foro, el Arco de Tito, diminuto, en comparación con el otro.


Eso forma parte del Foro, pero es de un Foro posterior, ampliado el que todos conocemos como Foro Romano. Ese que se ve es el llamado Foro Imperial.
Recordando aquellas clases de Historia Universal... Tras la creación de Roma, los romanos pasaron por varios tipos de política. Primero fue monarquía, después república, y tras la expansión por el continente y por África (después de Aníbal "el Cartaginés") se convirtió en el Imperio Romano, que tras los excesos de la buena vida terminó decayendo lentamente.
Pues el foro comienza a construirse en la época de la República y se extiende durante el Imperio, de ahí que en el Foro Romano se distingan las diferentes etapas de su construcción. Esa vista que se ve es de la última etapa política de Roma.

Una parte de la Domus Aurea:
Todo el espacio comprendido entre el Coliseo y esto, traducido del latín "casa dorada", era antes del famoso incendio de Roma por aquel loco de nombre Nerón, un palacio perteneciente este botarate (ya lo decía Obélix: Están locos estos romanos). El Coliseo lo mandó construir Vespasiano tras el incendio sobre las ruinas del palacio de Nerón en el siglo I.


Me senté en una cafetería a tomar un capucchino y agua, que ese día hacía de más de calor. Tanto... que esa tarde en el Foro me cogió el sol, porque por la noche en el hotel tenía los hombros rojos.



Esta parte del Coliseo es la que quedará grabada en mi "cuaderno de viajes" para la posteridad. Mientras tomaba el café dibujaba. No me salió mal.



Cuando me levanté, me hizo gracia este coche. Es como si viene un "guiri" a Madrid y ve un 600, pues más o menos en ese plan.




Arco di Constantino





Toda Roma -al menos el centro- está empedrada con adoquines, pero en esta parte el suelo estaba formado por piedras enormes.
Los romanos sabían lo que hacían, y si yo les admiro por algo es por lo magníficos arquitectos que eran, y no sólo respecto a construcciones, comunicaciones... sino por el hecho de ser capaces de construir canales para llevar agua de un sitio a otro, acueductos, etc.

Este camino lleva al Foro Romano, que comienza justo en el Arco di Tito, ubicado al final. De las siete colinas de Roma yo estuve en unas cuantas, aunque no en todas. La colina donde se encuentra el Foro es el Palatino, aunque no subí a lo más alto hasta la tarde.

Foro Romano, todavía se aprecian varios templos.
















He ido subiendo, hasta terminar de ver el Foro desde arriba.
Desde la foto del arco, donde comienza el Foro, esa colina que va subiendo es el Palatino. La colina donde me encuentro en la última foto es el Capitolino.
El Capitolino está formado por un Museo (al que no entré) y por el Campidoglio, que es un edificio inmenso, con fuentes de dioses gigantes donde venía bien refrescarse después de la caminata al sol.

Pero antes de llegar a la plaza del Campidoglio me encontré con esto. La figura original, más grande y sin estar expuesta a las inclemencias del tiempo, se encuentra en este museo del Capitolino, donde no entré.
La imagen no necesita mucha explicación porque todo el mundo sabe que Rómulo y Remo, fundadores de Roma, fueron amamantados por una loba cuando eran pequeños.



El Campidoglio: la fachada.









La plaza del Campidoglio.






El pie enorme de uno de los dioses apostados en la fuente, junto al que yo me había sentado (uno de los pocos lugares con sombra en esos momentos).


Tras un pequeño descanso a la sombra y tras haberme refrescado en esa fuente (que no era de agua potable), decidí bajar del Capitolino, pensando que ya no tendría que subir más escaleras en todo el día... ¡Ilusa de mí! Si Roma sólo tiene cuestas y colinas.

En imágenes anteriores se veía un edificio de mármol blanco que surcaba el cielo. Desde aquí también se veía.
Bajando ya del Capitolino, el edificio de mármol blanco me llamaba la atención, aunque no me apeteciera mucho subir escaleras bajo ese sol inmenso (tampoco me imaginaba que habría de ser tan horrible el ascenso). El mármol llama la atención y a los romanos les sale barato el mármol porque tienen cerca las minas de Carrara, de las cuales los clásicos supieron abastecerse y aprovecharse muy bien.

Piazza Venezia


El edificio que se ve ahí es el Palazzo Venezia.






La famosa Colonna Traiana (columna de Trajano).





El edificio de mármol es el Monumento a Vittorio Emanuele II.

Guardado por policías y con una llama eterna a cada lado, subía las escaleras justo a la una del mediodía, en el momento en que hicieron el cambio de guardia.
La verdad es que no me llaman mucho la atención los cambios de guardia. Cuando vas a cualquier ciudad la gente se emociona viéndolo. A mí es algo que me atrae poco o nada.




Una llama que nunca se apaga.






No te podías sentar en las escaleras. Enseguida venían los Carabinieri, que rondaban por allá, y te levantaban. Yo no me senté, pero unos japoneses a mi lado sí, y les levantaron.



El monumento no tiene mucho que ver, es simplemente el monumento en sí, una obra de arte magnífica que surca el cielo romano.




Las vistas desde allí son impresionantes.





Es un edificio oficial y a la columnata de arriba no se podía subir.


Cuando ya bajé busqué un lugar para comer y qué mejor que rodeada de tanta piedra...
Esta vez no se me olvidó apuntar el nombre del plato, que no necesita ni siquiera traducción: Tagliatelle ai Funghi Porcini.
La lechuga se quedó. Me gusta la lechuga, pero no las hojas de fuera. Y esas eran las más verdes. A mí me gustan las hojas del corazón de la lechuga.

Teatro Marcello
Yo pensaba que se trataría del Circo Massimo, pero no, miré el mapa y el Circo que quería ver no era éste. Hay una parte de la fachada del Teatro Marcello que está restaurada y contrasta con la antigüedad de su alrededor.
Aquí no se podía entrar, pero podías caminar entre sus piedras. Todos los edificios que estaban alrededor del Teatro Marcello formaban parte del mercado romano.






Esto son unas termas, fácilmente reconocibles.
Lo que está claro es que los romanos construían todos los edificios importantes juntos. No hay que olvidar que en esta zona me queda el Foro a un lado, el mercado a otro y que todavía quedan más edificios por ver. Están todos juntos y se pueden recorrer andando.

Por aquí me dedicaba a buscar el Circo Massimo (que no debía estar lejos) y me perdí entre tanto monumento, pero encontré cosillas preciosas. No es de extrañar que me perdiera buscando el susodicho Circo, pues cuando estás delante te cuesta comprender que es eso mismo lo que estás buscando.
Esta foto es la colina del Aventino.

Otros monumentos que me encontré en esta pequeña pérdida y que no sé el nombre.






Templo de Portuno







Templo de Hércules Vencedor







Arco di Giano





Y por fin encontré el Circo Massimo.
¿Es normal, una explanada sin nada, que venga en las guías como si fuera algo tan importante?




Al final se veía esto.






Y volví de nuevo al Palatino, que queda justo encima del Foro Romano. La entrada del Coliseo me servía aquí también.


Las vistas eran preciosas.












El calor era inmenso, pero había fuentes, como en toda Roma, de agua potable.




Desde el Palatino se ve el Foro, que por la mañana había recorrido.
El Arco di Tito y el Colosseo desde el Palatino.




El Foro Romano y la Iglesia de Santa Francesca Romana.






La torre del Campidoglio y el Monumento a Vittorio Emanuele II desde el Palatino.




Y de repente, en lo que creía que eran unos servicios habilitados allí en medio, me encontré con esto.
Era precioso.




Ya de vuelta, pasado el Arco di Tito en dirección al Colosseo, a mano izquierda quedaba el Foro Imperial.





Me despedí del Coliseo con fotos.






Los puestos que había al lado del metro. Me hacían gracia; vendían Coliseos en miniatura y disfraces de gladiadores. Uno de esos Coliseos en miniatura ocupa un lugar preferente en el salón de mi casa.







Cogí el metro y me fui a la Piazza del Popolo. El obelisco estaba en obras.






Estas escaleras estaban en un lateral de la Piazza del Popolo.







No subí, no, estaba algo harta de subir y bajar tanto escaleras como cuestas.






De todas formas, la Piazza del Popolo, perteneciente ya a otra época, me gustó bastante.




Desde allí comencé a caminar, y pasé por otros edificios algo menos interesantes, como el Mausoleo Augusto, que ya había cerrado.






La tienda Ferrari, a la que no quise entrar porque me terminaría gastando una pasta.






Y en esa misma calle, ante mis ojos apareció de nuevo la Piazza di Spagna.
Allí me cogí el metro hasta Repubblica porque quería ir hasta Santa Maria Maggiore, la catedral de Roma, que sabía que estaría cerrada, pero al menos para verla por fuera.



Desde Repubblica hasta la catedral tenía que ir andando y de repente apareció ante mí este edificio. No lo reconocía, había estado antes ahí, pero desde esa perspectiva no lo conocí al principio. Es la estación de Termini.




Si Alemania me llamaba la atención por la cantidad de bicicletas amontonadas en las calles y plazas, Roma llama la atención por la cantidad de motos.







Y carteles donde compran oro. Me hacía gracia verlo.






La plaza de Santa Maria Maggiore.








Y la catedral por detrás. Ya no tenía ni fuerzas para dar la vuelta y ver la fachada. Estaba demasiado cansada.






Termini por dentro.





Último día. Mi intención era ir a la Via Appia Antica y ver las catacumbas, y en el metro vi que la anunciaban. Craso error. El metro me llevó a una especie de suburbios.

El Parco della Via Appia Antica





¿Cómo es posible que en medio de Roma tengan un parque tan mal conservado como éste, con cuatro pedruscos, y un circo como el de arriba, sin nada que ver? Al final, estuve caminando a ver si llegaba a la Via Appia Antica, pero no la encontré. Como me quedaban pocas horas para ir al aeropuerto me fui de compras.



Aquí me dirigía a coger el tren que me llevaría al aeropuerto.







En el aeropuerto, que era de color verde, lo primero que se ve es un Vitruvio.




En la sala de espera, que nos cambiaron la puerta de embarque y sólo lo dijeron en italiano, pero lo entendí perfectamente. Da la sensación que era como volver de Cataluña, que te estás unos días y entiendes perfectamente lo que dicen. En Italia es parecido.

Y la hora de espera en el avión. Había huelga de controladores en Barcelona, así que tuvimos que esperar hasta que nos dieran vía libre para despegar. Ya me veía durmiendo en Fiumicino, aunque no me hubiera importado.

Abrazos gratis


Se me ha puesto la piel de gallina al ver estos vídeos. Un tío, cartel en alto, regalando abrazos a la gente por la calle.

Abrazos gratis
Free Hugs

Son emotivos.
Toda la gente se siente a veces necesitada de abrazos y quizás no tenga a nadie que se los dé. Una vez oí que los niños necesitan un mínimo de veinte abrazos diarios. Aunque yo pienso que todos necesitamos que nos abracen al menos una vez al día.

El día que se rompe el hilo


El día que se rompe el hilo te das cuenta de ese inminente final que no querías ver unos días antes.
El día que se rompe el hilo no tienes oídos para oír, ojos para mirar, palabras que decir...
El día que se rompe el hilo es triste porque se dicen adiós a aquellos momentos que no volverán, a aquellas personas que ya tomaron el tren hacia otros destinos, damos la espalda a aquello que nos hacía partícipes de grandes emociones.
El día que se rompe el hilo podemos tirar sin que nada haya en el otro lado. Pocas veces he roto yo el hilo pero a mí me han roto bobinas enteras.

miércoles, noviembre 15, 2006

En el top


No diría nada al respecto, pero me ha hecho gracia entrar justamente en el último puesto, por eso lo dejo ahí, ya que no creo que vuelva a verlo así. Es posible que más arriba, espero que no más abajo.

Amiga invisible


Al recordar antes la Navidad me he acordado del "amigo invisible" del año pasado. Así que este año, debido a lo que pasó, no estoy por la labor de participar, al menos no así.
Una amiga entregó su regalo de Navidad varios meses después. A mí personalmente no me pareció bien, y supongo que a la receptora le gustaría mucho menos. Está claro que si optamos por un día deberíamos estar todas ese día, o al menos haber comprado el regalo y hacerlo llegar por una tercera persona.
El año pasado ya tenía mala pinta antes de empezar y así nos fue. En principio no encontrábamos día para estar todas juntas. Nuestro "amigo invisible" no es el típico "amigo invisible", dejando sorpresas y haciendo tonterías como se hace en la mayoría de los sitios, a ver si la otra persona adivina quién está al otro lado. Nuestro "amigo invisible" es más por el hecho de hacer un regalo a la persona que te ha tocado y recibir cada una un detalle. Es más como un símbolo de amistad. Como hace siglos que no coincidimos todas, pues cada una de nosotras está dedicada a sus cosas y obligada por el deber diario (así de dispares somos), sólo nos queda hacer un regalo en este plan. Ponemos un tope de dinero, pero he de reconocer que cada año los regalos de todas sobrepasan ese tope.
El año pasado me tocó Vir. No recuerdo lo que le regalé, pero ante la imposibilidad de quedar todas fui a su piso a Logroño, donde me invitó a desayunar, mientras le hacía entrega de lo que le había comprado. Eran los primeros días de enero y Vir estaba con la pierna estirada en el sofá de su salón. Se había tronzado en Nochevieja. Al enterarme de que no podría venir al día concertado para el "amigo invisible" no me quedó más remedio que llevárselo.
Sabía quién le había tocado a Vir. Pero ella todavía no había comprado el regalo, y tal y como estaba difícilmente podría hacerlo. Así que el regalo de Vir tendría que esperar, pero ¡quién se iba a imaginar que sería tanto tiempo!
La cuestión es que todas, antes de Nochevieja, teníamos comprados los regalos para nuestra "amiga invisible", todas... menos Vir. ¿Por qué? ¿Pereza? ¿Desidia? ¿Vagancia? Yo no lo sé. El caso es que como se tronzó no pudo comprar el regalo después. Bien, hasta ahí la excusa es plausible. Después, cuando se curó, lo fue dejando. Así que Marta casi recibe su regalo para su cumpleaños, que es en julio. Me dijeron que se lo había dado cuatro meses después, cosa que a mí no me pareció bien.
Nadie le dijo nada a Vir, aunque todas nos quejábamos de su actitud, sobre todo la afectada. Y bien, este año me replanteo hacer lo del "amigo invisible", simplemente porque no me gustó eso. Y cuando se queda para algo se queda, sin vuelta de hoja, sino no quedes.

Me llevo bien con Vir, me parece una bella persona. Pero eso no quiere decir que haga la vista gorda hacia cosas como ésa. Cuando se hacen cosas en grupo y se queda en algo es para algo. Si no vas a cumplir con tu parte, no participes. Yo lo tengo muy claro.

"Diablo"


No la había visto hasta hoy. Últimamente me estoy aficionando a ver las películas que ponen en la tele. Será que últimamente ponen pelis que merecen la pena. De repente he encendido la tele y, como pasa siempre que pillas el comienzo de una película, si te llaman la atención las primeras imágenes terminas de verla.

Sean Vetter (Vin Diesel) y su compañero Demetrius Hicks crecieron en las duras calles de Los Ángeles pero ahora trabajan juntos como agentes de la DEA librando una guerra que dura ya siete años para detener el sangriento tráfico de drogas que asola la frontera entre México y los EEUU. Apodados “los pistoleros” por sus duras tácticas callejeras, su firmeza da frutos cuando atrapan al famoso capo del cártel de Baja California, Guillermo "Memo" Lucero.
Con Lucero encerrado en una prisión de máxima seguridad, Vetter vuelve finalmente a su hogar al lado de su esposa Stacy. Ella es su refugio y su casa, el único lugar que a él le parece "seguro".
Tras el arresto de Lucero, un hombre misterioso, conocido como "Diablo", reclama violentamente el liderazgo en el cártel de Baja California. Cuando Vetter y Hicks se proponen identificar y detener a este peligroso y escurridizo nuevo adversario, "Diablo" convierte la lucha en algo personal y ordena asesinar a la única persona que da sentido a la vida de Vetter: su mujer Stacy.
Sin nada que perder, Vetter decide emplear todos los recursos a su alcance para acabar con este hombre sin escrúpulos, incluyendo una frágil alianza con el encarcelado Lucero. Cegado por el odio y movido por la rabia, Vetter no se detendrá ante nada con tal de vengar a su esposa. Esta misión suicida le llevará a bordear peligrosamente la línea que separa la justicia de la ilegalidad.

Lo que hay que leer

A veces llegan cosas al correo que son de risa. Este cartel, según dice el e-mail, es un cartel colgado en una facultad de la universidad de Almería.

martes, noviembre 14, 2006

A más de un mes para la Navidad


Estamos a mediados de noviembre y ya están los adornos navideños puestos por las calles. Los anuncios empiezan a verse empapados de ese ambiente festivo, aunque todavía no nos avasallan con los regalos. Vas al supermercado y lo primero que llama la atención es la profusión de turrones y bombones que te quieren meter por los ojos.
No me gusta la Navidad. De hecho para mí la Navidad significa volver a casa para estar con los míos, como dice la canción:
"Vuelve a casa, vuelve,
vuelve al hogar.
Vuelve a casa, vuelve
por Navidad".
Por lo demás, es una época que me parece triste. No sé por qué, siempre me lo ha parecido, igual es por el final de año o por la sensación de vacío que se te queda después de esos grandes días (y grandes comilonas). El mejor día es la Nochevieja, sin lugar a dudas. Nos disfrazamos en mi tierra. Algún fin de año, por cambiar, preferiría gastarme los cuartos en un cotillón. Siempre queremos lo que no tenemos. Mañana me informaré a ver de qué nos disfrazamos. También debo comprar lotería y tengo que preguntar si hay o no amigo invisible.

Conversaciones para la reflexión


Ayer tuve una conversación que me hizo pensar. De hecho he estado dándole vueltas a lo que hablé anoche. Más bien porque yo no sé si creo realmente en mis palabras, al menos quiero creer en ellas. Tengo claro que no las siento, por mucho que lo intente.
La verdad es que conversaciones como la de ayer me producen calma y serenidad, aunque después me dejen pensativa. A veces hablar las cosas hace bien, al menos anoche me hizo bien.

lunes, noviembre 13, 2006

Anoche soñé con un ángel


Anoche soñé con un ángel.
Lo tenía delante pero ya no me arropaban sus alas. Me miraba y sonreía de una manera extraña.
Anoche soñé con un ángel.
Intenté alcanzarle pero se iba alejando cada vez un poco más. Al final sólo era un punto infinito en el horizonte. Sólo recuerdo que me miraba y sonreía de una manera extraña.
Anoche soñé con un ángel, pero quizás no fuera un ángel.
Anoche soñé con un ángel que se terminó esfumando.

Farmacia

Necesito ir a una farmacia y comprar todo aquello que me puede aliviar en estos momentos. Mi resfriado, en vez de ir curándose con el paso de los días, va a peor. Este fin de semana se me acabó el jarabe que me aliviaba la tos, así que después de toser anoche sin parar me he levantado con agujetas en el estómago. Pero ya no es sólo la tos, es que he gastado varios paquetes de klínex desde anoche. Lo único que me alivió un poco cuando fui a dormir fue el Vics VapoRub, que no me resulta grato dármelo porque se me quedan los dedos aceitosos, pero al menos el olor a menta me dejó descansar tranquila. Así que tengo que hacer una lista antes de ir a la farmacia: Frenadoll, Bisolvon, Vics VapoRub (lo tengo en las últimas), klínex balsámicos para que no se me pele la nariz... Yo sólo quiero que se me pase el catarro. Ya no me funciona siquiera la leche con miel por las noches :(

Eine Apotheke. La única vez que entré en una farmacia alemana fue en Munich. Recuerdo que estaba en la calle comercial de la ciudad, una Straße llena de iglesias, tiendas y gente, la calle que te llevaba directamente hasta la plaza del ayuntamiento. Era verano. Mis pies estaban llenos de ampollas. Entré en la farmacia y sólo tuve que descalzarme. Me dieron unas tiritas especiales, creo que eran de silicona. Y me curaron los pies, claro.

Noche de Amenábar

No es que me guste ver mucho la televisión, pero la sesión de cine de TVE de esta noche era para pensárselo dos veces. Vi las dos películas en el cine cuando las estrenaron.




A "Mar Adentro" he llegado al final, en el momento en que Ramón Sampedro se bebe el contenido del vaso. Me acuerdo que cuando la estrenaron no sabía de qué iba la historia y que mi hermano me contó de qué iba y me aconsejó que fuera a verla. Me impactó muchísimo. La recordaba bastante bien.



De "Los Otros" no me acordaba tan bien, quizás es porque es más antigua, pero recuerdo que salí del cine encantada, porque nunca había visto una película de fantasmas desde el otro lado, cogida desde el punto de vista de los que están en el más allá. Los niños me daban un miedo terrible, sobre todo la niña, que tenía cara de mala. Me acordaba de todos esos momentos en que te llevas sustos, aunque creo que los vecinos hoy también han podido escucharme. No he podido evitar asustarme en algún momento.

Amenábar es un genio, la verdad. No tiene ni una película desechable, sobre todo por la originalidad que destilan sus guiones.

"Insomnio"

Al Pacino me encanta y ni siquiera sabía que era el protagonista de esta película. Cuando llegó a mis manos me sonaba a que había alguna española que se titulaba así.

El inspector Will Dormer (Al Pacino) y su compañero llegan desde Los Ángeles a un pueblo de Alaska donde nunca se pone el sol. Van allí a investigar el asesinato de una joven. Pero todo se complica cuando tienden una trampa al presunto asesino que se escapa entre los vapores nebulosos de un bosque cercano. Allí y por error Dormer dispara a su compañero, que muere en el acto.
Como se supone que nadie le ha visto, el inspector echa la culpa al fugitivo. Pero por las noches no puede dormir ya que su conciencia no le deja.

Un buen policía no duerme porque le falta una pieza del rompecabezas, un mal policía no duerme porque no tiene la conciencia tranquila.

Tras varias pistas entre los objetos de la joven asesinada y tras preguntar a su mejor amiga y a su novio, encuentra, por casualidad, el nombre del asesino, Walter Finch (Robin Williams), un escritor de novela policíaca. A su vez, empieza a recibir llamadas donde el asesino le dice que le vio disparar a su amigo, que sólo intenta chantajearle.
Al final, la agente Ellie Burr (Hillary Swank) descubre la verdad y cae en una trampa del asesino, que intentará asesinarla. Sólo Will Dormer será capaz de salvarla del malvado escritor.

domingo, noviembre 12, 2006

¿Qué puedo decir de ONO?

Llevo todo el fin de semana, desde el viernes por la tarde, que ONO me funciona mal. Descontenta me tienen, y no es para menos. De repente me quedo sin internet y pueden pasar varias horas sin que pueda tener acceso a la web, como pasó ayer por la noche. Me fastidia tener que llamar a ese 902 cuando el problema no es mío y que un contestador te diga: "Hay incidencias técnicas en la zona".
Hace un rato que me he vuelto a quedar sin internet. Hoy he llamado, pero a pesar de que ya sabía la respuesta al problema he conseguido hablar con una operadora... ¿dos frases? La próxima vez me quedaré con los nombres de quienes me atienden porque la de hoy se merece un rapapolvo. Me ha pedido el DNI y el nombre, como siempre hacen. Pues me ha vuelto a pasar con el mismo contestador, como desentendiéndose del asunto. Menuda estúpida. Ni que las incidencias duraran tanto tiempo.
Estoy cabreada. Es posible que mañana me presente en la oficina de ONO a decirles cuatro cosas sobre lo que pienso de su compañía, del mal servicio que dan y a decirles "lo eficientes" que son en su trabajo.

Y es que no tengo más que quejas de ellos. Me fastidia llamar por teléfono cuando me quedo sin internet y añoro el adsl de Telefónica que tengo en casa, con el que no tengo el más mínimo problema. A ver cuánto duro conectada esta vez :S

Una llamada

Ayer me llamó alguien a quien no cogí el teléfono. Me sorprendió esa llamada porque hace años que no sé de ella. Nuria es una amiga de mi ex novio. Recuerdo que su cumpleaños era el 1 de noviembre y es posible que me llamara para invitarme a su fiesta, porque sino no me explico cómo es posible que después de unos años sin tener noticias me telefonee.
No cogí no porque no me apeteciera hablar con ella, sino que en el momento en que desaparecí para Luis me esfumé de todo su mundo y de todo aquello que había en él, incluidos sus amigos y amigas, con los que tenía buena relación.
Cuando no quieres volver a ver a una persona evitas todo su mundo, en parte es comprensible. Pero sé que si yo ayer hubiera hablado con Nuria un rato después ella le hubiera contado a Luis parte de esa conversación. Y no, no estoy dispuesta a que sepa nada de mí, ni quiero saber nada de él.
Creo que es mejor así. Me sorprende la llamada por el tiempo que ha pasado, simplemente.

"Los últimos guerreros"


Película de domingo por la tarde. Creo que ya la había visto antes, al menos la había visto empezar, pero no soporto diez minutos de cortes publicitarios cada vez que les apetece cortar. Aunque hoy los he soportado, quizás porque en esos momentos me ponía delante de los apuntes a estudiar y los aprovechaba bien.
No es la película ni el argumento en sí los que me han llamado la atención, sino el ambiente de los indios Cheyenne, su hábitat natural, el que pudieran sobrevivir al otro lado de las montañas mientras a unas pocas millas el mundo seguía progresando.

Lewis Gates, un excelente rastreador contratado para encontrar a tres presos fugados, se adentra en la lejana región de Las Rocosas encontrando en su camino una flecha Cheyenne. Gates, asombrado por el hallazgo, se pone en contacto con la antropóloga Lilian Sloan y los dos llegan a la misma conclusión: una parte de la extinta élite de los guerreros Indion Cheyenne -los Hombres Perro- sobrevive a una matanza y vive oculta en una región montañosa de Oxbow. Lewis y Lilian se internan en esta región para corroborar lo que les dice su intuición.

Domingos


Nunca me han gustado los domingos. Ya de pequeña mi madre había descubierto en mí esa ansiedad que se crea en ciertos niños la víspera de ir a la escuela. De pequeña teníamos una profesora que daba miedo, tanto que antes de que empezara la semana yo me sentía catatónica y nerviosa, y no es para menos. Una profesora a la que ves con un metro de madera perseguir a unos niños de 9 años por el aula o dar con la piedra de uno de sus muchos anillos a una amiga en la cabeza... te daban pocas ganas de ir a clase. Y eso que yo era una alumna aplicada y los domingos había repasado los deberes infinidad de veces para ver si estaba todo completo. Porque como me faltara de hacer algo me entraba un temor infinito. Creo que hacía los deberes más por miedo a su anillo, la regla o sus gritos que porque realmente fuera aplicada. He de decir que aprendí mucho con aquella profesora, fue la que mejor nos enseñó a escribir, y una buena base ortográfica empieza desde que somos pequeños. Pero infundía miedo y eso no es para alabarla. Es aquella misma profesora a la que unos años después mi hermano pequeño cogió un pánico atroz, hasta que al final mi madre descubrió por qué y le tuvo que cambiar de colegio.
Después de aquellos años, cuando ya me fui al internado, odiaba los domingos en tanto que era el día que tenía que preparar la maleta para marcharme al día siguiente y no volver hasta cinco días después. Los domingos me parecían días tristes, días de repartir adioses, días de despedida. Los recuerdo como días nublados donde todo el mundo volvía a recogerse de nuevo, preparándose para empezar una nueva semana.
Y terminé odiando de verdad los domingos, más si cabe que los lunes. Cuando con el paso del tiempo volvía (y vuelvo) a casa por vacaciones mis amigas acostumbran a meterse en una cafetería a tomar café, donde pasan toda la tarde. Me cansé de esa rutina y pocas veces suelo acudir a esa cita dominical. Es que tirarse una tarde estival de domingo tirada en el sofá de una cafetería cuando apetece más ir a la piscina o tomar el aire... Dejé de ir, ahora pocas veces voy, pero no he caído en la rutina.
En Salamanca los domingos de verano acostumbré a salir a cenar fuera con Rober, en plan tranquilo y para compartir las vivencias del fin de semana. Aquí hay muchos domingueros y por eso es normal encontrarse a multitudes de gente paseando por el centro. Hoy, con el sol que hace, me apetece bajar a cualquiera de los dos parques que tengo junto a casa con un libro de alemán y ponerme a leer y/o estudiar allí mientras observo a la gente. Porque en un día como hoy, con el buen tiempo que hace, los parques estarán llenos de gente. Si tengo la garganta menos irritada que ahora es posible que lo haga. El problema es que no paro de toser y es molesto.
Siguen sin gustarme los domingos, pero ya no tengo esa irritabilidad ni el nerviosismo de antaño.

sábado, noviembre 11, 2006

El veranillo de San Martín


Había oído ya hablar de este día pero no sabía que San Martín fuera el 11 de noviembre (información recopilada del telediario de hoy) sino que pensaba que los últimos días de sol eran en octubre.
Si no fuera porque ya ha anochecido podría decirse que hoy era como un día de verano. Lucía el sol, no había nubes en el cielo y se podía ir en manga corta. De hecho me ha recordado a los primeros días de mayo. Quizás se deba a que he pasado por el parque de San Cristóbal. No he podido evitar mirar hacia el segundo piso del bloque donde viví los dos últimos años. Sobre el balcón del salón seguía el cartel de "Se alquila". Me han venido a la mente recuerdos entrañables, las horas que pasé en ese parque, la gente que vi pasar, las tardes que tenía que sortear a los numerosos perros que pululaban por allí mientras sus dueños hablaban entre ellos, los niños jugando en el césped... Curiosamente los días que mejor recuerdo son aquellos en los que lucía el sol, como esta mañana. Pocas veces me acuerdo de los días invernales. Una vez el parque nevado, donde mi maleta y yo resbalábamos entre el hielo mientras mis compañeras me acompañaban pisando ese manto blanco y haciendo unas fotos que se perdieron...
Pero sobre todo cuando recuerdo las tardes invernales me viene a la mente un nombre: Carlos. Y diálogos de muchos tipos, como cuando me decía: "Hoy me he acordado de ti porque está nevando". Y se acordaba porque alguna vez le había dicho que odio la nieve y el frío. "Hoy me he acordado de ti..." Todas esas tardes gélidas se acordaba de mí, por cualquier nimiedad. Me pregunto qué estará haciendo ahora y si a veces también se seguirá acordando de mí. Aunque reconozco que yo de él me acuerdo poco, igual es que no quiero pensar en él.
Espero que siga luciendo el sol, aunque estemos en invierno.

Prueba superada


¿Cuándo se supone que superas un problema, un obstáculo o cualquier tipo de traba que teníamos incrustada dentro durante tanto tiempo, casi sin darnos cuenta?
Supongo que lo mejor siempre es hablarlo, pero no siempre es fácil. Anoche conseguí explayarme sobre un tema que durante un tiempo fue tabú, quizás porque no me atrevía a hablarlo, o quizás porque me costaba y me resquebrajaba por dentro... Lo que tengo claro es que ayer, al sacarlo fuera, me di cuenta de que era algo que ya estaba superado. Y me alegro.
Siempre es el tiempo un aliado en estos casos.

viernes, noviembre 10, 2006

No sé quién eres


Es curioso cómo, con el paso del tiempo, vamos dejando de hablar con gente a la que antes al menos solíamos decir un "hola". Hay relaciones que se pierden por esa pérdida de contacto o simplemente porque nunca llegó más allá de un simple saludo sin dar pie a confianzas de ningún tipo. Hay otras relaciones a las que sólo el tiempo pone un punto final, sin ni siquiera saber por qué.
Últimamente he estado revisando direcciones de gente con la que hablaba hace meses. Hay muchas personas de cuyo nombre no me acuerdo o simplemente no sé quiénes son. Me da pena pues todo el mundo se merece una oportunidad, pero en esto, como en todo, hay que elegir.
Hace años que perdí el contacto con mis compañeros de colegio. Las cartas fueron espaciándose en el tiempo hasta terminar definitivamente de escribirnos. Me da pena. Sé que son relaciones que se pueden reanudar con una simple llamada telefónica. Para que luego digan que la distancia no distancia. Si me hubiera quedado más cerca de mi casa es posible que muchos de esos contactos siguieran vigentes.
También perdí el contacto con todos mis ex novios o con ligues de una noche, a pesar de que me dieron su teléfono y/o dirección, papeles que terminaron en la papelera.

Claro que hay gente de la que nunca me digné a separarme. Hay muchas personas con las que, después de mucho tiempo, sigo hablando o sigo quedando. No podría perder a esa gente.

Ayer comenté este tema con alguien con quien hace un tiempo que no hablaba. Ella, cuando lea esto, sabrá que me refiero a nuestra conversación de anoche, que por cierto, me alegró sobremanera volver a saber de ella ;)

jueves, noviembre 09, 2006

Siempre está ahí, en lo bueno y en lo malo


Ahora, a finales de noviembre, va a hacer dos años que conocí a Joan. No nos conocemos en el sentido estricto de la palabra, sino a distancia. Nos conocimos por internet y la nuestra es una amistad especial, que ha ido perdurando con el paso del tiempo y que se ha hecho cada vez más estrecha. Quizás si nos conociéramos en persona todo sería muy diferente.
Actualmente hablamos menos, aunque siempre suele haber saludos. Con un "¿Qué pasa, bruja?" suele hacerme sonreír a cada poco. O sino hablamos por teléfono.
Es raro que de toda la gente que he conocido en el irc Joan se haya convertido en uno de los mejores amigos, por no decir el mejor. Ninguna "amistad" que he tenido vía internet ha perdurado tanto como ésta.
Cuando en noviembre de 2004 crucé mi primera palabra con Joan fue un insulto, y a partir de ahí lo único que intercambiamos fueron palabras soeces hasta decir basta. Y como siempre me pasa con aquellas personas con las que todo empieza mal terminamos llevándonos demasiado bien.
El primer gesto de confianza por su parte me vino varios meses después, cuando ya hablábamos casi a diario, y me contó un problema. Le animé, hablamos mucho tiempo y pareció que terminó sintiéndose algo mejor. No sé por qué me eligió a mí para decirme lo que le pasaba por la cabeza, pero lo hizo. Es uno de los primeros secretos que compartimos, algo que jamás conté a nadie (era un secreto). Después fui yo la que empezó a confiar en él, contándole muchas cosas, él me aconsejaba (sobre todo en lo que se refiere a los hombres, teniendo en cuenta que él es un ligón y que puedo fiarme de lo que me diga al respecto) quizás a veces me contaba lo que le agobiaba su trabajo o simplemente lo que había hecho el último fin de semana.
Así comenzó una amistad que dura hasta hoy y espero que siga durando mucho más. La verdad es que me gusta saber que siempre está ahí, como él sabe que yo siempre estaré dispuesta a hablar con él.
Con el paso del tiempo se ha convertido en una especie de hermano, o algo parecido, pues a él le cuento cosas que no se me ocurriría jamás contar a mis hermanos. Nunca le he visto más que como un buen amigo y quizás eso es lo que ha hecho que la amistad siga su camino.

Hace unos días hablamos. Ya no lo hacemos a diario. Pero hablar con Joan es como un respiro, me inspira calma, confianza y me produce carcajadas. Ni siquiera me riñó por no haberle enviado todavía lo que le traje de Roma, y eso que él sabe que lo tengo preparado. Cualquier día se lo mandaré...
Es curioso, pues sin conocerle parece como si le conociera desde siempre. Eso me pasa con muy poca gente, y sobre todo me pasa con gente que conozco en persona. La verdad... me alegro de que esté ahí. ¡Anda que no me ha tenido que consolar veces ni nada! O yo a él, quizás es que nos parecemos en el sentido de que nos agobiamos por nimiedades y por eso sabemos animarnos mutuamente.

Por Joan.

Desconectada de todo


Hace días que no ando mucho por internet. Este blog es uno de los pocos que piso a diario, excepto cuando se me olvida (por ejemplo, ayer).
Hace días que no entro en el messenger porque me agobio cada vez que lo hago, aparte de que el Windows Msn es lo peor, y aunque me reinstalé el Live Msn sigo sin poder entrar.
Hace mucho tiempo que dejé de entrar en páginas donde era asidua, en lugares donde me conocían, bien sea el irc, foros u otras webs. El caso es que lo he dejado todo de lado.

No sé si hay una respuesta para saber por qué de repente puse punto final. Simplemente lo hice. Dejé de hacer lo que antes hacía bien por falta de tiempo, bien porque no tengo ganas, bien porque estoy cansada de estar siempre en los mismos sitios, bien porque me llaman más los apuntes que las páginas de internet.
Supongo que son rachas. Sólo hay tres sitios donde entro actualmente, sitios donde me siento a gusto, donde disfruto y donde me río. Quizás es que son sitios especiales.

Una mota que empaña el cristal


En las primeras clases de alemán la profesora siempre nos decía que tuviésemos cuidado a la hora de decir y escribir las palabras de ese idioma porque un simple error, una simple letra, podía cambiar bruscamente el significado de toda la frase. Así era. Era tan fácil equivocar dos palabras tan fáciles como, por ejemplo, zahm (doméstico) y Zahn (diente) que había que andar con mil ojos. Era un aprendizaje lento, sobre todo para aquellos que comenzábamos de cero, que no teníamos ni idea y que no habíamos visto antes tantas consonantes juntas en una sola palabra. A base de practicar y practicar te vas quedando con todo. Pero la mejor manera de aprender a escribir bien una palabra en la que dudas es equivocándote al ponerla. Te equivocarás una vez, dos veces... mil veces... y al final conseguirás escribirla bien.

Esto me recuerda a que en la vida misma tampoco debemos cejarnos por un punto negro que no nos deja ver más allá, que erraremos muchas veces pero de esos fallos siempre terminaremos sacando lo mejor y después aprenderemos a sortearlos de diferentes formas. Erraremos tantas veces como sean necesarias, y al final conseguiremos aquello que queremos.
Es mejor limpiar cuanto antes las pequeñas motas del cristal pues será entonces cuando podamos ver lo que hay detrás, y quizás es mejor que lo que tenemos delante, pero si no las quitamos de en medio nunca lo sabremos. Cuanto antes eliminemos el problema antes podremos reanudar el camino.

Me vienen a la mente varias historias que hacen alusión a esto. Una es un cuento que transcribí una vez aquí titulado El jarrón y la rosa amarilla. La otra es una especie de parábola que me contó alguien muy sabio y me hizo sentir algo mejor en aquellos momentos en los que parecía que se me iba a hundir el mundo. Me hizo sentir mejor y años después se lo conté a alguien. Venía a decir que el árbol siempre tiene frutos. Siempre nos podemos encaprichar de uno y quizás no lleguemos a alcanzarlo, pero a pesar de todo siempre tendremos más frutos alrededor entre los que elegir, y a base de esfuerzo conseguiremos aquellos frutos que queremos. Y si el fruto maduro cae al suelo siempre podemos mirar arriba porque habrá otros que no se han caido. Siempre hay más frutos. Me recuerda a esa cita que dice: "Hay más peces en el mar", aunque esta frase no viene a cuento aquí.

Total, que siempre es mejor limpiar las pequeñas motas del cristal antes de que se vayan haciendo más grandes. Será un peso que nos quitemos de encima y, a la larga, será mejor para nosotros.

Esas llamadas que te hacen cuando duermes


Odio el teléfono. No me gusta mucho hablar con él. Y una de las cosas que peor me sientan es que a alguien le dé por llamarte justo cuando estás durmiendo.
En casa nos pasaba muchos días, y lo mejor es que mis hermanos y yo siempre esperábamos a que alguno se levantara a cogerlo. Por supuesto, yo nunca era la que se levantaba a ver quién era aquel a quien se le ocurría llamar por ejemplo un domingo a las 10 de la mañana. Y sobre todo dónde se habían metido nuestros padres que no lo cogían. Alguna vez ha pasado y fastidia bastante.

Anoche estaba rendida a las 10 de la noche, así que me llevé los apuntes a la cama y, tras haberme tomado una cucharada de jarabe para el catarro, me puse a mirarme nociones del idioma teutón. Me quedé dormida con los apuntes sobre la cama.
A las 11,30 sonaba el móvil. Como siempre que me despiertan no atino a adivinar quién puede ser y, sobre todo, como tiene la costumbre de hacer Rober, cuando me llaman desde un teléfono desconocido.
Como seguía grogui tuve que preguntarle varias veces quién era.
- Rober, me acabas de despertar.
- Oye, que mañana libro, que si te hace salir a dar una vuelta.
Las vueltas de Rober me las conozco, son parecidas a las de Sandra, esas de "volvemos pronto y nos dan las 7 de la mañana en algún garito de mala muerte".
- Estoy durmiendo, ya te lo he dicho.
- Pues nada, me volveré a casa y me quedaré sin salir.
Aquí es cuando llega el chantaje emocional de "dar pena" a ver si la convenzo de esta forma. Pero yo sé que Rober no se fue a casa porque cuando llega a los bares de ambiente, donde todo el mundo se conoce, siempre se queda con alguien. Además no es la primera vez que sale solo.
El caso es que yo estaba bajo los efectos del sueño y por lo tanto creo que fui algo borde. Ya lo arreglaré hoy.

martes, noviembre 07, 2006

Malditos catarros



Una de las peores cosas que te pueden pasar en invierno es que te acatarres. Incubé el fin de semana, estoy segura. Y ahora pago las consecuencias.
El jarabe me da sueño, pero al menos me alivia momentáneamente la garganta y no toso.
Como soy previsora, el último día que fui al supermercado compré un tarro de miel. Odio tomar leche con miel, pero es una de las recetas de la abuela que mejor vienen para el estado de salud en estas ocasiones.
Me encantaría volver a la cama y taparme hasta arriba y no parar de dormir hasta que no se haya pasado. Pero no tengo sueño.
Con los catarros además tengo un cansancio terrible, tanto que anoche a las 9,30 me quedé dormida hasta que las primeras luces del alba clareaban por la ventana. Eran las 3 de la mañana cuando me he despertado por primera vez, y las 6 cuando ya no he podido parar ni un minuto más en la cama.
El café no me ha aliviado, sino al contrario. Es entonces cuando recurres a la botella de jarabe como último recurso para sentirte un poquito mejor. Estoy mareada.

lunes, noviembre 06, 2006

Greñas

No me suelo dar cuenta de lo que me crece el pelo. De repente un día me miro en el espejo y me sorprende la largura o simplemente porque alguien me lo dice.
Bien, es hora de ir a la peluquería. Mi cabellera, rizada, está a un palmo de llegar al culo. No quiero imaginármela si me la aliso.
Paso de estas greñas, que parezco una hippy, una gitana o una bruja. El caso es que me apetece cortarme las puntas y cuando digo que me corto las puntas es que me cortarán más.
Hacía mucho tiempo que no tenía el pelo tan largo como ahora. Es hora de coger las tijeras, pero como lo mío no es la peluquería, mejor que me lo hagan.

Happy resaca

4.oo de la madrugada. Llega alguien inesperadamente. Se llama "hambre".
Mi domingo ha consistido en ingerir agua y agua sin nada sólido hasta las 9 de la noche, donde he recurrido a la cocina en busca de algo a lo que hincar el diente. Los minidonuts han sido vistos y no vistos.
Pero ¿qué pasa ahora? Tengo hambre, un hambre atroz que lo que he comido antes no me ha saciado, y no quiero nada dulce. Quiero una comida normal.
¿Qué estoy haciendo? Pues una paella. Sí, una paella a las 4 de la madrugada. Y en una hora comeré lo que no he comido en todo el domingo.

La culpa es del alcohol. Tengo alcohol en la sangre y eso me altera sobremanera. No volveré a beber en mucho tiempo :D

Ni una sola palabra


Paulina Rubio: Ni una sola palabra

Me apetecía escucharla. Hace relativamente poco tiempo que me hubiera sentido identificada con la mayor parte de la letra de esa canción. Ahora ¿ahora? No lo sé.

Ni una sola palabra
ni gestos ni miradas apasionadas
ni rastro de los besos que antes me dabas
hasta el amanecer.

Ni una de las sonrisas
por las que cada noche y todos los días
sollozan estos ojos
en lo que ahora te ves.

domingo, noviembre 05, 2006

Todo por un polvo


Anoche se me caían los ojos de sueño mientras pasaba las hojas de un libro, tumbada en la cama, con el pijama puesto ya.
Una llamada me sacó de mi ensimismamiento. Ducha rápida, café, maquillaje, ropa... En menos de una hora estaba preparada para salir ¡y pensar que tenía intención de pasar un sábado tranquilo y dormir bien sin la consecuente resaca del domingo! Una llamada me hizo cambiar de opinión.

Últimamente no sé lo que les pasa a los tíos conmigo. Día que salgo día que ligo. Y no lo busco, simplemente estoy con una predisposición negativa con respecto a todos (aunque a veces hay excepciones, claro). Lo deben oler porque sino no me lo explico.
A medida que pasaba la noche las copas iban haciendo efecto en mí. Aunque es curioso que con dos copas más posiblemente me hubiera ido con él. Claro que, a pesar de los efectos, seguía pensando coherentemente. Mi negativa fue clara. Pero no cejó por ello en su empeño. Me miraba, o más bien miraba mis pechos, más que a mí. Soy consciente de que una camiseta blanca en un bar con las luces oscuras insinúa más de lo que deja ver, pues ni siquiera era ajustada.
Tras mi primera negativa, el tío, cuyo nombre no recuerdo, fue a pedir consejo a los amigos. Y éstos se abalanzaron sobre mí: "Eres una cortada", "Un polvo no se desaprovecha así como así"... Uno de ellos llegó a decirme que era relaciones públicas y que conocía a muchas tías como yo. Le hubiera incrustado contra la pared. Mi enfado iba en aumento: "Tú a mí no me conoces de nada, no tienes ni puta idea de lo que hablas, no sabes lo que llevo dentro y lo destrozada que tengo la máquina sentimental, y ni siquiera tienes ni idea de la crueldad que desataría con tu amigo si esta noche me fuera con él". Se quedó con la boca abierta. Seguía insistiéndome, aunque más débilmente. "Eh, que no me vendas la moto". Soy consciente de que yo cada vez era más borde, pero no pude parar. En el momento en que el tío dio una opinión equivocada de mí, un tío que no me conocía de nada, me daban ganas de salir por patas, como me vi obligada a hacer finalmente.
Llegó el otro amigo, más educado, y habló conmigo. También me intentó vender la moto. El que quería acostarse conmigo me miraba con ojitos de cordero degollado. Dije "No" mil veces.
Y me agobié. No podía seguir ni un momento más escuchándoles. El tío estaba bueno, y es posible que si hubiera llevado varias copas más hubiera habido algo más que palabras, fijo que hubiera terminado con él. También es cierto que lo de la noche anterior bullía en mi cabeza como algo especial y no quería que nadie rompiera esa especie de magia.

¿Qué les pasa a los tíos? ¿Por qué se me acercan cuando no quiero nada con nadie? ¿Ven el atractivo en las negativas? Y sobre todo ¿por qué siguen insistiendo? ¿En serio cree alguien que soy tan fácil de convencer o que voy a cambiar de opinión cuando ya he dado una respuesta?
Las últimas veces que he salido vienen a mí como moscas a la miel. No hago nada. Salgo con ganas de pasármelo bien, de disfrutar de la noche, siempre intentando mantenerles a raya, con un "de aquí no pasas"... y sin embargo... los tengo encima toda la noche, y al final termino huyendo. ¿Miedo? Creo que es miedo. Sin querer me invade una especie de temor, el temor a enamorarme. Me da igual que sean guapos o feos, que estén buenos o no... Siempre termino huyendo. Surge en mi cabeza la vena malvada que me impulsa a abandonar todo, esté donde esté.
Así que anoche, en cierto momento, me acerqué a Sandra y le dije: "Aquí te quedas, no voy a follar con él porque no me da la gana, y debería haberme ido hace mucho, he aguantado por ti, pero ya no soporto hablar con ellos ni un minuto más". Ni siquiera le di opción a responderme pues cuando lo hacía yo ya había cogido mis cosas y me encaminaba hacia la salida. Ni siquiera me despedí de ellos, ni sé cómo se llamaban. Lo único que tengo bastante claro es que no me gusta que nadie me mire como un trozo de carne.

No debería haber salido. Lo que iba a ser una noche en plan tranquilo se convirtió en otra noche loca. Si tenía intención de volver a casa a las 3 de la madrugada mi intención se vio transbordada cuando a las 6 cogía el móvil y me ponía a hablar con alguien: "Esta noche me querían violar, necesito hablar". La llamada fue tan larga que me hizo olvidar lo que había ocurrido unas horas antes. Coincidió que el receptor de mi llamada también llegaba a casa a la vez que yo. Y hablamos, hablamos de muchas cosas... Yo necesitaba hablar...
Y después... el silencio. Me he quedado dormida. Como un domingo más de resaca me he despertado a las 11 con unas ganas insólitas de beber agua. Y he seguido durmiendo.

Cuando he vuelto a la realidad, mi planeta del universo 24 había sido atacado por un turco, seguro que era turco con ese nombre. ¡Me ha destrozado la flota! En el otro universo todo seguía igual. Hoy paso de OGame, no tengo ganas de hacer nada. Otras cosas me vienen a la mente.

No voy a salir en un plazo de tiempo relativamente largo. Como las frías noches de invierno son largas y duras, le pediré a mi niño que venga a menudo a ver películas. Me da igual que salga, yo no lo voy a hacer, ni siquiera puedo contarle lo de anoche porque entonces no me dejará sola ni un minuto. O saldré con él. La cuestión es que no me da la gana salir de fiesta en un tiempo, al menos no tendré que escabullirme entre la gente, ni me echarán los tejos como anoche... Es que lo tengo bien pensado. Las últimas veces que he salido he ligado, sin buscarlo, sin quererlo y sin ganas. Seguro que si hubiera salido con intención de ligar no hubiera pasado nada.

sábado, noviembre 04, 2006

Quisiera detener el tiempo


Hace años que le conozco pero nunca hubiera imaginado lo que ocurrió anoche.
Mientras duerme yo escribo. Es posible que se levante, o quizás me pida que acuda con él. Llevo unas horas de felicidad plena; ojalá fuera eterna.
Me gustaría que no pasaran las horas. Intensas son, desde luego. Apenas he dormido, pero no importa, la sonrisa alumbra mi rostro hoy.
Anoche no tenía intención de salir; no me arrepiento de haberlo hecho.

Él me da todas las caricias, los abrazos y los besos que necesito, y curiosamente no quiero que se vaya. Me replanteo si mi vida está dando la vuelta. Él es perfecto. Me encanta mirarle mientras duerme.
Nunca hubiera imaginado que justo fuera él. Hace años que nos conocemos y jamás se me hubiera pasado por la cabeza.

Tengo miedo. No quiero depender de nadie. Pero es tan dulce y cariñoso que quiero retenerle un poco más. No quiero que se vaya. Aunque pasaremos el día juntos, estoy segura. Sonrío como hace tiempo que no lo hacía.

viernes, noviembre 03, 2006

Testigos de Jehová

Situación hace unos minutos.

Tras haber visto el capítulo 17 de "Prison Break" y a punto de ver el siguiente suena el timbre. Menos mal que no me han interrumpido la serie porque entonces mi bordería hubiera llegado a cotas insondables.
- ¿Sí? ¿Quién es?
- ¿Nos puede abrir un momentito, que vamos a dejarles una hojita?
- ¿Qué tipo de hojita?
- Es que somos Testigos de Jehová.
- Vale, pues dejen la hojita en el buzón.
- Nos gustaría dársela en mano.
- Mire, realmente no me interesa. Soy católica cristiana y no me voy a cambiar.
- Algo tenemos en común, nosotros también somos cristianos.
- Vale, pero no profesamos la misma religión. Les abro, pero dejen la hojita en el buzón.

Estoy oyendo el ascensor. Están puerta por puerta. Que no llamen. Que no llamen porque ya les he dicho que no me interesa. Encima te tienen un rato ahí charlando sin parar. Pensaba que ya no se estilaba eso. Igual he sido un poco borde pero, aunque no soy practicante en mi propia religión, tampoco me interesa lo que me tengan que decir los Testigos de Jehová. Les respeto, pues en la mezcla de religiones debe haber tolerancia. Y parece que han respetado también mi decisión de no querer hablar con ellos, porque no han llamado a la puerta.
Es que si les abro termino sirviéndoles café con pastitas y creando un debate que dura toda la tarde, empezando por el tema de las transfusiones de sangre.

Wentworth Miller

Está como un queso.








Leer


Últimamente me refugio en la lectura como método para no pensar en nada, así que no es de extrañar que en el último mes me haya leído tantos libros. Ni siquiera llevo la cuenta. Aunque bien es verdad que escojo libros al azar y me meto de lleno en las historias que nacen y mueren en sus páginas.
Tras leerme las vivencias de El Lute recorriendo varios penales españoles, me apetecía algo tranquilo. No ha sido tanto al azar, sino que es un libro que quiero que desaparezca de mi vista, simplemente me lo leeré de corrido porque... la autora es una prepotente egocéntrica, cuya imagen, impresa en la contraportada del libro, me da ganas de abandonarlo a su suerte en cualquier banco de cualquier parte. Lucía Etxebarría tenía que ser. La cuestión es que si lo tengo aquí es porque se lo regalaron a mi hermano y me incitó a que lo leyera (aunque creo que él no se lo ha leído). Espero perderlo de vista pronto.
Y llenar la mente con las vidas de otras personas hace que te olvides momentáneamente de la tuya propia. O al menos de aquello que me causa dolor y resquemor de vez en cuando. Quizás es un buen antídoto.

Cuando era pequeña no leía nada. Nadie me incultó el amor a los libros, a pesar de que me regalaron historias como Alí Babá y los 40 ladrones, Pinocho, Un cuento para cada día, Los viajes de Gulliver, La vuelta al mundo en 80 días y un sinfín más, que se acumulaban y se llenaban de polvo en la estantería. Intentaban que me leyera aquellos libros infantiles, llenos de dibujos, que por otro lado es lo único que me llamaba la atención de aquellos volúmenes.
Las monjas daban un premio a quien leyera más libros de la biblioteca y en clase de Lengua debíamos hacer un resumen de los mismos. Siempre me paseaba por las estanterías plagadas de libros del Barco de Vapor y esas editoriales de entonces y siempre elegía uno al azar. Nunca me llegué a leer entero ninguno de aquellos libros, aunque era de las alumnas que más libros solían coger de la biblioteca. Los resúmenes los copiaba de los mismos libros, aunque cambiando algunas palabras.
Así llegué a la pubertad: sin leer un libro completo. Pero ahí pegué un cambio radical. Los curas nos dejaban ir a la biblioteca antes de entrar a las horas de estudio. Allí estaban aquellos libros juveniles, toda la colección completa de Gran Angular. Al principio cogía libros sin ton ni son, sin ni siquiera fijarme en los títulos ni leerme el resumen que te contaba de qué iba cada libro. Pero llegó uno a mis manos. No recuerdo el título (eran títulos muy simples), aunque sí el autor: Alfredo Gómez Cerdá. Aquellos libros tocaban los temas de la adolescencia y era fácil que despertara mi interés y curiosidad por lo que en ellos se decía. Aquel libro trataba de un joven al que habían enviado al hospital por un asunto de drogas, para que se desintoxicara, y allí conocía a una chica, anoréxica, a la que ayuda a salir adelante y, evidentemente, se enamoran. Me gustó tanto que empecé a leerme todos los libros que cogía. Comencé por los ejemplares del mismo autor y continué por el resto de la colección. Siempre había alguno que no había leído.
Al año siguiente ya me estaba leyendo a los clásicos, siempre por mi cuenta, aparte de los que nos mandaban leer en clase de Literatura; yo siempre tenía en mis manos alguno de cosecha propia: Los renglones torcidos de Dios, Ceguera Asesina, El nombre de la rosa, Historias del Kronen... Había pasado la línea: leía cualquier cosa que cayera en mis manos. En aquella época me hice socia del Círculo de Lectores, con la firma obligatoria de mis padres, pues era menor de edad. Es decir, siempre tenía tres líneas de lectura: los obligatorios de clase, uno de la biblioteca del colegio y un tercero traído de casa.
Lo más sorprendente es llegar después de una Navidad y empezar el profesor de Literatura a preguntar los libros que nos habíamos leído. Por supuesto yo ganaba en número y en calidad. Recuerdo que eran cinco: Cañas y Barro y La Barraca de Blasco Ibáñez, Cumbres Borrascosas de Emily Brönte, y del resto no me acuerdo, aunque seguro que sería lectura juvenil. De esos tres me acuerdo porque vi la cara de Fernando cuando le dije todos los títulos. Empezó a preguntarme sobre esos tres en concreto, supongo que tanteándome a ver si me los había leído, y pronto comprobó que sí.
Con Fernando enseguida se estrecharon los lazos pues siempre le pedía consejo sobre qué leer y él encantado de recomendarme libros, aunque por lo general, casi siempre eran clásicos.
Y hasta hoy. Leo igual que respiro, siempre necesito un libro a mi lado, vaya donde vaya, tengo la costumbre de leer antes de dormir, y además cualquier cosa. De mi preferencia son las novelas históricas, aunque no importa que caiga cualquier otro volumen en mis manos.
También leo libros en alemán, que, por otro lado, me conviene hacerlo.

Las andanzas de El Lute

Eleuterio Sánchez, apodado tempranamente por sus carceleros como El Lute, cuenta cómo vivió en las cárceles de una dictadura que estaba en las últimas. En resumen, cuenta cómo fue su vida.
Tiene más libros, aunque yo sólo me he leído los dos primeros. Fueron un regalo del último cumpleaños, pero me queda un "Continuará", pues tengo intención de agenciarme el resto.
Es una lectura amena y que engancha desde el principio al final. Sin pensármelo, tras acabar la primera parte, me embarqué en la segunda, pensando que la tortuosa vida de El Lute terminaría ahí.

Eleuterio nace en el barrio de Los Pizarrales, en Salamanca, en el seno de una familia de mercheros, conocidos también como quincalleros o "quinquis", por lo que estaban a merced del nomadismo y de lo que la gente pudiera darles. Nace en la pobreza más absoluta, eran lo que hoy la sociedad llama "sin techo".
Los mercheros, al igual que los gitanos, siempre fueron perseguidos por la Guardia Civil. De allí donde instalaban sus campamentos, por lo general en las afueras de los pueblos, eran expulsados sin contemplaciones.
Así que la infancia de El Lute transcurre entre idas y venidas entre las provincias de Salamanca y Cáceres. Siendo prepúber es "vendido" a un hombre de Las Hurdes para que cuide de las cabras. Lo recuerda como uno de los tiempos más felices de su infancia, pues siempre tenía un lugar donde dormir y un plato de comida caliente en la mesa, aparte de que la familia que le adoptó le trataba como un hijo más.
Un día aparece su hermano diciéndole que su padre ha sido encarcelado y que tiene que volver con los suyos. Siendo el hijo mayor, con su madre sordomuda y su padre en prisión, hace lo indecible para subsistir: robar comida para que su familia no se muera de hambre. Así es como roba unas gallinas, algo que motivaría el futuro mito de El Lute. Los robos para subsistir se van haciendo más habituales.
Un día su madre muere y es cuando se ven despojados del afecto maternal y comienza el odio hacia la sociedad xenófoba en que les ha tocado vivir. Conoce a Consuelo, que se convertirá en su esposa (según el rito merchero) y que le dará dos hijos. Consuelo será el gran amor de su vida. Con ella e intentando sobrevivir a todas las inclemencias de las que son víctimas, llegan a un barrio obrero de Madrid. Mediante hurtos consigue alquilar una casa en un barrio obrero, intentando salir del chabolismo en el que había estado inmerso toda su vida. Dos vecinos, delincuentes comunes, le engañan para ir a robar una joyería al centro, con la mala suerte de que uno de ellos lleva una pistola y mata al guarda.
Los tres se esconderán, pero de nada les servirá. Un chivatazo les mete en chirona, acusando injustamente a El Lute de asesino. Serán juzgados por Consejo de Guerra, sin derecho a un abogado -les defendió un hombre de calle, sin título- a la máxima pena: la muerte por el garrote vil, pena que se verá disminuida a cadena perpetua de 30 años. Pero allí fueron apaleados, torturados, insultados...
Pero El Lute empieza a forjar la idea de la fuga. Comienza a salir de su analfabetismo, acudiendo diariamente a la escuela de Carabanchel, donde aprende a leer, escribir... aunque con un nivel mínimo. El resto viene por su ímpetu autodidacta.
En un trayecto, donde tiene que ir a declarar al Dueso sobre el asesinato de una niña, por el tiroteo de un policía, el día que les apresaron, se escapa. Se tira del tren y empieza una feroz huida. Tras el choque con la tierra, El Lute, magullado en la espalda, en la cara y con un esguince en la mano, empieza a sobrevivir de mala manera. En extremos que parecen inalcanzables para el ser humano, Eleuterio, víctima de fiebres, hambruna, sed, un techo donde descansar, cercado por la Guardia Civil, consigue estar libre 18 días, tras los cuales le encuentran en una cabaña, aquejado de dolores por todo el cuerpo y con una fiebre alta.
La foto con el brazo en cabestrillo y el rostro magullado, de la que se hizo eco la prensa nacional, la que sale en la portada de los libros, corresponde a esta captura. Luego hablo de la susodicha foto.
Es enviado entonces a uno de los peores penales de España, el del Puerto de Santa María. Allí no pasó una mala época, aunque la idea de la fuga estuvo siempre presente en su mente. Pasó 8 años y, al final, se escapó de la prisión gaditana. Había en aquella prisión varios grupos. Su grupo estaba formado por cinco presos que tenían en mente una idea común: escaparse de la cárcel.
Así, una Nochevieja, donde les llevaban a una sala a todos y les daban alcohol, llevaban escondidos los instrumentos que les servirían para hacer un boquete en la pared y llegar al tejado. Ya en el tejado lanzan una cuerda a la otra parte, pero ninguno más que El Lute se atreve a pasar y, por tanto, será el único que logrará fugarse, ante los balazos que le llegaban de las garitas cercanas; ninguno le llegó a dar. Y escapó.
Su familia estaba en Sevilla y consiguió llegar, perseguido pero vivo, a la capital hispalense. Allí contactó con su hermano Lolo, pero no quería comprometer a su familia. Lo curioso es que a los mercheros les cuesta mucho mantenerse separados y, tras un tiempo acudiendo a escondidas a casa de sus hermanos, alguien se chiva y los tres hermanos varones deben huir, viendo desde una loma cercana cómo se llevan a sus mujeres e hijos.
Deciden protegerse en un lugar seguro: el colector general de Sevilla, es decir, la cloaca central donde van a parar todos los residuos líquidos de la ciudad, todas las aguas contaminadas y de un olor espantoso, húmedo y con la compañía permanente de las ratas. Buscan una abertura donde hacen una especie de cueva donde intentan malvivir: duermen por el día y salen a respirar aire puro durante la noche. Así están sin contratiempos, siguiendo la prensa diaria, hasta que un contacto les cuenta que las mujeres y los hijos han salido de la cárcel.

El segundo libro comienza con una época de libertad en la vida de El Lute, siempre una libertad con límites, pues no podía nunca bajar la guardia.
Antes de salir de Sevilla, va a visitar la tumba de su padre, entierro al que no le dejaron ir, pues estaba preso cuando murió.
Es cierto que durante años se burló y ridiculizó a las fuerzas del orden de la dictadura, pues cuando encontraban su pista lo perdían de nuevo, como por arte de magia. Esto hace que una ola social se solidarice con él, el pueblo empieza a quererle, y se crea así un mito que llegará a todos los ámbitos de la sociedad. La gente, sobre todo las clases más bajas, los pobres y la comunidad obrera, se identificaban con él.
Se reúne toda la familia y se van a Granada. Eleuterio recuerda esta etapa de su vida como la más tranquila. Allí roba para poder subsistir y alquila tres casas, porque cree que, en caso de ser encontrados, es mejor mantenerse separados. Todos los hermanos están juntos y necesitan comenzar de cero. La palabra de Eleuterio es sagrada para todos y todos la acatan, pero cuando habla de que él se tiene que ir porque les está poniendo en peligro no quieren escucharle. Así casará a su hermano menor con una gitanilla, y en esta boda conocerá a Frasquita, una adolescente con la que se casará. Entra de lleno en la comunidad gitana granadina, es aceptado y querido, pero no tiene intimidad. Se describe casi a la perfección cómo es una boda gitana.
Pero pronto son acosados de nuevo por la policía. Tienen que salir de nuevo huyendo y deciden ir a Barcelona. Pero la mala suerte ("el cenizo", como dice él) hace que llegando a Murcia tengan avería en un coche y, por tanto, la policía dé de nuevo con su pista. Así que dejarán a las mujeres y niños en un pueblo y los hombres, con las dos gitanillas, saldrán huyendo hasta, de nuevo, el colector de Sevilla.
Lolo se entera de que su mujer e hijos están presos y no puede ni imaginarlo. Después de un tiempo deciden salir del colector y se hacen con dos casas en un barrio obrero. No dura mucho. Una mujer se le queda mirando en una tienda y da el chivatazo. Aunque con el aspecto físico cambiado, su foto sale a diario en los periódicos, y la joven le reconoce. En uno de los bruscos enfados de Lolo, su hermano sale detrás de él, haciéndole entrar en razón. Se dirigen hacia donde tenían el coche, vigilado por la policía. Allí son reducidos por los miembros del orden y llevados a prisión.
Y así comienza una vida entre rejas, de prisión en prisión. El Lute es llevado a la prisión de Cartagena, conocida como "la caja fuerte", donde no hay visos de salida. Allí comienza a escribir, después de casi un año en régimen de aislamiento (algo poco habitual, por lo que se estaba preparando un amotinamiento en la misma prisión). Comienza a respirar con el cambio de alcaide y con la muerte de Franco se ve, aunque lejana, la libertad, pues el indulto fue para los presos políticos, se olvidaron del resto.
Acaba el libro en la prisión de Córdoba. El Lute lee y estudia todo lo que llega a sus manos, aunque no habla para nada de que se sacó la Licenciatura en Derecho en la cárcel (supongo que vendrá en los libros siguientes), pero sí de que sus primeras memorias (Camina o Revienta) se publicaron en estos años, justo en la transición.

Tendré que agenciarme los otros tres libros que me quedan para ver cómo le indultan y cómo termina su historia entre penal y penal.

Voy a la foto que le sacaron tras su primera fuga y captura consiguiente. La misma que salió en todos los medios de comunicación de los años 60, la misma que ocupa las portadas de los libros.
Me llama especialmente la atención porque El Lute ahí tiene 23 años y parece que tiene 20 más, fruto de la vida ajada que llevó en aquella época.
Y sobre todo me llama la atención su mirada: una mirada profunda, que evidencia toda su tristeza y pena interiores, un "me han ganado la partida" que no necesita ser dicho, pues lo dice todo con sólo mirarle a los ojos.
Inspira toda clase de sentimientos, pero sobre todo la compasión. La caricatura que se hizo de la misma foto me hizo algo de gracia, quizás fue la gallina.


Finalmente, tuve que buscar en la Wikipedia lo que era un merchero, pues yo pensaba que era un grupo de gitanos que se habían seccionado de su grupo inicial. Pero no, es un grupo étnico más, a caballo entre los payos y gitanos, aunque con más semejanzas con los segundos.
Cifr. Wikipedia:
Los mercheros son un grupo social de España, tradicionalmente nómada y de costumbres en muchos aspectos similares a las de los gitanos, aunque no compartan su origen étnico. Se les llama también quinquis, de "quincalleros" o vendedores de quincalla (cosas de metal barato), palabra que ha pasado a la lengua común como sinónimo de delincuente o de persona de mal aspecto, razón por la cual ellos la consideran despectiva.
No se sabe mucho sobre el origen de los mercheros. Su existencia parece estar documentada desde el siglo XVII, razón por la cual se ha pensado que en origen podrían ser moriscos retornados a España clandestinamente tras la expulsión en 1610, que se dedicaron al nomadismo para evitar ser reconocidos y perseguidos. Otras hipótesis afirman que proceden de Europa central, o bien que en origen fueron campesinos españoles que cambiaron de actividad por cuestiones de supervivencia. También se dice que son el producto del mestizaje entre gitanos y payos (esto es, no gitanos). Por último, se apunta a que son producto de una mezcla de todo lo anterior.
Han compartido durante siglos las actividades y modos de vida de los gitanos: nomadismo, venta ambulante y chabolismo, razón por la cual los casos de mestizaje no tendrían nada de extraño. Los mercheros, sin embargo, no se consideran gitanos ni payos y han tenido un elevado índice de endogamia.
Su territorio de transhumancia era sobre todo la mitad norte de España, desde Galicia al norte de Extremadura. Tenían un habla propia, se cree que un castellano con rasgos arcaicos y palabras tomadas del caló y la germanía.
Fueron forzados a sedentarizarse en la década de 1950, y como los gitanos, formaron barrios de chabolas en la periferia de las grandes ciudades. Desde entonces la identidad merchera, al contrario que la gitana, se va diluyendo en la de la sociedad paya. La comunidad actual de mercheros más importante se encuentra en Torrent (Valencia). Otras comunidades importantes están en Bilbao, Madrid y Barcelona. En total, los mercheros son hoy alrededor de 150.000 personas. Como los gitanos, muchos mercheros se han convertido desde la década de 1970 a distintos cultos cristianos evangélicos.

jueves, noviembre 02, 2006

Quería comprarme un pijama...

Me gusta ir de compras, como a todas las mujeres, pero evito hacerlo a menudo por las consecuencias: llegar cargada de bolsas y cero en el bolsillo. Es lo que suele ocurrir la mayoría de las veces que me voy de tiendas.
Lo que es cierto es que muchas veces compramos con los ojos. Esta mañana me hubiera llevado a casa media tienda, afortunadamente no llevaba mucho dinero encima y no quería pagar con tarjeta.

Venía por una calle que terminaba justamente en la Plaza Mayor. En esa esquina está Cortefiel. No suelo comprarme ropa en ahí porque no me gusta, la veo demasiado clásica para mi gusto. Es la típica tienda donde iría a buscar ropa para regalar a mi madre, por ejemplo. Pero en el piso inferior está Women´s Secret y realmente la sección dedicada a ropa interior me encanta. Y he recordado que hace unos días quería comprarme un pijama de invierno.
Por otra parte, en la Plaza siguen los puestos dedicados a la Feria del Libro de Segunda Mano y de Ocasión (yo pensaba que duraba sólo una semana, pero parece ser que dura más). También me apetecía mirar los libros, donde indudablemente iba a terminar comprando algo -para variar- o sino, a este paso, terminaré de leer todos los libros que tengo en casa, que no son pocos.

Tenía que tomar una decisión. O una cosa o la otra, no puedo arriesgarme a quedarme en la cuenta con números rojos. Enseguida he enfilado las escaleras en busca de un pijama.
La verdad, y todo hay que decirlo, es que los pijamas que había eran horribles. Así que me he pasado un rato viendo la ropa interior, que resaltaba por su colorido. Y el resultado es que, en mi línea, he terminado trayendo a casa varias prendas. Realmente parecen bikinis. Y me salen más caros que un pijama, pero bueno, creo que también me los pondré con más placer.

Principios de mes

Siempre que llega un mes nuevo me enfrento siempre al tema de pagar el piso, y siempre lo hago con pocas ganas.
En años anteriores me costaba más pues tenía que ir al banco y allí siempre había inmensas colas. Ahora directamente voy al casero y se lo entrego en mano, después de haber pasado previamente por un cajero. Él me da un resguardo a cambio y nos despedimos con un "hasta el mes que viene".
Tengo mi casa llena de resguardos de esos.
Pero hoy, que me toca ir, y cuanto antes lo haga mejor, tengo que enzarzarme en una disputa, sin muchas ganas. Claro que si no me pongo seria no me hará caso.

Cuando en octubre fui a pagar el piso les hablé de una seria gotera que tengo en medio del pasillo, una gotera que va aumentando a medida que se nubla el cielo y empieza a llover.
Unos días después vino a verlo el capataz de obras, de cuando restauraron el edificio para dejarlo tal y como está hoy. Lo miró y me dijo que no me preocupara, que era cosa del piso de arriba.
Esperando sigo a que me lo arreglen. No es que me moleste mucho, pero no puedo pasar por debajo no vaya a ser que me caiga un chorro de agua en la cabeza, pues no gotea, cuando llueve caen por ese agujero verdaderos torrentes de agua.
Y hoy me debo poner seria en ese aspecto. En un mes no han hecho nada y es un tema que a mí me corre prisa que me lo arreglen.

En fin, también he de ir a Correos, donde tendré que esperar. Me fastidia esperar, pero bueno, he de hacerlo. La carta debe llegar mañana a su destino.

miércoles, noviembre 01, 2006

Querido abuelo, querida abuela


Fui la primera de cinco nietos por vía paterna. Cuando mi abuelo vio aquella niña escurridiza se entristeció porque con aquel bebé se perdería el apellido de mis antepasados (si él supiera lo cambiado que está hoy todo). Con el paso del tiempo fueron llegando más niños, todos varones.
Lo que en un principio fue para mi abuelo una tibia decepción terminó convirtiéndose en la mayor de sus alegrías. Se desvivía por aquella niña, rodeada entre tantos chicos. Y en aquella casa pasó mucho tiempo de su infancia.

Aquella niña hoy sólo puede hacerse una idea de la imagen del pater familias de entonces. La imagen que le viene a la mente es una habitación con suero y medicinas, y en la cama su abuelo, casi en los umbrales de la muerte. La niña no quería separarse del anciano, enfermo de leucemia, y el anciano siempre pedía ver a su nieta, aquella que le nubló la sonrisa el primer día que llegó a su casa y que le dio las últimas alegrías de su vida. ¿Quién le niega ese deseo a un anciano en los últimos momentos de su vida? Ése es el recuerdo que tengo de mi abuelo.

Una tarde, a mi hermano y a mí nos llevaron al pueblo de mi madre. Allí estuvimos bañándonos en el río, al cuidado de dos vecinas jóvenes. Con 4 añitos yo intuía que algo pasaba. Era la primera vez que no tenía a ningún familiar cerca y estuve toda la tarde preguntando por mis padres. Mi hermano era muy pequeño para notar nada. Pero yo me acuerdo de ese día.
Cuando volvimos a casa faltaba alguien. Mi abuelo ya no estaba, se fue una tarde de verano... para siempre. Siempre le llevo conmigo, esté donde esté, aunque el recuerdo que tengo de él no sea el más agradable que a mí me gustaría.

Unos años después nació mi hermano pequeño. Tanto había oído hablar de mi abuelo, al que nunca llegó a conocer, que tal día como hoy, con 7 años, se acercó a su tumba y le habló. Se le presentó y estuvo mucho tiempo allí. Mi padre se acercaba a él y se le saltaron las lágrimas al escuchar la "conversación" trascendental que tenía lugar allí.

Pasaron los años. Tenía 10 y faltaban pocos días para que hiciéramos la Primera Comunión. Mi abuela Tomasa estaba postrada en la cama, en casa de mis tíos. Mi padre me preguntó si quería verla y le contesté que sí. Me dijo que no me asustara, que no reconocía a nadie (síntoma de que pronto le va a llegar la última hora). Acompañada por mi padre, él le preguntó: "¿La conoce?". Pero mi abuela no me reconoció.
Era su última tarde. Al día siguiente, al salir de la escuela al mediodía, recibimos la mala noticia. Mi abuela se había marchado también... para siempre. Al menos de ella tengo más recuerdos.

Hoy, como todos los años, vuelven a mi mente retales de sus vidas, de los momentos que compartí con ellos. Y como me es imposible ir a dejarles una flor a sus tumbas, camino en los recuerdos, en lo que fueron y en lo que significaron aquellas personas para mí.

Por eso veo como si fueran tesoros a mis abuelos maternos, intento visitarles siempre que puedo, pasar mucho tiempo con ellos, porque sé que son mayores y algún día no estarán aquí. Se me pone la piel de gallina solamente con pensar esto, pero me conciencio de ello porque la cruenta realidad es así. Espero que sigan con nosotros muchos años más.

Un dolor extraño

Un dolor me ha levantado de la cama. Por la posición podría tratarse del apéndice. Mon dieu! Espero no estar incubando una apendicitis. ¡Lo que me faltaba!
Es un dolor permanente, no cesa. Tengo miedo. Esperaré hoy, y mañana, si el dolor continúa, iré a Urgencias.
No sé qué es peor... si aguantar el dolor o dejarme tratar por los médicos en prácticas que allí hay. Mal recuerdo tengo de la última vez que fui, que no dieron con lo que tenía.
Pero sé que si tengo un principio de apendicitis tendré que ir de todas formas porque si se complica en peritonitis ya es algo grave. Por eso... mañana si me sigue doliendo iré al hospital.
Como no recuerdo mis antiguas clases de ciencias naturales he tenido que recurrir a google para que me informe en qué lado se encuentra el apéndice y es justo donde me duele a mí, en la parte derecha, justo encima de la ingle.
Tengo miedo. A veces echo de menos a mami. Éste es uno de esos momentos. Y también porque sé que si le dijera que me duele ahí ya estaríamos en la sala de espera de Urgencias. Yo sólo espero que sea una mala postura. No me gustaría volver a pasar por todo lo que pasé el verano pasado en Ávila.

Agria espera


Espero... una palabra, una sonrisa, una mirada...
Espero, sin querer, algo.
¿Por qué?
No lo sé. Aunque sigo esperando. No sé si llegará o no. Es amarga esta espera, quizás se torne en larga o quizás me canse de esperar.
Mientras tanto sigo esperando.

Odio esperar. Mi impaciencia sale al exterior. Odio esperar.
Y lo más horroroso de todo es que quizás nunca llegue lo que estoy esperando.

No pensar en nada


Está bien, de vez en cuando, dejar la mente en blanco y no pensar en nada. Al menos si tienes un torrente de cosas en la cabeza que no te dejan reflexionar con lucidez ese momento de descanso mental te da un respiro inmenso.
Hace poco que he dejado mi mente en blanco. Me ha costado, pero lo he conseguido. Y estar así, sin pensar en nada, me ha venido bien. Me he liberado de algo que me presionaba las sienes terriblemente, y me alegro :D

Halloween


Personalmente no me gustan las tradiciones que vienen de fuera, por ejemplo la de esta noche. Tampoco Santa Claus (siempre preferí más a los Reyes Magos). Aunque me gusta saber de dónde vienen.

La palabra Halloween tiene sus orígenes en la Iglesia Católica. Es una construcción de la oración en inglés “All Hallows Eve” que significa "El Día de Todos los Santos" y es una fiesta religiosa católica que se celebra el 1 ó 2 de noviembre.
En el siglo V a. C., en la Irlanda de los celtas, el 31 de octubre se celebraba el festival de de Samhain que conmemoraba el final del verano y el inicio de un nuevo año. Al caer la noche, se celebraba la fiesta de los muertos, así que los espíritus salían y rondaban por toda la tierra. Para apaciguarlos, se hacían hogueras enormes y los druidas hacían conjuros. Se decía que durante esa noche los hechizos y la magia eran más potentes que en cualquier otro día.
Cuando los romanos conquistaron a los celtas, parte de esta celebración a los muertos pasó a la Roma cristiana. En el siglo IV d. C. en Roma el cristianismo trató de acabar con todas las cosas paganas y las religiones antiguas. Pero los celtas no podían dejar del todo sus costumbres, así que la iglesia cristiana les cambió el nombre de Samhain a “All Hallow Eve” y la razón de esta celebración se convirtió en la adoración cristiana de todos los mártires religiosos. La Iglesia cristiana del siglo VII celebraba el día de Todos los Santos en mayo, pero la gente seguía esperando la llegada de fantasmas el 31 de octubre, así que la fiesta a los santos fue cambiada al 1 de noviembre.
La costumbre de pedir dulces empezó en Europa con una costumbre del siglo IX. El 2 de noviembre los cristianos andaban de pueblo en pueblo pidiendo "tortas de alma" que eran pedazos de pan con "currants". Mientras más recibieran, más prometían rezar por los parientes muertos de los donantes, cosa que llevaba a las almas más rápido hacia el cielo. En el siglo X la Iglesia cambió la fiesta de los santos al 2 de noviembre.
La gente en Europa usaba máscaras cuando sequías u otros desastres los agobiaban. Las máscaras eran usadas para espantar a los espíritus que les traían el mal. Los niños se vestían como fantasmas para asustar a los vecinos. De ahí que la gente se disfrace tal día como hoy.