Sabiendo que íbamos a estar tan cerca de las ruinas romanas de Pompeya, la visita era obligada. Todo el mundo ha oído hablar de la ciudad que fue enterrada bajo la erupción del Vesubio (junto a Herculano), aunque lo cierto es que, aunque hay partes muy bien conservadas, es poco lo que puede ver el visitante, sobre todo porque no imaginamos hoy la enormidad de lo que fue aquella ciudad, porque nosotros vemos una pequeña parte de lo que hay en realidad en Pompeya. Se sigue desenterrando durante kilómetros y kilómetros, pero como tienen que protegerlo no está a la vista, y además hay mucho sin desenterrar aún.
Las ruinas de Pompeya atrapan a todo el que la visita. Al mismo tiempo fascinantes y sobrecogedoras, permanecieron cientos de años ocultas bajo las cenizas del volcán, hasta que las excavaciones empezaron a descubrir sus secretos. El yacimiento, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es uno de los más famosos de Italia.
Durante mucho tiempo, los historiadores han creído que la erupción volcánica que destruyó Pompeya se produjo en agosto del año 79, pero los descubrimientos realizados en 2018 sugieren que tuvo lugar en octubre. Es probable que fuera un frío día de otoño en el que la gente paseaba abrigada y se vendían productos de temporada en los puestos. Alrededor de las 13.00h, el monte Vesubio despertó, lanzando una ardiente nube de gases y expulsando mortíferas coladas piroclásticas. La población empezó a huir, pero más de mil personas quedaron atrapadas. Tras la catástrofe, la ciudad fue olvidada bajo los residuos volcánicos. Las excavaciones no comenzaron hasta la década de 1750, y fue entonces cuando los arqueólogos descubrieron casas y obras de arte bien conservadas junto a cadáveres de personas y animales.
El gobierno ha realizado grandes esfuerzos para conservar las ruinas, ahora expuestas a los elementos. A medida que avanzan las excavaciones, los nuevos hallazgos aumentan el interés del yacimiento. Entre los más recientes se incluye un bodegón con una pizza romana. Aunque la mayoría de los objetos encontrados en Pompeya se conservan en el Museo Archeologico Nazionale di Napoli, pueden verse las construcciones desenterradas de las cenizas y caminar por las mismas calles que los pompeyanos recorrían hace casi 2.000 años.
La Pompeya más antigua (siglo VI a.C.) tenía una distribución irregular, pero a partir del siglo IV a.C. la ciudad adoptó un trazado en forma de cuadrícula de inspiración griega. Para pavimentar las calzadas se usaron bloques de lava del Vesubio. Las grandes villas y casas de diferentes épocas y estilos, construidas con ladrillo, piedra y mortero, ofrecen un magnífico recorrido por la arquitectura civil de la época. Las calles, talleres y espacios públicos se han conservado perfectamente. Los muebles, herramientas, joyas, alimentos y bebidas encontrados revelan cómo vivía la población pompeyana.
Tras recorrer como un kilómetro desde la entrada por un paseo de altos pinos, llegamos al Cuadripórtico de los teatros o Cuartel de los Gladiadores. Fue construido como residencia, pero posteriormente se convirtió en un cuartel para el arte de los gladiadores. El Cuadripórtico de los teatros se construyó como zona de recreo o refugio de la lluvia para los espectadores de los cercanos teatros, grande y pequeño.
De ahí pasamos al Teatro Grande, del siglo II a.C., fue diseñado para alojar a unos 5.000 espectadores y fue reconstruido en varias ocasiones. Hoy vuelve a utilizarse para albergar eventos culturales. Desde el año 62 d.C., el pórtico cuadrangular situado tras el escenario sirvió para hospedar a los gladiadores. Al lado está el recinto cubierto del pequeño teatro, donde se ofrecían conciertos. Tras él se halla el templo de Isis, la diosa venerada en la zona.
La Via Stabiana es la calle que atraviesa la Porta di Stabia hacia el sur. Era una destacada vía por la que circulaban carros en dirección al puerto y los distritos costeros. En su extremo oeste están las termas Estabianas, las más antiguas de la ciudad, cuya estructura original data del siglo IV a.C. Cerca de la Porta Vesuvio se ven los restos de un acueducto que canalizaba el agua hacia tres conductos, con los que se abastecían las casas privadas y las fuentes públicas. Dejó de utilizarse tras sufrir daños durante el terremoto del año 62 d.C. En el Vicolo del Lupanare, al suroeste de la Via Stabiana y paralelo a ésta, se encuentran los restos del prostíbulo más grande de Pompeya. Este lupanar (de lupa, "prostituta" en latín) tiene cinco habitaciones en la planta baja con camas de mampostería, letrina y frescos eróticos en las paredes.
Las excavaciones de la Via dell'Abbondanza finalizan a la izquierda del anfiteatro. Los edificios, sus contenidos y las huellas de las carretas en el pavimento proporcionan una vívida imagen de la vida en la ciudad. Se conservan casas como la de los Ceii y la de Octavius Quartio, y pueden visitarse la tienda de Verecundus, fabricante de fieltro y curtidor; la lavandería de Stefano, donde se usaba orina como producto de limpieza, y la panadería de Sotericus. El thermopolium (local de comida preparada) más famoso es el de Asellina, cuyas camareras están representadas en la pared. Aún puede verse el registro de ganancias de ese fatídico día de otoño del año 79 d.C.
En esta vía se pueden ver los hornos de la panadería de Sotericus. Entre Via di Mercurio (un elegante cardo peatonal en la zona noroeste de Pompeya) y Via Stabiana y a lo largo de Via dell'Abbondanza hay muchas casas de gran valor histórico e interés arquitectónico. Los ciudadanos adinerados disponían de casas con patios, salones y jardines, a menudo con decoración en las paredes. La típica casa pompeyana se construía en torno a dos espacios abiertos: el atrio, un elemento itálico, y el jardín rodeado de columnas, de origen griego. La distribución de las casas de campo era distinta, como se ve en la Villa de los Misterios.
Los habitantes de la antigua Roma solían almorzar en los thermopolia. Estos establecimientos de comida tenían un largo mostrador, con recipientes de barro para almacenar los alimentos (dolia) incrustados en él, y bancos para los clientes.
Entramos en la Casa di Sirico, que debe su nombre a un símbolo de bronce con el nombre de Publius Vedius Siricus, personaje de la alta clase política y comercial de la ciudad.
La Villa de los Misterios se construyó a principios del siglo II a.C. y, de residencia urbana, pasó a ser una elegante casa de campo. Su arquitectura y sus pinturas la convierten en una de las casas más famosas de Pompeya. Contiene un gran fresco con 29 figuras de vivos colores pintadas sobre fondo rojo; la escena representa la iniciación de una doncella a los misterios dionisíacos o de una postulante al culto órfico.
Las termas del foro, cuya construcción es posterior al 80 a.C., son baños bien conservados que presentan la distribución habitual en estas instalaciones, con vestuario, frigidarium (sala fría), tepidarium (sala templada) y caldarium (sala caliente). Las bóvedas de la sala templada están decoradas con figuras mitológicas, y en la sala caliente hay una gran pila de mármol.
Toda la ciudad de Pompeya tiene símbolos fálicos por las casas, suelos y cualquier rincón. Eso nos da una idea clave de que era una ciudad muy libertina, ya que en sus buenos tiempos contaba con varios lupanares.
En el lupanar que entramos había pinturas murales muy eróticas, catres e incluso un retrete. La casa se encontraba en el barrio de los lupanares. Y en éste concretamente se han conservado especialmente bien las pinturas.
El foro, centro de la vida pública, es la parte más antigua de Pompeya. A su alrededor se reparten destacados edificios religiosos y administrativos. Al sur se alza la basílica o tribunal y, frente a él, los templos de Apolo, Júpiter y Vespasiano y el santuario de los Lares Públicos. El edificio de Eumaquia puede que fuera utilizado por el gremio de comerciantes de lana o, más probablemente, para transacciones comerciales. Al otro lado de la basílica estaba el templo de Venus, completamente destruido por el Vesubio.
Junto a la Via dei Sepolcri, hay un tramo de escalera que conduce a un mirador y al interior de una villa con un viñedo. Contra un muro, protegidos por una vitrina, se ven los calcos en yeso de 13 personas que trataban de huir de la ciudad cuando fueron alcanzadas por la última ola piroclástica que arrasó Pompeya. Giuseppe Fiorelli, director de las excavaciones de 1860 a 1875, introdujo la técnica del calco para obtener representaciones en yeso de las víctimas. Para ello, vertía una mezcla de yeso y agua en el hueco dejado en el lecho de ceniza por los cadáveres. El yeso solidificado reproducía la forma del cuerpo. Esta técnica se sigue utilizando hoy.
Me dejo muchas cosas, pero es tan bestial lo que hay en Pompeya, que es imposible abarcarlo todo en una tarde. Pero merece la pena una visita.



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